Entrada destacada

A veces SI a veces NO...

Finalmente se firmó el acuerdo con las FARC. Por esta razón, en  las próximos semanas, me propongo oír la letra de la canción de Julio Igles...

Mostrando entradas con la etiqueta Farc. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Farc. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de febrero de 2025

Lecciones y reflexiones de un largo conflicto


 En mi blog anterior mencioné la experiencia de viajar por Sri Lanka durante dos semanas. Más allá de la oportunidad de descubrir ese fascinante país, me llamó profundamente la atención un episodio de su historia reciente: la guerra civil que duró 34 años. Este conflicto destaca por ser uno de los pocos en los últimos cincuenta años donde la guerrilla fue derrotada militarmente.

Además, investigué si esta experiencia podría ofrecer lecciones aplicables al caso colombiano, especialmente tras la negociación con las FARC. Hoy Colombia enfrenta una situación tan grave como la de hace tres décadas, agravada por un gobierno que, deliberadamente, ha debilitado a las Fuerzas Armadas.



La guerra civil en Sri Lanka: contexto histórico y causas

La guerrilla Tamil, conocida oficialmente como los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE, por sus siglas en inglés), fue una organización separatista activa desde 1976 hasta su derrota en 2009. Este grupo surgió en respuesta a tensiones étnicas, religiosas y políticas que marcaron profundamente la historia de Sri Lanka.


Orígenes étnicos y religiosos


Los tamiles, un grupo étnico de origen dravídico cuya lengua principal es el tamil, constituyen aproximadamente el 11% de la población de Sri Lanka. Están culturalmente vinculados a los tamiles del sur de la India y, en su mayoría, practican el hinduismo, aunque existen minorías cristianas. En contraste, la mayoría cingalesa, que representa cerca del 75% de la población, es budista. Estas diferencias étnicas y religiosas alimentaron las divisiones en el país.


Del periodo colonial a la independencia


Durante el dominio británico (1815-1948), los tamiles del norte y este de la isla gozaron de mejores oportunidades educativas y laborales que los cingaleses, lo que generó resentimientos entre estos últimos. Tras la independencia, el gobierno cingalés implementó políticas discriminatorias, como la Ley de Ciudadanía de 1948, que dejó a muchos tamiles sin nacionalidad, y el Acta de Idioma Oficial de 1956, que estableció el cingalés como único idioma oficial, excluyendo el tamil.


Estas medidas llevaron a décadas de marginación y a la radicalización de algunos sectores tamiles, dando origen al LTTE en 1976, liderado por Velupillai Prabhakaran. El objetivo del LTTE era crear un estado independiente llamado Eelam Tamil, en las regiones del norte y este del país.


El conflicto armado


La guerra civil comenzó oficialmente en 1983, tras los disturbios del “Julio Negro”, en los que miles de tamiles fueron asesinados y desplazados por turbas cingalesas, en represalia por el asesinato de 13 soldados por el LTTE. Este evento marcó el inicio de un conflicto que se prolongó por 26 años y se caracterizó por violaciones de derechos humanos, atentados suicidas y el uso de niños soldados.



En mayo de 2009, el gobierno de Sri Lanka, liderado por Mahinda Rajapaksa, lanzó una ofensiva militar decisiva contra el LTTE. La captura de los últimos bastiones rebeldes y la muerte de su líder sellaron la victoria del gobierno. Aunque el conflicto concluyó, las tensiones étnicas y los desafíos de reconciliación persisten.



Lecciones de Sri Lanka aplicadas al caso colombiano

La experiencia de Sri Lanka ofrece valiosas analogías para el conflicto colombiano, aunque también subraya diferencias fundamentales.


Similitudes

1. Control territorial: Tanto los Tigres Tamiles como disidencias de las FARC, el ELN y el Clan del Golfo, entre otros  operaban, y en Colombia  lo siguen haciendo en áreas con débil presencia estatal, explotando el descontento local.

2. Apoyo externo: Al igual que los Tigres Tamiles, que se financiaban mediante redes internacionales, las guerrillas colombianas cuentan con apoyo externo. Por ejemplo, el ELN recibe respaldo del régimen de Maduro en Venezuela, situación conocida y, sorprendentemente, tolerada por el gobierno colombiano actual.

