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sábado, 10 de abril de 2021

El papel de los juicios en el lenguaje



En este blog voy a de cubrir otro aspecto relacionado con el lenguaje y que juega un papel fundamental en las relaciones humanas: los juicios. En el último  blog de esta serie me voy a referir a las conversaciones. 

Quiero repetir algo que ya había mencionado en los blogs anteriores. Hablamos cómo respiramos, es decir, lo hacemos la mayoría de la veces sin pensar . Con el lenguaje construimos juicios acerca de lo que observamos, y estructuramos diferentes tipos de conversaciones sin darnos cuenta de sus implicaciones para nosotros y para los demás. 


Comencemos con el tema de los juicios.  Como seres humanos estamos formulando juicios a toda hora sobre todo lo que observamos y lo hacemos de manera casi que automática, cuando conocemos a alguien o llegamos a un lugar nuevo. Como decía Nietzsche: “una característica de los seres humanos es que son unos animales que enjuician”. El problema es que no estamos conscientes de cómo los hacemos, o los deberíamos de realizar, ni tampoco del impacto que estos tienen para el futuro de quienes son sujetos de nuestros juicios.



Para entenderlos mejor, es necesario mencionar que los juicios son una categoría especial de las declaraciones. Y que son diferentes a las afirmaciones, que constituyen dos  de los cinco actos del lenguaje, como ya lo expliqué en el blog anterior. No es lo mismo decir que Bogotá es la ciudad capital de Colombia, a afirmar que es el mejor vividero de AL. Otro ejemplo: Juan tiene un computador Apple de última generación , a Juan es un incapaz en el manejo del computador. 


En el primer caso es un hecho que se describe de manera objetiva, en el segundo es un juicio de valor o una opinión que no es independiente del observador. Sin embargo, el problema radica en que no se hace una distinción  entre estas aseveraciones, y esto interfiere en las relaciones, el trabajo, y en nuestra vida en general. Pero la diferencia se logra entender mejor, si se acepta que el lenguaje no describe la realidad, sino que genera acción que modifica el mundo y lo que es posible, como lo mencionaba en los dos blogs anteriores. Esta es la esencia de la ontología del lenguaje.


Y también hay que recordar, que al afirmar algo, nos comprometemos con mostrar la evidencia que lo sustenta, ya que se describe lo que sucede y es verdadero. Nos referimos a los hechos sobre los cuáles hay un consenso social. En los ejemplos dados, todos reconocen a Bogota como la capital, y las comparaciones técnicas aceptadas definen el nieve, de avance del computador de la Apple. 


Estos consensos sociales, pueden variar dependiendo de la comunidad donde ocurren, para definir algo que se reconoce como verdadero o falso. Este es el caso de las comunidades científicas, que aceptan algo como verdadero, si cumple con los criterios del paradigma vigente utilizado por sus miembros. Con el tiempo pueden haber cambios de paradigma y por lo tanto, cambia lo que es verdadero o falso para esa comunidad.


A diferencia de las afirmaciones, en los juicios no hay necesidad de dar una evidencia que los sustente y pertenecen a una categoría especial de las declaraciones, que al emitirlas y gracias al lenguaje, generan mundos nuevos y una realidades diferentes. Cuando alguien emite un juicio, pueden haber discrepancias y ser cuestionado por otras personas .



Todo juicio es una declaración, pero no lo es necesariamente al revés. La declaración de un Juez al emitir un fallo, es válida en función del poder de su autoridad otorgada por una comunidad, sin que tenga que necesariamente explicar las razones para hacerlo. Evidentemente, puede ser reversado por un Tribunal Superior.


A pesar de que que un juicio es una declaración especial, su diferencia reside en que quien emite un juicio no tiene el poder de la autoridad, y por lo tanto puede ser aceptado o rechazado por otros, y ser válido o inválido. Esto implica la obligación de fundamentarlo lo que no es necesario siempre en todas las declaraciones. Y lo más importante: para hacerlo, debe de estar respaldado por observaciones o experiencias anteriores, porque al emitirlo tenemos el potencial de afectar la identidad del que lo recibe, abriéndole  o cerrándole  puertas a su futuro. 


