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Finalmente se firmó el acuerdo con las FARC. Por esta razón, en  las próximos semanas, me propongo oír la letra de la canción de Julio Igles...

sábado, 21 de noviembre de 2020

El liderazgo de las juntas directivas en la Pandemia



Es evidente que esta época de pandemia ha desnudado muchas debilidades de la sociedad, y llamado la atención sobre ellas como posiblemente no había sucedido desde finales de la II Guerra. Pero en particular, hay una de ellas que por su ausencia o su presencia, ha resonado en todas partes del mundo. Me refiero al ejercicio de liderazgo en todos los niveles de la sociedad.

Un momento histórico como el actual se caracteriza por ofrecer un entorno VICA (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad). Esto significa que la palabra CAMBIO, que siempre ha estado presente, ahora se ha vuelto en una compañera permanente del viaje a nivel personal, organizacional y social. Y la pandemia le ha impreso una mayor velocidad. Esta dinámica  ha desbordado la capacidad de adaptación de la mayoría de las personas y ha generado una gran desorientación. 


Para enfrentar esta situación, el ejercicio del liderazgo es fundamental. Se necesita para minimizar los daños y aumentar las posibilidades de superar los efectos que la pandemia ha generado. Pero también, se requiere para ayudar a identificar las oportunidades que siempre aparecen en el horizonte, después de los grandes cambios y disrupciones, como los que se están experimentando en la actualidad. Por esta razón, es pertinente preguntarse que se ha puesto en evidencia en este campo y cuáles han sido las consecuencias.


A nivel político, en nuestro hemisferio, ha sido protuberante el vacío monumental de liderazgo que se ha visto en países como los Estados Unidos, México o Brazil. El costo en vidas humanas y en destrucción de valor económico ha sido inmenso. Tendencias que ya venían en marcha, como la desistitucionalización del Estado y la caída dramática de la confianza, se aceleraron con unas consecuencias cuyo impacto hoy es muy temprano  para evaluar.


A nivel de las empresas, la pandemia paralizó las actividades económicas por muchos meses, y las ha sometido a unas condiciones sin antecedentes. Miles de empresas han cerrado sus puertas, otras tantas están tratando de sobrevivir. Solo algunas, se han beneficiado de las circunstancias, como ha sido el caso de las empresas de tecnología.  


El tsunami del covid - 19 ha puesto a prueba el liderazgo de la alta dirección de las organizaciones, así como el de las juntas directivas, en su rol de acompañamiento a las equipos directivos, y de evaluación de su liderazgo, que hoy se necesita más que nunca ante la gravedad de la crisis. 


Pero también, los miembros de las juntas directivas, tienen que asumir colectivamente un liderazgo muy importante para mantener, en medio de la tormenta, un equilibrio en la agenda estratégica entre los problemas inmediatos de sobrevivir  y los retos hacia adelante,  para aprovechar las oportunidades que se abren. 


Las juntas también ejercen su liderazgo, cuando hacen oportunamente las preguntas difíciles que son necesarias para enfrentar la realidad, y cuando cuestionan los supuestos de la alta dirección  bajo los cuales se presentan los planes de contingencia y los de más largo plazo de la organización. 


Y especialmente, ejercen el liderazgo cuando forzan las conversaciones de futuro de la empresa, en función de los cambios que se deben de realizar, y las capacidades que se tienen que fortalecer para lograrlo, especialmente la de ejecución, como la adaptación rápida y flexible a las nuevas condiciones . En este sentido, el liderazgo de la junta se vuelve un aporte crucial para cuestionar el tipo de cultura que tiene la organización y la que se requiere, para soportar y sostener hacia adelante los cambios necesarios.