3. Duración del conflicto: Ambos conflictos han sido prolongados, dejando profundas cicatrices en sus respectivas sociedades.


Diferencias

1. Componentes étnicos: En Sri Lanka, el conflicto tuvo un marcado componente étnico, mientras que en Colombia las causas son multifacéticas, incluyendo elementos ideológicos, sociales, económicos y, en la actualidad, principalmente criminales.

2. Enfoque de resolución: Sri Lanka optó por una solución militar, mientras que Colombia ha intentado procesos de paz. Sin embargo, la “Paz Total” propuesta por el actual gobierno ha sido ampliamente criticada por negociar con grupos criminales sin ideología, priorizando sus negocios ilegales.

3. Desmovilización incompleta: Aunque el acuerdo de paz con las FARC en Colombia desactivó parcialmente el conflicto, hoy las disidencias de este grupo, junto al ELN y el Clan del Golfo y otros grupos al margen de la ley , continúan creciendo , continúan creciendo, agravados por la debilidad institucional actual. En Colombia el crecimiento del narcotráfico es un combustible muy potente que mantiene vivo el conflicto y agrava cada vez más la situación de orden público 


Lecciones aprendidas

1. Fortalecimiento del desarrollo local: Ganar la confianza de las comunidades mediante servicios básicos y desarrollo puede debilitar el apoyo a las guerrillas. En Colombia, la falta de presencia estatal en territorios previamente controlados por las FARC permitió el reagrupamiento de grupos armados, afectando a más de 500 municipios.

2. Supervisión internacional: En Colombia, el proceso de paz supervisado internacionalmente buscaba garantizar la sostenibilidad del acuerdo. Sin embargo, los errores en su implementación, como permitir la continuidad de grupos armados y el narcotráfico, han debilitado los resultados.

3. Flexibilidad estratégica: El éxito de los gobiernos de Uribe y Santos al arrinconar a las FARC radicó en estrategias adaptables. Hoy, con el retiro masivo de generales y el debilitamiento institucional, Colombia carece de la capacidad de respuesta necesaria para enfrentar los desafíos actuales.

        4.      Terminación del conflicto. En el caso de Sri Lanka, la derrota de LTTE, ha permitido que ese país recupere un entorno de desarrollo sostenible. Un indicador muy impresionante es el turismo. Como resultado del conflicto este colapso y hoy ha vuelto a ser uno de los pilares de su economía . En Colombia , si bien Petro le apuesta al turismo, pero los problemas de orden público actuales han vuelto a cerrar muchas regiones del país.  En Sri Lanka se acordó validar como oficiales los dos idiomas: el singalés y el tamil y darle mucha importancia al Inglés.





Reflexión final


El caso de Sri Lanka resalta la importancia de una estrategia coherente, firme y multifacética para enfrentar conflictos prolongados. Si bien las lecciones de Sri Lanka no pueden aplicarse directamente a Colombia, ofrecen perspectivas valiosas que deben ser consideradas para abordar los desafíos presentes. El debilitamiento de las Fuerzas Armadas y la falta de control estatal en Colombia son alertas que, si no se abordan con urgencia, van a seguir  perpetuando un ciclo de violencia y criminalidad aún más difícil de superar.


sábado, 23 de julio de 2022

Época de preguntas difíciles?


 En el blog anterior me remontaba a reflexiones que hice hace varios años y que hoy siguen teniendo vigencia para el momento histórico que vivimos. Repasando otros escritos de la misma época, me encontré con un blog donde me formulaba muchas preguntas que en ese entonces estaban por responder. Lo interesante del tema es que siguen siendo unos interrogantes difíciles que no hemos podido respondernos en la sociedad colombiana. 

En momentos de grandes cambios, donde nos acompaña la incertidumbre debido a la complejidad creciente de los retos que enfrentamos, la capacidad de hacer preguntas ha estado ausente durante este último periodo de nuestra historia reciente. Abundan las afirmaciones y los juicios no fundados, así como las mentiras que distorsionan la realidad. 