Como dice Rafael Echeverría en su libro “Ontología del Lenguaje”: los juicios nos sirven para diseñar nuestro futuro. Operan como una brújula que da cierto sentido de dirección, pero también, permiten ver las consecuencias esperables para movernos más fácilmente  hacia adelante. El hecho de que el futuro nos inquiete, es lo que le da fuerza al juicio bien fundamentado, a partir de las observaciones del pasado, para diseñar las acciones en la interacción con otros


Veamos un ejemplo. Cuando emitimos el juicio de que Juan es incapaz de utilizar un computador, este debe estar basado en haberlo observado actuar  varias oportunidades en el pasado. Sin embargo, es muy frecuente escuchar a personas que emiten irresponsablemente juicios no fundamentados, que no solo afectan el presente de la persona sujeta del juicio, sino también su futuro. En el caso de Juan, el impedirle acceder a nuevas oportunidades laborales. 


Juan pudo haber tenido en el pasado problemas en el manejo de  computadores, pero también pudo aprender a superarlos o a innovar con nuevas prácticas, para cambiar sus limitaciones y modificar su comportamiento. También, pueden haber otros factores que cambian la trayectoria de su pasado al proyectarlo al futuro. Por esta razón, la innovación y el aprendizaje son dos mecanismos que sirven para desafiar nuestros propios juicios y los de los demás sobre nosotros. 


El peligro de ver un juicio como una afirmación, es que al afirmar que alguien es incompetente, lo convertimos como un defecto inamovible de una persona que condiciona lo que podrá hacer o no en el futuro. Y no nos damos cuenta que, las acciones de esta persona, al aprender e innovar, pueden hacer cambiar los juicios de si mismas y los que hemos formulado sobre ellas. Hay que recordar que la acción genera ser y al hacerlo cambiamos nuestra identidad.



Dado el impacto de los juicios, Echeverría recomienda revisarlos con cuidado al estar basados en supuestos  y observaciones anteriores que deben de ser validados, porque no siempre el pasado en un buen orientador de lo que se puede esperar más adelante. Si algo es cierto, es la capacidad de cambio del ser humano. Esto implica estar abierto a reexaminar permanentemente nuestros juicios, porque solo debemos de tomarlos “como señales temporales”, para pensar sobre el futuro y evitar que nos hagan prisioneros del pasado.


Desde esta perspectiva, el juicio es un conector entre el pasado, el presente y el futuro a partir de lo que se puede esperar dada la historia de una persona, como lo recuerda Echeverría. También, facilita disminuir los riesgos para tomar mejores decisiones, que afectan no sólo su futuro , sino también el de una organización que pudo haber dejado pasar la oportunidad de contar con un excelente colaborador. 


Para terminar es blog una reflexión final. Si queremos tener conversaciones y diálogos productivos, se necesita de estar consientes de los actos del lenguaje porque este genera acción. Y dentro de estos actos, es fundamental entender como formulamos nuestros juicios, porque al no ser sustentados, pueden ocasionar un impacto muy negativo. En el próximo blog trataré sobre el poder de las conversaciones.


viernes, 2 de abril de 2021

Los actos del lenguaje y el diálogo


Me ha sorprendido la acogida que tuvo mi blog anterior sobre el poder del lenguaje. Por esta razón, decidí seguir profundizando sobre otros aspectos en torno al lenguaje,  porque veo que pueden ser del interés del lector.


También quiero continuar explorando este tema , porque es una pieza fundamental que ha estado ausente en los procesos de diálogo en Colombia. Pero dialogar significa poder y saber utilizar el lenguaje sobre lo cual hay muy poca pedagogía. Y ahora, que estoy comprometido con el proceso de “Diálogos de Futuro”, cuyo propósito es aportar iniciativas para apoyar la transformación de la Educación Superior, creo que es esencial el mostrar los aspectos que hay que tener en cuenta del lenguaje, para lograr un diálogo más productivo.


La primera distinción asociada al poder del lenguaje, que es muy importante recordar: su relación  con la acción que va mucho más allá de usarlo para hacer solo una descripción.  A partir de esta comprensión, el lenguaje adquiere una posición protagónica que es fundamental reconocer. Y lo es, porque vivimos en un mundo donde el lenguaje es crítico para la construcción de  relaciones.


Hay que tener en cuenta que cuando actuamos “nos estamos haciendo cargo de algo”, con lo que le damos sentido a la vida,  que es de la esencia del ser humano. 



Al darle al lenguaje una interpretación generativa y activa nos obliga a entender que su poder se manifiesta a través de los actos lingüísticos, como los define Rafael Echeverría en su libro “Ontología del Lenguaje”, a partir de los aportes hechos por el filósofo norteamericano Jhon R Searle.


La ejecución de los actos lingüísticos generan un compromiso: responder por lo que decimos, y que como dice Echeverría, “el hablar no es un acto inocente”.


