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sábado, 17 de septiembre de 2022

Lecciones del NO en Chile para Colombia


Chile ha sido un referente para Colombia a lo largo de más de cuatro décadas. Sus innovaciones institucionales nos han servido para hacer
  cambios en el sistema de financiación de las viviendas,  el manejo pensiónalo y también de la salud. Para no hablar que, hace 90 años, los chilenos ayudaron a la conformación de nuestra Policia Nacional. 

Desde la época de Pinochet y después durante los gobiernos de Centro Izquierda, fueron varias las innovaciones que se copiaron y adaptaron a nuestras condiciones locales. Pero también más recientemente, ha sido un referente negativo con las violentas protestas sociales que se dieron a  finales del 2019, que se repitieron en nuestro país. 


Como resultado, ese país dio un giro brusco hacia la izquierda radical con el nombramiento de Boric como, el Presidente más joven en la historia de Chile en el 2021, pero con muy poca experiencia para manejar la complejidad de su agenda de cambios con la que resultó elegido. 



Los resultado en el país austral, fueron premonitorio y hoy tenemos a Petro en el poder en nuestro país. En ambos casos, como también sucedió en el Peru con la elección de Castillo, estas elecciones demostraron un rechazo a la clase dirigente política tradicional buscando un cambio sin importar el costo y con consecuencias  impredecibles.


Citó estos antecedentes, porque hace solo tres semanas, los chilenos que votaron obligatoriamente, el  62% lo hizo por el  NO en contra de la nueva Constitución que salió cocinada de la Convención y que no unía a la sociedad. Lo que es más impresionante, es que votaron en contra las clases populares, e inclusive los indígenas que iban supuestamente a beneficiarse de una propuesta para ser un estado cuasi autónomo dentro del Estado chileno. 


El resultado,  fue una  total sorpresa, que ninguna encuestadora atinó a predecir . El 80% de la gente en el 2020, habían votado por cambiar la Constitución, antes de la elecciones que llevaron a Boric al poder. En esta última votación, el mensaje fue muy claro, la mayoría de los chilenos, sin distinción de clase, si quiere un cambio pero sobre todo, quiere seguridad y recuperar la estabilidad perdida.  Y el adefecio que se cocinó que nació sin el consenso y un terreno común, no lo iba a ofrecer.


No hay una constitución perfecta que resuelva todos los problemas, pero para un votante con un mínimo de sentido común y unas preocupaciones más básicas, era claro que una propuesta con tanta  controversia, no tenía sentido apoyarla. La nueva que surja debe de proveer un piso común que brinde seguridad a la sociedad, devuelva la confianza en el sistema y la esperanza de poder tener unos avances más incluyentes y de de beneficio para todos.



Los resultados del NO en Chile, de nuevo nos muestran el camino para Colombia y para otros países latinoamericanos donde la Izquierda ha llegado, o piensa llegar al poder, creyendo que taparon el sol con las manos. Por lo tanto surgen dos preguntas muy importantes: ¿Qué pasó? ¿Qué lecciones valiosas nos deja a los colombianos? 


Hablando con un querido amigo empresario chileno hace unos días, me señalaba algo muy interesante de la historia de su país que antecedió la situación que viven en la actualidad.


Chile es un país de centro, donde los más adultos, vivieron la época de Allende a principios de los 70 y Pinochet hasta el 89. Durante cinco décadas, esta generación le tocó ver el costó que tuvieron que pagar para armar su país y donde hoy llegan unos jóvenes sin experiencia e idealistas apoyados por el Partido Comunista, a tratar de recrear los sueños que se vivieron a principios de los 70 con Allende. 


En el curso de cuatro décadas, dos generaciones de gente muy preparada, fueron los responsables de los avances logrados y reconocidos por Chile. Lamentablemente la permanencia en el poder encubó corrupción. Y la nueva generación de jóvenes políticos que se formaron desde el 2006 y las marchas del 2011 y 2015, cuestionando todo lo anterior, son los que llegarían al poder en el 2021, con una visión extremista y soñadora, despreciando los logros anteriores. 


En medio de la pandemia y de un gran malestar social, el gobierno de Piñeira, para apaciguar la situación que se le salió de las manos con los disturbios de septiembre del 2019, sacó una serie de medidas sin reparar mucho en sus consecuencias. 


