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viernes, 16 de mayo de 2025

 


Liderar para Transformar: El Despertar de un Liderazgo Colectivo en Colombia

“No es tiempo de esperar salvadores ni caudillos. Es hora de construir redes de liderazgo colectivo que convoquen, inspiren y transformen nuestra realidad.”

En un país como Colombia, en el que la complejidad territorial, la diversidad cultural y los retos sociales conviven con un potencial humano extraordinario, la conversación sobre el liderazgo no puede seguir anclada en los modelos tradicionales. Hoy más que nunca, se impone la necesidad de repensar el liderazgo desde otras lógicas: más humanas, más colaborativas, más conectadas con la realidad. En este blog ,quiero complementar los anteriores de las últimas tres semanas, aportando con ideas y reflexiones derivadas de un estudio reciente, que pueden servir para enriquecer la conversación y las acciones de cara a las elecciones del 2026


El estudio Lideroscopio publicado a finales del 2024: “Perspectivas para Impulsar a Colombia”, impulsado por la Fundación Origen con el apoyo de aliados como la Fundación Corona, la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, la FIP, Comfama, Tecnoquímicas y el Aspen Institute, entre otros, se convierte en un referente para esta conversación. No solo por la calidad metodológica y la pluralidad de voces que recoge, sino porque logra sintetizar una nueva narrativa del liderazgo que emerge desde los territorios, desde las comunidades, desde la práctica.

El artículo propone una lectura reflexiva de sus hallazgos, organizados en torno a ocho grandes ideas-fuerza que, más allá de describir la situación actual, nos abren pistas para actuar.

1. El liderazgo ya no es lo que era: de la autoridad al vínculo

Una de las premisas centrales del estudio es que el concepto de liderazgo está en transformación. Atrás quedó la visión vertical, autoritaria o tecnocrática. Hoy, la ciudadanía colombiana valora atributos como la empatía, la conexión emocional, la capacidad de inspirar y de actuar desde el ejemplo.

El liderazgo efectivo ya no se ejerce desde el púlpito del poder, sino desde la legitimidad que da la coherencia, la escucha y la cercanía. Liderar implica movilizar sin imponer, coordinar sin controlar, convocar sin excluir.

Este giro conceptual coincide con las teorías contemporáneas del liderazgo adaptativo del profesor Ronald Heifetz, de la Universidad de Harvard, del liderazgo interseccional y el enfoque funcional: liderar no es ocupar un cargo, es asumir un rol en contextos cambiantes, desde identidades diversas y con conciencia del impacto colectivo.


2. No hay un solo país ni un solo liderazgo

Uno de los hallazgos más poderosos del Lideroscopio es la riqueza y diversidad de los liderazgos en Colombia. Lejos de encontrarnos ante un “vacío”, lo que aparece es un mosaico rico de liderazgos locales, comunitarios, empresariales, juveniles, culturales y políticos que están actuando —muchas veces en silencio e invisibles— para transformar su entorno. El reto es visibilizarlos, conectarlos y apoyarlos para que sean modelos de rol positivo para una sociedad que lo requiere.

Esta multiplicidad no solo revela un capital social en expansión con el que cuenta Colombia, y que es su gran activo para surgir fortalecidos de la crisis actual de liderazgo político y de liderazgo colectivo. Hay también una gran oportunidad: articular esos liderazgos en redes de colaboración que amplifiquen su impacto. La crisis no es de liderazgo en sí, sino de conexión, visibilización, articulación y de propósitos compartidos. Aunque el estudio muestra que las personas se sienten empoderadas individualmente, no lo perciben colectivamente. El resultado es: cada uno defiéndase como pueda. Hay que encausar los liderazgos individuales hacia propósitos colectivos que impacten la calidad de vida de la sociedad.


3. El contexto como condicionante: liderar en riesgo

Liderar en Colombia, especialmente desde lo social y comunitario, implica riesgos enormes. Según el informe, las vulneraciones a los derechos humanos contra líderes sociales persisten de forma alarmante. El asesinato, la intimidación y la estigmatización se han convertido en obstáculos estructurales al liderazgo transformador.

Esta realidad no solo vulnera vidas y procesos comunitarios, sino que deteriora las condiciones para la paz territorial y la cohesión social. Reconocer, rodear, encausar y explorar alternativas para cuidar a quienes lideran es proteger la democracia. Estos liderazgos son un gran activo que el país está desaprovechando cuando más lo necesita. El liderazgo necesita garantías, no solo reconocimiento.

4. El empresariado: confianza social y oportunidad histórica

Sorprendentemente, el informe muestra que uno de los sectores mejor valorados en términos de liderazgo es el empresarial. Las historias de emprendimiento y dirección empresarial inspiran confianza, optimismo y esperanza. La narrativa ciudadana reconoce en las empresas un motor de desarrollo económico y social.

Pero con ese reconocimiento viene una responsabilidad ampliada: el empresariado está llamado a asumir un rol más protagónico en la construcción de paz, la defensa de derechos humanos y la promoción de la equidad. No basta con generar empleo; se necesita crear valor público, escuchar a las comunidades y construir tejido social desde la empresa, aportando a una nueva visión del desarrollo del país desde lo local y de abajo hacia arriba.


