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sábado, 12 de junio de 2021

SOS: se nos está acabando el oxígeno para la economía, la salud y la sociedad


“
Colombia, despierta ya!!”, se nos está acabando el oxigeno, ya no podemos respirar. Esta frase no es retórica barata, es la manifestación de una cruda realidad. Ojalá los medios tomaran este grito para recordarnos donde deben de estar nuestras prioridades cuando la pandemia de salud y social han llegado a su máximo nivel .

Hay que reconocer que el país había venido acumulando una gran cantidad de frustraciones por situaciones incumplidas por todos los gobiernos durante muchos años, de lo que somos responsables todos. Y por no haber leído bien la situación exacerbada por el covid, de manera absolutamente irresponsable, el gobierno de Duque con su pésimo manejo de una reforma tributaria de espaldas a la realidad social, prendió la mecha de una insurrección sin antecedentes en la historia contemporánea del país, por la violencia y destrucción generada, así  como por su duración. 



El pulso de machos, entre el gobierno y los dirigentes de paro, está asfixiado al pais en su economía  y en su salud física y mental. Y para rematar la tragedia, por  efecto de su tozudez e incompetencia, las dos partes parecen que se les olvidó que hay un problema mucho más grave que la reforma tributaria, que fuera el pretexto que disparó las protestas. 


Hoy, la irresponsabilidad de las dos partes, está dejando literalmente sin oxígeno, no solo a los hospitales y a sus pacientes, cuando se está enfrentando el peor pico del covid~19 desde que se inició la pandemia hace más de un año en Colombia, sino también a la sociedad.



Es una tragedia que las marchas se hayan degenerado en asonada y vandalismo, precipitando actos de violencia por parte de la Policía y agitadores profesionales financiados por el narcotráfico y desde el exterior. A Mayo 28, han dejado 61 muertos reportados y 129 desaparecidos, cifras que podrían ser aun mayores. Desde el 28 de abril, cuando se inició el paro, la atención nacional se centró en las marchas que degeneraron en bloqueos, vandalismo e inclusive quién lo hubiera creído, el cerco a Cali la tercera ciudad del país.  Y se nos perdió del radar lo más importante: nuestra salud.



Entre gritos, gases lacrimógenos y disparos, a los colombianos, y especialmente a los dirigentes del paro, se les olvidó el impacto del covid cuando iba a llegar la pandemia a su pico más alto.  Y sin embargo, consciente y deliberadamente, promovieron de manera criminal las aglomeraciones de la gente en las marchas. 

Miles de manifestantes salieron a la calle de manera irresponsable sin cuidarse. Estas personas decidieron que era mejor protestar, porque pensaron erróneamente que no tenían más que perder. Hoy el disparo de las cifras por muertes de COVID les debería de estar mostrando la verdadera realidad, en especial a los jóvenes cuyos casos se han aumentado peligrosamente. Se habían creído inmortales y no lo son.


A pesar de la la validez  de los reclamos de mucha gente que salieron a la luz, cuando se destapó la Caja de Pandora con el paro, a estas personas no les preocupo  que pudieran ser utilizados  como idiotas útiles. De hecho, la estupidez de Duque y su ministro de Hacienda, facilitó el accionar de grupos crimínales de todas las pelambres,  para que se  vandalizara el espacio público, se cerrarán muchos pequeños negocios y miles personas se quedaran sin trabajo, agravando aún más el desempleo que hoy está en el corazón de la protesta.


Para no mencionar la otra realidad que para muchos es mejor ignorar: la injerencia de Venezuela en el juego geopolítico regional, donde Colombia es la joya de la corona por lo que su desestabilización es fundamental. No es solo un discurso del partido de gobierno que en esto les hallo razón, porque Maduro y la mafia que lo acompaña, ya lo habían anticipado hace dos años.  Peru ya sucumbió y ahora nos puede tocar a nosotros.


El resultado era previsible y hoy estamos pagando a un altísimo costo las consecuencias.



Más que las marchas, que son un derecho dentro de nuestra constitución, los bloqueos y la violencia han tenido un impacto desbastador en la actividad económica y en la psicología del país. Esta situación  ha tenido un efecto muy negativo en el estado en la salud mental y anímico de millones de colombianos.  

Como resultado, hoy hay mucha gente que ven con mucho miedo, ira, desconfianza, desesperanza, el futuro del del país. Y esto es lo que precisamente están buscando quienes quieren minar desde la base la democracia en Colombia. Y lo van a lograr, si no reaccionamos inteligentemente la mayoría de los colombianos, que no hemos salido a marchar y a vandalizar nuestras ciudades pero que tampoco hacemos valer nuestros derechos a la movilidad, el trabajo, y sobre todo la salud. ¿Porqué esta indolencia?


Hay que aceptar que este torbellino social, cuyo impacto no fueron capaces de dimensionar en este gobierno, nos despertó a una realidad que no habíamos visto o querido ver.  Lo que está sucediendo, es el resultado de un proceso de desatención de muchos años a problemas estructurales y de promesas incumplidas. Pero también, de un deterioro creciente de la capacidad de nuestra democracia y sus instituciones, de darle una salida adecuada a muchas reclamaciones justas acumuladas y sin atender por mucho tiempo.




Para mi , todo lo que he comentado hasta este punto es incuestionable, y me podría extender aún más. Pero no lo voy a hacer porque el llamado de este blog quiere llamar la atención en otra dirección. Necesitamos volver a enfocar de nuevo la atención  a la situación que teníamos antes del 28 de abril de este año. En solo seis semanas desde esa fecha, el covid ha llegado hoy a su pico máximo mientras en las calles protestan contra todo, pero no contra la irresponsabilidad de miles de personas que han descuidando su salud contaminando a otros incluyendo a sus familias. 

. 
Hoy, las consecuencias de la pandemia, son un  problema mucho más grave en términos de vidas humanas y de dolor para miles de familias, que los reclamos que pueden ser justos pero que no podrán ser atendidos si no se controla rápido el contagio que está  disparado, con la ayuda de todos. Este debería ser el principal propósito para unirnos a todos los colombianos, pero que la lamentablemente  no lo es. Las estadísticas no mienten: ayer se registraron 569 muertes, la cifra más alta hasta ahora en 15 meses y va en aumento. 