Finalmente, en su rol de liderazgo, una junta directiva debe colectivamente de poder mantener un diálogo fluido, transparente y oportuno con los altos directivos de la empresa. Hoy, como nunca, el ejercicio del liderazgo se ha vuelto una de las capacidades estratégicas más importantes para navegar el las aguas turbulentas en las que se encuentran la mayoría de las empresas en Colombia y en el mundo.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Las dimensiones de nuestra cultura en Colombia

 



 

En las últimas semanas nos hemos reunido con un grupo de amigos con quienes hemos conformado la organización Transformar, cuyo objetivo es el de ofrecerle a su miembros, personas mayores de 55 años, la posibilidad de mantenerse activos aportando a la sociedad inicialmente en dos frentes: como mentores de empresas y como impulsadores de iniciativas de alto impacto. En este segundo frente hemos comenzado a abordar la transformación de la cultura como fundamento para el desarrollo del país. 


Y para dar los primeros pasos, estamos explorando varios frentes. Uno de ellas ha sido la de tratar de identificar los principales rasgos que nos caracterizan en general a los colombianos, para ver cuáles son unos activos y cuáles son las barreras que nos impiden avanzar. Como resultado de ese análisis, buscamos construir un primer documento que lo hemos denominado : “ El cuento que nos queremos creer” . 


Partimos de una premisa muy importante. Hoy los colombianos tenemos una autoimagen colectiva muy negativa que se ve reflejada en las narrativas pesimistas que nos contamos , en las expresiones coloquiales que usamos, y que al final, muestran unos rasgos culturales que nos definen como sociedad. 


Si somos capaces de cambiar esas narrativas por otras más positivas, es posible pensar que podríamos superar esa imagen negativa por otra que nos habilite para enfrentar mejor los grandes retos colectivos que tenemos hacia adelante.


En este blog voy a compartir algunos de los hallazgos que hemos identificado en el grupo de trabajo integrado por ocho personas, con visiones diferentes, de cómo somos y nos comportamos los colombianos. Es una muestra muy pequeña pero interesante que nos ha servido para avanzar.


Identificamos varias dimensiones culturales que voy a tratar de sintetizar en esteblog.

  



1- La distancia del poder. La incapacidad del Estado a todos los niveles para cumplir con su rol y obligaciones con el ciudadano, ha generado un nivel de desconfianza creciente en un grupo muy grande de la población, que se siente desprotegida y alejada de las fuentes de poder. Mientras hay otros mucho menos numerosos, que a la sombra del Estado, se han beneficiado de su cercanía y abusado de ella. 


De esta situación, se desprende que, en  el imaginario colectivo, este muy arraigada la idea de que “sin palanca no hay salvación”, y que hace sentir el sistema como un algo muy excluyente. Pero también está muy metido en nuestra cultura “el todo vale” que es e aceptado para defenderse del sistema que se ve negativamente. También, la idea de que se pueden exigir, por medios pacíficos o violentos, los derechos, pero se olvidan los deberes correspondientes 


2- Individualismo vs colectivismo. Cuando alguien se siente excluido por  el sistema, y hay muy pocas referencias de los beneficios que pueden obtenerse dentro de una sociedad que no actúa colectivamente para el logro del bien comun, el comportamiento egoísta e individualista es la norma y no la excepción. Se encuba la cultura “del rebusque y el atajo”, “el vivo se come al bobo”, de poca disciplina social y donde el logro individual prima sobre el colectivo. Es una cultura que no premia la excelencia y convive con la mediocridad. Hay muy poca auto reflexión y una tendencia  a culpar a los demás

En esta cultura individualista se exacerba la actitud de rechazo a la diversidad, y la creencia que el Estado debe ser el único responsable del bienestar indivIdual. Pero al ver su incapacidad, se ignora la obligación cívica de buscar elegir mejor y de hacer seguimiento a los políticos que  han llevado al poder.  Se ha creado una cultura política de venta y compra de votos sin importar las consecuencias posteriores.