5. El liderazgo político: de la crisis a la posibilidad

Por el contrario, el estudio evidencia una profunda desconfianza hacia el liderazgo político. Solo el 38% de los ciudadanos cree que existe un líder político capaz de guiar al país. Persiste la cultura mesiánica y caudillista latinoamericana. La percepción de corrupción, desconexión e ineficiencia mina la legitimidad de las instituciones y sus representantes. Nuestra sociedad le ha dado la espalda a lo público, que es de todos, y al ejercicio sano y necesario de la política.

Sin embargo, tanto los líderes políticos entrevistados como la ciudadanía coinciden en algo: el sistema debe transformarse desde adentro. Para revertir la tendencia tan negativa de desprestigio, se requiere una nueva visión del ejercicio de la política, centrada en la empatía, la colaboración, la ética y la transparencia. Un liderazgo político que actúe como facilitador del cambio, no como administrador del poder, y mucho menos como destructor de la institucionalidad. Pero aún más importante, tener semilleros de futuros dirigentes políticos, formados para defender la democracia, no para acabar con ella.


6. La confianza: cemento invisible del liderazgo

La confianza aparece como el pegamento invisible que sostiene o socava cualquier forma de liderazgo. Sin confianza, no hay delegación, no hay corresponsabilidad, no hay colaboración. Y, como lo muestra el informe, la confianza se construye con coherencia, cercanía, apertura y transparencia. La confianza es la clave para la construcción de capital social en una sociedad tan polarizada como la nuestra.

En un país que ha vivido décadas de conflicto, exclusión y polarización, reconstruir la confianza es tarea urgente y colectiva. Implica repensar la forma en que nos relacionamos,  lideramos, que y como decidimos. No se puede liderar sin generar confianza, y no se puede confiar sin crear espacios seguros de relación.


7. El camino es colectivo

Uno de los aportes más disruptivos del Lideroscopio es su apuesta por el liderazgo colectivo. Esta visión entiende que los problemas complejos requieren respuestas interdependientes. Que nadie tiene todas las respuestas, y que el poder real no es el que se concentra, sino el que se distribuye.

El liderazgo colectivo implica articular múltiples actores: ciudadanía, Estado, empresa, academia, organizaciones sociales, desde una lógica de propósito compartido. No se trata de diluir la responsabilidad individual, sino de ampliar el sentido del “nosotros”: liderar con otros, para otros, desde otros.

Hoy como nunca, Colombia necesita una propuesta de un propósito colectivo que nos una y nos haga sentir orgullosos como ciudadanos, y que fortalezca nuestra autoimagen individual y colectiva, en la actualidad muy disminuida. Necesitamos un propósito superior que nos permita sentirnos capaces de reconstruir nuestro país, sin esperar mesías ni caudillos que manipulan las pasiones y la lucha de clases.


8. Somos la historia que nos contamos

Finalmente, el estudio invita a transformar la narrativa. Colombia no solo es un país de problemas, también es una sociedad ciega a las miles de historias de liderazgo inspiradoras, resilientes y poderosas que hay a lo largo y ancho del país. Y por tanto, del desperdicio de un capital humano muy valioso y de muchas oportunidades que estamos perdiendo.

Reconocer estas historias, contarlas, compartirlas y amplificarlas es una tarea donde el sector privado puede hacer una gran contribución. Es urgente posicionar y promover una nueva visión del ejercicio de liderazgo que sea la base de una nueva narrativa de construcción ciudadana, apalancada en los nuevos liderazgos políticos, sociales y empresariales, que nos permitan proyectar un futuro mejor y más sostenible para nuestro país.

La narrativa transforma la realidad tanto como las políticas públicas. Lo que creemos posible depende en gran medida de lo que nos contamos como país. Y el Lideroscopio nos recuerda que tenemos con qué contarnos una mejor historia de nosotros y lo que hemos logrado, sin desconocer lo que hay que cambiar o mejorar. Y hacernos la gran pregunta: ¿cuál es la historia que nos queremos creer?


Opinión personal: una hoja de ruta para el liderazgo ciudadano

Como ciudadano y como promotor desde hace años del concepto de redes de liderazgo colectivo, encuentro en este informe una validación profunda de lo que muchos hemos intuido: que el futuro de Colombia no se jugará en los escritorios de las élites, sino en la capacidad de crear redes de liderazgo descentralizadas, corresponsables, conformadas por personas preparadas para ello, con propósito común y aprovechando la riqueza de la diversidad de liderazgo que muestra el estudio de la sociedad colombiana.

También es un llamado a quienes están pensando lanzarse a la contienda política del 2026, a que entiendan su inmensa responsabilidad, para que desde su rol ejerzan un liderazgo enfocado en el futuro y no con un espejo retrovisor del pasado. Esta sería una campaña histórica si nos tratan como ciudadanos adultos y corresponsables del devenir de nuestro país.

Desde mi experiencia, veo en el Lideroscopio una hoja de ruta para diseñar una visión distinta del desarrollo del país basada en sus regiones, municipios y localidades, sustentada en plataformas de liderazgo colectivo y en una visión sistémica del desarrollo.

