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sábado, 25 de abril de 2026

Cómo enfrentar a Trump y Petro sin caer en sus trampas

Una guía para sociedades que no quieren ser manipuladas

Durante las últimas semanas he explorado, a partir del libro de Hernando Gómez Buendía, cómo es posible que líderes que desafían las normas y vulneran los principios básicos de la democracia logren llegar al poder. Este blog, con el que cierro la serie, plantea la pregunta que realmente importa: ¿cómo enfrentarlos sin terminar jugando bajo sus reglas?

Entender a dirigentes políticos  como Donald Trump o Gustavo Petro es apenas el primer paso. El verdadero desafío comienza después: cómo enfrentarlos sin reforzar las dinámicas que los hacen fuertes.

Porque aquí hay una paradoja fundamental que muchas sociedades no han logrado comprender: la reacción equivocada frente a este tipo de liderazgo termina fortaleciéndolo. No se trata solo de oponerse. Se trata de hacerlo de manera inteligente.

El error más común: jugar el juego del líder que se quiere enfrentar

Liderazgos como los que hemos analizado operan bajo reglas distintas. No buscan consenso, buscan control de la narrativa. No buscan precisión, buscan impacto. No buscan estabilidad, buscan dominancia emocional.

Cuando sus opositores responden: con indignación permanente, con sobre-reacción mediática, o con ataques personales constantes, lo que hacen —sin darse cuenta— es entrar en su terreno. Y en ese terreno, ellos siempre llevan ventaja.

Algunas trampas en las que no hay que cae

1. La trampa de la reacción permanente

Responder a cada provocación es perder el foco estratégico. Estos líderes generan múltiples frentes de conflicto para dispersar la atención. La clave: elegir las batallas, no reaccionar a todas.

2. La trampa de la superioridad moral

Descalificar al líder y a sus seguidores como “ignorantes” o “manipulados” no debilita su base. La radicaliza. La clave: entender las emociones detrás del apoyo, no negarlas.

3. La trampa de la hiperracionalidad

Creer que los datos, los argumentos técnicos o la evidencia desmontan narrativas emocionales es un error. Las personas no toman decisiones políticas solo con la razón. La clave: combinar razón con un relato relato que emocione, conecte y abra posibilidades.

4. La trampa de la fragmentación

Dividirse entre opositores, competir por protagonismo o no construir agendas comunes, es exactamente lo que estos liderazgos buscan. La clave: construir mínimos compartidos.

5. La trampa del corto plazo

Intentar derrotar a estos liderazgos solo en elecciones, sin construir bases culturales y sociales, es insuficiente. La clave: pensar en procesos, no solo en coyunturas.

Entonces, ¿qué sí funciona?

Frente a este tipo de liderazgo, la respuesta no puede ser simplemente política. Tiene que ser cultural, narrativa y colectiva. Sobre el tema de narrativas y liderazgo colectivo he venido escribiendo en los últimos meses. De esas reflexiones quisiera destacar los siguientes puntos:

1. Construir una narrativa más poderosa (no solo una crítica mejor)

Estos líderes ganan porque cuentan historias que conectan con emociones profundas: miedo, frustración, resentimiento, identidad. No basta con desmontar sus relatos. Hay que ofrecer uno mejor. Aquí es donde nuestra propuesta, adquiere una relevancia estratégica extraordinaria: “Colombia es buena y vale la pena cuidarla” no es un eslogan. Es una contra-narrativa. Una narrativa que: no niega los problemas, pero tampoco reduce al país a ellos, y moviliza desde el cuidado, no desde la rabia.

2. Recuperar el valor de lo colectivo

Uno de los patrones más claros en estos liderazgos es su capacidad de dividir. Por eso, la respuesta no puede ser individual. Debe ser colectiva. Esto implica: construir redes de liderazgo, conectar sectores que tradicionalmente no dialogan, y generar espacios de colaboración real. No como discurso, sino como práctica.

3. Desarrollar liderazgo adaptativo

Aquí es imposible no traer a Ronald Heifetz. El gran error de muchas élites ha sido tratar este fenómeno como un problema técnico: mejorar la comunicación, ajustar políticas, cambiar voceros. Pero lo que estamos enfrentando es un reto adaptativo. Esto significa que: no hay soluciones rápidas, implica cambios culturales profundos, y requiere movilizar a la sociedad, no solo dirigirla.