Cuando el individualismo es una característica cultural dominante, se imposibilitan las respuestas coordinadas y colectivas para enfrentar los grandes retos que afectan a nuestra sociedad. Esta limitación también se ve reflejada en que haya ejemplos sobresalientes en deportes individuales y no colectivos. En este tipo de culturas, brilla por su ausencia la solidaridad y la capacidad de sostener apuestas colectivas en el largo plazo. 


Visto desde afuera, se percibe a nivel individual al colombiano como una persona que es recursiva, buena gente, amable con los extranjeros, y en general como buen trabajador.  


3- Masculinidad vs feminidad. Hay una cultura que es predominante machista, donde no se reconoce el importante rol que juega la mujer en la sociedad. En ese contesto, hay un desprecio y poco entendimiento de las competencias blandas que son más fuertes en las mujeres y que se han vuelto centrales para la sociedad de hoy, como son la empatía, el manejo emocional, la capacidad de relacionamiento, etc. Sin embargo, poco a poco ha habido avances en este campo en varios sectores de la sociedad colombiana. 



 4- Corto vs largo plazo Una característica de las sociedades avanzadas es tener una cultura que premie el largo plazo sin descuidar el corto plazo. Y esto lo han logrado porque han sido capaces de ir construyendo unos propósitos nacionales, aceptados y defendidos colectivamente, que no se cambian en el tiempo y que aglutinan a la sociedad. Sobre estas bases, han desarrollado un Estado efectivo con capacidad de sostener apuestas de largo plazo. Esto genera un círculo virtuoso de confianza y de credibilidad, así como de corresponsabilidad entre el ciudadano y los funcionarios públicos.


Sin una visión de largo plazo soportada colectivamente, se impone una cultura cortoplacista , indiferente y egoísta, reforzada por unos profundos vacíos de liderazgo colectivo en diferentes niveles de la sociedad.  En estas condiciones, la gente se desorienta fácilmente, y está muy expuesta a crearse expectativas infundadas. Son personas fácilmente manipulables, porque creen  sin mayor criterio, en las falsas promesas que reciben, o en algún  milagro que les  haga cambiar su realidad. 


Cuando no hay la cultura de largo plazo, sucede algo muy complejo que se vuelve en una barrera cultural colectiva de la sociedad. La dificultad de reconocer y celebrar los logros que se han venido construyendo a lo largo de los años, y la creencia muy arraigada de que no somos capaces de hacer cosas importantes. 


Al no reconocernos desde lo positivo y sólo enfatizar lo negativo, minamos la esperanza y la confianza , que son fundamentales  para potencializar  nuestra  capacidad colectiva de actuación. Y de paso, invisivilisamos a miles de personas extraordinarias que, “si se han creído el cuento” de que es posible cambiar positivamente la realidad de nuestro país con su ejemplo que orienta y moviliza a muchos más. 


5- La violencia cultural. Otra característica cultural de las sociedades avanzadas es su capacidad de enfrentar los conflictos de manera inteligente y productiva, en medio de la diversidad que es valorada.  Esto impide que este sea un factor de fragmentación y se ve más como un activo social. 


En nuestro caso, las dimensiones culturales ya anotadas, se suman otras debilidades del Estado, especialmente en el funcionamiento de la Justicia, y la falta de otros mecanismos alternativos para la  resolución de conflictos. Esta realidad ha generado la cultura de recurrir a medios violentos para resolver los conflictos, lo que agudiza el sentimiento de la gente de sentirse victima del sistema. La violencia se ha vuelto un valor cultural y una fuente de poder.


Lo relevante de este ejercicio, que hicimos un grupo de personas interesadas en el tema y con diversas perspectivas, y que no pretende ser ni mucho menos exhaustivo, es que nos sorprendió a todos porque reflejaba al final, nuestra visión colectiva de algunas de las características culturales que tenemos que enfrentar si queremos cambiar la realidad. 


