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sábado, 19 de julio de 2025




 Colombia vale la pena: es tiempo de liderar para cuidarla 

Dejar de ser espectadores y asumir el compromiso que el país reclama

Colombia no necesita más discursos encendidos, ni más diagnósticos lapidarios. Lo que necesita con urgencia es algo mucho más poderoso y escaso: compromiso colectivo. Y en particular, necesita un nuevo tipo de liderazgo que ya no puede delegarse solo en la política, los partidos o el Estado. Porque el país, así como está, no se va a arreglar solo.

Y porque lo que está en juego no es únicamente el resultado de una próxima elección, sino el alma misma del contrato social que nos sostiene como nación.

Es desde esta conciencia crítica pero constructiva, que un grupo creciente de empresarios ha comenzado a abrir un espacio inédito en Colombia: un movimiento de liderazgo colectivo de largo plazo, que no pretende reemplazar a los partidos, pero sí inspirar y movilizar nuevas formas de compromiso empresarial, ciudadano, inclusivo y ético.

Hoy escribo este blog para utilizar simbólicamente este espacio, para invitar a muchos más a sumarse, y compartir algunas convicciones que, en mi experiencia, pueden marcar la diferencia entre repetir el pasado, o superar el presente  y construir un futuro.


El momento de la verdad

Estamos viviendo un momento extraordinario de la historia nacional. Pero no en el sentido que muchos creen. Lo extraordinario no es solo el gobierno de turno, ni su narrativa polarizadora, ni sus ataques a la institucionalidad, ni los vergonzosos espectáculos como el del lunes de esta semana. Lo extraordinario —y peligroso— es la crisis profunda de confianza, cohesión y sentido compartido que atraviesa a toda la sociedad.

Y lo más preocupante es que aún no hemos entendido la magnitud cultural y emocional de lo que enfrentamos.

Esto no es un problema técnico, ni siquiera ideológico. Es un problema adaptativo, como diría Ronald Heifetz profesor de Liderazgo de Harvard. Es decir, un problema que no tiene soluciones claras ni manuales de respuesta, y que requiere transformaciones profundas en nuestros modelos mentales, emociones y prácticas sociales. En otras palabras: no estamos ante un reto que se resuelve con marketing político, sino con liderazgo genuino y corresponsabilidad histórica.


Dejar de ser espectadores

Durante décadas, el empresariado colombiano ha sido señalado —a veces con razón, a veces con prejuicio— por su distancia de los asuntos públicos. “Nosotros producimos, empleamos, pagamos impuestos”, hemos dicho, como si eso bastara para cumplir nuestro rol en la sociedad. Y además, hemos adaptado históricamente la postura de pasar por debajo del radar y ser lo menos visibles posibles.

Pero ese paradigma ya no sirve y es muy equivocado. Hoy el país necesita algo más. Nos necesita presentes, visibles, valientes y comprometidos. Nos necesita no como mecenas, sino como ciudadanos activos y modelos de rol positivos. Nos necesita no para defender privilegios, sino para defender el bien común. Y eso empieza por reconocer una verdad incómoda: nos hemos quedado cortos y el momento histórico nos cogió muy mal preparados para enfrentarlo . Hacer esa declaración colectiva no es fácil pero es esencial para avanzar.


El acto de cuidar lo que nos importa

Una cultura no se cambia con leyes ni con decretos. Se transforma con conversaciones, ejemplos y compromisos visibles. Por eso, más allá de los modelos teóricos, lo que necesitamos  es volver a lo esencial y cuidar lo que nos importa: Colombia

Y eso comienza por otra declaración. Una que debe hacerse con honestidad y humildad:

“No sabemos exactamente cómo enfrentar este momento. Pero sí sabemos que no podemos seguir esperando que otros lo hagan por nosotros.”


Porque Colombia vale la pena . Y vale el  esfuerzo de cuidarla. Cuidarla con nuestras acciones, con nuestras empresas, con nuestras redes de influencia. Cuidarla desde las regiones, desde los territorios, desde cada comunidad donde operamos. Y sobre todo, cuidarla desde el ejemplo.

