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sábado, 20 de enero de 2024

La crisis en las relaciones humanas

 


En las últimas  semanas se me ha ido aumentando el interés por un tema que siento que está en el corazón de muchos de los problemas que afectan la sociedad colombiana: las relaciones humanas, y el problema detrás de esta situación, es la deficiencia en las habilidades sociales, esenciales para construir comunidades sostenibles que puedan enfrentar colectivamente y de manera colaborativa, las oportunidades y unos retos cada vez más complejos .

Cuántos problemas nos evitaríamos, y cuánto más podríamos avanzar como sociedad, si las personas pudieran desarrollar unas competencias sociales que les facilitara su interacción con los demás. Por ejemplo: manejar sus diferencias sin destruir las relaciones; aproximarse con genuina curiosidad, haciendo las preguntas adecuadas, para conocer mejor a otras personas que pueden ser diferentes; no apresurarse  con juicios infundados  que llevan a decisiones equivocadas; mostrarse vulnerables cuando no tienen las respuestas que otros esperan;  saber pedir pero también recibir; pedir perdón; saber escuchar para entender otras perspectivas diferentes, etc.  



La lista anterior, que no es ni mucho menos exhaustiva, podría verse como obvia pero claramente no lo es. Si lo fuera no tendríamos una sociedad tan incapaz de manejar sus conflictos y de encontrar soluciones colectivas que beneficien el bien común. El ser humano se desarrolló con un cerebro adecuado para vivir en grupos pequeños. Pero hoy se habla de la “aldea global” tremendamente diversa donde nuestras habilidades sociales no han evolucionado para esta nueva realidad.


Estas habilidades sociales pueden  hacer una inmensa diferencia en un mundo de relaciones conflictivas, pero que requiere cada vez más que la gente se conecte de manera productiva . Y en el fondo,  una sociedad que tiene una necesidad muy humana de aceptación y atención . Pero en un entorno caracterizado por las creciente desconfianza y sin las habilidades sociales necesarias, la gente se mueve por la vida como “ carros chocones “ que no fluyen ni se conectan sin estrellarse con los demás.



La realidad, es que hoy estamos viendo todos los días muchas relaciones que se acaban o terminan en actos violentos, por la torpeza social de los participantes. Pero  también, de muchas personas que se sienten invisibles e irrespetadas, porque no son tenidas en cuenta y reaccionan agresivamente. Los ejemplos abundan, de hecho las protestas sociales del 2021, reunieron a mucha gente distante y distinta que se unieron por sentirse así. Y muchos de ellos encontraron en la violencia la manera de visibilizar su situación para hacerse respetar y conocer.


David Brooks, columnista del NY Times, publicó un libro:   "Cómo conocer a una persona: el arte de ver a los demás profundamente y ser visto profundamente". Su objetivo fue el de mostrar la importancia del desarrollo de las habilidades sociales para poder relacionarse y entender a los demás. Con este libro  el autor pretende  enseñarle al lector cómo mejorar sus relaciones con los demás, haciéndolos sentir respetados y valorados. 


La premisa del libro de Brooks, es que es fundamental tratar de entender mejor a la gente, lo que no es una tarea fácil cuando muchos no se entienden así mismos. Pero también lo motiva que, al lograrlo,  permite poderles ayudar a crecer y a que reconozcan mejor su potencial .


En cualquier grupo humano, hay personas que tienen la habilidad para entender a otros y para ponerse en sus zapatos .  Como dice Brooks, son personas que brillan por sí mismas, y su contacto con otros, también los hacen brillar porque saben cuidarlos y hacerlos sentir valorados y escuchados. 



Pero hay otras personas que tienen la capacidad de hacer sentir insignificantes a los demás . Son personas que ven a los otros a través de los lentes de los estereotipos y son altamente influenciables  por las cámaras de eco de las redes sociales. Las etiquetas que utilizan para relacionarse con otros, los llevan a actuar de manera destructiva en sus relaciones.


Brooks menciona  que, la capacidad de ofrecer su genuina atención a otros, es una de las habilidades que tienen las personas que “iluminan a los demás “ Transmiten calidez, confianza  y sensación de cercanía , lo que les facilita que las personas se abran, bajen su prevención, y se muestren como realmente son. La atención transmite respeto por el otro, y la sensación de que en ese momento es una prioridad para quien lo escucha. La coherencia entre el  lenguaje no verbal y el hablado, es fundamental en la atencion. 