Por ejemplo, se permitió el retiro de dinero de las Fondos de Pensiones, lo que empujó la demanda, y por ende prendió la mecha de la inflación interna.  Se definió una ruta para el cambio de la Constitución promulgada por Pinochet ya con 40 enmiendas en treinta años, donde se sembraron las semillas para lo que sucedió después, y que se materializó en el No a la nueva Carta, cocinada durante varios meses a espaldas de millones de chilenos. 


Estos jóvenes políticos y sus aliados de la extrema izquierda liderada por el Partido Comunista, no midieron las consecuencias de poner en juego los avances conseguidos  y tratar de ignorar la historia.  Chile logró un progreso significativo en las últimas  cuatro décadas. Millones de sus ciudadanos salieron de la pobreza y con condiciones de vida envidiadas por otros países de la región. 



En este periodo de la historia de Chile fue notable la reducción de la pobreza, del 45% en los 80  al 8.6% en el 2019. Para no hablar de la transición pacífica de la dictadura a gobiernos de izquierda y de derecha, construyendo y no destruyendo sobre los avances logrados. .


En un reciente artículo de Sergio Muñoz Bata en El Tiempo, titulado Si a la reforma, No a la revolución, mencionaba como hace 22 años Chile era un modelo para toda la región como resultado de las reformas de Pinochet de 1975 que sembraron las bases de su desarrollo en las siguientes décadas. En ese periodo, el país cuadriplicado su ingreso per cápita y llegó a ser el más próspero de Latinoamérica, mostrando los mejores índices de bienestar en saneamiento y mortalidad materna,  y del Desarrollo Humano de la ONU.


Y el autor se preguntaba: “¿qué llevó a un puñado de chilenos a cuestionar su bienestar y al 80 % de ellos a aprobar la idea de redactar una nueva Constitución, después de 35 años de vivir en prosperidad y democracia? La única respuesta que se me ocurre es que la mayoría de los chilenos desea perfeccionar su democracia y vivir en una sociedad menos desigual y más inclusiva”.


Para hacer esta tarea, los votantes subieron al poder a una nueva generación de jóvenes políticos , que hoy pretenden gobernar a Chile. Son personas que no han tenido un experiencia laboral ni tampoco política, pero que  defienden un ideal pero sin mayor capacidad de ejecución. Esta es una limitación muy seria, cuando pretenden reversar avances de muchos años y hacer cambios en un país que ha sido muy de centro izquierda y conservador.


La Convención que se eligió para redactar la nueva Constitución, quedó sesgada muy a la izquierda, como resultado de la fragmentación de los partidos, dejando por fuera unos sectores muy importantes de centro y de derecha.  Quienes fueron elegidos, salieron de unas listas de independientes manejados estratégicamente por el Partido Comunista, vendiendo la idea de que era la forma de ampliar la participación de la gente del común. 


Las propuestas que fueron surgiendo en el curso de los meses de elaboración de la nueva constitución, fueron encendiendo unos focos de resistencia que se acumularon, generando una oposición  cada vez mayor que se movilizó. La asocian de Emprendedores de Chile, aprovechando su buen nombre, jugó un papel muy relevante para explicar el porqué se debía votar por el No, en defensa de la iniciativa privada y del tejido empresarial de la pequeña  y mediana empresa


Tampoco ayudó para nada a quienes  apoyaban el Sí, que la imagen de los constituyentes se fuera deteriorando por los escándalos de algunos de sus participantes  borrachos, que se disfrazaban, o votaban desde la ducha, lo que le quitó mucha credibilidad.



Las dinámicas que ha empujando Boric y sus partidarios de la extrema izquierda, ha aumentado el nivel de pesimismo de la gente, en un  entorno que está muy enrarecido, complejo y de gran incertidumbre. Sus acciones se sumaron para aumentar el malestar producido por  los levantamientos de septiembre del 2019  durante el periodo final  de Piñera. El resultado es una acumulación de problemas muy serios, y que en el año largo de Boric, se han salido de madre .


En Chile la seguridad se ha deteriorado dramáticamente por dos fenómenos simultáneos. Los Mapuches en el sur están generando un gran problema de orden público. También la presencia de mafias internacionales y la migración especialmente venezolana. Las fuerzas de orden se sienten maniatadas y comienzan a operar a  espaldas de Boric lo que puede ser el comienzo de una resistencia muy preocupante para el país como lo hizo Pinochet con Allende,  que terminó en su caída y muerte después de un golpe militar.