Colombia se cuida entre todos

Una parte esencial de este movimiento que hoy comienza es entender que nadie va a salvar a Colombia desde una torre de marfil. El cuidado requiere colaboración, escucha profunda, y la disposición a trabajar con quienes piensan distinto. Porque este país no es propiedad de nadie. Pero es responsabilidad de todos.

Por eso debemos manifestar con fuerza : Colombia se cuida entre todos.

Y esa idea no es una consigna bonita, es una estrategia de largo plazo. Queremos promover una narrativa de país que no divida ni culpabilice, sino que convoque. Una narrativa que no niegue los errores del pasado, pero que se enfoque en construir el futuro valorando los logros alcanzados porque son la base para avanzar hacia el futuro. Una narrativa que permita decir: “Podemos estar en desacuerdo en muchas cosas, pero hay una en la que sí podemos coincidir: Colombia vale la pena y  por ende el esfuerzo para cuidarla entre todos.” 

Está es la nueva narrativa que nuestro país necesita para enfrentar la nefasta historia que Petro y sus compinches, han querido imponer, con la que han venido dividiendo y polarizando a la sociedad colombiana . Lo único positivo de la  estrategia de este individuo es que nos ha hecho reaccionar

Empresas que lideran con propósito

Una empresa es mucho más que una unidad económica. Es un actor cultural y político en el sentido más noble del término: aquel que participa en la construcción de lo público. Cuando una empresa cuida a sus empleados, protege su entorno, respeta las reglas del juego, genera bienestar más allá de su balance, está haciendo política de la buena. Y cuando comparte su narrativa con sus trabajadores, sus familias, sus comunidades, está generando tejido cívico y cultural.

Ese es el tipo de liderazgo que necesitamos hoy: Un liderazgo que no cabe en las urnas, porque no depende del poder, sino del ejemplo. Un liderazgo que inspira desde el hacer.


¿Qué podemos hacer?

Hay muchas formas de cuidar a Colombia desde la empresa:

  • Apoyar decididamente las campañas que promuevan el orgullo nacional y la auto imagen de nosotros mismos, y que fortalezcan el sentido de pertenencia e identidad.
  • Usar los canales internos de comunicación para hablar con los trabajadores y sus familias e invitarlos a subirse a la nueva narrativa .
  • Apoyar procesos de formación ciudadana y liderazgo en las regiones, cuidando especialmente que se haga en las escuelas, los colegios, las universidades y otros centros de formación .
  • Visibilizar, conectar , apoyar y darle voz  las historias de superación y transformación que existen en nuestros equipos y en el país. Pero también, a las voces de millones de colombianos que han sufrido las desastrosas consecuencias de las pésimas decisiones de Petro
  • Establecer compromisos éticos y económicos de largo plazo con el país y con las comunidades. La consigna debe ser : Resistir y persistir y nunca desistir. . 
  • Y usar los canales que tenemos masivos para divulgar el mensaje. Con ellos podemos llegar muy rápido a millones de colombianos que también quieren cuidar a su país porque Colombia vale la pena  

Y quizás lo más importante: sumarse a una red que ya está en marcha, en la que empresarios, universidades, cajas de compensación, líderes sociales y ciudadanos están comenzando a articular un esfuerzo colectivo de cambio cultural, político y emocional, en una apuesta que trasciende las elecciones porque se debe sostener en el largo plazo


Muchos los llamados…

Esta no es una cruzada de élites ni de tecnócratas. Es una invitación abierta, pero exigente.  Una invitación que implica preguntarse:  ¿Estoy dispuesto a dejar de ser espectador? ¿Estoy dispuesto a darle volumen a mi voz para hacerla sentir, mi ejemplo, mi empresa al servicio de algo más grande? ¿Estoy dispuesto a actuar , no desde el miedo sino desde la esperanza ? Porque, como dice el viejo refrán: muchos los llamados, pero pocos los comprometidos. Y los comprometidos serán quienes hagan la diferencia, son los verdaderos  Motores de Esperanza que nuestro país necesita, porque Colombia es buena. Y necesita que todos la cuidemos