Cabe resaltar la predominancia de los aspectos negativos versus los positivos que salieron en el ejercicio, lo cual demuestra la visión que tenemos en general de nosotros mismos. Esto no significa que las características identificadas no sean ciertas puesto que son evidentes y tienen un alto impacto en el comportamiento individual y colectivo. Lo preocupante sin embargo, es el trabajo que nos costo encontrar un balance con los aspectos positivos que no fueron fáciles de identificar.


Pero la reflexión más importante que me dejó este ejercicio, es que subestimamos la importancia del papel de la cultura que condiciona la manera en que interpretamos la realidad, afectando de manera profunda nuestra capacidad de responder colectivamente a los inmensos retos que hoy enfrentamos como sociedad. Pero al ser un tema invisible y no conversable, se convierte en una tremenda barrera que afecta nuestro desarrollo hacia adelante.

sábado, 7 de noviembre de 2020

El cinismo, el legado de Trump



Hace dos décadas Robert Sampson, un académico, hizo un experimento de sociología en la ciudad de Chicago. Dejó miles de cartas con estampillas y una dirección, en diferentes barrios de la ciudad, con el fin de observar el comportamiento de la gente. Lo que descubrió fue muy interesante. Había barrios donde la gente recogía las cartas y se preocupaba por depositarlas, porque entendían que era lo correcto, mientras que en otros, la gente las ignoraba, o las botaba en la basura.

En su investigación descubrió que había una correlación, entre la disposición de entregar las cartas en el correo, con el nivel de “cinismo moral” de la gente, en estos diferentes sectores de la ciudad. Este término se refiere a la disposición a aceptar o no, las leyes y las normas informales de comportamiento, como temas esenciales de convivencia en una sociedad. Según Sampson, cuando el cinismo define el marco de actuación en una sociedad, “se destapa el lado más oscuro de la naturaleza


En el diccionario también se define al cinismo, como la actitud de la persona que miente con descaro y defiende, o practica de forma descarada, impúdica y deshonesta, algo que merece general desaprobación”


Las investigaciones, hechas por el Dr Sampson, demostraron que el cinismo moral, está asociado con niveles de pobreza y de aislamiento racial. En los barrios pobres de Chicago, donde la policía ha usado la violencia contra los negros, o donde hay blancos con muy bajos niveles de educación y el sistema no parece responderles, se puede entender la actitud cínica de la gente que vive en estas circunstancias.

 

Sin embargo, esta actitud también se observa en personas que han sido privilegiadas y extremadamente ricas, como es el caso de Trump, y otros multimillonarios en su país. En este grupo de personas, hay la creencia de que las leyes y las reglas de buen comportamiento, no les aplican a ellos: están por encima de la ley. Y en el caso de Trump, también se le aplica la definición del diccionario: un mentiroso descarado y deshonesto que debería haber merecido una desaprobación general pero que los resultados electorales demuestran que hay cerca de 70 millones de norteamericanos que se identifican con este señor. ¡Increíble! l,

 



En los Estados Unidos, parecería que el cinismo moral, definido por Sampson, se volvió el punto de encuentro entre estos polos opuestos de la sociedad y que Trump los ha unido e interpretado, en detrimento de la estructura moral de la sociedad norteamericana. Pero también, el cinismo ha puesto en evidencia el gran reto de la sociedad contemporánea que se mueve en un entorno tan cuestionable: “la tensión entre las prerrogativas individuales y el bien común”.

 

Para medir el nivel de cinismo, el Dr Sampson utilizó un cuestionario donde le pidió a la gente contestar si, se estaban de acuerdo o en desacuerdo, con afirmaciones como: “las leyes están hechas para ser irrespetadas” , “para hacer dinero hoy en día  ya no hay unas formas correctas o incorrectas, solamente  caminos fáciles o difíciles”, y “es correcto hacer lo que uno quiera mientras no le haga daño a los demás”  

 

Los resultados encontrados se anticiparon, a lo que en estos últimos cuatro años ha sucedido bajo la perversa influencia de Trump. Como presidente, ha dado patente de corso a una cultura donde está bien “el todo vale”, el mentir descaradamente genera millones de adeptos, y donde se ha legitimado desde el más alto cargo, el surgimiento de grupos paramilitares que usan la fuerza para amedrentar a quienes no piensan igual.

