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sábado, 16 de mayo de 2026

El suicidio estratégico de las democracias: lecciones de Estados Unidos para Colombia

  

Instituciones, libertad, poder y la urgente necesidad de reconstruir la república desde dentro

En una reciente conversación en el Council on Foreign Relations de Nueva York, el historiador Timothy Snyder lanzó una advertencia que debería resonar mucho más allá de los Estados Unidos: las grandes potencias no siempre son derrotadas por enemigos externos; a veces comienzan a destruirse a sí mismas desde adentro. En esto coincide con el planteamiento que hizo el catedrático e investigador Mauricio Gaona en una entrevista hecha en Medellín esta semana y que debe ser escuchada por mucha gente.

Snyder describió el momento actual de Estados Unidos como un posible “suicidio de superpotencia”: un proceso voluntario mediante el cual una nación debilita deliberadamente sus instituciones, fractura sus alianzas, erosiona su cultura democrática y vacía de contenido práctico valores fundamentales como la libertad, el estado de derecho y la ciudadanía.

Aunque su análisis se centra en Estados Unidos, sus lecciones son profundamente relevantes para países como Colombia, donde la polarización, la fragilidad institucional, la desigualdad, la manipulación emocional y el deterioro del debate público plantean interrogantes inquietantes sobre la salud futura de la democracia, como también lo advierte Gaona en su entrevista..

La pregunta no es si Colombia es Estados Unidos. La pregunta es si también estamos en el proceso avanzado de debilitarnos estratégicamente desde adentro.

La fortaleza de una nación comienza por la fortaleza de su Estado

Snyder insiste en una verdad fundamental: para ser una potencia, primero hay que ser un Estado. No basta con tener recursos, población o ubicación estratégica. Una nación solo puede sostenerse si sus instituciones son legítimas, funcionales y reconocidas como patrimonio común.

El verdadero peligro surge cuando el Estado deja de concebirse como una estructura al servicio del conjunto de la ciudadanía y comienza a utilizarse como instrumento de facciones ideológicas, intereses personales o proyectos de poder excluyentes. Esta reflexión tiene una resonancia directa para Colombia.

Durante años hemos visto cómo múltiples gobiernos, desde distintos espectros, han contribuido al debilitamiento progresivo de la confianza institucional. Sin embargo, cuando desde el poder se desacreditan sistemáticamente órganos de control, se tensionan las relaciones con sectores estratégicos como las Fuerzas Armadas, se polariza deliberadamente a la ciudadanía o se privilegia la confrontación emocional sobre la gobernanza técnica, el riesgo se profundiza.

La erosión republicana rara vez comienza con una ruptura espectacular. Más frecuentemente comienza cuando el Estado deja de ser percibido como “de todos”. Gaona en su reciente libro “ La Constitución soy yo” , hace un recorrido histórico a nivel mundial, para mostrar las consecuencias y advierte que, en estas elecciones, Colombia se juega su futuro como democracia. Y a solo dos semanas de la primera vuelta, nuestro país muestra todas las señales de que vamos por ese camino si llega Cepeda al poder.

Gaona es claro, hace hace una advertencia sobre cómo las democracias modernas pueden deteriorarse, no mediante golpes militares, sino usando las propias leyes y la Constitución, para concentrar poder y debilitar las instituciones. Su tesis central es que existe un alto riesgo y una dictadura constitucional que utilizan la democracia para transformar las reglas del sistema desde adentro, hasta que la Constitución deja de limitar el poder y termina justificándolo.

La democracia no es solo votar: es aceptar límites

Uno de los aportes más poderosos de Snyder es recordar que la democracia no consiste simplemente en elecciones periódicas, la Democracia implica aceptar reglas, respetar contrapesos, proteger minorías y garantizar la sucesión pacífica del poder.

Cuando actores políticos convierten cada elección en una batalla existencial, cuando perder se vuelve intolerable y cuando las instituciones son tratadas como obstáculos en lugar de garantías, el sistema comienza a fracturarse. 