Otra habilidad social es la de acompañar a otros durante los momentos rutinarios o especiales de la vida. Quién sabe acompañar hace que la otra persona se sienta apoyada y que no está sola. Quien acompaña se acopla al ritmo del acompañado, y hace de las conversaciones un juego que invitan al otro a ser como realmente es. Implica practicar el “aquí y el ahora” que le da sentido a la palabra “presencia” . En momentos dolorosos sobran las palabras, porque lo que hace la diferencia es “estar presente” con el otro, acompañándolo en su dolor.



Hace mucho tiempo aprendí una definición que me encanta: la conversación como la dinámica en el lenguaje, de cambiar con el otro. Tener una conversación constructivas de futuro, o para abordar temas difíciles,  es una habilidad esencial que hoy en día le cuesta gran  trabajo a mucha gente. En una buena conversación, las preguntas hechas con la genuina curiosidad de indagar, de ir mas allá,  abren muchas posibilidades.  Hacer buenas preguntas es un arte que hay que cultivar, para evitar caer en la tentación de hacer afirmaciones equivocadas que nos cierran la posibilidad de conocer al otro. 


Una buena pregunta le da calidad a la conversación. Es la manera   que permite explorar en el otro. sus creencias y cuáles son las experiencias que las sustentan y le dan sentido a sus valores. Normalmente este tipo de conversación invita a las personas a compartir sus historias que explican su forma de ver y valorar la vida. En estas narrativas aparecen aspectos que son invisibles pero esenciales para conocer a alguien. Estas historias vienen acompañadas de una emocionalidad que les da color y sentido .


A pesar del poder de las buenas preguntas en una conversación, la realidad es que pocas personas lo hacen. Muchos se sienten inhibidos para hacerlas, cuando lo irónico es que  la otra persona la estaría esperando, porque  puede estar con mucho interés de contar su historia que seguramente nadie le ha preguntado anteriormente.


Otra habilidad social es poderse poner el los zapatos del otro, para tratar entender desde donde esa persona está abordando el tema y viendo al mundo. Esta es una habilidad especialmente importante en procesos de negociación o cuando hay conversaciones conflictivas. Y siempre preguntarse ¿qué es lo que no estoy viendo?  . No hay que olvidar que detrás de las palabras hay un mundo emocional que es fundamental tratar de entender, si se quiere que fluya la conversación, y se encuentren oportunidades conjuntas.



El manejo emocional en una conversación es crucial porque el reto es lograr que el otro se sienta seguro y respetado. Un manejo inadecuado puede generar emociones destructivas de desconfianza o miedo. La dinámica cambia, de tratar de entender y encontrar puntos comunes, a una actitud cerrada y defensiva, que impide escuchar y comprender. Las sensibilidades se exacerban y los malos entendidos se disparan. El resultado es una relación que se rompe.


El esfuerzo de buscar ponerse en el punto de vista del otro, envía una señal de respeto. Este es un componente tan esencial como es el aire en cualquier relación. Cuando existe, nadie lo nota pero se aprecia, pero cuando falta es lo único que importa y bloquea la relación. Es un mensaje de tener consideración y de ser percibido como una persona receptiva hacia el otro, lo que es fundamental en las relaciones humanas.


Para muchas habilidades sociales, el coaching es una ayuda muy grande que permite prestarle mis ojos al otro. El coach escucha la historia del coachee y lo invita a mirarlo con otra mirada, a clarificar que hay detrás y a entender cuál va a ser el equipaje que va a tener que dejar para continuar caminado la vida aceptando que es legítimo sentirse vulnerable en el proceso.


En resumen, el gran problema de nuestra época es la incapacidad de construir relaciones  positivas para abordar colectivamente los inmensos retos que hoy afectan a la humanidad , pero curiosamente no es un tema visible ni conversable pero que es fundamental. 

domingo, 10 de abril de 2022

Tenemos que hablar Colombia

 


Entre agosto y diciembre del año pasado, se promovió la iniciativa “Tenemos que hablar Colombia” a través de una plataforma digital en la que se inscribieron 12.000 participantes. Acudieron a esta invitación a dialogar por el medio digital, niños, jóvenes y adultos de diferentes regiones del país.  