Por lo tanto, ante la ausencia de preguntas difíciles que nos obligan a reflexionar, hoy tenemos una sociedad, desconfiada, desorientada , vulnerable y sin esperanza,  que no sabe que le espera el porvenir


Dada la agenda de cambio del gobierno  entrante, en este blog voy a recoger las preguntas que me hiciera hace seis años porque  considero que hoy tienen  toda la vigencia y el valor de invitar a la reflexión. Las he complementado  con otras que me parecen pertinentes y actuales para el mismo fin.



El nuevo gobierno ha ofrecido darle un nuevo impulso y profundizar el proceso de paz, que durante el periodo de Duque tuvo un perfil muy desdibujado. Era de esperarse ya que, quienes les correspondió iniciar la implementación, fueron opositores  al proceso de paz de Santos. Durante estos cuatro años se incrementaron los problemas de seguridad. También se hicieron más protuberantes algunos vacíos  de los acuerdos. Por lo tanto, son pertinentes las siguientes preguntas:


  • ¿Qué tan preparado está hoy el Estado para corregir los problemas presentados  y seguir implementando efectivamente cada  los puntos pendientes acordados con las FARC?
  • ¿Cómo se piensa sostener en el tiempo el nuevo esfuerzo, después de la pobre experiencia que deja Duque por parte del Estado y de la pasiva participación de la sociedad?
  • ¿Cómo hacerlo cuando no tenemos una cultura de perseverancia para sostener apuestas de largo plazo  y tampoco nos anima una visión colectiva de futuro? 
  • ¿Tendrá Petro la capacidad de ejercer el liderazgo que no tubo Santos, para unir a los colombianos para consolidar lo que falta de los acuerdos de la Habana?


Uno de los lunares negros de la paz de Santos, fue la ausencia de una pedagogía que le permitiera a ciudadano del común, entender mejor la su rol y la verdadera naturaleza del problema que se pretendía enfrentar con el acuerdo. Hoy este tema no a cambiado, por lo tanto sigue siendo válida las siguientes preguntas: 


  • ¿Entendemos todos que, estadísticamente el acuerdo firmado hace seis años, buscaba resolver menos del 6% de los hechos de violencia en Colombia, y que el 94% restante nos correspondía a todos los colombianos dejar la indiferencia y asumir nuestra corresponsabilidad de la violencia en el país?
  • ¿Qué tan preparados estamos hoy los colombianos, para participar activa y responsablemente en la reconstrucción del tejido social, que tanto daño ha sufrido durante más de seis décadas de violencia? 
  • ¿Entiende los colombianos, que viven de los centros urbanos, y que no han sido tocados de manera muy directa por el conflicto, que  llegó la hora de incorporar al desarrollo del país a los otros colombianos que han sido históricamente marginados y han sufrido el mayor impacto?
  • ¿Que sería legítimo esperar con la continuidad del proceso en manos del nuevo gobierno?



Han pasado seis años desde el acuerdo y cuatro años desde que se  inició su implementación. Desde las lecciones aprendidas en este periodo caben otras  preguntas:


  • ¿Cómo convertir la apuesta hecha por la Paz en una agenda nacional de largo plazo, cuando la sociedad colombiana está profundamente dividida y las partes ven realidades tan distantes y distintas? 
  • ¿Cuáles son los éxitos y los fracasos demostrables, que se pueden celebrar o lamentar hasta la fecha, del avance tortuoso que ha tenido la implementación de los acuerdos, durante la administración de Duque? 
  • ¿Que nos deben de enseñan estos ejemplos?
  • ¿Que capacidades positivas y negativas del Estado a nivel nacional y regional pueden afectar  el nuevo impulso al acuerdo de la Habana?



Hoy ya son mucho más evidentes los vacíos en el diseño de la implementación de lo firmado en la Habana. También, es muy claro el impacto que estas omisiones han tenido, especialmente en las zonas periféricas del país. Es necesario preguntarse entonces lo siguiente:


  • ¿Qué cosas innovadoras se han previsto en este nuevo gobierno, para combatir las bandas criminales cuando llevamos años sin que se hayan podido controlar, especialmente en las zonas donde no ha habido presencia del Estado?
  • ¿Cómo se va lograr romper con una larga tradición de terratenientes y gamonales, que aprovecharon la debilidad del Estado, se quedaron  con tierras tomadas a la fuerza, no pagan impuestos, y mangonean a su antojo las raquíticas administraciones locales donde están?
  • ¿Que lecciones del pasado y del presente se pueden derivar, ahora que el nuevo gobierno pretende abrir otros frentes con el ELN y las bandas crimínales que hoy azotan las zonas marginadas del país?