A veces nos preguntamos cómo fue que llegamos hasta aquí y nos invade la desesperanza. Pero la pregunta más importante no es esa. La verdadera pregunta es: ¿qué estamos dispuestos a hacer para que Colombia no siga perdiéndose? Yo creo que hay una respuesta clara:

Volver a liderar. Volver a creer. Volver a cuidar para prender y sostener la mecha de la esperanza . Porque Colombia es buena, es y seguirá siendo el hogar de millosnes de colombianos orgullosos de serlo


PD: Cuidar a Colombia comienza por celebrar los días paritarios con el de hoy 20 de julio.

sábado, 13 de abril de 2024

Fortalecer el sistema inmunológico de nuestra democracia

 


En los momentos actuales que vive la sociedad colombiana, me parece que es urgente utilizar   una metáfora para reflexionar ,  motivada  por  el proceso de destrucción  institucional que estamos viviendo.  Petro , como presidente , lo está promoviendo de manera cada vez más agresiva y deliberada. Esta tratando de demoler lo bueno que hemos venido construyendo por muchos años en el país, so pretexto de que hay cosas que evidentemente hay que cambiar o mejorar.


El cuerpo humano tiene algo maravilloso . Su sistema inmune es una compleja red de células, tejidos y órganos. Juntos ayudan al cuerpo a combatir infecciones y otras enfermedades. Cuando los gérmenes como las bacterias o los virus invaden el cuerpo, el sistema reacciona atacando a los invasores y los destruye. Es un sistema que está en constante evolución ante los cambios del entorno.


Sin embargo, cuando hay un  trastorno autoinmune, el sistema no diferencia entre un tejido sano y los antígenos potencialmente nocivos. Como resultado, el cuerpo provoca una reacción que destruye los tejidos normales . Si no se controla a tiempo, puede ocasionar la muerte. 



La democracia, como el cuerpo humano, también es un sistema complejo  de pesos y contrapesos  que se han venido utilizando para enfrentar los retos de desarrollo de una sociedad. Ha sido diseñado para evitar los desmanes  de los elementos de poder que lo constituyen y de controlar los abusos de otros actores que participan en ella. 


Pero además, en un sistema democrático exitoso, se  promueve la participación activa y constructiva de otros actores, que en medio de su diversidad, son vitales para el funcionamiento de la democracia. Y como todo sistema humano, siempre estará en un proceso continuo de ajustes para enfrentar los retos que generan los cambios tanto internos como externos, a los que está sometido .



Al igual que el cuerpo que hay que cuidar para que su sistema inmune funcione correctamente, a la democracia también tenemos que cuidarle su sistema inmune, especialmente en esta época de ataques al sistema y de tanta complejidad y cambios , que producen tanta desorientación y peligro y cuando  el autoritarismo está creciendo.  


El sistema inmune de la democracia, que es esencial para su funcionamiento , depende de que hay respeto y equilibrio de poderes entre la rama ejecutiva, legislativa y judicial. Pero también,  de la participación de otros actores fundamentales que contribuyan positivamente a su funcionamiento, como son los empresarios y las universidades.



Pues bien, la metáfora es pertinente en el momento actual para la democracia colombiana, que hoy  está en cuidados intensivos. Es evidente que  presenta síntomas avanzados de una enfermedad autoinmune propiciada deliberadamente  por uno de sus tres órganos vitales: el poder ejecutivo con Petro a la cabeza. So pretexto de cambiar unas células malas, ha resuelto atacar todo el cuerpo, que a pesar de sus falencias, funciona. Lo hace sin medir las consecuencias, como ya está pasando con el sistema de salud, los subsidios a la vivienda, etc.


El proceso que está en marcha  no había sucedido nunca en nuestra historia. Un presidente que usa el sistema democrático para llegar al poder bajo el lema del “cambio” , pero que lo quiere destruir, siguiendo los mismos pasos de otros autócratas latinoamericanos como Chávez, Maduro y Ortega de ideología extrema izquierdista. 