En días pasados tuve la oportunidad de tener una conversación con el Dr Julio César Castellanos, Director del Hospital San Ignacio sobre la situación de los hospitales y clínicas en Bogotá. La realidad que se está viviendo no pude ser más dramática. La ocupación de las Unidades de Cuidados Intensivos UCI, está al 100%. No hay espacios disponibles para atender a pacientes con otras enfermedades o hacer cirugías que se llevaban posponiendo por meses. 


Pero hay algo más alarmante aún. Gracias a los bloqueos criminales, porque qué hay que llamarlos como son, no hay oxigeno para atender a los enfermos del covid, ni para poder hacer otras intervenciones que lo requieren. Pero además, el bloqueo de las vías y de los puertos, está produciendo una escasez de  drogas que son críticas para muchos pacientes. El resultado: gente que es devuelta en la puerta de los hospitales porque no hay forma de atenderlos. Muy seguramente, muchos de ellos fallecerán en sus casas por falta de atención. 



El panorama se pone aún peor. Me comentaba el Dr Castellanos, que debido a la presión que está experimentando el cuerpo médico, están pasando situaciones muy graves. Hay médicos y enfermeras que están renunciando porque no pueden aguantar más presión. Pero también, me mencionaba, que han tenido que desplegar un esfuerzo muy grande de atención mental al personal médico como resultado de lo anterior. 


Pero en este país del Sagrado Corazón, el video que se filtro del presidente de Fecode, que es el sindicato de maestros más importante del país, destapó la verdadera intención política de los promotores del paro. Las marchas no fueron para retirar la reforma tributaria ni descabezar al ministro de Hacienda que sirvieron de pretexto. Tampoco fue para defender el derecho de los niños y niñas a estudiar después de haber tenido que recluirse en sus casas por muchos meses. 


No, para el representante de los maestros hay una motivación mucho más importante que el protestar por el deterioro académico producido por la pandemia, y por la beligerancia con la que este sindicato solo ha defendido en el pasado sus intereses y privilegios pero no mejorar la calidad de la educación. En una declaración reciente que se filtró en un vídeo, este señor desnudó la verdadera realidad del paro promovido por él y otros sindicalistas:  “ esto es de largo aliento, esto es para derrotar al Centro Democrático y a la ultra derecha, estos es para llegar al poder en el 2022 y más allá“. 


Para este señor Alarcon, y para otros como él, no importa que literalmente el país se quede sin oxigeno, no importa que en un día como hoy haya 12 veces más muertos, que todos los registrados oficialmente por el paro en 45 días. Tampoco importa que miles de pequeños y medianos empresarios estén siendo obligados a cerrar su puertas y dejar sin empleo a muchísima gente cuando las tasas de desempleo están disparadas. 



Y claro, aún menos les importa, la economía del país, que gracias a la pandemia tuvo su peor desempeño de la historío en el 2020 con una caída del PIB al -6.8%. Para estos dirigentes sindicales blindados por gabelas millonarias, era una oportunidad que había que explotar al máximo y pasarle la cuenta de cobro a Uribe y sus pupilos, quienes deben de asumir su responsabilidad de lo que está pasando.  


Para estos dirigentes sindicales no era prioritario inyectarle oxígeno a la economía para reactivarla, y así comenzar a generar más  empleo que es lo que con urgencia se necesita.  Como su interés es otro, lo mejor era agravar aún más la situación. Especialmente para todas  aquellas personas que lo han perdido todo durante la pandemia, y  que paradójicamente  estos señores dicen representar y defender. Con esos amigos quien necesita enemigos dirán algunos.  


No, el nombre del juego hoy es otro : el PODER a cualquier costo así esto signifique asfixiar al país. Lo que no deja de ser una gran ironía para Uribe, Duque y sus muchachos, defensores del orden y la confianza inversionista, que pueden terminar entregándole en bandeja de plata las riendas del estado colombiano a quienes hoy quieren demolerlo por dentro. 


¿Que si es posible? Pues si alguien piensa que estoy loco, lo invito a mirar a nuestro vecino del sur: Perú. Allí lo impensable pasó y también en medio del desastre de salud de la pandemia. Este ejemplo debe de tener muy envalentonados a nuestros dirigentes sindicales criollos. 


Estamos advertidos: sin una solución de fondo a los problemas  de la salud producidos porque el covid, tampoco la habrá para atender los reclamos en lo social y de desempleo en lo económico. Y recordemos, ya no hay camas para atender a 48 millones de colombianos que por acción y omisión , estamos a punto de dejar que nuestro país entre a una USI colectiva  pero  sin O2 


PD: espero que estas reflexiones las lean muchos jóvenes que hoy forman parte de la primera línea de las marchas y que ven con desesperanza su futuro. El problema no es solo cuestión de ideología, como algunas personas quieren hacer ver la realidad actual. Es un problema mucho mayor: estamos en una sociedad a la deriva que no tiene un propósito nacional que debería de ser su salud. 


Sobre este punto, es que deberían basarse los diálogos o “negociaciones”, para poder sustentar los compromisos qué hay que acordar y que permitan atender los justos reclamos sociales que hemos dejado acumular por muchos años. Pero que sin una economía recuperada y con una mayor consciencia social de todos, no serían posible lograrlo. 


Destruir es fácil, es mucho más difícil construir, como nos lo recuerda el desastroso caso de Venezuela en manos de unos mafiosos incompetentes que dejaron sin oxígeno y asfixiaron a las empresas, la economía, la política y postraron la sociedad para perpetuarse en el poder: más de cinco millones de venezolanos que votaron con sus pies y huyeron de su país, son testigos de esa triste realidad. 


El pulso de machos, entre el gobierno y los dirigentes de paro, está asfixiado al pais en su economía  y en su salud física y mental. Y para rematar la tragedia, por  efecto de su tozudez e incompetencia, las dos partes parecen que se les olvidó que hay un problema mucho más grave que la reforma tributaria, que fuera el pretexto que disparó las protestas. 