En unos días se va a posicionar la administración que llegó al poder, subida en la ola de las marchas sociales del 2021, aprovechando la incompetencia de Duque en la atención y presencia del Estado en las zonas más vulnerables del país. Pero también llega a la dirección del Estado con una agenda de cambio  relacionada con  al tema agrario y y el manejo de las protestas sociales, que en campaña promovió y tan buen rédito le dio. Las preguntas necesarias serían las siguientes:


  • ¿Qué riesgos nos enseñaron los paros campesinos, indígenas, los de los camioneros, los movimientos sociales del 2021, etc. cuando se abren las compuertas a este tipo de movimientos en el país ?
  • ¿Cómo desarrollar nuevos liderazgos que sepan encausar constructivamente los reclamos de la gente de manera que puedan aprovechar estos nuevos espacios en beneficio de la comunidad?
  • ¿Cómo preparar a la gente para que ejerza su derecho de protesta pero que no se deje manipular, como ya se ha visto recientemente por parte de los agitadores profesionales, quienes saben cómo sacarle provecho al conflicto y al caos?
  • ¿Qué van a hacer hacia adelante los partidos tradicionales, para enfrentar los retos de los movimientos sociales,  cuando hoy están tan desprestigiados y no se les reconocen como los vehículos adecuados para canalizar los reclamos de la gente ?
  • ¿Utilizará Petro la movilización social, bajo el lema de que “es lo que quiere el Pueblo” para presionar o chantajear la aprobación de sus reformas por los canales institucionales vigentes?



Y para concluir este blog, hay una gran desconfianza en la agenda del  gobierno entrante,  como lo he explicado en los blogs anteriores, porque se teme que impere la lógica de la tierra arrasada y no se tiene presente el impacto irreversible que esto puede tener para la sociedad y la economía colombiana. Por lo tanto me pregunto: 


  • ¿Que lecciones les dejan a Petro y sus seguidores, los ejemplos nefastos de Nicaragua, Venezuela, Argentina y ahora del Perú?
  • ¿Cómo piensa manejar en su agenda con los USA, el espinoso tema del narcotráfico, máxime cuando va iniciar diálogo con el ELN y las bandas criminales?


Yo creo que sería una buena idea, que muchos colombianos se hicieran unas preguntas similares, ante la ausencia de una oposición política a Petro,  que sirvieran para movilizar un movimiento ciudadano que se ocupe de hacer esa función tan crítica para defender nuestra democracia. El papel de hacerse estas preguntas difíciles, es el de no adormecernos mientras se desmantela lo que hasta aquí hemos construido positivamente como nación. 

sábado, 19 de septiembre de 2020

Nuestra historia: el talón de Aquiles de nuestra sociedad

 


Definitivamente Colombia parecería que estuviera condenada a reeditar su historia , que como una pesada ancla atada a su cuello, no le permite sacar cabeza para mirar hacia adelante y avanzar. Cuando deberíamos estar construyendo el futuro sobre el acuerdo de paz, lo que se observa es la repetición de una película de horror que no parece tener fin.

El ELN sigue más activo que nunca y las disidencias de las FARC están creciendo como espuma, todos protegidos por la dictadura de Maduro en Venezuela ( se calculan más de 6000 hombres en armas). Las Bactrín (nueva versión del paramilitarismo narcotraficante) siguen campantes adelante y los cultivos de coca están disparados. 


Y todo lo anterior está sucediendo bajo las narices del partido de Uribe y su pupilo Duque, que llegaron al poder en el 2002 con la Seguridad Democrática, y por tercera vez en el 2018,  para  heredar irónicamente, la implementación del proceso de paz al que se opusieron con patas y manos. Una pesadilla hecha realidad: los enemigos de Santos implementando su legado.




