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sábado, 9 de marzo de 2024

El cambio que necesita Colombia.

 


A medida que avanzamos en el siglo XXI, es cada vez más evidente la necesidad de actuar colectivamente, porque los niveles de incertidumbre, complejidad, y cambios cada vez más rápidos con resultados sorprendentes, así lo demandan. El problema es que vivimos en una sociedad individualista, con altísimos niveles de desconfianza que nos impiden colaborar. 



En otras palabras, hoy se vuelve fundamental tener capital social para que una sociedad pueda navegar las aguas tormentosas del entorno actual. Y el capital social se fundamenta en los niveles de confianza que se tengan. Sin ellos, no es posible encontrar un propósito colectivo superior que alinee expectativas , recursos y acciones , para sortear los inmenso obstáculos que se interponen en el camino de buscar un bienestar general para la sociedad.  



Hoy tenemos en Colombia, y en ciudades como Bogotá,  niveles  de desconfianza históricos que están siendo afectados aún más, por acciones deliberadas que se están tomando desde el Gobierno Nacional. Por esta razón, los nuevos gobernantes locales, especialmente de las regiones y ciudades más importantes del país, que están sufriendo las consecuencias de estos ataques, tienen una mayor responsabilidad para reversar estas tendencias de desconfianza. Y ojalá lo hagan de manera colectiva. mostrando así un liderazgo político que ha estado tan ausente en estos últimos dos años, desde la llegada de Petro al poder.


En este entorno,  que se caracteriza por una gran polarización, se vuelve cada vez más importante tener espacios de encuentro, que permitan identificar un propósito superior y una identidad común, en medio de la diversidad de una población como la colombiana. 



Se necesitan espacios colectivos, donde se pueda construir relaciones de confianza que nos permita caminar juntos. Necesitamos tener comunidades con sentido de pertenencia y corresponsabilidad, unidas por la búsqueda constructiva de un bien común que nos haga sentir orgullosos de pertenecer a ellas.  


En medio de un ambiente de desorientación y escepticismo crecientes, habrá muchas personas que han perdido la esperanza aunque siguen buscando a alguien que les ayude a encontrar el camino. Para estas personas , dada nuestra cultura individualista y egoísta, lograr construir comunidades con sentido de propósito, es una utopía que  está fuera de nuestro alcance. Y tienen razón, si nos mantenemos inmovilizados, esperando un milagros externo que nos salve de nuestra incapacidad para despertarnos y trabajar juntos.


La realidad, es que el ser humano tiene una gran capacidad de cambio en momentos de crisis como el actual. Los seres humanos nos somos estáticos y evolucionamos . Pero para ello, tenemos que ejercitar nuestra capacidades de reflexión y de aprendizaje, para ponerlas al servicio de ese cambio que necesitamos hacer hacia adentro de nosotros mismos, si queremos cambiar al sistema en que estamos insertos y somos parte de él . 



En otras palabras, si queremos cambiar el sistema, tenemos que cambiar internamente nosotros y sumarnos para lograr las transformaciones que nos beneficien a todos. Y si lo hacemos, esos cambios sistémicos impactan la cultura, lo que se traduce a su vez en más cambios internos y personales. Se crea un círculo virtuoso que garantiza la sostenibilidad de un cambio sistémico  general.



El tema del cambio interior ,  es el mensaje que está emergiendo como un nuevo paradigma, para entender cómo podemos avanzar en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por la ONU en el 2017. En este movimiento, sobre el que ya escribí en un blog anterior, el mensaje es contundente. No hemos avanzado hacia las metas del 2030 de los ODS, porque hay una omisión fundamental: es necesario el desarrollo interior del ser humano, para que se pueda responsabilizar individual y colectivamente , para lograr las metas de desarrollo sostenible propuestas. Esta realidad es reconocida por ONU , como lo hizo recientemente en un evento mundial en Estocolmo 


En este contexto, se vuelve fundamental hacerse una pregunta muy profunda. ¿Cuál es el trabajo que cada persona está haciendo en su cambio interior, y que contribuya a que nuestras condiciones colectivas también lo puedan  lograr. Porque  como ya es cada vez más evidente, esto solo es  posible  si comenzamos por nosotros mismos.