Hoy, la irresponsabilidad de las dos partes, está dejando literalmente sin oxígeno, no solo a los hospitales y a sus pacientes, cuando se está enfrentando el peor pico del covid~19 desde que se inició la pandemia hace más de un año en Colombia, sino también a la sociedad.


Es una tragedia que las marchas se hayan degenerado en asonada y vandalismo, precipitando actos de violencia por parte de la Policía y agitadores profesionales financiados por el narcotráfico y desde el exterior. A Mayo 28, han dejado 61 muertos reportados y 129 desaparecidos, cifras que podrían ser aun mayores. Desde el 28 de abril, cuando se inició el paro, la atención nacional se centró en las marchas que degeneraron en bloqueos, vandalismo e inclusive quién lo hubiera creído, el cerco a Cali la tercera ciudad del país.  Y se nos perdió del radar lo más importante: nuestra salud.


Entre gritos, gases lacrimógenos y disparos, a los colombianos, y especialmente a los dirigentes del paro, se les olvidó el impacto del covid cuando iba a llegar la pandemia a su pico más alto.  Y sin embargo, consciente y deliberadamente, promovieron de manera criminal las aglomeraciones de la gente en las marchas. 


Miles de manifestantes salieron a la calle de manera irresponsable sin cuidarse. Estas personas decidieron que era mejor protestar, porque pensaron erróneamente que no tenían más que perder. Hoy el disparo de las cifras por muertes de COVID les debería de estar mostrando la verdadera realidad, en especial a los jóvenes cuyos casos se han aumentado peligrosamente. Se habían creído inmortales y no lo son.


A pesar de la la validez  de los reclamos de mucha gente que salieron a la luz, cuando se destapó la Caja de Pandora con el paro, a estas personas no les preocupo  que pudieran ser utilizados  como idiotas útiles. De hecho, la estupidez de Duque y su ministro de Hacienda, facilitó el accionar de grupos crimínales de todas las pelambres,  para que se  vandalizara el espacio público, se cerrarán muchos pequeños negocios y miles personas se quedaran sin trabajo, agravando aún más el desempleo que hoy está en el corazón de la protesta.


Para no mencionar la otra realidad que para muchos es mejor ignorar: la injerencia de Venezuela en el juego geopolítico regional, donde Colombia es la joya de la corona por lo que su desestabilización es fundamental. No es solo un discurso del partido de gobierno que en esto les hallo razón, porque Maduro y la mafia que lo acompaña, ya lo habían anticipado hace dos años.  Peru ya sucumbió y ahora nos puede tocar a nosotros.


El resultado era previsible y hoy estamos pagando a un altísimo costo las consecuencias.


Más que las marchas, que son un derecho dentro de nuestra constitución, los bloqueos y la violencia han tenido un impacto desbastador en la actividad económica y en la psicología del país. Esta situación  ha tenido un efecto muy negativo en el estado en la salud mental y anímico de millones de colombianos.  


Como resultado, hoy hay mucha gente que ven con mucho miedo, ira, desconfianza, desesperanza, el futuro del del país. Y esto es lo que precisamente están buscando quienes quieren minar desde la base la democracia en Colombia. Y lo van a lograr, si no reaccionamos inteligentemente la mayoría de los colombianos, que no hemos salido a marchar y a vandalizar nuestras ciudades pero que tampoco hacemos valer nuestros derechos a la movilidad, el trabajo, y sobre todo la salud. ¿Porqué esta indolencia?


Hay que aceptar que este torbellino social, cuyo impacto no fueron capaces de dimensionar en este gobierno, nos despertó a una realidad que no habíamos visto o querido ver.  Lo que está sucediendo, es el resultado de un proceso de desatención de muchos años a problemas estructurales y de promesas incumplidas. Pero también, de un deterioro creciente de la capacidad de nuestra democracia y sus instituciones, de darle una salida adecuada a muchas reclamaciones justas acumuladas y sin atender por mucho tiempo.


Para mi , todo lo que he comentado hasta este punto es incuestionable, y me podría extender aún más. Pero no lo voy a hacer porque el llamado de este blog quiere llamar la atención en otra dirección. Necesitamos volver a enfocar de nuevo la atención  a la situación que teníamos antes del 28 de abril de este año. En solo seis semanas desde esa fecha, el covid ha llegado hoy a su pico máximo mientras en las calles protestan contra todo, pero no contra el descuido irresponsable de miles de personas que han descuidando su salud contaminando a otros incluyendo a sus familias. 


Hoy, las consecuencias de la pandemia, son un  problema mucho más grave en términos de vidas humanas y de dolor para miles de familias, que los reclamos que pueden ser justos pero que no podrán ser atendidos si no se controla rápido el contagio que está  disparado, con la ayuda de todos. Este debería ser el principal propósito para unirnos a todos los colombianos, pero que la lamentablemente  no lo es. Las estadísticas no mienten: ayer se registraron 569 muertes, la cifra más alta hasta ahora en 15 meses y va en aumento. 


En días pasados tuve la oportunidad de tener una conversación con el Dr Julio César Castellanos, Director del Hospital San Ignacio sobre la situación de los hospitales y clínicas en Bogotá. La realidad que se está viviendo no pude ser más dramática. La ocupación de las Unidades de Cuidados Intensivos UCI, está al 100%. No hay espacios disponibles para atender a pacientes con otras enfermedades o hacer cirugías que se llevaban posponiendo por meses. 


Pero hay algo más alarmante aún. Gracias a los bloqueos criminales, porque qué hay que llamarlos como son, no hay oxigeno para atender a los enfermos del covid, ni para poder hacer otras intervenciones que lo requieren. Pero además, el bloqueo de las vías y de los puertos, está produciendo una escasez de  drogas que son críticas para muchos pacientes. El resultado: gente que es devuelta en la puerta de los hospitales porque no hay forma de atenderlos. Muy seguramente, muchos de ellos fallecerán en sus casas por falta de atención. 