En esa apuesta, la construcción de confianza es la moneda, el liderazgo colectivo es la estrategia y la apropiación ciudadana corresponsable es el resultado esperado. Las metodologías de impacto colectivo pueden nutrir este camino.

Pero nada será posible sin una voluntad compartida y sin una participación muy activa del sector privado. Este estudio no puede quedarse en el escritorio de los investigadores o en las bibliotecas de las fundaciones. Debe ser puesto en manos de líderes territoriales, gestores públicos, educadores, empresarios y jóvenes con vocación transformadora.

PD: A finales de marzo se presentó una propuesta innovadora para conformar una red de comunidades de liderazgo local en las siete localidades impactadas por la primera línea del Metro de Bogotá para promover una cultura ciudadana que lo cuide. Esta iniciativa estaba profundamente alineada con el llamado del estudio Lideroscopio, que invita al sector privado a ser un actor activo en la promoción del liderazgo colectivo con impacto en su entorno. Aprovecho  este espacio en el blog para expresar públicamente la profunda sorpresa por el silencio y la forma, como la propuesta, preparada por un grupo de organizaciones privadas, fue manejada por la Alcaldía de Bogotá.

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sábado, 3 de mayo de 2025

No más mesías, hacia un liderazgo que reconstruya a Colombia

 


Colombia atraviesa un periodo de profunda incertidumbre, marcado por una aguda polarización política, una creciente desconfianza en las instituciones, una ciudadanía fragmentada y un desgobierno sin antecedentes en la historia reciente del país. En este entorno, y tras la dolorosa experiencia de haber llevado a Gustavo Petro al poder, el desafío de elegir un Presidente que pueda gobernar con eficacia, legitimidad y visión de largo plazo para reconstruir al país, representa una gran responsabilidad y un enorme reto para el votante.

Quien desee participar con su voto en las elecciones de 2026 necesitará contar con criterios mucho más claros, que los que posiblemente utilizó en comicios anteriores. Su voto tendrá consecuencias profundas para el futuro de nuestra sociedad y del país. Ya jugamos con fuego una vez, y no hay una segunda oportunidad para cometer el mismo error.

La decisión no puede seguir limitándose a elegir al más carismático, el mejor orador o el que digan las encuestas. Así fue como Petro llegó al poder. La reflexión debe ser mucho más profunda: en medio de unas complejidades que superan con creces los marcos de la política tradicional, se necesitan criterios que orienten al votante para tener un concepto informado más sólido, que le permita poder determinar  quién está realmente preparado para liderar la reconstrucción de Colombia,.

En este blog propongo un marco de reflexión que busca orientar el proceso de decisión del votante en los meses que conducen a las elecciones de 2026, tomando como base algunas de las ideas del profesor Ronald Heifetz, de la Escuela de Gobierno de Harvard.( ver mi artículo la complejidad del liderazgo ejercicio del poder)


Un país con un entorno convulsionado 

Colombia vive un momento de dislocación cultural y política. La Paz Total ha sido un gran fracaso. La violencia persiste en los territorios, los jóvenes desconfían del sistema político, y la democracia representativa sufre un desgaste profundo, y Petro está destruyendo la institucionalidad de nuestro país. Quién llegue a la Presidencia de Colombia, va a encontrar muchos retos enormes, pero el mayor: unas instituciones minadas internamente. Eso fue lo que hizo Petro cuando fue Alcalde de Bogotá, y que su sucesor subestimó.

En la antesala de las elecciones del 2026, millones de colombianos hoy se encuentran más desorientados que nunca, sin criterios claros para saber cómo, porqué y a quién elegir. En este blog, quiero aportar  para suscitar una reflexión, que permita iniciar un proceso pedagógico a gran escala, para que ayude a la gente a ejercer su voto de manera mucho más informada y consciente. 

En el contexto actual, la figura del Presidente sigue concentrando enormes expectativas: se le pide resolver lo técnico, sanar lo emocional y proyectar un rumbo colectivo. Y el ejemplo del actual mandatario,  ha demostrado estar muy lejos de estas expectativas y sin embargo, él busca continuar. Si se lo permitimos, el daño será irreparable.

Pero surge una gran pregunta: ¿ los candidatos que se  lancen al ruedo. están preparados para asumir ese tipo de liderazgo?. Pero también, ¿estamos los ciudadanos preparados  y conscientes, para elegir con criterios que vayan más allá de la simpatía o el carisma, o porque venden su voto?


Heifetz y la clave del liderazgo adaptativo

Ronald Heifetz sostiene que el verdadero liderazgo no consiste en tener todas las respuestas, sino en “movilizar a otros para que enfrenten juntos los desafíos más difíciles y que desarrollen nuevas capacidades para afrontarlos”.

En su libro Leadership Without Easy Answers, plantea una distinción esencial:

“Los problemas técnicos pueden ser definidos claramente y tienen soluciones conocidas; los desafíos adaptativos, en cambio, requieren cambios en las prioridades, valores, creencias, hábitos y lealtades. Son más difíciles de identificar y resolver porque implican pérdida, ansiedad y conflicto.”