Pero la misma pregunta se la deben de hacer las organizaciones en general, públicas y privadas. Es necesario entender que en ellas trabaja la gente, y su ejemplo de cambio y coherencia, es fundamental para inspirar a sus colaboradores también a cambiar. Este es un mensaje fundamental para las organizaciones que quieran liderar y ser parte importante de la transformación del sistema donde operan. 


No quiero subestimar lo que significa lograr todo lo anterior, cuando el foco siempre ha sido mirar hacia afuera y nunca desde el desarrollo interior de los miembros de una sociedad, cuyos comportamientos personales y colectivos determinan lo que puedan lograr juntos,. Es un paso fundamental que requiere de mucho coraje , porque necesita de un trabajo sostenido en el tiempo . 



Pero también es importante anotar, porque se requiere que el trabajo a realizar, nos enfrenta con nuestras creencias, prejuicios, supuestos y contradicciones propias que norman nuestros comportamientos personales y colectivos. Esto pone el foco en un tema fundamental: el papel de la cultura .


Y cuando hablamos de generar cambios de esta naturaleza, hay que reconocer que  las fuerzas que se oponen son enormes, porque hoy enfrentamos ideologías que buscan fracturar y no unir a la sociedad para quedarse en el poder.  En este entorno , se vuelve fundamental  la necesidad de entender la importancia  del papel del ejercicio de liderazgo individual y colectivo. .  


El liderazgo, que hoy tanto reclama la sociedad y cuyo vacío es muy evidente, está asociado a los  cambios que necesitamos  a diferentes niveles de la sociedad. Pero repito, no puede ser un ejercicio  en solitario. Es cada vez más importante de desarrollar capacidades para un liderazgo colectivo, porque el esfuerzo es inmenso y desborda la capacidad de un solo individuo. Y porque se necesita despertar una cultura de corresponsabilidad, sin la cual, la tarea es misión imposible y no es sostenible en el tiempo para lograr el cambio real que necesita Colombia.


sábado, 21 de octubre de 2023

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) están cojos


 La semana pasada, hubo una conferencia internacional donde, durante dos días asistieron presencial y virtualmente 13.000 personas, para reflexionar sobre las razones por las cuales los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) han avanzado solo el 17% desde el 2015. Como lo reconoció la cabeza de la ONU para este gran desafío, hoy es cada vez más claro que los ODS están cojos en su concepción, les faltó una pieza clave: el ser humano.  

Esta realidad ha generado un movimiento internacional que nació en el 2019, pero que ha venido cogiendo cada día más fuerza: IDG (Inner Development Goals), promovido por una organización que nació en Suecia,  que cuenta con el aporte de Otto Scharmer  y Peter Senge, del MIT y otros académicos de universidades como Harvard, Oxford y Karolinska; pero, también de un grupo creciente de científicos, empresarios y activistas, a nivel mundial. Este apoyo interdisciplinario tan variado le da una gran fuerza a la iniciativa.


Los Inner Development Goals, IDGs, son un concepto relativamente nuevo que ha ganado impulso en los últimos  cuatro años, a medida que la humanidad ha avanzado en la comprensión de lo que implica el desarrollo sostenible y el bienestar integral de las personas. 

Lo que escuché en el evento en Suecia me impactó mucho.  En este blog, quiero mostrar el por qué doy tanta importancia a esta iniciativa y cómo se conecta con los Objetivos del Milenio del 2000 y su revisión en el 2015, que yo interpreto como el nacimiento de un nuevo paradigma para repensar el concepto y el significado real del desarrollo sostenible. 

Los Objetivos del Milenio 

Los Objetivos del Milenio fueron una serie de 8 objetivos acordados por las Naciones Unidas en el año 2000 con la intención de abordar algunos de los problemas más apremiantes que enfrentaba la humanidad en ese momento. Estos objetivos se establecieron para ser alcanzados para el año 2015. En ese año, 192 países convocados por la ONU, ampliaron el número a 17 objetivos , con una fecha de cumplimiento al 2030; es lo que se denomina la Agenda 2030 u Objetivos de Desarrollo Sostenible -ODS-.

Como lo reconoce la ONU, hoy los avances son muy bajos. Sin embargo, también es claro que el desarrollo sostenible va más allá de abordar únicamente las necesidades económicas y físicas de las personas.