En Colombia, donde la política ha operado históricamente bajo altos niveles de desconfianza, esta advertencia es crucial. La democracia no sobrevive solo por procedimientos. Sobrevive porque existe una cultura política que acepta límites éticos. Sin esa cultura, el voto puede convertirse en una herramienta de destrucción institucional.

La libertad vacía: el peligro de reducirla a ideología

Snyder distingue entre dos tipos de libertad:

  • Libertad negativa: libertad “de” restricciones.
  • Libertad positiva: libertad “para” desarrollar una vida digna.


Según el Dr Gaona, quien es colombiano pero que vive hace muchos años fuera de su país, el sustento de la Democracia es la libertad, que al final del juego, es lo que hoy está en el mayor peligro desde que Colombia se declaró una república, según este brillante analista y experto internacional. 


Pero la diferencia que propone Snyder, resulta esencial. Prometer libertad mientras millones carecen de acceso real a educación, salud, movilidad social o seguridad, no fortalece la democracia; la debilita. La libertad puramente retórica se convierte en frustración.

En Colombia, donde amplios sectores enfrentan barreras estructurales profundas, esta tensión es evidente. La ausencia de oportunidades sostenibles genera terreno fértil para narrativas populistas que explotan el resentimiento y ofrecen soluciones emocionales simplistas como lo ha hecho Petro durante su mandato que quiere prolongar con Cepeda en el poder..

El mensaje es claro; la verdadera libertad requiere condiciones prácticas. Sin ellas, el ciudadano no experimenta ciudadanía, sino precariedad.

Desigualdad, oligarquía y populismo

Snyder subraya que cuando la riqueza y el poder se concentran excesivamente, la democracia se erosiona porque la movilidad social se desploma. Cuando las personas dejan de creer que pueden progresar dentro del sistema, comienzan a buscar atajos. Ese vacío puede ser ocupado por figuras mesiánicas, proyectos autoritarios o movimientos basados más en resentimiento que en institucionalidad.

Colombia conoce bien este riesgo. Nuestra desigualdad histórica no solo ha sido económica; también ha sido institucional, educativa y cultural. En estos contextos, el populismo encuentra una oportunidad poderosa: canalizar frustraciones reales hacia proyectos políticos que prometen redención, soluciones simplistas, pero que profundizan la fragilidad del sistema.

La crisis de información y la manipulación emocional

Snyder también ofrece una crítica contundente al ecosistema informativo contemporáneo. Las redes sociales, lejos de fortalecer necesariamente la democracia, la está  debilitando al:

  • reducir capacidad de atención,
  • amplificar emociones,
  • simplificar complejidades,
  • erosionar la deliberación racional.


Colombia vive hoy esta realidad intensamente. La conversación pública está cada vez más dominada por indignación, viralidad y confrontación. La democracia requiere ciudadanos. No solo audiencias emocionales. Cuando el espacio público se degrada en espectáculo, como hoy lo hace De la Espriella, la verdad pierde poder.

La ética como infraestructura invisible

Quizás la lección más profunda de Snyder es que el poder sostenible depende de una infraestructura moral. Sin valores compartidos como:

  • honestidad,
  • dignidad,
  • respeto institucional,
  • solidaridad,
  • responsabilidad,


la democracia pierde su lenguaje de autodefensa. La corrupción se normaliza. El abuso se trivializa. La mentira se vuelve estrategia. Y el deterioro se acelera. Esto conecta profundamente con una de las grandes preocupaciones que Colombia enfrenta hoy: la privatización de la moralidad y la pérdida de un orden ético compartido. Y como nos advierte Mauricio Gaona, el marcos ético de quien aspire a llegar al poder en Colombia, hoy cuenta más que nunca.

Cuando una sociedad deja de distinguir con claridad entre lo correcto y lo incorrecto, se vuelve mucho más vulnerable al deterioro democrático y pierde la libertad y su norte.

La gran lección para Colombia: antes que partidos, ciudadanía organizada

Snyder recuerda que las transiciones exitosas hacia democracias sanas no surgen únicamente de elecciones. Surgen de movimientos cívicos robustos, organización social, liderazgo ciudadano y reconstrucción cultural. Esta es quizás la enseñanza más práctica para Colombia de cara a 2026 y hacia adelante .