Hoy, no hay duda de que  nuestra democracia está en cuidados intensivos con un trastorno autoinmune en marcha.  Petro , que debería estar construyendo sobre los avances y uniendo a la sociedad para hacer los cambios que se necesitan para seguir avanzando,  está atacando desde adentro del poder ejecutivo y de manera  deliberada,  todos los demás  órganos que sustentan el cuerpo de la democracia : el poder legislativo y el poder judicial.   


Pero no contento con demoler los pilares de nuestro sistema actual,  está atacando a otros actores fundamentales que sustentan también  el buen funcionamiento del sistema, como son los empresarios, las universidades privadas  y cualquier otro actor que no comulgue con su visión distorsionada y estatista de la sociedad. 


¿Qué hacer ante esta enfermedad auto infligida y cómo está el sistema inmunológico de nuestra Democracia para enfrentarla ?.



Con motivo de la reforma a la salud, hemos visto que el Poder Legislativo en el Senado , se amarró los pantalones y le negó en la Comisión Séptima la reforma de Petro. Pero no se puede cantar victoria porque esta semana que viene, Petro y su grupo van a tratar de comprar conciencias para reversar la decisión. Detrás vienen las reformas de las pensiones y la laboral , que serán otras pruebas de fuego para ver si el sistema inmunológico legislativo, puede enfrentar los ataques de “mermelada” del régimen que ya se desenmascaró y está desesperado . 
Algo que es fundamental hacer es acompañar a los senadores, que de manera valiente, se están enfrentando  al Ejecutivo y sus arbitrarias propuestas. Cómo me lo pedían una senadora y una representante hace unas semanas: “ no nos dejen solas”. Una de ellas me mencionaba que el año pasado había sido el peor año de su vida, al haber estado expuesta a todo tipo de presiones para cambiar su postura en el tema de la salud. Esta semana hay que hacer presencia en el Congreso para apoyar a quienes están defendiendo nuestra democracia con su voto, porque el sistema inmunológico legislativo es muy vulnerable y frágil.


El Poder Judicial, es esencial. Ya  ha parado varias de las vagabundearías que Petro ha querido hacer. Pero al igual que en el Congreso, los jueces son muy vulnerables y han habido caso de corrupción muy graves y por ende el sistema inmunológico judicial también lo es. 


La atención nacional va estar centrada en la Corte Constitucional , la Corte de Justicia y el Concejo de Estado,  como últimas instancias de este sistema donde se van a examinar la legalidad de las reformas que comprometan el futuro de nuestra democracia. Por esta razón, también debemos de  acompañar a los jueces que van a tener en sus manos  evitar las arbitrariedades y abusos de poder que se quieran cometer por parte de las otras dos ramas.


El desempeño de los nuevos mandatarios locales de las principales ciudades, son fundamentales y parte clave del sistema inmunológico de nuestra democracia en esta coyuntura tan grave en la que nos encontramos. Los votos que los eligieron en octubre del año pasado fueron un mensaje muy claro y esta parte del sistema inmunológico salió fortalecido.  


Sin embargo, como sucede con otros actores de la sociedad, también están bajo ataque y vulnerables al chantaje por parte del Gobierno Nacional. Por esta razón, su comportamiento individual y colectivo , es esencial para llenar un inmenso vacío de liderazgo político , y demostrar con una gestión impecable, incluyente y participativa, que recupere la confianza en el Estado a nivel local. 



Los gobiernos locales como parte muy importante del sistema inmunológico de nuestra democracia, hay que apoyarlos y fortalecerlos. Por esta razón, es fundamental que los empresarios y las universidades privadas se movilicen para acompañar a estos mandatarios en el éxito de su gestión Y colaborar en  la construcción de una narrativa distinta que despierte la esperanza y la corresponsabilidad colectiva por lo que suceda en sus regiones. 