Los Inner Developing Goals (IDG)

El paradigma emergente de los IDG le pone la luz a lo que sucede al interior de un ser humano, porque esto impacta profundamente su potencial de ser efectivo cuando enfrenta temas complejos, especialmente en interacción con la diversidad  de perspectivas e intereses  que involucra un mundo cada vez más interconectado y cambiante. Los IDG buscan promover un desarrollo integral que tenga en cuenta aspectos más profundos de la esencia de un ser humano. 

El mensaje de este nuevo paradigma es contundente: El desarrollo sostenible verdadero es el resultado de despertar la consciencia  sobre el impacto que tiene el  desarrollo interior de los miembros de una comunidad, para que puedan abordar colectivamente los inmensos retos que enfrentan. Esa consciencia está apenas emergiendo hoy, como lo vi en el evento de Estocolmo, lo cual invita a repensar lo que se está haciendo y pone el foco en el papel del liderazgo y la cultura, que se vuelven fundamentales en una sociedad que quiera avanzar.  

Hay cinco dimensiones y 23 habilidades que constituyen el marco conceptual y de actuación de los IDGs, que los he tomado de los documentos de la conferencia:


El ser
. Propone el cultivo de la vida interior, desarrollando y profundizando la relación con nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestro cuerpo. Invita a estar presentes y a no ser reactivos al enfrentar la complejidad. 

Esto implica desarrollar varias habilidades. 

La primera, una brújula interna, que convoca a la responsabilidad y el compromiso con valores y con un propósito superior relacionado con el bien común. La integridad y la autenticidad, que implican actuar con sinceridad y honestidad.  La apertura y la mentalidad de aprendizaje, que implican curiosidad y voluntad para aceptar la vulnerabilidad frente al cambio. La auto consciencia; esta capacidad propone la reflexión sobre los propios pensamientos, emociones y deseos, desde el autoconocimiento  y capacidad de auto regulación. Y finalmente, estar presentes en el el aquí y el ahora para estar plenamente atentos, de manera sensible y sin juicios, en los encuentros con otros.

El pensamiento. .Desarrollar habilidades cognitivas incluyendo diferentes perspectivas; evaluación de información y comprensión del mundo como un sistema interconectado para tomar mejores decisiones 

Esto propone varias habilidades 

Pensamiento crítico para revisar la validez de la evidencia. La conciencia del impacto de la complejidad y dinámica de los sistemas. Perspectiva en la búsqueda activa y el entendimiento de las mismas, aceptando que es una interpretación limitada de la realidad. Identificar el sentido para ver patrones, estructurar lo desconocido y crear historias conscientemente. Orientación y visión de largo plazo en función de un contexto mayor. 


El relacionamiento
. Apreciar, cuidar y sentirse conectado con otros en función de un sistema y una sociedad sostenible. 

Esto propone varias habilidades 

Apreciación y gratitud hacia los otros y el mundo. Conectar y sentirse parte de un todo mayor fundamental para tener sentido de identidad. Humildad para actuar. Empatía y compasión para relacionarse desde la bondad con el sufrimiento de otros. Fundamental para construir conexiones y confianza, esenciales para un desempeño creativo y colaborativo.

La colaboración. Incluir, dar espacio y comunicarse con otros grupos de interés con diferentes valores, habilidades y competencias, para lograr progreso en temas de interés común. 

Esto propone varias habilidades 

Comunicación con otros para generar un diálogo genuino, manejo productivo de los conflictos, escucha activa y uso de preguntas abiertas y constructivas. Co creación para construir y desarrollar conversaciones que promuevan el foco, la confianza y las relaciones colaborativas y creativas con grupos diversos, en un ambiente seguro y genuino. Mentalidad incluyente y competencias interculturales para acoger la diversidad. Confianza para generar relaciones duraderas. Movilización para inspirar hacia un propósito compartido. 


La acción
. Enfrentar el cambio implica coraje y optimismo para actuar, romper paradigmas y patrones, generar ideas originales y persistir en tiempos inciertos.  