Aplicar esta perspectiva al proceso electoral y al ejercicio presidencial en Colombia, nos obliga a replantear los criterios de selección de líderes políticos, así como estar alerta a los peligros que enfrentan quienes quieran asumir el poder.

La elección de un Presidente no es solo un ejercicio técnico de estrategia electoral, sino un proceso adaptativo de conexión con los miedos, esperanzas y contradicciones de una nación


Ser candidato en tiempos de gran incertidumbre 

¿Cuáles son los retos técnicos?: estrategia, estructura y discurso

Un candidato, que quiera ser Presidente, requiere habilidades técnicas y de gestión: construir una estructura de campaña, levantar fondos, manejar encuestas, tener un discurso y presencia en medios y redes sociales. Estos son los mínimos operativos. 

¿Cuáles son los retos adaptativo?: conectar con el alma del país

Más allá de lo técnico, un candidato requiere capacidad de ejercer un liderazgo adaptativo que exige interpretar los miedos, esperanzas y contradicciones de la sociedad. El candidato debe actuar como intérprete cultural. Pero además: 

“El líder adaptativo debe devolver el trabajo al pueblo. Si se apropia de los problemas, puede ser venerado, pero frustra el desarrollo de la capacidad colectiva para enfrentarlos.” (Heifetz, The Practice of Adaptive Leadership)


En campaña, esto implica resistir la tentación de ofrecer soluciones mágicas y atreverse a decir la verdad, aunque sea impopular, tratando al votante como una persona adulta. Pero también, interpretar y darle voz, a la gente que ha sufrido las consecuencias del desgobierno actual. 

Peligros que enfrenta el candidato que quiere ejercer el liderazgo adaptativo

  1. Populismo emocional: convertir el malestar en slogans vacíos.
  2. Negociar principios por votos: alianzas que hipotecan su coherencia.
  3. Diluir el mensaje para agradar a todos.
  4. Ignorar el conflicto real del país en favor de promesas de “unidad” sin sustancia.

El liderazgo adaptativo en campaña, y ya en el cargo,  se expresa en la capacidad de invitar a los ciudadanos a no ser parte del problema y si de la solución.

Los retos de ser Presidente en una democracia imperfecta

Lo técnico: gobernar el Estado

Una vez en el cargo, el Presidente debe conformar un gabinete, proponer y ejecutar políticas públicas, responder a crisis, relacionarse con el Congreso y los territorios, entre otras tareas. Estos retos requieren competencia, experiencia y conocimiento del aparato estatal.

Lo adaptativo: liderar una transformación cultural

Pero gobernar un país como Colombia implica liderar más allá de los decretos. Supone promover aprendizajes sociales, sostener el conflicto de manera productiva, y dar sentido a decisiones difíciles. Como lo señala Heifetz:

“Ejercer el liderazgo consiste en decepcionar a la gente al ritmo que puede tolerar.”


El Presidente debe ser un pedagogo político: educar sin imponer, escuchar sin claudicar, transformar sin destruir.

Peligros del ejercicio en el rol de Presidente

  1. Aislamiento en la Casa de Nariño: rodearse de burócratas o aduladores.
  2. La tentación del control autoritario ante la crítica o el desorden.
  3. Ceder al cortoplacismo electoral en vez de apostar por cambios sostenibles.
  4. El desgaste emocional de sostener la incertidumbre.

Muchos dirigentes políticos en posiciones de poder, caen no por falta de inteligencia, sino por no soportar la presión emocional del cargo. La resiliencia, la contención, y la humildad para reconocer su vulnerabilidad, se vuelven competencias presidenciales esenciales.



Algunos criterios para elegir bien

Competencias técnicas necesarias

  • Capacidad de gestión pública.
  • Formación económica y jurídica.
  • Experiencia en dirección de equipos de alto desempeño.

Competencias adaptativas indispensables

  • Escucha empática.
  • Tolerancia a la ambigüedad.
  • Manejo ético del poder.
  • Capacidad de articular propósitos colectivos que unan y no dividan.
  • Fortaleza emocional para sostener la tensión.

Estos atributos no siempre son visibles en las campañas. Por eso, es tarea de los medios, la academia, la sociedad civil y la ciudadanía, buscar hacerlos visibles . Pero hay otras  capacidades que  Heifetz las resume así:

“Una de las tareas del liderazgo es encender una chispa de compromiso en la gente para que se hagan responsables de sus propios desafíos.” . Pero también, hay que entender que:  “un buen líder, no es quien pretende tener todas las respuestas, sino quien sabe cómo hacer las preguntas correctas y sostener la presión que se produzca” .


En mi próximo blog voy a hacer unas propuestas coherentes con las reflexiones anteriores que espero sirvan para sacar del marasmo y la parálisis que hoy muestra la oposición en Colombia.


sábado, 19 de abril de 2025

La complejidad del liderazgo en el ejercicio del poder

 


En la primera semana de abril, estuvo en Cali  Ronald Heifetz , profesor de liderazgo en la U de Harvard, en un taller con el Alcalde Alejandro Éder, miembros de su administración y empresarios de la región, quienes promovieron esta reunión. El propósito de  la invitación, “ Convergencia por Cali, la ciudad en nuestras manos” ,  terminó siendo un espacio muy valioso  para entender la naturaleza de los problemas que enfrenta esta ciudad. Con este evento, Cali nos sigue dando ejemplo, del interés del sector privado por ayudar a la ciudad y a su Administración.