4. Reconectar con la ciudadanía real (no con la idealizada)

Muchos análisis parten de cómo “deberían pensar” los ciudadanos, no de cómo realmente piensan y sienten. Estos liderazgos conectan porque escuchan el malestar, lo validan, y lo convierten en relato. La respuesta no es corregir a la gente. Es reconectar con ella.

5. Fortalecer instituciones desde la cultura, no solo desde la norma

Las instituciones no se sostienen solo con reglas. Se sostienen con legitimidad. Y la legitimidad es cultural. Si la ciudadanía no cree en las instituciones, estas se debilitan, independientemente de su diseño formal.

Una idea clave: no se trata de derrotar al líder, sino de cambiar el contexto

En este punto hay un giro conceptual importante. El objetivo no puede ser únicamente “derrotar” a líderes como Trump o Petro. Porque si las condiciones que los hicieron posibles siguen intactas, aparecerán otros. El verdadero objetivo es transformar el contexto que los produce: la desconfianza, la fragmentación, la pérdida de sentido colectivo, la debilidad institucional.

El rol de la clase media (y su silencio)

Esto conecta directamente con una reflexión más reciente que voy a compartir en el próximo blog. Hay un actor clave que no está jugando el papel que podría: la clase media. Una gran masa de ciudadanos: que no está en los extremos, que no se siente representada, pero que tampoco está participando activamente.

Activarla no significa radicalizarla. Significa darle voz sin quitarle la voz a nadie más. Ahí siento que hay una oportunidad enorme para explorar y aprovechar.

Reflexión final: el tipo de liderazgo que necesitamos

Frente a liderazgos que concentran, dividen y manipulan, la respuesta no puede ser un espejo. Tiene que ser un contraste. Un liderazgo que: conecte sin polarizar, movilice sin manipular, convoque sin excluir, y construya sin destruir. Ese tipo de liderazgo no surge espontáneamente. Se construye. Y se construye desde iniciativas como la que se viene impulsando desde “Colombia es buena” : redes de comunidades de liderazgo, narrativa compartida, propósito colectivo.

Una invitación

Si algo deja claro el análisis de los dirigentes políticos como Trump y Petro  es esto: El futuro no se define solo en las elecciones. Se define en las conversaciones, en las comunidades, en las narrativas que una sociedad decide creer. La pregunta no es solo cómo enfrentar a estos líderes. 

Entender a estos personajes de la es apenas el comienzo. El verdadero desafío es cómo enfrentarlos sin replicar las mismas lógicas que los hicieron posibles. La tentación de responder con polarización, simplificación o emocionalidad desbordada solo termina reforzando aquello que se busca contener.

Colombia —y América Latina— necesita algo distinto: una ciudadanía que no reaccione, sino que comprenda; que no se deje arrastrar, sino que eleve la conversación; que no delegue, sino que asuma su corresponsabilidad en el destino colectivo.

Porque al final, la respuesta más profunda no está en un líder que enfrente a otro, sino en la capacidad de una sociedad de reconstruir sus propios límites, su sentido de lo público y su cultura democrática.

Esa es, en el fondo, la apuesta de fondo: creer —y demostrar— que Colombia es buena y que vale la pena cuidarla. Y por lo tanto la pregunta es: ¿qué tipo de sociedad queremos ser frente a ellos? Porque al final, los liderazgos no solo revelan quién los ejerce. Revelan quiénes somos como sociedad.

Blogs anteriores :

https://ciudadanoglobalfm.blogspot.com/2026/04/despues-de-petro.html?m=0

https://ciudadanoglobalfm.blogspot.com/2026/04/entre-la-interpretacion-y-la-realidad.html?m=0



sábado, 12 de octubre de 2024

El impacto de las emociones en la cultura II pare


 En mi blog anterior , compartí con mis lectores apartes de la presentación que hiciera en la APE la semana antepasada sobre el papel de las emociones en la cultura y su impacto en el entorno de desconfianza que hoy envuelve a Colombia como una nueve negra muy pesada. 

El impacto que esta situación está teniendo no es exclusivo desconfianza Colombia, es un fenómeno mundial. 