Pero los problemas que enfrenta Chile hoy tienen otras dimensiones. La inflación se ha disparado por efectos internos y externos. En ese país  ya se  debilitó la economía lo que le va impedir a Boric  cumplir con las altísimas expectativas de cambio que ofreció, comenzando por la decisión de una nueva  Constitución, como lo demuestra el rotundo NO en contra de la propuesta. 


No es difícil de reconocer, que a pesar de los grandes avances durante cuatro décadas, Chile como sociedad tiene todavía un buen camino por recorrer y brechas importantes de desigualdad por cerrar. Pero ignorar la realidad con sus luces y sus sombras, sus logros y fracasos que se deberían capitalizar,  hace mucho más difícil los cambios que se necesitan sin aumentar la polarización en la sociedad.  


Es por esta razón, que el contundente NO al documento de la nueva Constitución de hace tres semanas en Chile, que pretendía poner patas arriba al país, mandó el mensaje maduro y contundente, en contra de destruir los avances logrados comprometiendo la seguridad tan valorada,  sin importar  el costo y a espaldas de una mayoría de la población, que de todas maneras había votado masivamente por su cambio.



Este es un evento histórico para Chile, que en un momento tan difícil, deja una lección  muy potente: el atropellar una sociedad con muchos cambios muy grandes, sin honrar los logros del pasado, es el peor camino posible para convocar y conseguir su apoyo. Desafortunadamente, esta es la tendencia de la izquierda que fractura aún más la sociedad. Es una barrera que no se tiene en cuenta, cuando se quiere liderar un proceso tan complejo y que genera mucha resistencia, para avanzar en el camino del desarrollo. 


Si no se valoran los avances de un país, como de hecho ha pasado en Chile y hoy se observa en Colombia, ¿cuáles son las bases sobre las cuales una sociedad se para para seguir adelante? La tendencia de ignorar esta realidad, especialmente acentuada desde la izquierda radical que ha llegado al poder en AL, es el camino seguro para frustrar las altísimas expectativas que han creado iluminados  como Boric, Petro o López Obrador.  El resultado es el aumento de los conflictos y el inmenso desgaste institucional tratando de reinventarse la rueda. 


Mi amigo chileno concluyó nuestra conversación con una reflexión muy de fondo: “estamos pagando el analfabetismo funcional, que en la prueba PISA para adultos en Chile, Mexico y Perú (Colombia no participa)  es superior al 89% y están en la cola , lo que impide a esta población, analizar conceptos y predispone a la persona a absorber slogans. Temas complejos que la gente no tiene la mínima capacidad de comprensión, como los ataques de la izquierda contra el lucro o el tema de la igualdad sin relacionarla con el esfuerzo individual, son palabra que envuelven conceptos que se  denigran”.


Todo  suena bien para  capitalizar electoralmente el resentimiento de la gente. El resultado lo estamos comenzando a ver en Chile y preparémonos para lo que se verá en Colombia sí seguimos la misma partitura. 


Por esta razón, la  gente que creyó las promesas de la izquierda en Chile, ahora comienzan a despertar a la realidad de un nuevo gobierno, incapaz de controlar el aumento de la inseguridad, de la inflación y el desempleo. La gente votó por el dolor y no por su compresión del fenómeno. 



sábado, 23 de abril de 2022

La diferencia entre protestar y gobernar

 



En Chile y en el Peru se está desarrollando una película muy similar. La pregunta es si es un espejo para Colombia. Los votantes llevaron a la presidencia a dos personajes sin experiencia y representantes de la extrema  izquierda. Ambos generaron altísimas expectativas de cambio y explotaron la frustración de mucha gente con el sistema imperante, que claramente no había estado a la altura de sus expectativas y necesidades. 


Pero una vez en el poder, se están encontraron con otra realidad que los tienen enfrentados con sus mismos seguidores. Están aprendiendo que una cosa es protestar y criticar y otra muy distinta es gobernar.


Sobre la situación en Chile ya he escrito varios blogs. Recientemente, he leído  con mucha curiosidad, varios análisis sobre el proceso de la llegada al poder de Boric, el más joven presidente, y posiblemente el más inexperto, de quienes han alcanzado la más alta posición de su país en más de  una generación.


De alguna manera, y sin ser pesimista, es una película en la que en algunos aspectos, nos podemos reflejar los colombianos para anticipar lo que puede suceder en nuestro país, cuando elijamos a quien va a remplazar a Duque en el poder. En este blog, voy a seguir aportando otros elementos  de reflexión, enriquecidos con la visión local de varios analistas y formadores de opinión chilenos. 