Estamos viviendo una época donde hay  retos que están desbordando nuestras capacidades individuales y colectivas . Para algunos de - ( retos técnicos ) - existe el conocimiento, la experiencia para enfrentarlos y se requiere una buena gerencia. Pero hay otros - (retos adaptativos) - para los cuales no hay respuestas conocidas, existen muchas preguntas, y se necesita del ejercicio del liderazgo. El gran riesgo está en equivocarse en identificar la naturaleza de los retos, y por lo tanto, del cómo enfrentarlos. 

La capacidad de diagnosticar correctamente el tipo del reto que se enfrenta, es fundamental poder enfrentar de manera más efectiva el problema y no frustrar las expectativas de la gente. Como le sucede a los médicos, un diagnóstico equivocado puede matar al paciente.

En momentos cuando todo es urgente, la convocatoria a este taller fue muy pertinente. Como preparación a la reunión se realizó una encuesta a los participantes con el fin de ver su percepción sobre los retos más importantes de liderazgo colectivo para  Cali, su impacto ,  dificultad para enfrentarlos y potenciales colaboradores. Con base a esta información, se ayudó a la selección , por parte de la Administración Municipal, de los tres retos más importantes entre una lista de más de noventa levantados . 


Con la orientación del profesor Heifetz, se promovieron diversas conversaciones donde se pusieron en evidencia varias cosas: 

  1. La diversidad es un elemento fundamental para el ejercicio del liderazgo.  Todos fuimos testigos de la riqueza que se tiene cuando se escuchan opiniones diferentes y de actores disímiles.
  2. También se demostró la importancia de construir confianza, a partir de conocerse y escucharse los diversos actores participantes en procesos de liderazgo colectivo, y que tienen retos de alta complejidad, como los evidenciados en el taller que enfrenta a la ciudad de Cali.
  3. Los participantes descubrieron la diferencia que hay entre los componentes técnicos de los de los retos identificados,  y los retos adaptativos. También entendieron que se requieren competencias y habilidades distintas en cada caso.

Para complementar este blog, voy a compartir con mis lectores, algunas de las reflexiones más importantes que nos aportó el profesor Heifetz en el taller .


El diagnóstico del tipo de reto que enfrenta una comunidad

Como ya lo mencioné al inicio de este blog, Heifetz distingue entre retos técnicos —para los que existen soluciones conocidas— y retos adaptativos, que no tienen soluciones preestablecidas y exigen cambios profundos en valores, hábitos y comportamientos. Este último es el ámbito donde se requiere liderazgo.

Identificar correctamente el tipo de reto es fundamental, pues un diagnóstico equivocado puede generar más problemas. Por ejemplo, la construcción del Metro de Bogotá conlleva desafíos técnicos, pero también un impacto profundo en la vida de comunidades vecinas. Por tanto, exige un diagnóstico social cuidadoso, aunque esto demande tiempo. El problema es que el tiempo suele jugar en contra del gobernante de turno, y eso puede llevar a soluciones superficiales que dejan heridas para la siguiente administración y comprometen la sostenibilidad del proyecto en el largo plazo.

Cuando se enfrentan retos adaptativos, desde la gestión pública, hay tres desafíos. El primero es educar a la ciudadanía para que comprenda que no todos los problemas tienen respuestas claras y se resuelven con expertos. El segundo, mostrar que requieren corresponsabilidad colectiva. El tercero es gestionar la impaciencia y las expectativas dentro de mandatos de duración limitada, especialmente en procesos que requieren más de un período de gobierno.

A diferencia de los retos técnicos, que permiten planes detallados, los retos adaptativos no siguen rutas lineales. Por eso, Heifetz propone “subirse al balcón” para observar lo que ocurre en la pista de baile, diagnosticar, innovar  y luego volver a la acción, en un ciclo continuo de reflexión y adaptación.

Confusiones relacionadas con el ejercicio de liderazgo

Existe una confusión generalizada respecto al concepto de liderazgo. Este término se utiliza frecuentemente sin una comprensión clara de su significado. Se asume que quien es considerado líder necesariamente posee talento y habilidades adecuadas. Sin embargo, al estudiar múltiples casos, se evidencia que no existe un único conjunto de características que definan el liderazgo.

Otra confusión común es pensar que el liderazgo es patrimonio de unas pocas personas dotadas de ciertas cualidades. Esta visión resulta peligrosa para la sociedad, pues fomenta culturas de dependencia y de caudillismo.

Una tercera confusión, es asignar el calificativo de “lider” a quien es un dirigente o tiene un rol de autoridad. Sobre este tema específico voy a compartir más adelante una distinción muy importante que hace Heifetz.

No es posible construir una sociedad vibrante si no existe una responsabilidad colectiva por su bienestar. Tampoco es viable una economía dinámica sin personas dispuestas a emprender, asumir riesgos y responder a los desafíos de la comunidad. Se requiere una diversidad de talentos comprometidos con asumir riesgos y responder al llamado del contexto.