Encuestas recientes hechas en 28 países muestran que el 61% de las personas creen que el sistema actual de democracia y capitalismo está roto, y el 63% considera que su país necesita liderazgos autocráticos (Dave Brooks, conferencia Aspen Institute). 


Este contexto emocional nos aleja en Colombia de dos propósitos: i) el poder convivir en paz cuando llevamos décadas buscando la fórmula sin lograrlo, donde la violencia no sea el medio para dirimir las diferencias, ii) la capacidad para llegar a acuerdos colectivos que permitan enfrentar los grandes retos de la sociedad. Estas son condiciones fundamentales para defender la democracia. 



Otro resultado, es una estructura emocional colectiva que no evoluciona, y por lo tanto, tampoco su cultura.Tenemos una sociedad con un sistema inmunológico impotente que está a la merced de sus enemigos, incapaz de protegerse y eliminar los elementos que la atacan. 


En este punto de mi intervención invité a los participantes a preguntarse sobre cuál era partitura emocional que deberían proponer las organizaciones participantes y si la partitura actual les facilita o les impide cumplir con su propósito y misión institucional. 



Ahora bien ¿qué podemos hacer?




La única respuesta que, si puedo dar, cuando al principio afirmaba que el ejercicio del liderazgo implica reconocer que no hay respuestas, es aplicar el consejo que daba Jack Welch de General Electric cuando decía que el primer paso para poder cambiar la realidad era aceptarla. Y  para evitar el pesimismo, atreverse a ver el vaso medio lleno y no medio vacío, porque eso nos permite encontrar las bases sobre las que nos podemos parar para seguir hacia adelante. 


Pero hay algo más , para enfrentar los volcanes de emocionalidad negativas, como los que hoy se promueven desde el Gobierno Nacional , es necesario contrarrestarlos con un movimiento de volcanes positivos que sean motores de esperanza. Por ejemplo, Se necesita un sentimiento profundo de indignación, para tener el coraje de enfrentar momentos como los actuales, y de tener fe de que lo podemos hacer, para dejar que la esperanza florezca y así  vencer el pesimismo presente,  como lo demostró Churchill en 1940 en los momentos más difíciles de la Gran Bretaña.


Para buscar posibles caminos en esta compleja coyuntura histórica en que nos encontramos, que es como un rompecabezas de 2.000 piezas sin una tapa que oriente su construcción, es necesario identificar los principales elementos que sirvan de marco para encontrar soluciones colectivas, dado que las acciones individuales son incapaces de generar el impacto que se requiere. Por eso debemos hablar de impacto colectivo entre los diferentes actores públicos y privados de la sociedad alrededor de un propósito común y una visión colectiva del desarrollo. 


¿Cuáles serían entonces esos elementos del impacto colectivo? 


Poner el ser humano en el centro y su capacidad de adaptación y cambio permanente a las nuevas realidades. Significa un cambio en la mirada del desarrollo planteada por los ODS de las Naciones Unidas, para incluir una nueva visión basada en los ODIs, que representan el nuevo paradigma emergente, donde el cambio ecosistémico arranca por el individuo y sus competencias internas. 


Construir un propósito colectivo superior  que trascienda los objetivos inmediatos individuales y que apela a tener un profundo significado de identidad, compromiso y corresponsabilidad colectiva. 



Desarrollar la capacidad del ejercicio del liderazgo colectivo,
entendiendo la diferencia entre los retos técnicos, que no implican cambios, y los retos adaptativos, que invitan a la transformación de la realidad individual y colectiva, y donde hay muchas más preguntas que respuestas. Esta es una capacidad que se debe desarrollar en varios niveles y con distintos actores: comunidades, empresas, líderes sociales, políticos, funcionarios públicos, etc. 


 La decisión de cambiar la cultura. El ejemplo de Bogotá con Mockus demuestra que si es posible crear una emocionalidad positiva que cambie comportamientos, que a su vez impacten la cultura. Esta emocionalidad positiva se construye a partir de unos modelos mentales y unos valores tales como: empatía, confianza, perdón, compasión, generosidad, humildad, colaboración y honestidad. Estos son la base del capital social que hoy necesita Colombia


El conjunto de modelos mentales y valores construyen un entorno emocional que facilita los cambios culturales. Este cambio cultural es la infraestructura mental de una sociedad y requiere inversión, liderazgo y apropiación colectiva, así como también se hace con la infraestructura física, como el metro de Medellín en donde se hizo una inversión en esta infraestructura física , pero también, en la infraestructura mental que ha motivado la apropiación ciudadana  de este activo de la ciudad, lo que impidió que fuera vandalizado  en el estallido social de 2021, cosa  que no sucedió con Transmilenio en Bogotá y el MÍO en Cali. 