El panorama se pone aún peor. Me comentaba el Dr Castellanos, que debido a la presión que está experimentando el cuerpo médico, están pasando situaciones muy graves. Hay médicos y enfermeras que están renunciando porque no pueden aguantar más presión. Pero también, me mencionaba, que han tenido que desplegar un esfuerzo muy grande de atención mental al personal médico como resultado de lo anterior.

Ver https://www.semana.com/nacion/articulo/quebrados-y-con-la-covid-al-cuello-la-sinsalida-de-colombia-en-la-reapertura/202100/


Pero en este país del Sagrado Corazón, el video que se filtro del presidente de Fecode, que es el sindicato de maestros más importante del país, destapó la verdadera intención política de los promotores del paro. Las marchas no fueron para retirar la reforma tributaria ni descabezar al ministro de Hacienda que sirvieron de pretexto. Tampoco fue para defender el derecho de los niños y niñas a estudiar después de haber tenido que recluirse en sus casas por muchos meses. 


No, para el representante de los maestros hay una motivación mucho más importante que el protestar por el deterioro académico producido por la pandemia, y por la beligerancia con la que este sindicato solo ha defendido en el pasado sus intereses y privilegios pero no mejorar la calidad de la educación. En una declaración reciente que se filtró en un vídeo, este señor desnudó la verdadera realidad del paro promovido por él y otros sindicalistas:  “ esto es de largo aliento, esto es para derrotar al Centro Democrático y a la ultra derecha, estos es para llegar al poder en el 2022 y más allá“. 


Para este señor Alarcon, y para otros como él, no importa que literalmente el país se quede sin oxigeno, no importa que en un día como hoy haya 12 veces más muertos, que todos los registrados oficialmente por el paro en 45 días. Tampoco importa que miles de pequeños y medianos empresarios estén siendo obligados a cerrar su puertas y dejar sin empleo a muchísima gente cuando las tasas de desempleo están disparadas. 


Y claro, aún menos les importa, la economía del país, que gracias a la pandemia tuvo su peor desempeño de la historío en el 2020 con una caída del PIB al -6.8%. Para estos dirigentes sindicales blindados por gabelas millonarias, era una oportunidad que había que explotar al máximo y pasarle la cuenta de cobro a Uribe y sus pupilos, quienes deben de asumir su responsabilidad de lo que está pasando.  


Para estos dirigentes sindicales no era prioritario inyectarle oxígeno a la economía para reactivarla, y así comenzar a generar más  empleo que es lo que con urgencia se necesita.  Como su interés es otro, lo mejor era agravar aún más la situación. Especialmente para todas  aquellas personas que lo han perdido todo durante la pandemia, y  que paradójicamente  estos señores dicen representar y defender. Con esos amigos quien necesita enemigos dirán algunos.  


No, el nombre del juego hoy es otro : el PODER a cualquier costo así esto signifique asfixiar al país. Lo que no deja de ser una gran ironía para Uribe, Duque y sus muchachos, defensores del orden y la confianza inversionista, que pueden terminar entregándole en bandeja de plata las riendas del estado colombiano a quienes hoy quieren demolerlo por dentro. 



¿Que si es posible? Pues si alguien piensa que estoy loco, lo invito a mirar a nuestro vecino del sur: Perú. Allí lo impensable pasó y también en medio del desastre de salud de la pandemia. Este ejemplo debe de tener muy envalentonados a nuestros dirigentes sindicales criollos. 

Estamos advertidos: sin una solución de fondo a los problemas  de la salud producidos porque el covid, tampoco la habrá para atender los reclamos en lo social y de desempleo en lo económico. Y recordemos, ya no hay camas para atender a 48 millones de colombianos que por acción y omisión , estamos a punto de dejar que nuestro país entre a una USI colectiva  pero  sin O2 


PD: espero que estas reflexiones las lean muchos jóvenes que hoy forman parte de la primera línea de las marchas y que ven con desesperanza su futuro. El problema no es solo cuestión de ideología, como algunas personas quieren hacer ver la realidad actual. Es un problema mucho mayor: estamos en una sociedad a la deriva que no tiene un propósito nacional que debería de ser su salud. 


Sobre este punto, es que deberían basarse los diálogos o “negociaciones”, para poder sustentar los compromisos qué hay que acordar y que permitan atender los justos reclamos sociales que hemos dejado acumular por muchos años. Pero que sin una economía recuperada y con una mayor consciencia social de todos, no serían posible lograrlo. 


Destruir es fácil, es mucho más difícil construir, como nos lo recuerda el desastroso caso de Venezuela en manos de unos mafiosos incompetentes que dejaron sin oxígeno y asfixiaron a las empresas, la economía, la política y postraron la sociedad para perpetuarse en el poder: más de cinco millones de venezolanos que votaron con sus pies y huyeron de su país, son testigos de esa triste realidad. 


Por problemas de plataforma  parece  que se está duplicando el texto. Leer hasta aquí 


viernes, 4 de junio de 2021

Los empresarios en la crisis


 Hoy vivimos un entorno sometido a muchas distorsiones, estigmatizaciones y juicios de valor. La mayoría de ellos no están bien fundamentados y han sido influenciados, de manera perniciosa, por las redes sociales, donde las etiquetas asignadas marcan la identidad de una persona. Estamos en un mundo, donde las percepciones, definen la identidad de los grupos sociales y se aceptan sin cuestionar. Esta realidad afecta muy negativamente el rol del empresario en nuestro país.

El reto que tenemos los empresarios hacia adelante es muy complejo. Estamos viviendo en un entorno caracterizado por una creciente polarización de la sociedad, donde nuestro rol nos etiqueta y nos estigmatiza. Generamos desconfianza en mucha gente que hoy rechaza el sistema y a quienes somos parte de el. 



Si reconocemos esta situación, hoy más que nunca se necesita que los jóvenes, protagonistas del tsunami social que impacta a Colombia, presten sus anteojos a los empresarios. Solo así  será posible observar de manera empática, la realidad que los afecta, y que tienen a miles de ellos, mirando el futuro con profunda desesperanza y escepticismo. 