Al resultado del trabajo de diálogo, se sumaron los obtenidos en otras 62 iniciativas similares  que se realizaron y otras de participación ciudadana. Todos estos trabajos surgieron como resultado de la conmoción que se generó en el país, consecuencia de las movilizaciones sociales, y que por su duración e impacto en muchas regiones del país, no tienen ningún antecedente en nuestra historia contemporánea. . 


Fueron conversaciones entre grupos pequeños, acompañados por facilitadores preparados para orientar el diálogo entre personas que eran extraños, alrededor de tres preguntas: ¿qué cambiarían? ¿qué mejorarían? ¿qué mantendrían en el país?


Un aspecto muy relevante que surgió de la recopilación y análisis de este proyecto, fue el haber podido identificar el estado emocional prevalente en un grupo tan amplio y diverso como el que atendió la invitación.


¿Cuál cree el lector que es hoy la emoción dominante en Colombia, cuando la gente se refiere a como se siente y ve la situación del país? En el caso chileno, cuando se hizo un ejercicio similar después de las marchas del 2019, se encontró que la emoción más fuerte  fue la rabia.Y dada la polarización actual que vemos en nuestro caso, se podría apostar que fuera algo similar. 



Sin embargo, después de haber registrado 1.453 conversaciones donde participaron 5.519 personas, fue una sorpresa que la respuesta no fuera  la esperada. La tristeza y el miedo fueron las dos emociones prevalentes, cuando se relacionan con lo que habría que cambiar en el país. Mientras que la alegria fue la emoción relacionada con lo que se quisiera conservar.


Este resultado me conecto con un blog anterior “El país de las emociones tristes” que publiqué en  julio del año pasado antes de que se iniciara el proyecto de “Tenemos que hablar en Colombia” . En este blog y otros en la misma época, mencionaba el gran impacto que tienen las emociones en el comportamiento de lo seres humanos, así como también, en los resultados que logran y el futuro que son capaces de construir como colectividad. Por esta razón, el resultado del informe mencionado es de un inmenso valor en estos momentos, para tratar de  descifrar  cómo se estarán comportando los colombianos en las elecciones de mayo. 



Cuando la tristeza embarga a las personas, estas buscan refugio en sus entornos privados o tratan de escaparse hacia otros entornos menos agrestes. Como lo recuerda el informe, después de las marchas, fue impresionante ver las colas de colombianos sacando sus pasaportes, porque estaban desilusionados de su país. Y también nos recuerda el más grande éxodo de la historia en America Latina,  de más de 6 millones de venezolanos desesperados huyendo de su país.


El historiador Marco Palacios señala que “nuestro proceso histórico como país nos ha hecho extremadamente individualistas. De manera que cuando alguien se siente invitado a participar en lo público traslada ese talante individualista”. 


En este tipo de ambientes, se generan unos comportamientos más egoístas que hacen imposible una cultura de confianza y colaboración. Esta es la razón por la que la desesperanza se vuelve una de las emociones dominantes. Se desconfía de las instituciones y se abre el campo abonado para los manipuladores profesionales, que bajo el ropaje del ejercicio de la política, propician sus propios intereses, atizan y se sirven del miedo de los demás. 



Lo sucedido en estos últimos dos años, es una invitación para que despertemos del letargo y la indiferencia, que hemos tenido ante  el dolor de cientos de miles de conciudadanos que la han pasado muy mal  este periodo y que se manifiestan con la emoción  de la tristeza y el miedo, detectados en el estudio.  Nos llegó el momento de entender que, no es posible un desarrollo sostenible y equilibrado, cuando hay brechas tan grandes en las dimensiones críticas de la sociedad. 


Me explico. El desarrollo de un país se puede visualizar como una mesa que está sostenida sobre cuatro patas o dimensiones críticas como la económica, la social, la política y cada vez más la ambiental. Se necesitan que las cuatro sean lo suficientemente robustas para soportar las expectativas crecientes de la gente, pero de manera corresponsable. Esto implica desarrollar capacidades de liderazgo colectivo, tema crítico al cual me he referido en blogs anteriores.