Relaciones para la colaboración y la construcción de una visión ecosistémica del desarrollo.  Los humanos somos seres relacionales cuyo progreso está sustentado en buena medida, en la red de relaciones de confianza que facilita la colaboración para abordar los problemas complejos que enfrentamos como sociedad. Por lo tanto, el fomentar una visión sistémica y de construcción de redes que fortalezcan el relacionamiento entre los miembros de una comunidad, y su capacidad para proponer y ejecutar agendas y proyectos conjuntos que impacten lo local, es la base para procesos de impacto colectivo con una visión de desarrollo de abajo hacia arriba, movilizando alianzas entre sus principales actores.


Es esa la visión ecosistémica del desarrollo la que plantea Motores de Esperanza con 5 componentes: el ser, lo público, lo ambiental, lo social y lo económico. Estas dimensiones buscan promover una apropiación colectiva con agendas y proyectos que fomenten el desarrollo del ecosistema de manera equilibrada. 


Mentalidad de innovación y experimentación. Tener el valor para estar dispuestos a experimentar, desaprender y reaprender, para encontrar nuevas respuestas a los problemas sociales a escala local. Es necesario activar y conectar las recursos, capacidades y talentos locales para diseñar nuevas respuestas. 


Inversión para iniciativas de impacto colectivo desde el sector público y privado. El enfoque de impacto colectivo nos invita a realizar inversiones con una visión ecosistémica de largo plazo, buscando alcanzar el mayor impacto y escala, comprendiendo la naturaleza del problema a resolver, los actores llamados a contribuir a su solución, y los mecanismos de articulación, coordinación y medición adecuados para orientar la toma de decisiones.


Pero  hay más cosas que podemos hacer


Fomentar masivamente la formación socio emocional a nivel educativo y organizacional. Esto es lo que ya están haciendo organizaciones como Coschool, cuyo fundadores, Henry Mai y Cristina Álvarez están con nosotros en el día de hoy, y que a lo largo de 10años han roto un paradigma y posicionaron este tema tan fundamental.


Entender cuál es la oferta emocional que las organizaciones les pueden hacer al país. Construir entre todos un propósito colectivo. y acordar la forma de promoverlo que responda a la pregunta: ¿qué emociones estaríamos contribuyendo a crear en nuestras comunidades de interés, en su entorno, con sus aliados? 


Conectar y construir usando las plataformas colaborativas que ya existen, generando experimentos que respeten las particularidades regionales pero que generen aprendizajes compartidos para todo el país. Sumar para multiplicar


Impulsar una nueva visión del desarrollo desde lo local, pero en redes regionales y nacionales, y desde una perspectiva de impacto colectivo.



Y claro  varios riesgos  que hay que considerar. Veamos algunos de los importantes:


  1. El no creer que las emociones afectan la cultura, y esta la capacidad de enfrentar colectivamente los grandes riesgos de un entorno complejo
  2. No tener una narrativa para romper la emoción de pesimismo e impotencia, que promueve la parálisis y que como nube negra, hoy envuelve a la sociedad colombiana 
  3. Que procesos de cambio cultural del entorno no sean parte integral de las estrategias corporativas
  4. La incoherencia entre el discurso y los hechos, que genera mal ejemplo y desconfianza 
  5. No entender que estamos jugando un juego para el que no estábamos preparados que requiere del desarrollo de nuevas competencias personales, colectivas e institucionales
  6. La defensa de la parcela para proteger el ego. Como dice Otto Scharmer del MIT, es necesario transitar del egosistema al ecosistema que fragmenta esfuerzos
  7. No contar con el liderazgo colectivo que sostenga en el tiempo el proceso
  8. Creer que procesos de cambio cultural de largo plazo se hacen sin dedicación de tiempo y sin recursos
  9. Fomentar el cinismo en las nuevas generaciones que hoy están encontrado en la compra de un tiquete de avión al exterior, su futuro. 
  10. No reconocer los activos con los que podemos generar valor individual y colectivamente en este momento crítico