La historia demuestra que muchas veces, quienes ejercen liderazgo emergen de lugares impredecibles, no exclusivamente de escuelas prestigiosas o familias de élite.


Concepto de autoridad y su relación con el liderazgo

La autoridad surge de una transacción en la que una persona otorga poder a otra para actuar en su nombre, a cambio de un servicio que espera recibir. Esto implica confianza, integridad, capacidad y competencia por parte de quien recibe dicha autoridad.

Las estructuras de autoridad son recursos esenciales para las sociedades humanas. No podemos prescindir de ellas. No obstante, su base fundamental es la confianza. Los seres humanos estamos naturalmente predispuestos a confiar. Desde la infancia, aprendemos a confiar en nuestros mayores. La confianza es la palabra clave detrás del acto de autorizar a otro.

Existe un legado infantil: el deseo de encontrar a alguien en quien confiar, una figura paterna salvadora que nos proteja de las amenazas, alguien con todas las respuestas. Lamentablemente, la mayoría de los adultos han experimentado abusos de confianza por parte de personas con autoridad, y ello deja heridas profundas.

Crecimos desarrollando reacciones alérgicas a la autoridad. Por un lado, anhelamos confiar en los demás; por otro, acumulamos razones para no hacerlo. Esta ambivalencia ha deteriorado la noción de “autoridad”, debido a las cicatrices provocadas por abusos tanto en el ámbito familiar como en nuestras propias vidas.

Desde esta perspectiva, el desafío del liderazgo consiste en rehabilitar la capacidad de las personas para volver a confiar en la autoridad. Pero también es un reto para entender que hay personas que no tienen autoridad y pueden ejercer un gran liderazgo. Para quienes enseñan liderazgo a personas en roles de autoridad, la tarea es mostrar la importancia de convertirse en dirigentes confiables que no abusen de su poder.

Sin embargo, existe una paradoja. Muchas personas desconfían profundamente de la autoridad, y a la vez, son vulnerables a caer en manos de charlatanes que ofrecen certezas y falsas promesas. Trágicamente, la realidad se impone, y estas personas terminan frustradas, aprendiendo por las malas.

En contextos de vacío de liderazgo y manipulación por parte de dirigentes sin escrúpulos, se agudizan las tensiones sociales. Crece el sentimiento de abandono en sectores de la población cuya ira busca salidas en promesas incumplibles emitidas por demagogos.

En América Latina, donde surgió el término “caudillo”, la palabra autoridad tiene una carga cultural significativa. Existe un anhelo histórico por la figura de un mesías que nos rescate de nuestras complejidades y heridas.

Se necesitan líderes con el coraje de confrontar a la ciudadanía y decirles que no existen respuestas fáciles en un entorno complejo y volátil. El riesgo, incluso, puede ser la vida de quien se atreve a plantear tales verdades.

Según  Heifetz, ejercer liderazgo desde una posición de autoridad, requiere paciencia y compasión. En contextos donde las personas desconfían —y tienen razones para hacerlo— es necesario diagnosticar sus causas y ofrecer acompañamiento.

Pero surge una pregunta crucial: ¿Qué sucede cuando la figura de autoridad no sabe qué hacer? Aunque se le ha confiado un rol para aliviar el dolor colectivo, puede no tener la respuesta. Para mantenerse en el poder, puede mentir, fingir competencia o distraer la atención. Hoy en día, las figuras de autoridad enfrentan una presión enorme por cumplir con expectativas que muchas veces son inalcanzables. Si no son honestas, terminarán engañando a la ciudadanía.

Reflexión final

Los comentarios anteriores son especialmente importantes para los alcaldes que hoy gobiernan los destinos de las ciudades grandes, medianas y pequeñas en Colombia. Estas personas fueron elegidas con la expectativa  de que tenían la capacidad de resolver “todos los problemas” que afectan la calidad de vida de su gente , pero la realidad es muy diferente. Y lo preocupante, es ver que muchos de ellos están con sus agendas desbordadas, apagando incendios  con un costo personal muy alto, sin el tiempo para abocar los grandes retos adaptativos que enfrentan. Más grave aún, si los tratan como si fueran “retos técnicos “ y se sorprenden porque  los resultados no son buenos, como lo demuestran la caída de la popularidad en las encuestas. 

Hay  dos preguntas importantes que me hago al finalizar este blog. ¿ Las  reflexiones propuestas por Heifetz, y los aprendizajes construidos colectivamente en el taller, le permitirán al alcalde de Cali y a su equipo, corregir el rumbo y vincular de una manera más decidida la participación del liderazgo colectivo de los diferentes grupos de interés que puede aportar en la ciudad?. ¿ También serían pertinentes para los alcaldes de Bogotá, Medellín y otras ciudades, donde  estén ejerciendo el poder en beneficio de sus comunidades?




































Confusiones relacionadas con el ejercicio de liderazgo

Existe una confusión generalizada respecto al concepto de liderazgo. El término se utiliza frecuentemente sin una comprensión clara de su significado. Se asume que quien es considerado líder necesariamente posee talento y habilidades adecuadas. Sin embargo, al estudiar múltiples casos, se evidencia que no existe un único conjunto de características que definan el liderazgo.

