viernes, 2 de enero de 2026

Cuando la historia vuelve a hablar

 

Timothy Snyder, Trump y las lecciones que Colombia no puede ignorar en 2026

He pasado estas vacaciones en los Estados Unidos escuchando análisis sobre la situación  actual de este país. Me ha interesado, sobre todo, escuchar a pensadores que llevan años estudiando los momentos en que las democracias se quiebran desde dentro. En el proceso  me encontré con Timothy Snyder, profesor de Yale, especialista en el Holocausto y Europa del Este, quien es un invitado permanente para iluminar un momento tan obscuro de su país desde su disciplina : la Historia. Es el autor de un pequeño pero poderoso libro publicado en 2017: On Tyranny. Twenty Lessons from the Twentieth Century.

El libro fue escrito cuando Donald Trump cumplía su primer año en la presidencia. Muestra las lecciones que nos deja la Historia de las tiranías del siglo XX y las trae al presente. Hoy, escuchando de nuevo una conferencia de Snyder que dio en diciembre hace ocho años, resulta inquietante constatar cuántas de sus advertencias, no solo no fueron exageradas, sino que parecen describir con precisión el primer año del segundo mandato de Trump.

La tesis de Snyder es simple y profundamente preocupante : las democracias no mueren de un día para otro; se erosionan cuando la gente se resigna y no cuida lo que le debería importar: su libertad.

La falsa tranquilidad de la excepcionalidad

Snyder insiste en una idea central que atraviesa todo su trabajo: “esto puede pasar aquí”. La creencia en la excepcionalidad —estadounidense, europea o latinoamericana— es uno de los grandes aliados de la tiranía. Pensar que “eso solo le ocurre a otros pueblos” es el primer paso hacia la complacencia.

La historia del siglo XX muestra que los regímenes autoritarios no surgieron porque las sociedades fueran moralmente inferiores, sino porque personas comunes, muy parecidas a nosotros, se adaptaron demasiado rápido a nuevas reglas. El cambio de régimen, recuerda Snyder, puede ser muy rápido y tomar de uno a tres años, no décadas.

Hoy, en Estados Unidos, muchas de las señales que Snyder describía en 2017 —la saturación informativa, el descrédito de la prensa, la normalización del insulto institucional, la desconfianza sistemática en la verdad— ya no sorprenden. Se han vuelto parte del paisaje y se percibe cierta resignación ante la velocidad de la destrucción institucional promovida por Trump en solo 11 meses.

Las ideas importan, y se vuelven reales

Una de las lecciones más ignoradas —y más peligrosas— es creer que las ideas no importan, que todo es retórica o exageración electoral. Snyder insiste en lo contrario: las ideas de quienes buscan o ejercen el poder tienden a materializarse, especialmente cuando encuentran poca resistencia. El ejemplo de su país en el 2025 y su impacto global, así lo demuestra.

El siglo XX dejó una lección incómoda que seguimos empeñados en ignorar: los líderes autoritarios casi siempre anuncian con franqueza lo que piensan hacer, y aun así no se les cree. En el primer año del segundo mandato de Trump, muchas de aquellas ideas que parecían excesivas o inviables ya han empezado a horadar la arquitectura de pesos y contrapesos que convirtió a Estados Unidos en un referente democrático global. Trump no creó este deterioro desde cero; lo encontró avanzado y supo explotarlo. Se apoyó en una democracia cansada, en una resistencia cívica debilitada y en una sociedad fracturada, atrapada en la polarización y cada vez menos capaz de construir acuerdos mínimos sobre las reglas que hacen posible su propia convivencia.

La obediencia anticipada: el regalo más peligroso

La primera lección del libro es quizás la más perturbadora: no obedecer por adelantado. Los regímenes autoritarios no necesitan imponer todas sus decisiones; basta con que la gente anticipe lo que el poder espera y se adapte voluntariamente sin resistencia .

Snyder recuerda cómo, en la Alemania de 1932 o la Checoslovaquia de 1946, el sistema colapsó no solo por la acción del poder, sino por la rápida acomodación de ciudadanos, empresas, burócratas y profesionales. El famoso experimento de Milgram demostró algo inquietante: no existe una “personalidad autoritaria” exclusiva de ciertos pueblos. La mayoría de las personas puede adaptarse a nuevas reglas si el entorno cambia lo suficiente.