Pero también, ha llegado el momento de ofrecerles nuestros anteojos a estos jóvenes, y a otros actores de la realidad nacional, para que puedan apreciar el esfuerzo y los grandes riesgos, que acompañan la gestión empresarial. Es necesario que se reconozca el enorme valor que aporta esta actividad independientemente de su tamaño. No solo genera oportunidades de trabajo para millones de personas, también contribuye con el pago impuestos, al sostenimiento del Estado y al sistema democrático que hoy tenemos. 


Y a pesar de sus evidentes imperfecciones y necesidades de mejora en muchos frentes, y de revisar el rol de los empresarios dentro del mismo que debe ir más allá de ser los motores importantes que mueven la economía, lo que tenemos hoy en Colombia es claramente una opción mucho mejor, que la de los ejemplos totalitarios que han destruido tanta riqueza en varios países, como es el caso de Venezuela. 


Gracias a más de un año de pandemia, se ha acelerado un nuevo paradigma para la participación de los empresarios en la sociedad: “el capitalismo Consciente” , que nos invita a buscar un mayor equilibrio entre nuestra obligación de cuidar los resultados económicos de las empresas, y el desarrollo social de su entorno. Como decía un dirigente gremial hace muchos años: “no es posible tener empresas sanas en un entorno enfermo”. Es una frase que adquiere enorme importancia en  la actualidad.



El asumir un compromiso más sólido con el bienestar de la sociedad, es la tendencia  hacia el cual se mueve rápidamente el mundo empresarial en muchos países, porque la pandemia ha desnudado la cruda realidad de unas brechas enormes en ella, que no hacen sostenible la actividad económica. Y en especial, los estallidos sociales en Chile, Colombia, Ecuador, etc. en AL, demuestran que es una realidad que no es posible seguir ignorando indefinidamente. 


Por lo anterior, se vuelve un imperativo que los empresarios de nuestro país, le pidan prestados los anteojos a los jóvenes y a otros actores sociales, para entender mejor la gravedad e insostenibilidad de la situación actual de millones de colombianos que hoy están en condiciones muy precarias. Es urgente que, quienes tenemos la responsabilidad de sostener la economía del país, ampliemos nuestras obligaciones con la sociedad donde operamos.. Esta tendencia, que se ha acelerado a nivel global, es el resultado positivo, pero a la vez doloroso, que nos deja la pandemia y el tsunami social actual. 


Este ejercicio de intercambiar las gafas con otros actores en un contexto de empatía, es aún más urgente para poder orientar el movimiento creciente de emprendimiento que se ha desarrollado en Colombia en la última década.  Este camino es el que le está abriendo la puerta a un futuro mejor para muchos jóvenes, que pertenecen a la misma generación de quienes hoy protestan, pero que quieren ayudar a construir y no a destruir nuestro país. 



Estos miles de emprendedores jóvenes son una señal muy positiva de una actitud orientada a generar riqueza y progreso, para que podamos avanzar. Son la base de una nueva generación de empresarios, que se están arriesgando a formar empresas innovadoras en el pais. 


Para quienes ya hemos hecho la tarea de crear empresas en el pasado, nos corresponde la obligación de apoyarlos  y visibilizarlos. Deben servir de modelos de rol para miles de jóvenes que hoy no ven con esperanza su futuro, porque vivimos en una sociedad huérfana de referentes positivos, por estar solo  enfocada en lo negativo, qué claro hay que mejorar.


Como son la base de una nueva generación de empresarios, tienen la obligación de no repetir los mismos errores que cometimos quienes los antecedimos. Deben de aprovechar las lecciones de la coyuntura actual, para montarse de una vez en el nuevo paradigma de un capitalismo mucho más consiente, y el nuevo papel que les demanda hoy la sociedad. 


Es cada día más evidente que hay una estrategia para arrodillar a la sociedad colombiana, y nada mejor para lograrlo, que reforzar una narrativa que desacredite cada vez más a todos los actores que se consideran representativos de las élites de poder  “del aparato corrupto que hoy tenemos” según lo decía un joven entrevistado en la radio. 



Como lo demuestran varias encuestas, los empresarios hemos sido colocado en el mismo saco de la desconfianza, con otros actores del sistema: los políticos, los jueces, los policías, los congresistas, entre otros. Es una señal muy grave que muestra la urgencia de actuar ya, para poder aportar a superar la crisis que vivimos. No va a ser fácil la tarea, porque no contamos con el suficiente capital de confianza que se necesita, para vencer el escepticismo y desesperanza, que como una nube negra, envuelve hoy el estado emocional del país.


Esta afirmación podría ser discutible por algunos, argumentando los resultados de varias encuestas recientes, que muestran una mejora de la credibilidad en los empresarios cercana al 50%. Número que, si se compara con los niveles de desconfianza superiores al 90% del Presidente y el Congreso, aparentemente los empresarios no estaríamos tan mal. 


Sin embargo, hay que enfrentar la cruda realidad: hay otro 50% de personas que desconfían de los empresarios, lo cual demuestra qué hay una percepción negativa muy preocupante. Estos resultados limitan muchísimo el poder construir puentes y abrir espacios constructivos de diálogo, para contribuir desde nuestro rol, a reconstruir la confianza en la sociedad. 


Dicho lo anterior, también es imperativo reconocer una dolorosa y cruda realidad. En el seno de estos actores sociales, incluyendo empresarios, se han presentado situaciones totalmente inadmisibles de corrupción, que han minado la credibilidad del sistema en general.


Hay que aceptar que ha habido laxitud e indiferencia, y ausencia de una fuerte sanción social en estos casos tan reprochables. También, es importante reconocer, qué hay una mayoría de empresarios que han estados desconectados por mucho tiempo de la cruda realidad. Y ahora, forzados por la pandemia y el paro,  están comenzando a entender que su rol en la sociedad les exige asumir una responsabilidades adicionales con su entorno.


Colectivamente los empresarios debemos  aceptar el mea culpa y la responsabilidad por no haber querido ver a tiempo las señales de peligro que eran muy visibles. Las fumarolas del volcán mostraban que por debajo había mucha actividad y energía represada. Pero era más cómodo ignorar estas señales y mirar para otro lado.