Esto propone varias habilidades

Coraje para defender los valores; tomar decisiones y acciones que desafíen las estructuras existentes y generen resultados tangibles. Creatividad para generar ideas originales y disruptivas. Optimismo, como la capacidad de inspirar esperanza  y confianza en un cambio con significado. Perseverancia para sostener con determinación y paciencia en el largo plazo. . 

Como se puede observar, las cinco dimensiones propuestas implican  desarrollar unas habilidades interiores críticas para que la persona pueda asumir un rol de corresponsabilidad compartida para colaborar con la solución de los retos más grandes que enfrentamos colectivamente como humanidad. Es una invitación a mirarnos primero desde adentro, para después poder asumir un papel más constructivo que contribuya a cuidar “nuestra casa común” como lo propone el Papa Francisco.


La Conexión entre IDGs y Objetivos del Milenio y ODS

A primera vista, los IDGs pueden parecer desconectados de los Objetivos del Milenio revisados en 2015, ya que estos últimos se centran en métricas más tangibles, como la reducción de la pobreza o la mejora de la salud materna. Sin embargo, existe una conexión profunda entre ambos conjuntos de objetivos.

  • El bienestar personal y el éxito económico: El bienestar emocional y la satisfacción personal desempeñan un papel crucial en el éxito económico y la capacidad de las personas para salir de la pobreza. Un individuo que goza de buena salud mental y emocional, y que se siente satisfecho en su vida, es más propenso a ser productivo y aprovechar las oportunidades que se le presenten.
  • La igualdad de género y los IDGs: Los IDGs también pueden abordar la igualdad de género, uno de los Objetivos del Milenio. Promover la autorreflexión y el autoconocimiento puede ayudar a superar estereotipos de género y fomentar la igualdad.
  • Sostenibilidad ambiental y bienestar espiritual: La conexión con la espiritualidad y la satisfacción personal puede motivar a las personas a cuidar mejor del medio ambiente y promover la sostenibilidad.
  • La lucha contra enfermedades y salud mental: La salud mental es un componente esencial en la lucha contra enfermedades, como el VIH/SIDA. La resiliencia y la capacidad de afrontar situaciones adversas también son vitales para superar desafíos de salud.
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La  importancia de Integrar IDGs y Objetivos del Desarrollo Sostenible

Hoy en día, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) han reemplazado a los Objetivos del Milenio, y se han convertido en la hoja de ruta global para abordar los desafíos mundiales, que incluyen la erradicación de la pobreza, la igualdad de género, la salud y el bienestar, y la sostenibilidad ambiental, entre otros. Los IDGs pueden desempeñar un papel fundamental  para el logro de los ODS, ya que se centran en el desarrollo holístico de las personas y comunidades 

La transformación no la hacen los gobiernos o las instituciones, sino se logra con la toma de consciencia de  cada persona del papel que juega su desarrollo interno. En mi comprensión del tema, cada ODS tiene detrás un tema humano, tanto en quienes somos responsables de trabajarlo, como en quienes son receptores de lo que sucede: los seres humanos que se constituyen en comunidades. 

El verdadero desarrollo sostenible se hace desde lo local con personas con las habilidades propuestas por IDG y su resultado son los ODS y la mejora colectiva de las condiciones de vida materiales de las personas, pero fundamentadas en su bienestar emocional, mental y espiritual. Esto, a su vez, contribuirá a la creación de sociedades más justas y equitativas en todo el mundo.

En resumen, los IDG (Inner Development Goals) representan un enfoque más profundo y personal del desarrollo humano que se conecta y potencializa de manera significativa el lograr  los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible). Al reconocer la importancia de abordar, tanto las necesidades materiales como las internas de las personas, podemos trabajar juntos para construir un mundo más justo y sostenible en el siglo XXI.


PD : esta nueva visión que propone  un nuevo paradigma emergente para el desarrollo, le da una luz diferente al concepto de las “competencias suaves” en los procesos de formación a lo largo de todo el proceso de educación, desde preescolar hasta la universidad. Hay que formar ciudadanos preparados para enfrentar un entorno cambiante y muy complejo, donde el conocimiento, centro de atención actual del sistema educativo, es solo uno de los componentes, para lograr transformaciones con sentido. Se necesitan personas con las habilidades propuestas por los IDG para que hayan resultados sostenibles en el tiempo.