Hay que ver estos dos últimos años, como un periodo de quiebre para entender  la sociedad colombiana. Hemos tenido que abrir los ojos para entender el verdadero valor de  lo público como un bien que nos compete a todos cuidar. Cuando se vive en una  entorno   tan cambiante y complejo  como el actual, es la oportunidad para también valorar la importancia que tiene el concepto de ciudadanía, como pilar para la construcción de una sociedad, que pretenda alinearse con un propósito superior y que quiera defenderlo,


Pero sigamos con los resultados de estos diálogos. El 60% participantes manifestó su insatisfacción con lo que se debe e cambiar, y esto genera mucha angustia. Las emociones de dolor, infelicidad, desesperanza, sentirse defraudados, son las formas como estos ciudadanos expresaron su tristeza por el estado de las cosas en Colombia. Y como lo plantea el informe final de este trabajo, está emoción es el punto de encuentro de muchas personas sin distinción de su origen, situación económica, etc. 



No es gratuito que una mayoría sienta qué hay muchas cosas que deben de cambiar en Colombia. Cuando estas voces no han sido escuchadas, orientadas y empoderadas positivamente, la frustración de muchos se va acumulando. Y como sucede con una olla exprés, cuando su válvula de alivio no funciona para bajar la presión, esta estalla. Fue lo que sucedió, en el periodo de abril a septiembre del años pasado, con los violentos episodios que bloquearon a nuestro país.


Dada la inmensa incertidumbre que se generó durante y después de las marchas, en medio de una pandemia histórica, no es de extrañar que la gente también manifestara la emoción del miedo. Y claro que hubo mucha gente que expresaran su indignación y algunos con ira y “voluntad de venganza” , como se evidenció en las revueltas que paralizaron por más de dos meses a Cali, la tercera ciudad más importante de Colombia  y a al principal puerto del pais. 



Los hechos ocurridos en Cali, Bogota, Medellin y otras ciudades,  deben verse  como el tsunami que nos obligue a despertarnos y buscar recuperar el tiempo perdido marcado por la indiferencia y el egoísmo de muchos. Este sacudón tan pertinente, nos está mostrando que estamos corriendo unos riesgos enormes: “la posibilidad permanente de combustión nacional, obstáculos para el desarrollo y amenazas palpables a la gobernabilidad” según el informe.


Pero como ya lo he señalado en varios blogs anteriores en los últimos meses, lo más grave es que está en peligro nuestra frágil democracia. Si no corregimos el curso rápidamente, puesto que no tenemos más tiempo que perder , vamos camino al despeñadero como hoy lo muestra el ejemplo de Venezuela que parecería que muchos se niegan a reconocer. 


O si quieren ver  otros caso más recientes. El desmadre del Peru del incapaz de Castillo que ha nombrado a 50 ministros en solo 9 meses y también está acusado por corrupción. O miremos  más hacia el sur: el salto al vacío de Chile, cuyo futuro depende hoy de un hilo en función  de lo que salga de la nueva Constitución redactada por los grupos más radicales de la izquierda de ese país, y gobernado por un joven inexperto sometido al fuego cruzado de quienes lo apoyaron..


Pero a pesar de lo anterior, hay una luz al final del túnel. Es muy interesante qué los participantes en los diálogos “Tenemos que hablar Colombia”, hayan manifestado su convencimiento que las emociones negativas y sus comportamientos asociados, no pueden conducir a “la destrucción del país y comenzar de cero” . 


Lo que la mayoría de los participantes piden es que las cosas funcionen mejor y se acabe la corrupción. Demuestran una disposición “a ser parte de las solución posibles”  y no parte del problema. Consideran que se necesitan formar mejores ciudadanos, con pensamiento más crítico, dentro de un marco de ética y principios cívicos, que les permita tener mejor criterio para tomar mejores decisiones. Esto requiere de cambios en la política, la educación y la cultura. 


Quiero subrayar especialmente la mención de la necesidad de lograr cambios en la cultura de la sociedad colombiana. Parecería que los dialogantes han intuido con bastante claridad el papel que juega tener una cultura coherente con los cambios que se quieren conseguir. Y sin embargo, este tema es el gran ausente durante esta época electoral, pero lo ha sido históricamente desde siempre. 


Una observación muy relevante con el cambio de cultura , tratada  en blogs anteriores, es la necesidad de preparar un liderazgo colectivo a todos los niveles de la sociedad, que sea capaz de orientar estos cambios con su ejemplo de coherencia y transparencia, y que hoy tanto brillan por su ausencia, en la dirigencia política y económica de nuestro pais. 


Esto explica los niveles dramáticos de desconfianza que muestran las encuestas recientes sobre este tema, también el estado de emocionalidad tan negativo que muestran los diálogos realizados. Pero también, el surgimiento acelerado de las propuestas populistas, que ofrecen respuestas simples a problemas y realidades muy complejas.