Hoy, en la mitad del camino del mandato de Duque, la película de horror reeditada continúa pero un ingrediente adicional y un nuevo actor: unos niveles de desconfianza sin antecedentes en la Policía y el Ejército Nacional, en los partidos y en general de todas las instituciones, en medio de una polarización creciente, de nuevas marchas sociales, y de una pandemia histórica que tiene postrada a la economía de nuestro país.


Salvo la pandemia, todo lo anterior no me sorprende como voy a mostrar a continuación. Para hacerlo, en este blog quiero transcribir un artículo que escribí en febrero del 2017 sobre lo que se veía venir.


“Cuando veo en la primera página en El Espectador de la semana pasada, la foto de una retro excavadora en medio de un terreno pelado, me dio tristeza e indignación como colombiano. Este testimonio gráfico, correspondía a uno de los 26 sitios que deberían estar listos en diferentes regiones de nuestra geografía, para recibir a 15.000 personas desmovilizadas de las FARC, el 31 de enero de este año. 


Pero mi indignación aumentó aún más, cuando leí la columna de León Valencia en la revista Semana, donde desnuda la incapacidad de ejecución que ha acompañado esta última etapa del acuerdo con las FARC, y que de no corregir el curso, tendría consecuencias muy graves para el país en los próximos meses. Leer: http://www.semana.com/opinion/articulo/leon-valencia-construccion-de-campamentos-de-las-farc/514298


Mi reacción es muy personal por una historia muy frustrante cuando traté de acercarme como ciudadano para ayudar en el proceso paz porque lo veía una necesidad y una obligación histórica. 


Dada esta experiencia durante más de cinco años, no me sorprendió lo que Valencia evidenció, ni la respuesta de los funcionarios de Santos tratando de tapar el sol con las manos. De hecho, era de esperarse que se destapara muy rápidamente  la tremenda debilidad institucional del Estado, para acometer los retos derivados de los acuerdos firmados con las FARC para la fase del post conflicto.


En agosto del 2012, me vinculé al tema por una invitación que me hicieran desde el Ministerio de Defensa,  para apoyar al proceso con otros empresarios cuando se iniciaba el proceso, pero con miras a un eventual post conflicto que preocupaba mucho a algunos militares. A finales de ese mes, se hizo oficial la intención de Santos de llegar a un acuerdo con las FARC, para terminar décadas de confrontación armada con ese grupo guerrillero. Desde ese momento , dediqué muchas horas y recursos de mi bolsillo, para poner un grano de arena a una causa a la que muy pocos le apostaban en esa época . 


Como consecuencia de esta decisión, nació la iniciativa de Innovación x Educacion = Desarrollo + Paz, para movilizar a las nuevas generaciones, que hasta el plebiscito de octubre del año pasado, fueron los grandes ausentes del proceso de paz. Sobre este tema he escrito en muchas oportunidades. Mientras en mi país la iniciativa no tuvo eco, fui invitado a exponerla en eventos internacionales donde hubo gran interés en escucharla, como la conferencia anual del 2016 del Instituto de Paz en Washington, y el World Innovation Forum en el 2015, en el corazón del Silicon Valley. 


Durante  los años que traté de mover la iniciativa, pude observar las incoherencias y divisiones internas de personas muy cercanas al proceso.  En ese entorno, me fue imposible  interesar a altos funcionarios  de este gobierno, en el uso de la innovación para la Paz y la vinculación de los jóvenes al proceso.


Lo que pude observar durante estos años, del comportamiento de funcionarios del gobierno de Santos, cuando traté de abrir las puertas a varias iniciativas innovadoras, me mostró que su apuesta de la paz, tenía tres grandes talones de Aquiles: la falta de liderazgo colectivo del Presidente y su equipo, el desinterés muy preocupante por escuchar ideas distintas, y la gran debilidad institucional. Por lo tanto, no me sorprende para nada la aseveración de Valencia: "lo que vemos es una terrible improvisación" al iniciar la primera etapa del post conflicto.