Ahora analicemos el papel del sector privado. En mi concepto, hasta ahora ha sido de un muy bajo perfil, muy pasivo, desorganizado y desorientado. Hay muchos empresarios de todos los tamaños,  muy preocupados pero están  esperando que alguien haga algo y les muestre el camino. El sector productivo  es un eslabón del sistema inmunológico muy débil en la actualidad que hay que despertar ya antes de que nos quedemos sin país. 


Lo dicho para el sector empresarial, también se aplica para el sector de universidades privadas, que tienen en sus manos un potencial inmenso de movilización social que hoy también está dormido.


A pesar de la urgencia, hay reacciones sorprendentes. Cuando aparece una propuesta para conseguir el apoyo voluntario a una iniciativa de alto impacto para Bogotá , como me sucedió en estos días en uno de los grupos de WhatsApp en que participan de más de 200 personas, muchos de ellos empresarios, solo dos personas me manifestaron su interés por entender de qué se trataba la propuesta que había sido vista como estratégica  por el Alcalde Galan,  y analizar cómo podían contribuir . Es un síntoma muy preocupante, que sin embargo espero superar,  porque vamos a necesitar mucha ayuda.



Y aquí terminó con una reflexión de fondo. Hemos desarrollado una cultura muy individualista, egoísta, muy poco empática y de gran desconfianza hacia el otro.  En este momento, cuando se requiere una cultura colaborativa, de corresponsabilidad, solidaridad, y que promueva la confianza , nos damos cuenta que no la tenemos y son el talón de Aquiles de nuestro sistema inmunológico social, para poder enfrentar a Petro en la coyuntura actual. El liderazgo del sector privado ha brillado por su ausencia salvo muy contadas excepciones.


En el siguiente blog me voy a referir a las condiciones culturales que debemos comenzar a visibilizar y trabajar, para que podamos tener una respuesta colectiva mucho más sólida y efectiva  para enfrentar a tipos como Petro . Una cultura que sirva para fortalecer el sistema inmunológico de nuestra democracia si queremos evitar el desastroso camino de Venezuela que cada día lo veo más encima de nuestra realidad nacional.

viernes, 4 de junio de 2021

Los empresarios en la crisis


 Hoy vivimos un entorno sometido a muchas distorsiones, estigmatizaciones y juicios de valor. La mayoría de ellos no están bien fundamentados y han sido influenciados, de manera perniciosa, por las redes sociales, donde las etiquetas asignadas marcan la identidad de una persona. Estamos en un mundo, donde las percepciones, definen la identidad de los grupos sociales y se aceptan sin cuestionar. Esta realidad afecta muy negativamente el rol del empresario en nuestro país.

El reto que tenemos los empresarios hacia adelante es muy complejo. Estamos viviendo en un entorno caracterizado por una creciente polarización de la sociedad, donde nuestro rol nos etiqueta y nos estigmatiza. Generamos desconfianza en mucha gente que hoy rechaza el sistema y a quienes somos parte de el. 



Si reconocemos esta situación, hoy más que nunca se necesita que los jóvenes, protagonistas del tsunami social que impacta a Colombia, presten sus anteojos a los empresarios. Solo así  será posible observar de manera empática, la realidad que los afecta, y que tienen a miles de ellos, mirando el futuro con profunda desesperanza y escepticismo. 


Pero también, ha llegado el momento de ofrecerles nuestros anteojos a estos jóvenes, y a otros actores de la realidad nacional, para que puedan apreciar el esfuerzo y los grandes riesgos, que acompañan la gestión empresarial. Es necesario que se reconozca el enorme valor que aporta esta actividad independientemente de su tamaño. No solo genera oportunidades de trabajo para millones de personas, también contribuye con el pago impuestos, al sostenimiento del Estado y al sistema democrático que hoy tenemos. 


Y a pesar de sus evidentes imperfecciones y necesidades de mejora en muchos frentes, y de revisar el rol de los empresarios dentro del mismo que debe ir más allá de ser los motores importantes que mueven la economía, lo que tenemos hoy en Colombia es claramente una opción mucho mejor, que la de los ejemplos totalitarios que han destruido tanta riqueza en varios países, como es el caso de Venezuela. 