Si se lograran los cambios que se evidencian en el trabajo ya citado, sería posible poder pensar en un futuro colectivo más justo, equitativo e incluyente, que valore la diversidad y la diferencia. Ambos son  un gran activo  de una sociedad tan pluricultural como la colombiana. 


En este contexto, adquiere mucho valor el un comentario de uno de los participantes: “Es indispensable recuperar el sentido de vida, el proyecto de vida y el deseo de las nuevas generaciones de construir un mejor país desde la participación, el respeto por el otro y la diferencia”.


Por la importancia  de estos diálogos, y estando ad portas de las elecciones para elegir al próximo presidente, en el siguiente blog seguiré profundizando y analizando los resultados que salieron de este extraordinario ejercicio de poner a dialogar a los colombianos. Hay que estar dispuestos a dejarse sorprender. 


domingo, 14 de noviembre de 2021

El poder de la dialéctica en el mundo actual

 


Si conversar es el acto mediante el cual, dos o más personas cambian juntas, entonces:
 

¿Cómo evitar las burbujas coversasionales en las que millones de personas han caído gracias a las redes sociales? ¿Cómo tener conversaciones generativas que nos hagan avanzar y no atrincherarnos en nuestras creencias y juicios que nos paralizan?.¿Cómo evitar que se siga relativizando la verdad? 



Estas preguntas señalan el gran reto de nuestra época. Sin una respuesta clara, esta capacidad de comunicación, que nos hace únicos a los humanos, no nos va a servir para enfrentar colectivamente los inmensos desafíos que tenemos como especie. Un buen ejemplo lo estamos viendo con los temas de sostenibilidad, amenazados aceleradamente con el cambio climático.



En la actualidad, las conversaciones que vemos todos los días entre dos personas, generan una dinámica conocida. Una de ellas, considera que tiene a priori la razón, para buscar convencer a la otra, de que su verdad es la que vale, para lograr que el interlocutor seda y acepte, que sus ideas  están equivocadas. En esta situación, hay una persona que gana, la que impuso su verdad, y otra que pierde, porque entregó su posición sin nada a cambio.


O hay otra posibilidad más compleja aún. Las dos personas no se abren para escuchar las ideas y posiciones distintas que tienen. En este caso, se cierra la posibilidad de mejorar su mutua compresión del mudo. De encontrar nuevas oportunidades para crecer y avanzar hacia un conocimiento más completo de su situación y del entorno que los rodea. Si no se logra, las consecuencias son la mutua descalificación y los conflictos violentos. 



Al encerrarse cada uno en “su verdad” y defender unas afirmaciones cuyas bases no son cuestionadas, se pierde la oportunidad de encontrar puntos en común, que permitan avanzar hacia un propósito superior. Este facilita los acuerdos para lograr soluciones a los problemas cada día más complejos que tenemos como sociedad..


Las dinámicas conversacionales tan destructivas que estamos viendo hoy en día, hacen que sea un imperativo urgente el rescatar el uso de la dialéctica, porque propone algo muy diferente. Etimológicamente la palabra proviene del griego dialectikós, que se traduce en conversación.


¿Pero qué es la dialéctica?. Encontré dos definiciones en Google


Teoría y técnica retórica de dialogar y discutir para descubrir la verdad mediante la exposición y confrontación de razonamientos y argumentaciones contrarios entre sí.


Y desde la filosofía


Método que investiga la verdad mediante el examen crítico de las percepciones y teorías, a través  del intercambio de proposiciones (tesis) y contra-proposiciones (antítesis), resolviendo la contradicción a través de la formulación de una síntesis final (conclusión).



Parte de que una persona propone una premisa, o tesis que la somete al análisis y crítica de otra persona. Esta representa la antítesis, que no significa el rechazo total de la tesis, sino que puede ser un cuestionamiento parcial de la misma. 


La síntesis resulta de el mejoramiento de la tesis, que incorpora elementos de la antítesis, se eleva a la primera a un nivel que le permite resolver el problema planteado. Si se logra. las dos personas ganan en comprensión y entendimiento de una verdad compartida.