No bastará con derrotar electoralmente proyectos dañinos si no se fortalece simultáneamente:

  • la cultura democrática,
  • el liderazgo colectivo,
  • la ética pública,
  • la confianza social.


Las elecciones importan. Pero la reconstrucción republicana depende de algo mucho más profundo. Depende de construir un ciudadanía corresponsable y conciente de su papel para defender su libertad como la base de una verdadera democracia.

Conclusión: Colombia ante su propia prueba republicana

Timothy Snyder plantea que incluso las democracias más poderosas pueden comenzar a destruirse cuando abandonan las bases éticas, institucionales y culturales que sostienen su libertad.

Colombia, aunque en circunstancias distintas, enfrenta una prueba comparable.  No estamos simplemente ante un debate ideológico. Estamos ante una pregunta más profunda: ¿Seremos capaces de reconstruir un proyecto compartido de nación antes de seguir debilitándonos desde adentro?

Las democracias rara vez colapsan de manera súbita. Con mayor frecuencia, se deterioran lentamente cuando ciudadanos, líderes e instituciones dejan de defender activamente aquello que las sostiene. Por eso, el verdadero desafío colombiano no es únicamente político. Es cultural. Es moral. Es adaptativo. Porque más allá de gobiernos, partidos o elecciones, el futuro dependerá de si somos capaces de recordar una verdad esencial:

Colombia solo podrá cuidarse si sus ciudadanos deciden cuidar nuevamente su democracia.


domingo, 17 de noviembre de 2024

Las elecciones un espejo de la sociedad


 Hoy, la debacle del partido demócrata y una nueva y grave equivocación de las encuestas, se reflejan en una triste y muy preocupante realidad. El país, otrora referente de una democracia vibrante , ha dejado de ser un ejemplo a seguir. De hecho, son cada vez más los analistas y pensadores políticos, que mencionan que, el ocaso de los Estados Unidos, ya está en marcha y las señales alarmantes están cada vez más visibles. 


Durante el siglo XX y en el inicio de este siglo, este país   a pesar de sus falencias , fue el mejor ejemplo por el funcionamiento de su democracia.  En la actualidad, a  pesar de tener una economía pujante e innovadora, las fallas protuberantes de  su sistema político, hicieron que dejara  de ser ese referente , Hoy  este es un ejemplo de disfuncionalifad que les impide  generar consensos en relación a temas tan críticos como el cambio climático y al  manejo de la emigración, para mencionar sólo dos.



Pero la elección de Trump,  también representa la decadencia de  este gran país y de su democracia. 80 millones de votantes llevaron al poder a  un convicto confeso, que tumbó al Fisco de su país, que promovió la toma del Congreso por la fuerza hace cuatro años negándose a reconocer la victoria de Biden. 


Pero además , Trump llega al poder, a pesar de de ser un pésimo ejemplo por sus muy peligrosas  falencias personales :  ser un mentiroso compulsivo y sin escrúpulos, misógino, xenófobo y narcisista, entre otras características de su personalidad repulsiva. Es un pésimo ejemplo y una bofetada que eroda a la democracia americana   aún más. Además, es una amenaza muy seria para la estabilidad mundial por el peso específico que tienen los Estados Unidos . 


Durante los próximos cuatro años, vamos a presenciar un proceso de destrucción de los fundamentos que sustentaron la prosperidad global de los últimos 80 años, liderados por los americanos, como la NATO y la arquitectura de cooperación internacional, entre otros temas. Pero lo más importante, la democracia como vehículo de prosperidad colectiva basada en unos valores que creían inamovibles siguiendo el ejemplo exitoso de los Estados Unidos. 


Este  panorama internacional se ve agravado aún más,  con la invasión de Rusia a Ucrania,  contando  el apoyo tácito de China, Iran y Corea del Norte.  Israel abre varios frentes de conflicto en el Mediano Oriente. La Unión Europea carecen de líderes y de unas economías potentes, capaces de hacer el contrapeso a estas dinámicas destructivas que socavan el orden establecido desde finales de la II Guerra Mundial. Mientras los autócratas ganan cada día más poder, las democracias se sienten cada vez más débiles para enfrentarlos.