Juan Carlos Eicholz es uno de ellos. Es un comentarista político y profesor universitario a quien tuve el gusto de escucharle una excelente y premonitoria exposición hace una década en Santiago, en el momento en que la ciudad se encontraba paralizada por una movilización de estudiantes indignados por los costos de la educación superior, y cuyo blanco  de su rabia, fue el Sistema de Transporte similar a Transmilenio. Recientemente le hicieron una entrevista en Semana sobre la situación actual de su país. 


Mirando en mis notas de esa época, me llamo mucho la tensión la coincidencia con su análisis actual. En ese momento habían ya señales de fractura de la Concertación, que fue la coalición que se armó de centro izquierda, para asumir el poder que dejó Pinochet y que durante veinte años, exitosamente le dio a Chile unos niveles de desarrollo, que lo volvieron un referente para otros países de la región. 


Sin embargo, su permanencia por mucho tiempo en el poder,  desgastó la credibilidad y el apoyo de la coalición. Se descuidaron y hubo complacencia.  Era evidente que las expectativas de la gente, especialmente los jóvenes, iban a una velocidad mayor que la capacidad institucional de estar a la altura de los retos de esta tendencia. 


Hace más de una década, se veían unos cambios en marcha que  se  caracterizaban por su tremenda complejidad. Ya se evidenciaban claras  señales  de la desalineación de las capacidades del Gobierno y las expectativas de sus gobernados, que no iba a ser sostenible. Las élites dominantes no las leyeron a tiempo para promover los cambios requeridos. Esta ceguera llevaría al poder  años más adelante, a un joven sin ninguna experiencia y conocimiento en el manejo del Estado.


Desde hace un década, se comenzaba a vislumbrar una brecha generacional cuya transición se acaba de consolidar con la llegada de Boric. Este fue un desafío demoledor  a las élites, que tradicionalmente habían detentado el poder, y a los partidos políticos que no se habían sintonizado, para responder a los grito de cambio de las nuevas generaciones. 



En esta transición, Chile muestra un choque cultural entre los valores tradicionales del orden, la eficiencia, la competitividad y la jerarquía, con otros emergentes que han sido acogidos por las “nuevas generaciones digitales” como es la colaboración, el medio ambiente, la responsabilidad social colectiva. Los primeros dieron la base de un una era de desarrollo sin antecedentes en la historia de la humanidad que hoy no tiene eco en las nuevas generaciones. 


Boric, supo capitalizar y darle voz y voto, a los pedidos de cambio de los jóvenes  y otras personas que estaban hastiadas con el sistema actual, y cuya manifestación más violenta sucedió a finales del 2019, con actos vandálicos que destruyeron  el sistema de transporte masivo de Santiago, entre otros daños ocasionados. Este movimiento fue el preámbulo de otros similares en Colombia y en la región, con impactos peores como fue nuestro caso. 


Dado que Boric llega al poder con el total apoyo del Partido Comunista chileno, Eicholz se pregunta con razón, si él representa la transformación o la izquierdización de Chile. La respuesta a esa pregunta va a depender de la manera como el inexperto Boric, maneje las varias dinámicas que ya están en marcha y que han hecho, que su comienzo,  tenga la más corta luna de miel en la historia de su país. 


La apuesta de varios analistas, es que evidentemente Chile se va a mover a la izquierda y el gran temor, es que el péndulo  se vaya  al extremo desde donde devolverse puede ser muy difícil regresar y con un costo inmenso para la sociedad. No se ve quien pueda liderar una transformación menos traumática . 


La derecha y el centro quedaron muy desdibujados después del resultado electoral. Y la razón, porque la emoción dominante es la rabia contra las élites y el sistema que se quiere transformar. Esto lo demuestra una investigación hecha desde muchas conversaciones que se documentaron después de las protestas sociales del 2019.



El joven Boric está aprendiendo su primera lección. Una cosa es promover marchas incendiarias, como lo hizo siendo dirigente estudiantil, y arremeter contra todo lo establecido desde la oposición. Otra muy distinta, es enfrentar la cruda realidad del manejo de un estado muy complejo, en medio de momentos tan turbulentos como los actuales en el mundo. 