Un ejemplo, que escuché en una charla sobre este tema, muestra la dinámica de la dialéctica en acción. Alguien afirma que el agua es un líquido como premisa en una discusión. Otra persona la objeta y propone una antítesis: cuando la temperatura baja de 0º C el agua se convierte en un sólido, o cuando supera los 100ºC se vuelve vapor. Quien propuso la tesis del “el agua  es un líquido”, la acota diciendo que: el agua si es un líquido, pero entre el rango de temperaturas planteado por la otra persona. Esta afirmación se convierte en la síntesis de la discusión. 


El ejemplo anterior representa lo que significa una conversación dialéctica, donde no se parte que una persona tiene la razón y la otra está equivocada. Se genera un intercambio, en el que las dos partes involucradas, ganan en precisión y comprensión del tema tratado, o del problema que se quiere resolver.



Desafortunadamente, este es el tipo de conversaciones están ausentes hoy en día en las redes sociales. Allí se promueven las burbujas conversacionales, formadas por grupos de personas que comparten las mismas creencias, proclives a rechazar violentamente a quienes piensan de manera diferente. 


En estos espacios se promueven unas dinámicas descalificadoras, donde no es posible avanzar, cuando se presentan ideas que pueden ser conflictivas y contrarias a las creencias dominantes del grupo. En estas condiciones, no sirven los argumentos basados en datos y hechos demostrables, y se ignoran o rechazan las conclusiones científicas serias. Un ejemplo patético lo estamos viendo hoy con el movimiento anti vacuna para el covid-19


Al no haber la disposición a la escucha y a la apertura para incorporar elementos valiosos de la posición del otro, el resultado es el estancamiento, la descalificación y un freno a la evolución de las ideas. 


Dadas las dinámicas anteriores, se vuelve urgente recurrir  a la dialéctica, para someter las ideas a las oposiciones o visiones contrarias para enriquecerlas o replantearlas. Esto sucede, porque se reconoce como legítimos algunos puntos de quienes rebaten la tesis o el supuesto con el que comenzó la conversación. 


La posición de buscar la verdad mediante la dialéctica, le da legitimidad a quien tiene una opinión o idea distinta o opuesta, permitiendo enriquecer el debate y mejorar las ideas. También le da un verdadero sentido generativo a la acción de dialogar. Para no hablar, que le quita protagonismo a la emocionalidad exacerbada, disparada por  una opinión contraria que se interpreta equivocadamente como un ataque personal.


Por todo lo anterior, la dialéctica le da valor a la inclusión y a la diversidad. En lugar de buscar la confirmación de las creencias individuales, con personas que piensen igual, el exponerse conscientemente a las opiniones contrarias, enriquece y vuelve un activo la diversidad en una sociedad. 



Las personas que se niegan a abrirse a las ideas contrarias de los demás, están impidiendo que surjan propuestas enriquecidas, innovadoras y creativas. La descalificación, sin la apertura a escuchar, impide el avance que se puede lograr desde la dialéctica en la evolución de las ideas. Para no mencionar, que este es el camino que permite ir cambiando o modificando los modelos mentales que tenemos los seres humanos para interpretar la realidad.


El punto anterior es fundamental en épocas de grandes cambios como los actuales. Me explico. 


Los modelos mentales están fundamentados en las creencias, valores  y supuestos que una persona ha adoptado consiente o inconscientemente a lo largo de su existencia. El problema aparece, cuando las condiciones del contexto cambian, y obligan a su revisión. Los modelos mentales que no se cuestionan, a pesar de estos cambios, generan una visión distorsionada de la realidad, que impide que la persona crezca y se adapte más fácilmente a su entorno. 


En resumen: la dialéctica es cada vez más importante para para eliminar las barreras comunicacionales que hoy nos impiden encontrar soluciones a problemas comunes,  tener un propósito colectivo, que nos permita avanzar como sociedad. Es la forma de conversar e interactuar, que debemos de utilizar con personas que cuestionan las bases que sustentan nuestros supuestos, creencias y valores. 


El uso de la dialéctica, nos brinda la oportunidad para repensar la validez y pertinencia de nuestros modelos mentales, para abrir la puerta a nuevas oportunidades. También, para  crecen colectivamente como resultado del intercambio hecho desde la escucha y la curiosidad. Si no lo logramos, lo que está en juego es nuestra misma supervivencia como especie y el aumento incontrolado de los conflictos sin resolver.

sábado, 17 de abril de 2021

Las conversaciones y el lenguaje




 “Las historias suelen ser unas fuerzas conservadoras, y junto con los juicios, nos pueden diferente prisioneros” Rafael Echeverría 


“Un conversación es una danza que tiene lugar entre el hablar y el escuchar y entre el escuchar el hablar” y son el espacio en el que los seres humanos se comunican utilizando el lenguaje ( Rafael Echeverría en su libro Ontología del Lenguaje) . Ellas definen nuestras relaciones personales, así como también, juegan un papel fundamental en nuestros éxitos o fracasos en la vida.