La llegada de nuevo al poder de Trump, y el panorama internacional que se puede agravar aún más , amerita muchas preguntas y reflexiones profundas. Veamos primero algunas de las principales preguntas:


  • ¿Porqué están llegando al poder en las democracias, personas sin las  capacidades y/o trayectorias reconocidas, para asumir cargos de alta responsabilidad y complejidad?¿Se puede hacer algo para  que esto no suceda?


  • ¿Qué problemas muestra unos procesos de selección, que al final deja como finalistas a un Petro o un Hernández en Colombia, a un desconocido como Milei en Argentina, o a unos octogenarios como Trump o Biden en los Estados Unidos?


  • ¿Qué justificación o explicación pueden tener los millones de votantes que llevan al poder a dirigentes políticos cuya personalidad y comportamientos son unos pésimos ejemplos para la sociedad? 


  •  ¿ Será que los elegidos son un espejo de la sociedad que los elige?


  • ¿Porqué los defectos de personalidad y de carácter, que tienen tan gran impacto en las malas decisiones que afectan a millones de personas, ya no son un filtro para dar el voto y exigir que lleguen al poder personas que orienten con su buen ejemplo a la sociedad?


  • ¿Dónde están esas personas capaces y que podrían ser unos verdaderos modelos de rol positivos, que inspiren a otros a dar lo mejor de sí? 


  • ¿Porqué no participan en la política y le dejan el campo a mediocres sin escrúpulos ? ¿Qué se necesita para que lo hagan?


Finalmente unas reflexiones. El pasado jueves en la celebración de los 15 años de la Fundación Origen Red de Liderazgo, se presentó el resultado de un estudio y encuesta sobre la percepción del liderazgo en Colombia. Sobre este estudio haré un blog especial. Pero para efecto de este blog , quiero mencionar lo siguiente.


Las encuestas hechas a más de 1.600 personas en todo el país, hubo un común denominador’ el desprestigio del liderazgo político .. Solo el 6% de las historias recolectadas tocaban el tema político y la mayoría en tono muy negativo. 


“Esto sugiere que la ciudadanía asocia el liderazgo político con percepciones negativas, afectando la legitimidad y la confianza en este ámbito. . Esta situación se asocia con la muy baja confianza de que en haya en la actualidad un líder político a la altura de los retos que enfrenta el país. Los sentimientos asociados con este tipo de liderazgo también son de frustración, lo que demuestra el malestar de la población.”


Pero si hay tanta desconfianza y frustración con los dirigentes políticos, es todavía más preocupante que se siga votando por personas incompetentes, deshonestas e incapaces de inspirar con su ejemplo a los demás. Parece que, en cuanto más graves sean sus falencias , más posibilidades tienen de conseguir el voto que los lleva al poder. 


Definitivamente la incoherencia y la pérdida de un norte ético , que se manifiesta hoy en el voto, reflejan  una sociedad muy desorientada y un profundo vacío de liderazgo. Estas  son la marcas de una época muy triste y peligrosa, cuando colectivamente enfrentamos retos cada vez más complejos y una mayor volatilidad e incertidumbre.. 


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sábado, 22 de junio de 2024

Una enfermedad autoinmune afecta a Colombia

 


En el blog anterior, planteé la necesidad de defender nuestra institucionalidad. Me llamó la atención, que a diferencia de blogs anteriores no tuvo tanta acogida a pesar de tocar un tema vital para nuestra democracia. En este blog quisiera insistir en el tema para hacer algunas reflexiones adicionales, del porque no la estamos defendiendo, y que podríamos hacer al respecto.



Hoy, la institucionalidad colombiana, es como un enfermo que está siendo atacado desde varios frentes externos e internos. Pero lo más grave, es que sufre de una enfermedad autoinmune donde  el ataque interno está sucediendo desde el mismo corazón de una de las tres instituciones más importantes para nuestra democracia : la Presidencia de la República, lo cual es un hito sin antecedentes en la historia de Colombia. 