 

Pero el nivel de cinismo ha llegado al extremo:  quien se preocupa por otros es un imbécil, las leyes están para romperlas, las normas informales de buen comportamiento no valen y mis mentiras son la verdad. El resultado es un proceso de demolición sin antecedentes en la confianza de la gente en las instituciones y sus dirigentes, y la siembra de la desconfianza en los demás.

 

Pero hay algo más profundo que está sucediendo en la actualidad, y que lo menciona la articulista del NY Times Jennifer Senior sobre estos temas: el inmenso costo que ha generado la pérdida de la confianza en la sociedad norteamericana donde ha desaparecido la generosidad: “Como nación, hemos perdido el sentido de altruismo y de un propósito moral, la voluntad colectiva de hacer lo que es correcto y decente. Vivimos en un estado donde prevalece el nihilismo y donde la corrupción se derrama desde la cúspide. Trump ha normalizado el egoísmo extremo en nuestra sociedad”  

 

El efecto más lamentable que ha dejado Trump en el contexto anterior es el pésimo ejemplo de sus cuatro años en la presidencia de los Estados Unidos. Ha logrado normalizar temas que son aberrantes para una persona en su posición:  el no pagar impuestos, ridiculizar el uso del tapabocas durante la pandemia, el obstruir la justicia con impunidad, el fomento de la violencia por parte de los grupos extremistas de derecha, el irrespeto de las mujeres, la descalificación de las minorías, etc. Estos comportamientos han ido minando las bases de la cultura que hizo de su país, un referente mundial.

 

Y al violar valores como los de la generosidad y el respeto a los demás, ha vulnerado gravemente la capacidad social de enfrentar más efectivamente la pandemia que ha costado más de 230.000 vidas humanas en los Estados Unidos.

 

Los comentarios anteriores, tienen especial importancia en momentos en que se define el resultado de las elecciones norteamericanas, las más votadas y reñidas de la historia de ese país. Los datos que, no son finales, muestran que Trump obtuvo 70 millones de votos, lo cual es sorprendente, porque esas personas votaron por la personificación del cinismo descrito por Sampson. Pero el resultado a la fecha es más alarmante, si se tiene en cuenta que 74 millones de norteamericanos, que habrían podido participar,  decidieron no votar.


 


¿Estados Unidos perdió su alma? Esta pregunta hecha por Peter Singer, profesor de bioética de Princeton, en un artículo publicado este sábado en El Tiempo, resume muy bien el dilema que enfrentará Biden, si finalmente ganaba el poder.  Pues bien esa será la realidad porque los medios acaban de anunciar que ha sido elegido como el nuevo presidente de su país derrotando a Trump. Tendrá que buscar acercar a una nación fracturada y sin rumbo que es el legado que le deja su antecesor. Una victoria histórica y un repudio al cinismo que personificó Trump durante sus cuatro años en el poder.

 

Como puede observar el lector, al leer este blog, y unirlo con el anterior, en el corazón del debate electoral norteamericano, está el rol que juega la cultura y cuáles van a ser sus principales rasgos que van a emerger de la confrontación entre dos visiones y modos de actuación, que hoy se encuentran irremediablemente separados por un gran abismo.

viernes, 30 de octubre de 2020

El drama electoral de los Estados Unidos.



 El 2020 definitivamente va ser un año histórico, no solo por la pandemia que paralizó al mundo y que no ha concluido, sino porque estamos presenciando  el desmoronamiento acelerado de la democracia norteamericana, la gran potencia que lideró el periodo de prosperidad y paz más importante de la Historia en las últimas siete décadas. Los  Estados Unidos, que habían sido el ejemplo para muchos países, dejaron de serlo. Hoy, su sistema político, muestra una  estado lamentable como lo mencioné en mi pasado blog.