Está entendiendo que la crítica destructiva desde la oposición, es una postura muy cómoda sin responsabilidad, especialmente cuando el establecimiento ha dado “tanta papaya”, como lo diría Antanas Mockus. Pero otra muy distinta,  cuando tiene que aprender a gobernar respondiendo a las múltiples demandas causadas  por las exageradas expectativas generadas durante la campaña al poder. 


Hoy Boric se encuentra en medio de varios fuegos cruzados. Por una parte, le han llovido críticas desde los partidos de extrema izquierda por estar mostrando una posición más conciliadora y alineada con las realidades del poder. Con su posición más moderada, Boric parecería que entiende que debe de representar los intereses, expectativas y preocupaciones de todos los chilenos.


En simultanea, enfrenta el resultado de la nueva Constitución, que hoy está siendo redactada por partidarios de la extrema izquierda, para la refrendación del pueblo en septiembre,. Estos grupos, que fueron elegidos por elección popular, tienen una posición mayoritaria  para asumir esta tarea. En el seno de esta Constituyente, se están proponiendo medidas extremas, como es la expropiación de las mineras que son la principal fuente de recursos para el estado chileno. Parece que esta opción no fue propuesta  por Boric durante su campaña,  por lo que  puede ser una fuente de confrontación y gran desgaste político. 


Pero además, está el Congreso actual, donde se mueven otras mayorias contrarias, lo cual va a significar un fuerte choque de poderes que afecta la capacidad institucional ya muy cuestionada. Se va a dificultar muchísimo, el llegar a consensos para la toma de las decisiones que necesita el país en estos momentos. Se está viendo un choque, no solo es cultural, como ya lo he mencionado, sino de cosmovisiones muy distantes y diferentes. 


El resultado es que Chile se va a mover en los próximos meses, no solo en un entorno muy complejo, sino de una grandísima incertidumbre cuyo impacto va a afectar muchas decisiones vitales para el país. Por ejemplo, las decisiones de inversión que en la actualidad deben de estar bastante paralizadas y con un costo muy alto para la sociedad chilena.



Creo que como ya está pasando en el Peru, de dónde acabo de regresar, mucha gente que voto por un cambio a cualquier costo, va darse cuenta que ese tipo de decisiones con el hígado y no con la cabeza, se pagan muy caro. Hoy Castillo está siendo desbordado por las marchas de todo tipo de sus mismos seguidores  que se sienten traicionados. Las paradojas de la vida: sus seguidores lo están rechazando y utilizando este mecanismo que fue   el mismo que lo llevó  a la presidencia de su país. Un  fenómeno similar lo está viviendo Boric en Chile. 


Lo que es evidente de los ejemplos de Chile y Peru, y muy pronto Colombia que se puede sumar a esta lista, es el alto costo que se paga, cuando una sociedad no se preocupa por formar a sus dirigentes políticos. Como resultado, cualquiera con capacidad de elocuencia y nada más, puede embaucar a millones de ciudadanos desorientados que votan sin ningún criterio, porque simplemente quieren jugársela por alguien diferente. 


Esta es una posición suicida en momentos de tantos cambios y de alta complejidad. Se necesita una nueva generación de políticos con capacidad de liderar una verdadera transformación, que acompañe las crecientes expectativas y necesidades de la gente, especialmente de las nuevas generaciones. 


Ahora bien, hay que estar atento a otra realidad. Estas transiciones y transformaciones despiertan mucha resistencia de parte de quienes se habían beneficiado del estatus quo que no lo quieren perder. Esto significa que se requiere una alta capacidad para ejercer el liderazgo y para manejar los conflictos que se van a producir. 


Una lección clara que queda de los ejemplos de Chile y Perú, que también se aplica a Colombia, es el altísimo costo que se paga con la complacencia que impide anticiparse a las crisis y no conducirlas. Es el resultado de una ceguera colectiva que inmoviliza y expone a las democracias a ser capturadas desde adentro, por populistas que se quedan en el poder a cualquier costo. El clásico ejemplo es el de Chaves, Maduro y compañía en Venezuela o Evo Morales en Bolivia. 


Otra lección. Mientras Boric representa el cambio a una nueva generación de dirigentes políticos en Chile, Petro, después de más de cuatro décadas en la política colombiana, por su trayectoria  y talante, representa al viejo discurso populista de la extrema izquierda latinoamericana de un Correa en el Ecuador, un  Evo Morales en Bolivia, o de Ortega el dictador de Nicaragua. Difícilmente se puede ver en Petro, un personaje tan cuestionado, contradictorio y polarizante,   cómo el verdadero símbolo de la nueva generación política para generar consensos que  transformen a un país tan complejo como es el nuestro. 