Cuando hoy vemos instituciones, medios, empresas o líderes sociales moderar su lenguaje, callar o justificar excesos “para no quedar por fuera”, la lección de Snyder vuelve a ser preocupante y muy actual.

El ataque al corazón de la democracia: la verdad

Para Snyder, el verdadero catalizador del autoritarismo no es la fuerza, sino la destrucción de la confianza. Cuando las personas sienten que “nada es verdad” o que “todo es propaganda”, el Estado de derecho deja de funcionar. Sin una noción compartida de realidad, la democracia se vacía. Y los autócratas lo saben y es parte de su estrategia para llegar al poder y quedarse con él.

El bombardeo constante de noticias falsas, la creación de burbujas informativas y la deslegitimación sistemática del periodismo no son efectos colaterales: son estrategias políticas. En este punto, Snyder es particularmente claro: defender el periodismo serio, pagar por información de calidad y ser responsables con lo que compartimos no es un lujo moral, sino un acto político esencial en defensa de la democracia .

Nacionalismo versus patriotismo

Una de las lecciones más potentes del libro es la distinción entre nacionalismo y patriotismo. El nacionalista, dice Snyder, invita a la gente a ser su peor versión y luego les asegura que son  superiores. Vive obsesionado con la humillación, la victoria y la venganza. El patriota, en cambio, quiere que su país esté a la altura de sus ideales, incluso cuando eso exige crítica y autocorrección.

En este sentido, el nacionalismo siempre vende la idea de : “no puede pasar aquí”. El patriotismo dice: “podría pasar aquí, pero no lo permitiremos”.

La política del día a día

Una de las ideas más atractiva —y más subversivas— de Snyder es que, en tiempos autoritarios, la vida cotidiana se vuelve política. El contacto visual, la conversación trivial, la cortesía básica, el  no aislar no  a quien es estigmatizado, se convierten en actos de resistencia.

Y hace una advertencia muy importante. Los regímenes autoritarios prosperan cuando rompen los vínculos humanos. Por eso, crear y cuidar relaciones —viejas y nuevas— es una forma concreta de defender la democracia.

Lo que Estados Unidos enseña hoy

Snyder no escribe desde el desprecio ni desde el alarmismo vacío. Su llamado es profundamente norteamericano : los propios fundadores sabían que la amenaza a la democracia vendría de dentro. Por eso diseñaron un sistema de frenos, contrapesos y derechos que no se sostienen solos. Este diseño es que que Trump pretende demoler contando con las mayorías en el Congreso y una Corte Suprema muy conservadora , que hasta ahora no lo ha frenado. Está realidad puede cambiar con las elecciones de congresistas a mediados del 2026.

El primer año del segundo mandato de Trump confirma una lección que Snyder la recuerda: las constituciones no se defienden por inercia, sino por ciudadanos activos. Y esto tiene otro corolario: la importancia de formar ciudadanos conscientes y corresponsables desde las etapas tempranas de la educación. 

Colombia: una advertencia oportuna para 2026

Aquí es donde este libro deja de ser un análisis externo y se vuelve una advertencia directa para Colombia.

En un año electoral histórico, con una sociedad cansada, polarizada y emocionalmente saturada, muchas de las dinámicas que describe Snyder están presentes en nuestro país: desconfianza, desprestigio de instituciones, narrativas de exclusión, promesas simplificadoras y una peligrosa tentación de obediencia anticipada y la sensación de resignación.

Pero la historia del siglo XX enseña que ninguna sociedad democrática está a salvo por su tradición, su riqueza o su estado de desarrollo. Las democracias no colapsan solo por líderes autoritarios, sino por ciudadanos que se retiran, se resignan o se acomodan.

Reflexión final

On Tyranny no es un libro que promueva  el miedo o la parálisis , sino el despertar de una ciudadanía responsable que no deja engatusar. Snyder no invita al heroísmo épico, sino al coraje de las acciones cotidianas. Su mensaje final es tan simple, esperanzador  como exigente: todos podemos hacer algo, y si muchos lo hacen, pueden marcar una gran diferencia.

En Colombia, de cara a 2026, esta puede ser la lección más importante: la democracia no se hereda, se cuida. Y cuidarla empieza mucho antes del día de las elecciones porque Colombia es buena