Veamos algunas de las reflexiones que creo pueden aportar 


1. Es fundamental recoger las experiencias exitosas de nuestra historia pasada, para mejorar el desarrollo de la institucionalidad, porque sus lecciones nos deben servir como unas bases firmes, donde nos podemos parar, e iluminar el camino hacia adelante . Y las cosas negativas de la historia, también son aprendizajes, porque seguramente sus efectos  hoy impactan nuestro presente, pero también nuestros futuro si no  aprendemos  de ellas. 



Lamentablemente, este no es el camino que estamos siguiendo, lo cual es muy grave. Las consecuencias pueden ser irreparable, cuando tenemos un presidente que está  empeñado en distorsionar  el pasado para justificar  su empreño de refundar a Colombia en el presente y hacia el futuro.


Petro quiere desconocer los avances que hemos tenido como sociedad y las lecciones positivas  que nos deja nuestra historia. Es un individuo, que en su delirio mesiánico, es incapaz de construir sobre lo ya construido. El problema es que los colombianos desconocemos nuestra historia, y por lo tanto, de valorar los avances que hemos obtenido para defenderlos con valor y mucha firmeza. Es una inmensa debilidad que la está aprovechando Petro  para hacer lo que se le venga en gana.


2. Desafortunadamente, no hemos desarrollado y fortalecido un sistema inmunológico fuerte . Traducción : tener un cultura de corresponsabilidad y participación ciudadana, que conozca, aprecie y defienda la institucionalidad que hemos logrado a lo largo de nuestra historia. Y que si bien es imperfecta, tiene muchos avances importantes para sentirnos orgullosos de ella.


Cómo no existe esa cultura ciudadana, también nos atacamos desde adentro: es un deporte nacional el denigrar de nuestras instituciones y que nos hace presa fácil de populistas como Petro, que lo fomenta en su propio beneficio . El resultado está a la vista: niveles altísimos de desconfianza, de irrespeto y de incredulidad en ellas.


3. Una de las características de la cultura que necesitamos construir, es la de estimular las críticas constructivas, aceptar la diversidad de opiniones y tener la capacidad de llegar a acuerdos integrando visiones diferentes. Una cultura que promueva el manejo productivo de los conflictos naturales que surgen en estas dinámicas, pero que al final, permita alcanzar consensos para el benéfico común. Y que, una vez logrados, se defienden y se hacen respetar.


Una evidencia de que no tenemos esas capacidades, es el ejemplo reciente en el seno de instituciones tan importantes como el Congreso. Después de haber logrado un acuerdo en un tema tan vital como era la ley estatutaria de la educación, hace dos semanas, Petro dio la orden de incumplirlo y utilizar a su aliado Fecode para justificarlo.  Otro caso más, donde  se rompió totalmente la confianza y se mina por la base,  la  posibilidad de cualquier  acuerdo nacional creíble y sostenible.



4. Una cultura, como la que se necesita para defender las instituciones, no se desarrolla por generación espontánea, es el resultado de una construcción colectiva y de un liderazgo, que sean ejemplo en diferentes esferas. En nuestra historia ha habido líderes individuales que han ayudado a mostrar el camino, como fueron hace treinta Antanas Mockus y Paul Bromerg en su rol  alcaldes de Bogotá 


Estos dos profesores universitarios, dieron un ejemplo de valentía y creatividad, al atreverse a retar los modelos mentales, de una sociedad compleja, como la de nuestra Capital en esa época. De manera muy innovadora, demostraron que era posible lograr cambios significativos de comportamiento a nivel de una ciudad de más de seis millones de habitantes.   


Sin embargo, ese extraordinario ejemplo tuvo un problema: no tuvo un liderazgo colectivo que se apropiara de una propuesta que le pegaba al corazón de lo que yo he llamado “la infraestructura mental” de la ciudad. En un entorno tan complejo como el actual, es cuando más se necesita un liderazgo colectivo, para volver a poner en el centro de la conversación nacional, el papel fundamental que juega la cultura, si queremos avanzar como sociedad. Los retos son enormes y los esfuerzos individuales son insuficientes..