Dado que el hablar implica acción, hay situaciones donde la palabra se adecua al mundo que nos rodea. En este caso, el acto lingüístico asociado es el de “las afirmaciones”, basadas en cómo observamos lo que vemos, a partir de una serie de distinciones compartidas con otros en una comunidad. Tiene relación directa con el mundo de los hechos. Cuando afirmamos algo, la palabra está respaldada por las observaciones que hacemos, y son veraces porque hay alguien que los corrobora.


Aquí cabe una pequeña explicación. A un objeto que tiene cuatro patas y un respaldar le decimos que es “una silla”. Al primer día de la semana lo llamamos “lunes”. Y nos podemos comunicar y ser entendidos por otros, si compartimos las mismas distinciones.  Solo así podemos afirmar :”el lunes llovió y se dañó la silla”  y tengo a un amigo que observó lo mismo. Por lo tanto, hay que recordar que una afirmación se hace siempre en “un espacio de distinciones” aceptadas. Y es verdadera o falsa, en la medida que haya otra persona que la valide porque coincide con su observación. Pero también es relevante o no, en función de las decisiones que se pueden tomar.



Otro acto lingüístico es el de “las declaraciones”. Cuando las utilizamos no hablamos acerca del mundo, sino que lo generamos al crear una realidad diferente a la existente antes de la declaración. El mundo cambia como resultado del poder de la palabra. Representan “el acto lingüístico primario por excelencia” porque crean las condiciones para que emerjan las demás.


Un ejemplo citado por Echeverría, es la Declaración de Independencia de los Estados Unidos que dió nacimiento a ese país. Los ingleses no tuvieron el poder de evitarlo, y los americanos si lo tuvieron para sostenerla en el tiempo.


Otros ejemplos: cuando el sacerdote declara a una pareja marido y mujer, o cuando un juez declara a alguien inocente de un crimen. Estos actos generan nuevas realidades para los involucrados, y las cosas dejan de ser como antes,  gracias al poder de la autoridad religiosa y judicial . En ambos casos, se muestra el poder generativo del lenguaje y la palabra. 


Hay que recordar, que, a diferencia de las afirmaciones sustentadas en la observación, las declaraciones son válidas o inválidas, si provienen de un autoridad otorgada a alguien, o cuando se hace uso de la fuerza, para hacerlas cumplir.


Hay otras declaraciones que no requieren de “la concesión social de autoridad” pero que residen en el poder de la dignidad humana de cada persona. El no y el si, que nacen del derecho de decidir el rechazar o aceptar el estado de las cosas. El declarar ignorancia, es fundamental para abrirse al aprendizaje. La declaración de gratitud cuando alguien cumple con nosotros. La declaración del perdón cuando no se ha cumplido con lo prometido o se hace daño a otros , pero también, cuando se perdona a alguien. Con este último acto nos liberamos del resentimiento que nos pone en situación de dependencia dañina de la persona responsable. Y finalmente la declaración de amor, que construye una relación de un mundo compartido.



Otro acto lingüístico importante son las promesas, porque permiten coordinar acciones en el futuro a partir de un acuerdo, sobre las cuales hay el supuesto de que se puede confiar y asumir compromisos mutuos de ejecución. Este es un acto esencial para la convivencia social, que también incrementa nuestra capacidad de acción para hacer cosas que, de otra forma, no serían posibles. Su fundamento es el juicio sobre la sinceridad y la competencia de quien promete que son la base de la confianza en la promesa hecha.


Hay que saber pedir de manera explícita una promesa y sus condiciones de satisfacción de tiempo, modo y lugar, así como el saberla ofrecer, pero también aceptar o poder rehusar. El no hacerlo bien, pone a los demás a adivinar, lo que genera resentimientos si las expectativas no se cumplen y costos innecesarios que minan las relaciones y la productividad. Cuando se  realiza bien el proceso pero se incumple, debería haber una sanción o por lo menos el derecho a un reclamo. Cuando se cumplen las condiciones de satisfacción de la promesa y estas son aceptadas, se cierra el acuerdo.


En resumen,  hay tres actos lingüísticos fundamentales:  las afirmaciones, las declaraciones y las promesas. Sobre ellas los seres humanos sustentan lo que los hace únicos y demuestran la importancia del lenguaje como generador de acción y coordinación con otros. Con las primeras hay un compromiso con la veracidad de lo afirmado, con las segundas con su validez, y con las terceras con la sinceridad y competencia  de cumplirlas.


Para el siguiente blog, me voy a referir a otros componentes que hacen del lenguaje un recurso poderoso: los juicios y las conversaciones.