Al igual que Valencia, tampoco quiero ser un aguafiestas, ni asumir una posición negativa para lo que se nos viene. Pero eso no me inhibe para ser realista. Cuando me acerqué a la Oficina del Comisionado de Paz, a finales del 2014 y durante el siguiente año, tuve la oportunidad de observar cómo el post conflicto no fue una prioridad del Gobierno. Quienes trabajaban con el General Naranjo en esa época, se quejaban de las dificultades para posicionar el tema y darle la prioridad correspondiente. Muy a la colombiana, había que dejarlo para última hora, posición entendible, cuando las apuestas al éxito del proceso, al interior del propio gobierno, eran muy bajas.


Ahora viene la prueba de fuego para Santos y su gente. Los próximos 12 meses, van a estar enmarcados por una gran incertidumbre internacional, y un agitado año preelectoral, que también puede generar mucha incertidumbre interna. En este periodo tan complejo, se deberán demostrar excepcionales capacidades de ejecución de parte del Estado, para impedir que la reintegración de las FARC, se convierta en una inmensa frustración nacional y vuele el acuerdo por los aires. Y recordemos ,que detrás viene el ELN, quienes estarán observando con lupa, el cumplimento del Gobierno.


Hay que recordar que la experiencia internacional demuestra, que los primeros 12 meses después de firmada la paz, son cruciales para apuntalar años muy difíciles de negociación. Pero para lograrlo, se necesita una capacidad de planeación, de alineación institucional y de recursos de todo tipo,  para  después sumar una gran habilidad de coordinación de muchas entidades, para lograr la excelencia en la implementación de lo planeado y acordado. 


En condiciones normales, para un Estado fuerte, estas son tareas que serían muy difíciles y complejas. Pero si se entiende que tenemos una institucionalidad muy débil, y un país polarizado, el reto va ser titánico, máxime cuando  muchos van a tratar de meterle un palo a la rueda. 


Voy a hacer una afirmación que ojalá esté totalmente equivocado en plantearla: durante los cuatro largos años de negociación con las FARC, no se construyó la capacidad para responder a las consecuencias de un acuerdo exitoso. Y ahora que nos llegó el momento, al que pocos le apostaban, las lamentables fotos del estado actual de los sitios de recepción para las tropas de las FARC, y la denuncia de Valencia, nos hacen evidente el problema.


En esta primera etapa del post conflicto, una vez más se hacen visibles las consecuencias del pobre liderazgo de Santos, para preparar al país y a las instituciones para lo que viene. El conejo que hizo con el plebiscito, se lo van a cobrar muy duro los opositores y millones de colombianos que votaron NO al acuerdo. En ese ambiente enrarecido, las fallas de planeación, coordinación, ejecución y control, serán la munición para tratar de descarrilar totalmente el proceso.


No me cabe duda que es un logro desarmar a 15.000 combatientes, en la medida que el Estado pueda sostener la caña y cumplir con los acuerdos. Será casi un milagro que esto suceda, porque como es claro, hay serias dudas de la capacidad del Estado para lograrlo. Y más aún, de sostener el esfuerzo inmenso en el largo plazo, especialmente ante la llegada de un nuevo gobierno en el 2018.


Pero el mayor reto es de liderazgo, que hasta ahora ha brillado por su ausencia. Y este será vital para desarmar el espíritu violento que habita en el alma de millones de colombianos, que no se ven parte fundamental del problema, y que además, esperan que el Estado sea el único que haga solo el milagro de pacificar los espíritus de este gran país que se llama Colombia.”




Espero qué haya sido claro para el lector el porqué no me sorprende lo que está sucediendo hoy, cuatro años más tarde, y también el porqué pienso que, el no podernos quitar la pesada ancla de nuestra historia que es la violencia, es el gran talón de Aquiles de la sociedad colombiana. 


Se que no es una reflexión positiva la que estoy compartiendo, pero es la realidad que tenemos y que no hemos podido superar. Pero como bien lo decía Jack Welch, CEO de GE hace dos décadas: “ hay que enfrentar la realidad para cambiarla” Y claramente, no es con las movilizaciones sociales que destruyen el patrimonio de todos, ni siguiendo a los Petro o los Uribe de este mundo, como lo vamos a lograr. Necesitamos que emergen nuevos liderazgos que unan y no dividan, y que impulsen la construcción de un propósito superior que oriente a nuestra sociedad.