Una tercera lección es qué hay que desarrollar nuevas capacidades en el estado y en la sociedad, como lo mencioné en el blog de la semana pasada. Una capacidad crítica en épocas de grandes cambios como la actual, es la de la adaptación que se requiere para superarlos y aprovecharlos. Todo cambio genera un gran desequilibrio y saca a la gente de su zona de confort lo cual genera mucha resistencia.


Como bien lo expresa el analista chileno entrevistado por Semana, la capacidad adaptativa, que no es lo mismo que acomodarse o resignarse,  genera una ventaja competitiva muy importante para una sociedad. Por ejemplo, permite el entender mejor la diversidad como un activo de la sociedad, o mirar a otros de manera sistémica. Facilita  abrirse a cosas nuevas y no a anquilosarse . El aumento de la capacidad adaptativa, cuando se  produce el desequilibrio del cambio, permite ir evolucionando, incorporado cosas nuevas y dejando otras viejas para no evadir los problemas y enfrentar mejor los grandes retos de la sociedad contemporánea.


Construir capacidades de adaptación, implica desarrollar capacidades sobresalientes de escucha, de anticiparse a los cambios,  y de sentir empatía por el otro. No hacerlo es seguir el camino hacia abajo a un despeñadero. 


PD: la complejidad del entorno actual hace imposible que la polarización y el miedo sea el camino para gobernar a un país que necesita sanar muchas  heridas. Amanecerá y veremos en Colombia 



viernes, 24 de diciembre de 2021

La indiferencia y la complacencia perdieron en Chile


 Los resultados contundente de las elecciones  en Chile muestran que Boric, un joven de 35 años, derrotó a Kast su contrincante de manera contundente y en contra todas las expectativas. Esta elección y la Asamblea Constituyente que hoy está deliberando, son el resultado de un procesos de desmantelamiento del sistema imperante en Chile desde 1991. 

En un país tan conservador como se pensaba que era Chile, la victoria de Kast, es la del Partido Comunista que muy seguramente va a tener un papel muy protagónico en el devenir de ese país en los próximos años. Es la victoria de la extrema izquierda desde donde viene el nuevo presidente de los chilenos.



Y es la victoria del movimiento de jóvenes que se manifestaron contra el sistema en el 2011,  donde Boric era un dirigente estudiantil, y que en el 2019 lideraron las marchas que destruyeron una buena parte del Metro de Santiago, como protesta por un incremento mínimo en el costo del pasaje. Este último evento, sirvió de telón de fondo para los movimientos sociales muy complejos que afectaron a otros países de la región incluyendo el nuestro, con unas consecuencias muy graves en el orden público y la economia.


El impacto de las elecciones de Chile, se va a sentir muy fuertemente en toda America Latina. Y en mi opinión, va a ser la antesala de lo que veremos en Colombia en marzo y mayo, cuando se conocerán los resultados de las votaciones para el Congreso y la Presidencia de Colombia.  Por lo tanto, estos resultados merecen unas reflexiones más profundas porque marcan una tendencia muy clara hacia los regímenes de izquierda cuyo impacto no va a ser menor.


Para comenzar, voy a compartir con mis lectores, un mensaje que me escribió un empresario chileno amigo mío al día siguiente de conocerse los resultados de la victoria de Boric.    



Y termina



Al discurso al que hace referencia mi amigo,  es el que publiqué en el blog de la semana pasada. Y como se puede leer en su respuesta, la reacción del resultado de las elecciones que el comenta tiene dos puntos que vale la pena resaltar. 


El primero, es que no se lo esperaban y es evidente  el impacto de los resultados. Y es comprensible, porque un presidente de extrema izquierda y una nueva Constitución que va a estar ampliamente influenciada por los resultados electorales del pasado domingo, apuntarían a unos cambios muy significativos en Chile.


El segundo punto que quiero mencionar, lo relaciono a la a última parte del mensaje de mi amigo. Buscar responder con unas iniciativas tarde “que se debieron hacer hace un año y medio” o mucho más diría yo. Y su frase final es para enmarcar: “una indiferencia de los empresarios a la crisis de la pandemia, que da rabia”, y yo añadiría mucha indignación.