Terminó con una pregunta: ¿tendremos el valor para ser un ejemplo de esa nueva cultura y la emocionalidad que la respalde, que permita hacer un gran proyecto de impacto colectivo donde se integren diferentes plataformas e iniciativas que se están desarrollando, y pasar del egosistema al ecosistema?






sábado, 20 de julio de 2024

Hay que activar el liderazgo colectivo

 


Hoy en Colombia enfrentamos unos tiempos turbulentos caracterizados por unos niveles históricos de  gran incertidumbre, desorientación y desconfianza. No hay una reunión, donde no se hagan algunas preguntas: ¿Qué podemos hacer a nivel individual o colectivo? ¿Hacia dónde va nuestro pais? ¿Es muy tarde para actuar? ¿Cómo nos podemos organizar? ¿Por qué llegamos a esta situación? ¿Qué lecciones podemos aprender?


Hace tiempo yo he venido insistiendo en mi blog y en otros espacios donde participo, que detrás de esas preguntas hay una realidad que se siente pero que no se aborda: el profundo vacío de liderazgo que hoy afecta a la sociedad colombiana. Sus consecuencias son funestas , porque como lo expresaba en mi blog anterior, al no haber liderazgo, no hay un activador del sistema inmunológico que genere un rechazo colectivo organizado de la sociedad.  



Necesitamos activar el liderazgo colectivo, para frenar el proceso de destrucción que está en marcha, bajo el ropaje del “cambio y la Paz Total” de Petro y sus cómplices. Necesitamos activar el liderazgo  para  despertar la indignación y mover a la acción a millones de colombianos pasivos, dormidos y desorientados, antes de que sea muy tarde. 


Y antes de abordar el tema de este blog, quiero aclarar que soy consciente de la necesidad de hacer cambios profundos en varios temas que afectan nuestra viabilidad como sociedad. Pero también , que no se pueden ignorar los grandes avances que hemos hecho a lo largo de los años. Y que si queremos estos cambios o mejoras, deberían de contar con un apoyo mayoritario de la población, aglutinada alrededor de un gran propósito que nos una a todos. 


Petro ganó las elecciones con un margen electoral muy pequeño del 3.2%  bajo la promesa de propiciar un gran cambio. Al principio, invitando a la “búsqueda de una gran acuerdo nacional”. Hoy, dos años después, la realidad es que esa invitación no ha contado con un propósito que inspire y aglutine. Pero lo que es peor, después de los incumplimientos sin escrúpulos de Petro, quien en su sano juicio se expondría a otro “acuerdo que no se va a cumplir?.



Por el contrario, las reformas propuestas, se han tramitado acudiendo al clientelismo más asqueroso. Se desconocen los avances del país, y hay acciones deliberadas para acentuar la polarización y la lucha de clases. Ninguna intención de unir sino la de aplicar el dicho: “divide y reinarás “. Se fomenta el miedo y el odio que son las emociones más negativas para sustentar cualquier cambio positivo en una sociedad, pero que manipuladas, sostienen a tiranos en el poder.. 


A todo lo anterior, se suma una incapacidad de gestión y de dar resultados, mientras se debilita cada día más la institucionalidad. Un ejemplo muy grave: el proceso deliberado de minar las Fuerzas Armadas  y su voluntad de combatir el crimen organizado, que está sacando provecho del desmadre institucional de Petro. 


Todo lo anterior sucede, porque hay un vacío de liderazgo individual y colectivo. ¿Pero qué se debe entender por liderazgo? . 


Lo primero que vale la pena señalar, es más que un sustantivo es un verbo, y por lo tanto, implica una forma de ser y de estar en el mundo. Liderar se puede aprender, o potencializar,  para ejercerlo en algún momento o en diferentes circunstancias. 


Liderar también implica inspirar a otros a moverse en una dirección y en razón a un propósito que los una. Esa inspiración permite que haya una alineación entre la mente y el corazón individual y colectivo de un grupo o una comunidad hacia una visión compartida que despierta esperanza: hay un mundo mejor y  solos es mucho más difícil alcanzar. 