Otra confusión común es pensar que el liderazgo es patrimonio de unas pocas personas dotadas de ciertas cualidades. Esta visión resulta peligrosa para la sociedad, pues fomenta culturas de dependencia y de caudillismo.

No es posible construir una sociedad vibrante si no existe una responsabilidad colectiva por su bienestar. Tampoco es viable una economía dinámica sin personas dispuestas a emprender, asumir riesgos y responder a los desafíos de la comunidad. Se requiere una diversidad de talentos comprometidos con asumir riesgos y responder al llamado del contexto.

La historia demuestra que muchas veces, quienes ejercen liderazgo emergen de lugares impredecibles, no exclusivamente de escuelas prestigiosas o familias de élite.

Concepto de autoridad y su relación con el liderazgo

La autoridad surge de una transacción en la que una persona otorga poder a otra para actuar en su nombre, a cambio de un servicio que espera recibir. Esto implica confianza, integridad, capacidad y competencia por parte de quien recibe dicha autoridad.

Las estructuras de autoridad son recursos esenciales para las sociedades humanas. No podemos prescindir de ellas. No obstante, su base fundamental es la confianza. Los seres humanos estamos naturalmente predispuestos a confiar. Desde la infancia, aprendemos a confiar en nuestros mayores. La confianza es la palabra clave detrás del acto de autorizar a otro.

Existe un legado infantil: el deseo de encontrar a alguien en quien confiar, una figura paterna salvadora que nos proteja de las amenazas, alguien con todas las respuestas. Lamentablemente, la mayoría de los adultos han experimentado abusos de confianza por parte de personas con autoridad, y ello deja heridas profundas.

Crecimos desarrollando reacciones alérgicas a la autoridad. Por un lado, anhelamos confiar en los demás; por otro, acumulamos razones para no hacerlo. Esta ambivalencia ha deteriorado la noción de “autoridad”, debido a las cicatrices provocadas por abusos tanto en el ámbito familiar como en nuestras propias vidas.

Desde esta perspectiva, el desafío del liderazgo consiste en rehabilitar la capacidad de las personas para volver a confiar en la autoridad. Para quienes enseñan liderazgo a personas en roles de autoridad, la tarea es mostrar la importancia de convertirse en dirigentes confiables que no abusen de su poder.

Sin embargo, existe una paradoja. Muchas personas desconfían profundamente de la autoridad, y a la vez, son vulnerables a caer en manos de charlatanes que ofrecen certezas y falsas promesas. Trágicamente, la realidad se impone, y estas personas terminan frustradas, aprendiendo por las malas.

En contextos de vacío de liderazgo y manipulación por parte de dirigentes sin escrúpulos, se agudizan las tensiones sociales. Crece el sentimiento de abandono en sectores de la población cuya ira busca salidas en promesas incumplibles emitidas por demagogos.

En América Latina, donde surgió el término “caudillo”, la palabra autoridad tiene una carga cultural significativa. Existe un anhelo histórico por la figura de un mesías que nos rescate de nuestras complejidades y heridas.

Se necesitan líderes con el coraje de confrontar a la ciudadanía y decirles que no existen respuestas fáciles en un entorno complejo y volátil. El riesgo, incluso, puede ser la vida de quien se atreve a plantear tales verdades.

Según  Heifetz, ejercer liderazgo desde una posición de autoridad, requiere paciencia y compasión. En contextos donde las personas desconfían —y tienen razones para hacerlo— es necesario diagnosticar sus causas y ofrecer acompañamiento.

Pero surge una pregunta crucial: ¿Qué sucede cuando la figura de autoridad no sabe qué hacer? Aunque se le ha confiado un rol para aliviar el dolor colectivo, puede no tener la respuesta. Para mantenerse en el poder, puede mentir, fingir competencia o distraer la atención. Hoy en día, las figuras de autoridad enfrentan una presión enorme por cumplir con expectativas que muchas veces son inalcanzables. Si no son honestas, terminarán engañando a la ciudadanía.

Competencias para ejercer la autoridad

Frente a desafíos adaptativos, las personas en posiciones de autoridad requieren un nuevo conjunto de habilidades para movilizar procesos de cambio y desafiar a sus propios ciudadanos.

Además, se necesita valentía para decir: “Yo resolví parte de tu problema, pero tú también eres parte de él, y por tanto, parte de la solución”. El problema es que, cuando la ciudadanía vota por un gobernante, espera que le resuelva todo. Dirán: “Para eso lo elegimos”.

Complejidad y capacidad de adaptación individual y colectiva

Vivimos en un mundo caracterizado por la incertidumbre, el cambio acelerado y la volatilidad. Esto genera inestabilidad y requiere una creciente capacidad de adaptación cultural. Los desafíos adaptativos producen desequilibrios permanentes, afectando el comportamiento y la capacidad de respuesta, tanto individual como colectiva.

Desde la perspectiva de Heifetz, el mayor reto del liderazgo es crear condiciones para una cultura capaz de adaptarse permanentemente. Esto implica corresponsabilidad colectiva para monitorear el entorno.