Hay que entender que en nuestra sociedad, no se han generado las capacidades ni los liderazgos, para acordar un propósito común que facilitara dirimir las diferencias, canalizar oportunamente las insatisfacciones y las crecientes tensiones.


El tema no es menor, cuando los partidos tradicionales dejaron de operar en su labor de correas transmisoras entre la comunidad y el Estado. Desde hace años, se convirtieron en dispensados de favores y ordeñadores de las finanzas públicas con la complicidad de algunos empresarios y la apatía del resto de la sociedad. Esta actitud los tiene hoy en sótano de la confianza pública y  con un desprestigio que los vuelve casi irrelevantes para ser parte de la solución a la situación actual 



Por lo anterior, no es sorprendente que se escucha el clamor de la voz enardecida de una sociedad indignada, que se siente marginada, y que grita en la calle para ser escuchada,  donde  están pasando la factura en términos de desconfianza en las instituciones y las figuras de poder. Se está pagando un costo inmenso en términos de pérdida de vidas humanas, un retroceso en la urgente necesidad de la  reactivación de la economía y un aumento dramático de la polarización social. Todo lo cual representa un gravísimo riesgo para la sostenibilidad de la democracia colombiana. 


Yo personalmente no comparto el uso de la violencia ni la descalificación institucional. Si creo como ya lo mencioné,  que no supimos leer a tiempo lo que estaba en marcha y nos estalló en la cara. Pero soy optimista del papel que los empresarios pueden jugar, cuando adoptan una postura decidida alrededor del nuevo paradigma del “capitalismo consciente”. 


Este concepto promueve la necesidad de crear espacios de confianza, donde la comunidad y la empresa, trabajan juntos por un bienestar común. Propone balancear este bienestar de las comunidades donde están localizadas, con el crecimiento económico rentable y sostenible.   De esta manera se fomentan polos de desarrollo en los territorios, donde la actividad empresarial, de la mano de líderes sociales y políticos, crean unas bases comunes para progresar. 


Este sería un gran cambio de paradigma para que el empresario colombiano , como ciudadano que también lo es, pueda ejercer la política en el mejor sentido de la palabra, sin ser un político de profesión. Espero que estas reflexiones  sirvan para  aportar a la luz al final del túnel en la que se encuentra Colombia


Hoy la luz está puesta sobre el vaso medio vacío, y no ilumina a los miles de ejemplos que muestran una realidad mucho más positiva de nuestra nación, tanto en el campo público como el privado. Reconocerla es un prerequisito para recuperar la confianza de que tenemos muchos recursos para superar la situación actual, entre ellos los empresarios, y así recuperar la esperanza de un futuro mejor y más incluyente para todos.





sábado, 29 de mayo de 2021

El cuento que nos queremos creer

 



“Lo que cuenta en la vida no es el simple hecho de haber vivido, es la diferencia que hemos logrado en la vida de los demás, lo que le da el verdadero significado a nuestra vida”. Mandela

Estamos viviendo momentos muy complejos en la sociedad colombiana. Ya es un lugar común hablar, que la crisis de la pandemia, ha puesto en la agenda nacional  los graves problemas de miles de colombianos que hoy se han empobrecido más, y que inclusive muchos de ellos están pasando hambre. Estos eran aspectos en los cuales el país había hecho avances importantes en los últimas dos décadas . 


Pero hay algo más grave aún: hay una inmensa crisis de confianza en las instituciones y de desesperanza y miedo, que como unas nubes negras, que anuncian tormentas aún mayores, están obscureciendo el ambiente, impidiendo a mucha gente  ver la posibilidad de un futuro mejor. Esta situación es especialmente crítica en los jóvenes, quienes en estas últimas semanas, han sido los protagonistas mas visibles en las movilizaciones que han paralizado al país.



Hoy, Colombia necesita urgentemente contrarrestar estas dinámicas que se están degenerando en manifestaciones violentas, acompañadas de una creciente intolerancia y confrontación. Para mantener la analogía con la vacuna que se requiere contra el covid-19, necesitamos vacunarnos el espíritu para evitar que el odio, la violencia y la ira, carcoman el alma de la nación. 


Yo estoy convencido que el mejor antídoto que podemos proponer, en estas horas tristes que vivimos, para combatir la desesperanza, la frustración y la desconfianza generalizada, es generar una nueva y positiva narrativa para los colombianos que, respetando el derecho a la protesta social, rechazamos la violencia y la destrucción del país  como mecanismos de expresión y de más polarización. 


Ese es el abismo hacia el cual algunos nos quieren conducir, sin importarles que están violentando otros derechos igualmente consagrados en nuestra Constitución, como son la vida, la movilidad, la alimentación, el trabajo y el acceso oportuno a la salud.


Yo se que estamos viviendo unos momentos históricos con muchas dificultades que afectan a millones de nuestros conciudadanos. Pero se también, que dependiendo de cómo las manejamos, podemos tener en nuestros manos un problema aún mayor o una inmensa oportunidad. Para demostrarlo, quiero compartir  una pequeña historia que ilustra la invitación que quiero hacer.



Víctor Frankl , fue un psiquiatra y filósofo austriaco que en 1942, cuando los Nazis habían invadido su país, terminó en dos de los peores campos de concentración: Auschwitz y Dachau, donde exterminaron la vida de millones de judíos. 