Pero antes de profundizar en los diferentes tipos de conversaciones, vale la pena explicar cómo se relacionan con “los quiebres” y su significado. Estos suceden cuando algo, que era transparente, deja de serlo y capta nuestra atención. Y cuando pasa, emitimos un juicio en relación a lo sucedido que no era lo esperado. Se puede ver como un problema o una oportunidad imprevista, que altera el curso de los acontecimientos. Lo que pasa después, depende solo del juicio del observador, es decir, de quien experimenta el quiebre.


Un ejemplo personal de dos tipos posibles de quiebres que sirven para ilustrar el punto anterior. Hace quince años iba caminando por la calle y tuve una hemorragia. Fue algo imprevisto que me obligó a ir a donde el médico. Lo que parecía algo menor, terminó siendo más grave: un cáncer que me incapacitó casi un año y que cambio mi vida. Este “quiebre” 

 me sacó de la transparencia de una vida sin problemas de salud, y me obligó a enfrentar el mayor reto de mi existencia. Es un ejemplo de un quiebre que sucede  sin  que  haya un juicio previo a lo acontecido.


Pero más adelante, gracias a la dura experiencia vivida,  me obligó a declarar  el segundo tipo de  quiebre. Tuve un cambio del juicio sobre la importancia de la salud preventiva, a la  que antes no le daba mayor importancia. Esto me obligó a declarar my decisión de hacerme sin falta los chequeos médicos periódicos. Como dice el refrán: más vale prevenir que tener que lamentar”. Esta lección me costó un año de mi vida. 


Echeverría llama la atención, sobre la tendencia a ver los problemas, sin tener en cuenta que los son en función de la interpretación que califica la situación como tal. Para alguien, con una interpretación diferente, puede ser una oportunidad. 


De ahí se desprende que, al ser un quiebre un juicio, lo que presupone una declaración, al enfrentar una situación insatisfactoria la podemos declarar como un “quiebre”, sin esperar a que sucedan cosas imprevistas. Ejemplo: “si mi situación laboral no cambia, tendré que buscar otras opciones y no voy a esperar hasta que me despidan”. Esta declaración posibilita moverse a la acción y cambiar la situación para  que las cosas pueden ser distintas.


Cuando sucede un quiebre, este es un llamado a la acción para restablecer la transparencia y hacernos responsables de sus consecuencias. Cuando esto sucede, lo normal es que se suscite una conversación que podemos diseñar, para poder avanzar y lograr cambiar la realidad y los resultados. 



Volviendo a mi ejemplo personal. Al enfrentarme con el cancer, me di cuenta que lo hubiera podido evitar de no haber cancelado seis meses antes un chequeo y darle prioridad a un asunto de negocios.  Esto generó un primer tipo de conversación privada: la de juicios personales que se realizan con uno mismo: “Por estúpido me tenía que haber pasado esto a mi y he metido a mi familia en una situación muy difícil”. 


En este tipo de conversación, hacemos un juicio personal sobre el quiebre pero no se genera acción. Mucha gente se queda ahí, en un círculo vicioso de juicios personales, buscando culpables, lamentándose de la mala suerte, no ven que haya una salida porque piensan que el impacto es permanente etc. Esto les impide  hacerse cargo de las consecuencias del quiebre y como resultado,  se habla mucho pero no se actúa para cambiar la realidad percibida.


Para evitar caer en esta trampa, existen “las conversaciones para coordinar acciones” que nos permiten actuar para responder a los quiebres. Se generan acciones futuras para que algo cambie el estado actual de las cosas. Actuamos y nos hacemos responsables de las consecuencias del quiebre para poderlo superar. 


Para lograrlo,  usamos los actos del lenguaje como las peticiones, las ofertas, las promesas, y las declaraciones. Esto implica el saber “pedir ayuda” oportunamente. Pero hay gente que tiene juicios negativos sobre las consecuencias de  hacerlo, a pesar de que hoy es imposible vivir desconectado y sin la ayuda de otros, lo que los frena a la acción. Hay que prender a pedir y a aceptar un no sin verlo como un rechazo personal.