Uno de los grandes desafíos es contener el desequilibrio que estos retos provocan, manteniéndolo dentro de un rango productivo de tensión. Esto exige fortalecer los espacios de contención social, como si se tratara de una olla a presión, en la que el tejido social funcione como el pegamento que permite afrontar tensiones sin ruptura.

Cuanto más cohesionado sea ese tejido, mayor será la capacidad colectiva para gestionar conflictos, incertidumbre y tensiones. Las dinámicas de inestabilidad generan fuerzas centrífugas que afectan el sentido de comunidad, provocando desorientación y conflictos, con múltiples interpretaciones sobre cómo enfrentar la situación.

Por ello, es necesario construir un tejido social cohesionado, basado en una cultura que promueva adaptabilidad y resiliencia. Se necesitan espacios para conversaciones difíciles que propicien innovación, en lugar de polarización y confrontación.

El diagnóstico del tipo de reto que enfrenta una comunidad

Como ya lo mencioné al inicio de este blog, Heifetz distingue entre retos técnicos —para los que existen soluciones conocidas— y retos adaptativos, que no tienen soluciones preestablecidas y exigen cambios profundos en hábitos y comportamientos. Este último es el ámbito donde se requiere liderazgo.

Identificar correctamente el tipo de reto es fundamental, pues un diagnóstico equivocado puede generar más problemas. Por ejemplo, la construcción del Metro de Bogotá conlleva desafíos técnicos, pero también un impacto profundo en la vida de comunidades vecinas. Por tanto, exige un diagnóstico social cuidadoso, aunque esto demande tiempo. El problema es que el tiempo suele jugar en contra del gobernante de turno, y eso puede llevar a soluciones superficiales que dejan heridas para la siguiente administración.

Desde la gestión pública, hay varios retos. El primero es educar a la ciudadanía para que comprenda que no todos los problemas se resuelven con expertos, y que muchos requieren corresponsabilidad colectiva.

El segundo reto es gestionar la impaciencia y las expectativas dentro de mandatos de duración limitada, especialmente en procesos que requieren más de un período de gobierno.

A diferencia de los retos técnicos, que permiten planes detallados, los retos adaptativos no siguen rutas lineales. Por eso, Heifetz propone “subirse al balcón” para observar lo que ocurre en la pista de baile, diagnosticar, y luego volver a la acción, en un ciclo continuo de reflexión y adaptación.

El ejercicio del liderazgo para el cambio y el aprendizaje social

Cualquier proceso de cambio en contextos de incertidumbre exige que las personas desaprendan para adquirir nuevos conocimientos y comportamientos. Este proceso toma tiempo y requiere paciencia.

El ritmo del cambio depende de la velocidad del aprendizaje colectivo. Por ello, se deben moderar las expectativas y prestar atención al ritmo y la secuencia del trabajo adaptativo. Dado el historial de desconfianza, ayudar a las personas a superarlo requiere tiempo y esfuerzo.

Los retos adaptativos necesitan movilizar un proceso de aprendizaje social en el ecosistema que rodea el problema. Pero esto no es lo que normalmente se espera de una figura de autoridad, y ahí radica el peligro.

Otro riesgo es el vacío de liderazgo público, que explica la desorientación y resistencia al cambio. No contamos con líderes políticos capaces de ejercer el liderazgo que requieren los enormes desafíos adaptativos de nuestra sociedad. Las figuras de autoridad no movilizan a las personas a asumir la corresponsabilidad que les corresponde para lograr una mejor calidad de vida y ciudadanía.

Hemos creado una cultura de dependencia. Cuanto más desesperada está la gente, más vulnerable es a caer en manos de demagogos que prometen milagros.

Restricciones al ejercicio del liderazgo en posiciones de poder

Aunque se percibe que quien tiene autoridad no tiene restricciones, en realidad sí las tiene, empezando por su credibilidad, que está ligada a su legitimidad. Muchas expectativas no se pueden cumplir sin una mayor capacidad adaptativa, un sentido de corresponsabilidad compartida y una comprensión de cómo cada quien contribuye al problema.

El abuso del poder mina esa legitimidad. Las sociedades han construido sistemas legales y constitucionales para formalizar la autoridad y dotarla de legitimidad.

La gente busca respuestas fáciles a problemas complejos. Pero, en realidad, el liderazgo requiere ir más allá de la autoridad, haciendo preguntas incómodas. En algunos casos, el liderazgo implica incluso desobedecer ciertas leyes injustas para promover el cambio.

El movimiento por los derechos civiles en EE. UU. rompió normas para mostrar su injusticia, como las leyes que impedían a los afroamericanos votar. Incluso contó con el respaldo tácito del presidente Johnson. Las protestas evidenciaron la violencia de los racistas, y despertaron la conciencia nacional.

Este ejemplo muestra que debemos analizar las demandas adaptativas y los tipos de responsabilidad colectiva que nuestras estructuras de autoridad aún no están preparadas para asumir.

En resumen, debemos moderar nuestras nociones tradicionales de legitimidad para estar a la altura de las exigencias del trabajo adaptativo, lo que implica, en ocasiones, cruzar los límites.