Liderar también invita a utilizar otro verbo : servir . Esto significa dejar a un lado los egos o la defensa de una posición personal. Y el ejercicio del liderazgo que sirve a los demás, se puede realizar desde dos dimensiones diferentes. Se puede tener la autoridad que da el poder y los recursos de un cargo que permiten influir en los demás. O no se tiene  esa posición , pero se  cuenta con  la posibilidad de influir en otros, por la trayectoria y el ejemplo que es reconocida y admirada por los demás.


Un elemento fundamental en el ejercicio del liderazgo que inspira, es tener la capacidad de proponer o mover una visión de futuro en el marco de un propósito colectivo que le da sentido. Esto se puede lograr, sin importar en que nivel de una organización se encuentre la persona, o en que rol desempeñe en la sociedad. Insisto que liderar es un verbo que implica una forma de ser y de estar en el mundo, que no está limitado ni condicionado a una posición determinada.



El punto anterior es fundamental en el momento histórico en que nos encontramos. Significa que el ejercicio del liderazgo no depende de un iluminado , sino que se puede ejercer y poner al servicio de una sociedad,  por parte de muchas personas . El reto es que haya una unión de voluntades alrededor de un propósito superior y una visión, para que se logre movilizar el liderazgo colectivo en una comunidad. 


Puede suceder que haya una persona que propone un norte común que inspira e ilumina el camino y otros que toman la llama y motivan para que otras personas se sumen a la causa. Es decir, son personas que también pueden ejercer el liderazgo en otros niveles, y están orientados e inspirados por un ideal común y un futuro compartido. Ayudan a otros a creer en su potencial y en su corresponsabilidad. Esta dinámica colectiva es la que permite crear una cultura de liderazgo transformador de la realidad.



Pero es importante que quienes quieran ejercer el liderazgo individual y colectivo tengan presente que su credibilidad va a depender de cuatro dimensiones . 


La primera es demostrar competencia en los temas que impacten el proceso y que no es lo mismo que tener una opinión. La competencia es el resultado de tener conocimiento y una experiencia anterior.. 


La segunda ya lo mencioné: tener una visión que muestre que hay un futuro mejor y motive a la acción . Esta visión puede ser adoptada de otros, pero se puede  apropiar. La visión permite aunar los mentes y los corazones hacia un propósito común.


La tercer dimensión es el carácter. Significa que quien lidera es alguien de fiar , tiene integridad , se comporta de acuerdo a un marco ético transparente ,  que se refleja en la coherencia entre el decir, el actuar y en la calidad de sus decisiones . Es un ejemplo para los demás. Sin esta dimensión las dos anteriores se anulan. 


La cuarta dimensión es la conexión con los demás. Significa tener la capacidad de relacionarse empáticamente con el otro. Es una cualidad que permite a las personas sentirse cercanas, comprendidas y cuidadas.


Estas cuatro dimensiones atraen a la gente porque las perciben, les generan confianza y les da más  seguridad. Estos son elementos fundamentales cuando se ejerce el liderazgo. Al final, es una invitación inspiradora a recorrer un camino desconocido, y a que la gente crea en su propio potencial, para caminar, sortear los obstáculos y lograr los resultados.


Hay un viejo debate si el líder nace o se hace. Por lo ya comentado , es evidente que liderar se puede potencializar y aprender. Sin embargo, está comprobado que hay personas que nacen con algunas capacidades más desarrolladas que les permiten influir en otros, como por ejemplo, la manera en que enfrentan situaciones difíciles, se comunican o se conectan , lo que genera la admiración de los demás. Bien usadas facilitan ejercer el liderazgo.


Y como lo dice el médico y conferencista Mario Alonso Puig a quien le escuche una charla sobre este tema : “ Ser líder o no ser líder, no es una definición, es una posibilidad de ser y de estar en el mundo. Es muy importante hacer énfasis en este tema: uno no lidera para mandar, uno lidera para servir y no para tener seguidores”. 


El reto en Colombia está en descubrir, conectar y ayudar a muchas personas que pueden y deben de ejercer el liderazgo en sus entornos donde se mueven, para que colectivamente podamos propiciar los verdaderos cambios que la sociedad colombiana necesita y demostrar que si hay un camino diferente que une e inspira el futuro que nos merecemos.