Me sospecho que este mensaje está reflejando el estado de ánimo de muchos chilenos de la derecha del espectro político de ese país. Deberán estar meditando, desde el observador que representan, sobre cómo fue posible llegar a esta situación que los tomó con los pantalones abajo.



Una posible respuesta nos la brinda mi amigo en su chat: es la indiferencia, que se suma a la complacencia,  reflejadas en el discurso del presidente saliente Piñera, una semana antes de que le estallaran en la cara las protestas en el 2019, cuando manifestó que Chile era un oasis en AL. La sumatoria de estas dos actitudes  fueron una combinación letal. 


Los resultados de la indiferencia y la complacencia  productos de la ceguera colectiva de la élite política y empresarial, demuestran una característica que hoy son un común denominador de los gobiernos de la región y  sin distinción de su color político. 


El  caso emblemático de Venezuela es el primero que salta a la vista, y donde sería una payasada que Maduro se atreviera a ponerla como un oasis y referente para los demás países. 


La extrema izquierda representada por este dictador y su soporte cubano, es un ejemplo de la indiferencia que produce la soberbia del poder despótico y absoluto, y también que genera complacencia porque se siente intocable. No se por cuánto tiempo más va a durar esta situación tan aberrante, que ha producido la migración masiva más grande de la historia en AL, pero como dice el refrán popular: no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. 


Pero volviendo al caso chileno, gracias a los consensos que se generaron en 1991 entre los partidos de centro e izquierda, que se conoció como la Concertación, se sentaron las bases  del desarrollo notable que tuvo Chile durante dos décadas y que convirtió a ese país un ejemplo de madurez política y estabilidad para el resto de la región.  


En esa época, los partidos ganadores, tomaron la decisión política de no desmantelar algunas de las principales decisiones de política económica, como las privatizaciones y la apertura del país a los mercados globales. Haciendo un balance, vieron que habían tenido un impacto positivo para el país, que había que complementar, acelerando otras transformaciones más orientadas a las necesidades sociales de la población. 


Los indicadores de Chile durante esos años, mostraron avances notables del impacto positivo que tuvo el pragmatismo político de los políticos de centro e izquierda, en ese momento histórico de la transición. Se apuntaló la democracia, dejando atrás las consecuencias de la historia de 16 años de la dictadura de Pinochet, sabiendo que había cosas pendientes, pero que era lo mejor posible dado el entorno del momento, especialmente con los militares.


Pero la complacencia que se generó, después de 20 años de la Concertación en el poder, sentaron las bases para las protestas de los estudiantes en el 2011, donde el hoy presidente electo, hizo sus primeros pinitos en la arena política como dirigente estudiantil. Esto condujo a que en los siguientes años hubieran cambios reflejados en dos gobiernos de derecha y otro de izquierda. 


Lo interesante de este periodo de tres décadas de la historia de Chile, es que se mantuvieron los pilares centrales que se habían planteado en 1991: una economía de mercado, la privatización de muchos servicios, pero sin una red de protección social, que reconociera las necesidades y expectativas cambiantes y crecientes de una masa de la población, que se sintieron excluidos  de los avances de su país. 


Para esta masa, que votó con el 55% a favor del cambio extremos que representa Boric, Chile estaba lejos de ser el oasis que veía Piñera cuando hizo esa afirmación. El estallido social del 2019, tuvo el efecto de correr el velo que mostró la cara oculta de otra realidad. 


La indiferencia y la complacencia de los dirigentes chilenos, les había impedido ver y reaccionar con más rapidez y oportunidad. Se había perdido el pragmatismo que les había servido tanto para tomar las decisiones que impulsaron el crecimiento de Chile durante dos décadas. 


Pero lo interesante del caso chileno, es que desde las dos orillas del espectro político, se hubieran creído el cuento de que Chile ya era un país del primer mundo, y que los avances logrados eran unánimemente apreciados por toda la población. Esto generó la complacencia que manifestó Piñera hasta que estallaron las protestas sociales en septiembre del 2019. En ese momento ese bonito sueño les estalló en la cara a la dirigencia política y empresarial chilena. 



Un nuevo paradigma del desarrollo había nacido en medio de la destrucción, la violencia y el miedo del 2019, y que han sido las parteras de la Historia. La indiferencia y la complacencia, habían sembrado las semillas de un movimiento liderado por jóvenes y partidos como el Comunista, que había estado agazapado, a la espera de una nueva oportunidad para reivindicar la vigencia de sus propuestas hechas en la época de Allende.