Pues bien, para no dejarse destruir física y psicológicamente durante los tres años de cautiverio que padeció, se propuso tres cosas:  aprender, ayudar a otros y poder contar su experiencia. Estas fueron las bases que le dieron un propósito superior,  que mantuvo viva su esperanza  de poder sobrevivir, cuando tanta gente, incluyendo toda su familia, no lo logró. Más tarde escribió su famosísimo libro: “El hombre en busque de sentido” 


El caso de Frankl me parece muy oportuno recordarlo en estos momentos, porque trae a la memoria la inmensa capacidad que tenemos los seres humanos de superar las condiciones más complejas y deja varias lecciones muy importantes para la situación que vivimos hoy:


  • Tener un propósito superior que nos permita no dejarnos invadir por la desesperanza, el miedo o la desesperación y darle sentido a los que somos y hacemos. No hacerlo es como estar muerto en vida
  • Mantener una actitud siempre abierta al aprendizaje, porque como Frankl nos lo demostró, siempre lo podremos hacer aún en las peores momentos de nuestra existencia.
  • Superar la tentación al aislamiento en momentos de crisis, para conectarse con la voluntad de servir a los demás. Esto da sentido y alegria, y es un gran antídoto para la depresión y la desesperación.
  • Compartir con otros las experiencias difíciles vividas, para mostrar que siempre tenemos la posibilidad de superarlas y poder beneficiar a otras personas que pudieran estar en circunstancias similares.
  • Demuestra que la forma en que uno se pare como observador de su propia vida, le abre o le cierra muchas posibilidades 
  • Resaltar el poder del buen ejemplo para contrarrestar,  en la balanza de la vida, el de los malos ejemplos que nos impiden crecer como seres humanos y que nos enturbian la razón.


Estamos muy lejos de vivir en Colombia, una situación similar a la que vivió Frankl en los campos de exterminio de la Alemania Nazi, donde millones de personas perdieron la vida. Pero si podemos aprender de su ejemplo, para superar la difícil situación que estamos viviendo en la actualidad,  donde no se puede minimizar la crisis de la pandemia, a la que se le ha sumado un profundo malestar social. 



Esto implica entender que, como sociedad, necesitamos encontrar con urgencia un norte común, un propósito que le dé sentido a nuestra existencia, que nos devuelva la esperanza y nos de la energía para superar los múltiples obstáculos que vamos a seguir encontrando en el camino. Pero para lograrlo, vamos a necesitar entender que solos, cada uno por su cuenta, no lo vamos a conseguir. Y también, que no es destruyendo lo que hemos conseguido colectivamente, como vamos a tener mejor país..


Los desafíos son muy grandes, lo que implica pararnos en valores trascendentes como son: la solidaridad, la inclusión, la colaboración y el respeto a los demás. Y también, que tengamos la capacidad empática para poder tenderle la mano a otros que nos encontremos en el camino. 


Con el comentario anterior, debemos entender que las propuestas que promuevan la cultura del sálvese el quien pueda, la polarización, la descalificación del otro, la indiferencia y la desconexión con nuestro entorno que debemos de cuidar, no nos va a permitir superar la crisis actual. Tampoco podremos mejorar significativamente como sociedad. 


Y para lograr que el mensaje cale en lo más profundo del alma de nuestra sociedad, vamos a necesitar personas que se conviertan en modelos de rol positivos a todos los niveles, para que con sus acciones en beneficio de los demás, ayuden a liderar el proceso de cambio que requerimos hacer. 



Vamos a necesitar un nuevo concepto de liderazgo colectivo, sustentado por el ejemplo de muchas personas con capacidad de orientar a otros en función de un bien comun que permita construir ciudadanía que soporte el sistema democrático que hoy se encuentra atacado por varios frentes. 


Necesitamos personas que se constituyan en comunidades de liderazgo, conectadas entre sí, para lograr que el buen ejemplo le haga el contrapeso a una narrativa de desesperación y miedo que hoy nos invade. Necesitamos construir una nueva historia que nos devuelva a todos la confianza y la esperanza, de que unidos, podemos más que divididos, y que somos más los que queremos construir y no destruir. 


Para terminar, quiero invitarlos a soñar. Quiero que cierren los ojos y se dejen transportar en el tiempo hacia el futuro en una década. Están ustedes leyendo un artículo con el título: Motores de Esperanza, un movimiento social que está transformando a Colombia. En él se  recoge la experiencia de una comunidad nacional, conformada por una red con más de mil nodos en todo el país, y que cuenta con más de 100.000 personas  liderando más de 50.000 iniciativas de alto impacto en sus regiones, donde todas han aprendido de las experiencias de los demás



Es la historia de una comunidad que decidió tender puentes en sus áreas de influencia donde de han actuado y no asentar aún más la polarización.  En resumen, esta  es el cuento que nos queremos creer, y que muestra la transformación que se produce cuando cambiamos una narrativa de pesimismo como la actual, por una mucho más esperanzadora y positiva. 


Solo así es posible volver el sueño una realidad, que haga brillar  los ojos  de millones de colombianos, porque han recuperado la esperanza, el orgullo de un futuro mejor y los ha hecho creer de nuevo en su pais. Pero ojo, esta posibilidad solo reside en nuestra manos y de nadie más. 


Esta seria la nueva realidad que tenemos  que ayudar a crear, y que le da un propósito y un sentido, al proceso que ustedes han vivido en estos meses, y que hoy al cerrar el proceso de formación  para el ejercicio de liderazgo,  los estamos invitando a ser parte de esa comunidad.


Con las anteriores  palabras me dirigí al cierre de la tercera promoción de un exitoso programa piloto que se ha venido ejecutando en los últimos dos años, para potencializar el liderazgo de un grupo diverso en tres municipios del occidente de la Sabana. 


Ahora, con la Fundación Origen, la Fundacion Corona, la Fundacion Bolivar Davivienda, ProBogota y la U de la Sabana, hemos acordado  escalar esta experiencia a las 19 localidades en Bogotá, para luego ampliar la iniciativa a nivel nacional. 


Quienes estamos promoviendo esta nueva iniciativa bajo el nombre de Motores de Esperanza, le estamos apostando a la formación de comunidades de liderazgo desde lo local, conformadas por líderes políticos, sociales, empresariales y estudiantiles, para trabajar por el bien comun de su territorio.  


Los resultados del primer piloto, nos demuestran que esta puede ser una apuesta ganadora para enfrentar la crisis de liderazgo que vivimos en la actualidad. Y también, para canalizar la energía de muchos líderes que demuestren que es construyendo  y no destruyendo, como logramos un mejor país, minimizando los riesgos de otra explosión social como la que hoy estamos viendo en Colombia.


Si usted señor lector está interesado en saber más detalles sobre esta iniciativa , enviarme por favor un mensaje a mi correo fmanrique@mac.com


sábado, 22 de mayo de 2021

La voz de un joven preocupado por su país.