Gracias a más de un año de pandemia, se ha acelerado un nuevo paradigma para la participación de los empresarios en la sociedad: “el capitalismo Consciente” , que nos invita a buscar un mayor equilibrio entre nuestra obligación de cuidar los resultados económicos de las empresas, y el desarrollo social de su entorno. Como decía un dirigente gremial hace muchos años: “no es posible tener empresas sanas en un entorno enfermo”. Es una frase que adquiere enorme importancia en  la actualidad.



El asumir un compromiso más sólido con el bienestar de la sociedad, es la tendencia  hacia el cual se mueve rápidamente el mundo empresarial en muchos países, porque la pandemia ha desnudado la cruda realidad de unas brechas enormes en ella, que no hacen sostenible la actividad económica. Y en especial, los estallidos sociales en Chile, Colombia, Ecuador, etc. en AL, demuestran que es una realidad que no es posible seguir ignorando indefinidamente. 


Por lo anterior, se vuelve un imperativo que los empresarios de nuestro país, le pidan prestados los anteojos a los jóvenes y a otros actores sociales, para entender mejor la gravedad e insostenibilidad de la situación actual de millones de colombianos que hoy están en condiciones muy precarias. Es urgente que, quienes tenemos la responsabilidad de sostener la economía del país, ampliemos nuestras obligaciones con la sociedad donde operamos.. Esta tendencia, que se ha acelerado a nivel global, es el resultado positivo, pero a la vez doloroso, que nos deja la pandemia y el tsunami social actual. 


Este ejercicio de intercambiar las gafas con otros actores en un contexto de empatía, es aún más urgente para poder orientar el movimiento creciente de emprendimiento que se ha desarrollado en Colombia en la última década.  Este camino es el que le está abriendo la puerta a un futuro mejor para muchos jóvenes, que pertenecen a la misma generación de quienes hoy protestan, pero que quieren ayudar a construir y no a destruir nuestro país. 



Estos miles de emprendedores jóvenes son una señal muy positiva de una actitud orientada a generar riqueza y progreso, para que podamos avanzar. Son la base de una nueva generación de empresarios, que se están arriesgando a formar empresas innovadoras en el pais. 


Para quienes ya hemos hecho la tarea de crear empresas en el pasado, nos corresponde la obligación de apoyarlos  y visibilizarlos. Deben servir de modelos de rol para miles de jóvenes que hoy no ven con esperanza su futuro, porque vivimos en una sociedad huérfana de referentes positivos, por estar solo  enfocada en lo negativo, qué claro hay que mejorar.


Como son la base de una nueva generación de empresarios, tienen la obligación de no repetir los mismos errores que cometimos quienes los antecedimos. Deben de aprovechar las lecciones de la coyuntura actual, para montarse de una vez en el nuevo paradigma de un capitalismo mucho más consiente, y el nuevo papel que les demanda hoy la sociedad. 


Es cada día más evidente que hay una estrategia para arrodillar a la sociedad colombiana, y nada mejor para lograrlo, que reforzar una narrativa que desacredite cada vez más a todos los actores que se consideran representativos de las élites de poder  “del aparato corrupto que hoy tenemos” según lo decía un joven entrevistado en la radio. 



Como lo demuestran varias encuestas, los empresarios hemos sido colocado en el mismo saco de la desconfianza, con otros actores del sistema: los políticos, los jueces, los policías, los congresistas, entre otros. Es una señal muy grave que muestra la urgencia de actuar ya, para poder aportar a superar la crisis que vivimos. No va a ser fácil la tarea, porque no contamos con el suficiente capital de confianza que se necesita, para vencer el escepticismo y desesperanza, que como una nube negra, envuelve hoy el estado emocional del país.


Esta afirmación podría ser discutible por algunos, argumentando los resultados de varias encuestas recientes, que muestran una mejora de la credibilidad en los empresarios cercana al 50%. Número que, si se compara con los niveles de desconfianza superiores al 90% del Presidente y el Congreso, aparentemente los empresarios no estaríamos tan mal. 