También me aparecen unas reflexiones adicionales 


Ya lo mencioné pero quiero insistir : la sociedad colombiana  tiene las defensas muy bajas . Pero lo más preocupante, es que no reconocemos que estamos enfermos, necesitamos ayuda y que  debemos corresponsabilizarnos por nuestro problema de salud antes de que sea muy tarde.


El andamiaje institucional que ha tomado décadas de esfuerzo e inversión de todos los colombianos, es el que hoy, Petro y sus acólitos, quieren demoler. La dura realidad, es que el tsunami nos cogió con las defensas muy bajas, poco preparados culturalmente como sociedad, y  con la emocionalidad colectiva totalmente inadecuada para enfrentar el problema y corresponsabilizarnos de buscar una solución .



Hemos creado una cultura  con un entorno emocional paralizante, caracterizada  por el miedo, el escepticismo ,la  desorientación, la resignación y la aversión al riesgo. Y también,  hay muy poca curiosidad para explorar distintos caminos que permitan identificar nuevas oportunidades.



La firma Monitor que realizó el Estudio de Competitividad para Bogotá en 1997, ya lo había anticipado y nos lo demostró en su informe final. Desde hace décadas, nuestros modelos mentales: creencias, supuestos  y valores (o ausencia de ellos) , tanto a  nivel individual como colectivo, han sido nuestros peores enemigos. Nos han distorsionado la realidad , castrado la capacidad de  soñar en grande y de indignarnos. Pero lo peor es que no lo reconocemos.


Lo anterior puede explicar nuestro  individualismo enfermizo, y que se traduce en  la actitud miope de: “sálvese el que pueda”, y que prima sobre el trabajo colectivo inteligente y con propósito que oriente e inspire. Todavía no entendemos que hay que sembrar con buena semilla y tener la paciencia para cuidar y cosechar . 


Pero lo más grave aún: a sabiendas que nuestro presente es el resultado de lo que no hicimos bien -de lo que no sembramos - y que hay que corregir, persiste una visión cortoplacista donde lo urgente y lo pragmático, domina lo importante, y sin  embargo, se espera el milagro de resultados inmediatos. Claro hay que apagar el incendio diarias dicen unos, y ¿después que esperamos? si no sacamos tiempo para pensar cuándo era contra intuitivo hacerlo. (Ver mi historia de Camacol en la crisis del sector entre 1998 y el 2002). 


No se ve el despertar de un liderazgo colectivo que promueva un  movimiento creciente de indignación que defienda nuestra institucionalidad, trace la raya y diga: “basta, no más” !!. Y  que impulse iniciativas para cambiar la narrativa de desesperanza y ayudar a subir los niveles de confianza que hoy están en el piso. Estos son temas críticos para poder defender nuestras instituciones.



Necesitamos  un entorno distinto , donde no sea muy frustrante y solitario el atreverse a proponer  iniciativas innovadoras, que pongan la luz en el  papel de la cultura, como palanca o freno de nuestro desarrollo, y busquen fortalecer la capacidad de gestión institucional pública.  Se necesita activar la institucionalidad privada que se comprometa con una cultura de liderazgo colectivo y una ciudadanía mucho más comprometida, capacitada e informada. 


Necesitamos dejar de ver el vaso medio vacío para verlo medio lleno, para poder valorar los avances que hemos logrado como sociedad, pero con la valentía de reconocer que somos nosotros la primera barrera que tenemos que superar si queremos progresar.


No pierdo la esperanza de que se multiplique el número de colombianos , que desde su propias experiencias y realidades, den el ejemplo para sumarlos en la defensa de las instituciones que hemos construido a lo largo de nuestra historia. He tenido la fortuna de encontrarme con mucha gente extraordinaria y valiosa que son ejemplo de aporte al pais. Solo tenemos que visibilizarlos , conectarlos y apoyarlos, para que su ejemplo, nos inspiren y nos demuestren que colectivamente si podemos cambiar nuestra la cultura que define nuestra realidad y construir una nueva narrativa para Colombia.