Cuando se logran desarrollar las conversaciones para la coordinación de acciones, se puede apreciar el poder que tienen para cambiar nuestra realidad. Por esta razón es tan importante dejar el miedo de intentarlo, porque si no lo hacemos, nos privamos de muchas oportunidades.


De lo anterior se deriva un tercer tipo de conversaciones: para posibles acciones. Estas se tienen cuando no hay claridad sobre las acciones a emprender para enfrentar el quiebre. Este tipo de conversaciones busca aumentar el panorama de posibles opciones. Requiere de nuevos juicios e historias sobre lo que es posible lograr con el compromiso de actuar. Cambia el estado de ánimo, no se busca explicar lo sucedido, sino de encontrar nuevas opciones y aceptar que hay que explorarlas, solos o con otros, para volver a la transparencia. Estas posibilidades las generamos con las conversaciones.


Para lograrlo, también cabe la necesidad de tener “conversaciones para posibles conversaciones”. Este camino, busca eliminar la prevención que se tenga, sobre la disponibilidad y/o apertura a escuchar de la otra persona, para abrir una conversación de coordinación. En este caso, la conversación se orienta a evidenciar un quiebre diferente al que originalmente teníamos: la dificultad de poder conversar sobre este tema con alguien.


Rafael Echeverría, quien ha inspirado mis últimos tres blogs que recomiendo leer, advierte que hay que cuidar la emocionalidad para plantear este tipo de conversaciones. Como lo menciona el biólogo chileno Humberto Maturana , toda conversación es una trenza entre el lenguaje y la emocionalidad. Hay que entender que es muy frecuente que sea nuestro estado de ánimo, y no nuestro interlocutor,  lo que no permite que abramos ciertas conversaciones difíciles. Se requiere por lo tanto, adoptar una emocionalidad como la del respeto mutuo y la apertura, para lograr una respuesta adecuada.


En resumen, son cuatro tipo de conversaciones que se pueden tener y planear, en función del tipo de quiebre que se enfrenta, para que nos conduzcan a las accion. Es posible abrir unas y cerrar otras si la situación lo amerita. Hay que entender que la calidad de nuestras conversaciones definen la calidad de nuestras relaciones y “generan el tejido en el que estas viven”. Para tener una relación abierta y franca se necesita tener una conversación  equIvalente. Por esta razón, es posible determinar el tipo de relación entre dos o más personas, o en una empresa, en función de la calidad de las conversaciones que se practican. 


Una advertencia que hace Echeverría: muchos de los juicios que emitimos, están afectados por la cultura de la comunidad donde se producen, y por lo tanto, la facilidad o no de tener cierto tipo de conversaciones en ese entorno. Sin olvidar también, que las conversaciones tienen el poder de transformar nuestras relaciones, por las acciones que emprendemos o dejamos de hacer cuando hay quiebres. 

Es importante recordar que, en una buena relación existen necesariamente los quiebres, pero también,  la capacidad de conversarlos y actuar para transformarlos, para que la relación siga fluyendo. 


Y quisiera terminar este ciclo sobre el lenguaje, mencionando otro tipo de conversaciones, que Rafael Echeverría no las menciona explícitamente, pero que son cada vez más importantes: las conversaciones de futuro. Se podría pensar que están incluidas en las de coordinación de acciones o en las de posibles conversaciones. 


Sin embargo, yo pienso que en una cultura como la colombiana, es muy difícil plantear estas conversaciones que permitan sacar el periscopio, para mirar más allá e imaginarse potenciales futuros, sobre los cuales se pueda actuar para accionarlos o evitarlos. Y dado que el lenguaje es acción, el tener conversaciones de futuro, nos permite que la historia pasada no nos secuestren, y podamos dejar abierta la imaginación para que nos impulse hacia un horizonte mejor. 


Como podrá observar el lector, al tomar el conjunto de los cuatro blogs sobre el poder del lenguaje, es mucho lo que nos falta comprender sobre este tema, que lo manejamos de manera transparente y ligera. Al no estar concierte de sus diferentes aristas, cometemos muchos errores que son afectan en nuestras relaciones de todo orden y en nuestra efectividad para actuar con otras personas