 



En un blog anterior sobre el diálogo, me referí al papel que están jugando los jóvenes en la situación actual del país. Están gritando para que les abran espacios los de las generaciones que los preceden, para que puedan participar y los podamos oír. No solo es necesario sino es lo qué hay que hacer para poder tender puentes que nos permita construir juntos una historia diferente para nuestro país. 


Por esta razón he invitado a Juan David Quintero, joven profesional del 27 años a compartir sus reflexiones sobre la realidad actual. Juan David Quintero, abogado, ex edil de Usaquén y líder de “Juntos”, un movimiento para fomentar nuevos liderazgos en el servicio público



Parecía que el sol calentaba a más de 100 grados mientras escuchaba los gritos y veía los rostros cubiertos por tapabocas de miles de ciudadanos marchando en la Troncal del Caribe en Santa Marta. Pensaba que sería una marcha aislada de unos cuantos, o que estaría liderada por alguna central obrera y apoyada por la Universidad del Magdalena; estaba equivocado. La Marcha que vi era de todos, pero, al mismo tiempo, de nadie. 


Sindicatos, universidades, fuerzas políticas, curiosos, todos marchando juntos pero cada quién con su dolor particular. Algunos gritaban contra la reforma tributaria, otros contra la reforma a la salud, otros acusaban a Uribe de “paraco” y a Duque de “inútil”. El único elemento común era su rabia. Su indignación y su molestia eran tan tangibles como el sol que calentaba el pavimento samario. 


Pensé que era una marcha que en sí misma era una contradicción. ¿No a la reforma tributaria, pero, unos pasos más adelante exigen Ingreso Solidario? Instantes después una pancarta me aclaró el horizonte: “Queremos vivir, no sobrevivir”. Al verla, sentí que se me iluminaba la razón: la Marcha no es contra la nada en concreto; es sobre todo lo concreto. Es un sentimiento de indignación que se reduce a que somos un país indignado que como dicen en el Caribe: ¡Botó el chupo! 




Al igual que los tiburones que empiezan a dar círculos sobre sus presas antes de atacar, empecé a ver a algunos marchantes correr de un lado para otro con sus caras y brazos tapados pasándose cosas entre ellos a sus pequeños morrales en sus espaldas. Posibles vándalos pensarán algunos, no lo sé. Solo vi una mayoría pacífica caminar al lado de policías que acompañaban la gran caminata. 


Al preguntarme nuevamente por el futuro, luego de la marcha, y pensar qué hacer para tranquilizar, no a una Marcha en Santa Marta, sino un país en Marcha, concluí cuatro ideas fundamentales:

    • Vivíamos una crisis de liderazgo.

Se nos hizo creer a los jóvenes que por ser jóvenes éramos buenos y erradamente creímos que nos las sabíamos todas. La realidad de un presidente “inexperto”, porque experto debe venir de experiencia, elegido por ser el de Uribe; de un equipo no de expertos con experiencia, sino de “amigos”, como es el caso con Daniel Palacios, el Ministro del Interior. Es él quien, se supone, debería enfrentar las crisis, como hizo Serpa con Samper, Valencia con Uribe, Cristo con Santos o Echandía con López Pumarejo. Estamos siendo gobernados por jóvenes arrogantes. Arrogancia debería ser la palabra enemiga de los jóvenes, sobre todo a los que queremos liderar. 

    • Escuchar más que argumentar. 

La gran mayoría estamos de acuerdo con la indignación y listos para apoyar una nueva agenda para Colombia, pero ¿quién la materializa? ¿El uribismo “inexperto” o el petrismo igual de inexperto y, de pronto, hasta más arrogante? Mientras los que estén en el poder no sepan qué hacer con él, los otros sabrán en silencio que la destrucción y el desastre es su combustible para hacerse con él. ¿Qué vamos a hacer los que estamos en el centro de los extremos? Claramente tenemos que dejar de pensar en ballenas y asumir posiciones, reconocer la experiencia que permita escuchar la rabia para ver más allá de ella e implementar las soluciones que pueden ser antídoto de la indignación. ¿Quién será? No podemos perder la esperanza.

    • No es el momento de los economistas o los “técnicos”; es el momento de los políticos.

No podemos seguir creyendo que esto se soluciona pensando en grados de inversión, márgenes gravables o retórica economista de escritorio. Necesitamos líderes, o aún más claro, ¡necesitamos políticos! En la dificultad es que aparecen los verdaderos líderes. Ante la inminente invasión alemana apareció Churchill. ¿Quién será el político que lidere a Colombia en esta crisis? 

    • Si los políticos no se mueven, debe ser el momento de las soluciones ciudadanas.

No podemos quedarnos cruzados de brazos mientras los políticos dejan la cobardía y se reencuentran con su espíritu. Desde la sociedad civil debemos unirnos y proponer una nueva agenda, pero nos tenemos que obligar a ver más allá de nuestras narices. Bienvenidos los empresarios preocupados por sus empleados y por su país, no solo pensativos por las pérdidas de los bloqueos. Bienvenidos jóvenes irreverentes, pero conscientes y dispuestos a entender que ni esto, ni nada, es blanco y negro. Bienvenido todo el que quiera con humildad escuchar y proponer cómo salimos de esto trabajando JUNTOS.

    •  La nueva agenda para Colombia será la justicia social. 

¿Pero qué defenderemos? Las últimas elecciones, y todas las que me han tocado en mi vida, han versado sobre la guerra. ¿Qué hacer con las FARC? ¿Qué hacer con el narcotráfico? ¿La paz de Santos? Pues, queridos lectores, la verdad revelada, el gran secreto de los rabiosos indignados que marcharon en el calor de Santa Marta es la siguiente: la agenda cambió. Las nuevas demandas serán: ¿Cómo hacemos para que Colombia sea un país más justo? ¿Cómo reduciremos la pobreza y la desigualdad? ¿Cómo empezaremos a vivir en un país maravilloso y no más simplemente sobrevivir? ¿Será posible?