El próximo 3 de Noviembre serán posiblemente las elecciones más importantes de los últimos cien años en ese país. Trump, estuvo recluido en un hospital por haber sido victima de su propio invento: negar al covid 19 y las consecuencias se han hecho sentir con fuerza con una caída de su imagen en las encuestas. Pero si  llegara a ser reelegido, podría continuar con su acelerado trabajo de demolición de la precaria institucionalidad que tiene hoy ese país, y de seguir dividiendo más  profundamente a la sociedad norteamericana. 


No son alarmistas los comentaristas, como Thomas Friedman, famosos periodista del N Y Times, cuando mencionan que su país podría entrar en una nueva versión de la Guerra Civil de 1861. El peligro es tan evidente que se ha vuelto un tema cada vez más recurrente en los diferentes medios de opinión nacionales e internacionales.


Friedman ha sido un crítico agudo y muy duro de Trump. En un reciente artículo se refiere a dos temas muy subvalorados pero tremendamente importantes en el ejercicio de la política, que Joe Binden debería de haber tenido muy presentes durante su campaña. Tener en cuenta  que la humillación y al sentido de identidad se han vuelto en temas fundamentales para movilizar la emocionalidad de la gente. Estos recursos  son cada vez más utilizados por los populistas  nivel nacional e internacional.


Trump ha sido un maestro en su uso para mantenerse conectado con la masa de votantes que lo llevaron al poder en el 2016 y que esperan mantenerlo por cuatro años más. A escasos cuatro días de la elección, vamos ver si Biden fue capaz de conectarse con estas dos fuerzas poderosas, par derrotar a su contrincante y evitar su reelección.




¿Cómo se entiende este fenómeno? En el 2016 , Trump logró conectarse con la humillación que sentían los blancos menos educados, que se veían desplazados por quienes se creían  mejores que ellos. Esta humillación se ha convertido en odio y Trump los ha sabido interpretar. Así es posible entender, el porqué estos votantes, no les ha importado las barbaridades que este individuo ha hecho en su rol de presidente de su país. Los ejemplos abundan, siendo el más reciente , el bochornoso espectáculo que montó en el primer debate con Biden. 


Es claro. A pesar de que Trump es un multimillonario, ha logrado que lo vean como uno de ellos. Por esta razón lo apoyan y le perdonan sus abusos de poder, sus desplantes, sus  continuas mentiras, su desprecio por los negros e irrespeto de las mujeres, y muchas otras cosas más.


Los analistas de ese país, mencionan con mucha fuerza, la brecha cada vez mayor entre estos votantes blancos  con sólo un grado de bachiller, y los que tienen un nivel universitario. Los primeros sienten que se les ve como personas perdedoras e inferiores. Se sienten disminuidos y humillados por “las élites” que se graduaron y que se ven como superiores.


Pero a este sentimiento de humillación se le suma otro de identidad que es muy potente. Es el resultado de los cambios demográficos y raciales en una sociedad que es cada vez más multicultural. En este entorno, los blancos menos educados se están sintiendo amenazados por la gente de otras razas, que se proyectan como una fuerza cada vez más importante, para definir los resultados de las contiendas electorales en el futuro.


Mándela afirmaba con mucha razón que “no hay una persona más peligrosa que quien se ha sentido humillada”. Cuando la gente se siente así, reacciona de manera violenta, y a despreciar a quien los ha hecho sentir de esa manera. Y como nos lo recuerda el periodista Friedman, las emociones que se generan se convierten en una fuerza capaz de desatar dinámicas muy complejas e impredecibles. 