Independiente de las consideraciones anteriores , y que el 55% de la población hubiera votado por un cambio profundo que puede tener consecuencias impredecibles, hay una realidad que los chilenos no pueden ignorar. Chile representó por más de cuatro décadas, el ejemplo de un país exitoso que supo sortear una dictadura y tuvo un manejo pragmático desde el centro y una izquierda moderada. Durante las dos décadas de la Concertación, se logró desarrollar una cultura política de acuerdos, que le brindó estabilidad y prosperidad al país. 


El problema del éxito, es creer que es eterno, y no darse cuenta que el cambio es la constante de la historia. Pero más grave aún, no tener la capacidad de leer los cambios que hoy generan situaciones de alta volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad, y que requieren de una gran flexibilidad para sortear los grandes retos que enfrentan las sociedades contemporáneas. 


Esta es una inmensa dificultad que tienen los dirigentes políticos, sin distinción de su color político, y las instituciones que soportan al Estado en sus diferentes niveles. Parecería que los hechos los sorprenden y atropellan cada vez con mayor facilidad.


El punto anterior, explica el porqué, los avances logrados con mucho esfuerzo, se comenzaron a desmoronar desde el 2011. La complacencia, como ya lo he mencionado, fue en buena medida responsable de lo que sucedió. En los siguientes diez años, la indiferencia y la ceguera de la clase dirigente, terminó por minar las bases que sustentaron los logros del país.



¿Que escenarios se podrían  esperar?.


¿Será posible que se repita de nuevo el milagro del pragmatismo del 91? ¿Ganará la sensatez de los chilenos, del nuevo gobierno y de los partidos de oposición, que les permita tomar las  mejores decisiones y no demoler los logros para construir sobre ellos y que fueron conseguidos gracias  a décadas de esfuerzo?.  Si lo lograran, esta  postura tendría que aceptar  los cambios y ajustes que seguramente se tendrán que realizar para incluir a la población que se siente hoy excluida. 


Si lo lograran, le permitiría  a Chile avanzar y volver a ser un ejemplo de madurez política  para los demás países latinoamericanos. Estarían demostrando que el desarrollo económico no riñe con el desarrollo social. De hecho, el cambio más grande que se ha dado desde el 91 en el mundo, es que las brechas de desigualdad, son un inmenso freno para lograr una prosperidad incluyente que beneficie a la población. Y sin ella, no es posible el desarrollo sostenible, como un gran propósito colectivo,  porque no contaría con el apoyo de la población. Esa es la principal lección de los resultados electorales en Chile. 


¿Pero como podrían volver a conseguir el milagro de una nueva concertación?. Evidentemente reconociendo la necesidad de balancear el desarrollo económico con el social, para corregir  los desajustes y cerrar las brechas existentes,  que la complacencia e indiferencia generaron.


 ¿Que modelo podrían tomar como referencia? Para desarrollar un paradigma  más equilibrado entre lo económico y lo social,  el nuevo gobierno podría inspirarse en el ejemplo de países como Dinámica, Suecia o Noruega, donde el capitalismo consiente, es el motor económico, pero el Estado es el encargado de brindar una red de protección social.  


Esta arquitectura  implica liderar un   un acuerdo entre las dos partes , para tener como norte un propósito superior que responda por un desarrollo más equitativo para todos. Sería la base de una prosperidad sostenible e  incluyente  porque contaría  con un amplio  respaldo popular.


Un segundo escenario posible tendría un sello  típicamente latinoamericano. El gobierno de Boric, deslumbrado por la victoria obtenida, y asesorado por el Partido Comunista, resuelve ignorar los avances obtenidos tras varias décadas. De manera ciega o posiblemente muy consciente, porque era lo que buscaban, desconocen una vez más las condiciones que hoy tiene el entorno, y toman como referente el ejemplo de Venezuela, Peru, Argentina, Nicaragua, y Salvador. Deciden desmantelan la institucionalidad, espantar la inversión extranjera, y promover una fuga de capitales y de talento que drena al país.


¿Qué camino escogerá el nuevo presidente y cuáles serán los resultados?  Solo el tiempo y la historia nos los dirá. 


Y mientras tanto en Colombia, espero que este blog nos sirva de espejo para hacer nuestras propias reflexiones…¿En qué escenario nos moveremos nosotros y con quién será en los próximos meses?