Sin embargo, hay que enfrentar la cruda realidad: hay otro 50% de personas que desconfían de los empresarios, lo cual demuestra qué hay una percepción negativa muy preocupante. Estos resultados limitan muchísimo el poder construir puentes y abrir espacios constructivos de diálogo, para contribuir desde nuestro rol, a reconstruir la confianza en la sociedad. 


Dicho lo anterior, también es imperativo reconocer una dolorosa y cruda realidad. En el seno de estos actores sociales, incluyendo empresarios, se han presentado situaciones totalmente inadmisibles de corrupción, que han minado la credibilidad del sistema en general.


Hay que aceptar que ha habido laxitud e indiferencia, y ausencia de una fuerte sanción social en estos casos tan reprochables. También, es importante reconocer, qué hay una mayoría de empresarios que han estados desconectados por mucho tiempo de la cruda realidad. Y ahora, forzados por la pandemia y el paro,  están comenzando a entender que su rol en la sociedad les exige asumir una responsabilidades adicionales con su entorno.


Colectivamente los empresarios debemos  aceptar el mea culpa y la responsabilidad por no haber querido ver a tiempo las señales de peligro que eran muy visibles. Las fumarolas del volcán mostraban que por debajo había mucha actividad y energía represada. Pero era más cómodo ignorar estas señales y mirar para otro lado.


Hay que entender que en nuestra sociedad, no se han generado las capacidades ni los liderazgos, para acordar un propósito común que facilitara dirimir las diferencias, canalizar oportunamente las insatisfacciones y las crecientes tensiones.


El tema no es menor, cuando los partidos tradicionales dejaron de operar en su labor de correas transmisoras entre la comunidad y el Estado. Desde hace años, se convirtieron en dispensados de favores y ordeñadores de las finanzas públicas con la complicidad de algunos empresarios y la apatía del resto de la sociedad. Esta actitud los tiene hoy en sótano de la confianza pública y  con un desprestigio que los vuelve casi irrelevantes para ser parte de la solución a la situación actual 



Por lo anterior, no es sorprendente que se escucha el clamor de la voz enardecida de una sociedad indignada, que se siente marginada, y que grita en la calle para ser escuchada,  donde  están pasando la factura en términos de desconfianza en las instituciones y las figuras de poder. Se está pagando un costo inmenso en términos de pérdida de vidas humanas, un retroceso en la urgente necesidad de la  reactivación de la economía y un aumento dramático de la polarización social. Todo lo cual representa un gravísimo riesgo para la sostenibilidad de la democracia colombiana. 


Yo personalmente no comparto el uso de la violencia ni la descalificación institucional. Si creo como ya lo mencioné,  que no supimos leer a tiempo lo que estaba en marcha y nos estalló en la cara. Pero soy optimista del papel que los empresarios pueden jugar, cuando adoptan una postura decidida alrededor del nuevo paradigma del “capitalismo consciente”. 


Este concepto promueve la necesidad de crear espacios de confianza, donde la comunidad y la empresa, trabajan juntos por un bienestar común. Propone balancear este bienestar de las comunidades donde están localizadas, con el crecimiento económico rentable y sostenible.   De esta manera se fomentan polos de desarrollo en los territorios, donde la actividad empresarial, de la mano de líderes sociales y políticos, crean unas bases comunes para progresar. 


Este sería un gran cambio de paradigma para que el empresario colombiano , como ciudadano que también lo es, pueda ejercer la política en el mejor sentido de la palabra, sin ser un político de profesión. Espero que estas reflexiones  sirvan para  aportar a la luz al final del túnel en la que se encuentra Colombia


Hoy la luz está puesta sobre el vaso medio vacío, y no ilumina a los miles de ejemplos que muestran una realidad mucho más positiva de nuestra nación, tanto en el campo público como el privado. Reconocerla es un prerequisito para recuperar la confianza de que tenemos muchos recursos para superar la situación actual, entre ellos los empresarios, y así recuperar la esperanza de un futuro mejor y más incluyente para todos.