Para validar lo anterior,  el periodista cita varios casos de la historia reciente a nivel internacional. El primero de ellos es  el papel que ha jugado Vladimir Putin para recuperar el orgullo ruso después de la caída de la Unión Soviética. El segundo ejemplo es la reacción de los chinos, que hoy buscan recuperarse de un siglo de humillación, infligido por las potencias occidentales desde mediados del siglo XIX, cuando su historia milenaria los había siempre ubicado en el centro del mundo como la sociedad más desarrollada. Otros casos muy emblemáticos han sido el de los palestinos, humillados por Israel, y el de los jóvenes musulmanes que han emigrado a Europa. Todos ellos han generado una alta turbulencia geopolítica, de violencia y de inestabilidad.




Recientemente hay un ejemplo de humillación muy impactante,  a nivel de la política nacional en los Estados Unidos y  que ha desatado la ira ciudadana: el asesinato de George Floy a manos de unos policías en Minneapolis. En Colombia la muerte de Javier Ordóñez, en una estación de policía. Estos hechos violentos, a manos de una institución que debe de proteger a los ciudadanos, han disparado movimientos sociales violentos que hoy se han vuelto noticias de todos los días 


Lo que es muy importante entender, de esta interpretación  de las dinámicas que estamos viendo, es que los sentimientos de humillación y la búsqueda de entidad, son muy fácilmente manipulados por políticos sin escrúpulos y distinción de ideologías, como son Trump, Bolsonaro, o Petro. Estos personajes son maestros en  tocar las frustraciones, los miedos y las  ansiedades, como las cuerdas de una arpa para movilizar las protestas de quienes los apoyan. 


El problema de las “elites”, es que no parecen haberse dado cuenta de la presión creciente que se ha venido acumulando, y que los políticos tradicionales, tampoco han sabido interpretar. Trump ha utilizado esta dinámica tan negativa, para aumentar la indignación de sus seguidores. Petro en nuestro medio, la está buscando capitalizar  de cara a las elecciones del 2022


Reflexiones cómo estás, pueden ser lecciones muy pertinentes que van emergiendo en el desarrollo del drama, con visos de tragedia, que hoy estamos viendo asombrados desde afuera, del proceso electoral norteamericano. Lo importante para nuestro país, es entender que estas tendencias son aún más contagiosas que el COVID 19, y que la vacuna tampoco se ve a la vista. Lo que se si se pueden anticipar so los resultados, que en nuestro caso se puede leer en el espejo de Venezuela.

jueves, 22 de octubre de 2020

El ocaso de un imperio




 No hay duda que las dos décadas que van corridas del Siglo XXI nos ha mostrado una época caracterizada por eventos cada vez más complejos y que se han presentado con mayor frecuencia: actos terroristas, el colapso financiero del 2008, el cambio climático cuyas manifestaciones están por todas partes como son los incendios incontrolables en California y en el Brazil. Las alarmas están prendidas, y las consecuencias se están viendo en la reacción de la gente contra tipos como Trump y Bolsonaro, y que hoy tienen patas arriba a las instituciones de sus países. 

Cuando se observa la manera en que Trump, como presidente, ha desafiado las reglas de juego de su país, y muestra comportamientos inadmisibles, como los que tuvo en el primer debate con Biden, no es de extrañar que la democracia norteamericana esté pasando por el momento más bajo y crítico de su historia. 


Lo que ha hecho este tipo durante estos cuatro años de su mandato, no tiene ningún límite. De ser reelegido, no es exagerado decir que le produciría un daño irreparable a su país. Y es claro que no se va a parar en nada para lograrlo, incluso  no aceptando los resultado electorales, para seguir en el poder a cualquier costo. 


Durante este tortuoso camino desde el 2016, se ha venido montando una oposición cada vez más activa, y los principales diarios, le han ido documentando todos sus desatinos, declaraciones sesgadas, abusos de poder  y exabruptos cotidianos, dejando una estela vergonzosa para su país.


Más de 20.000 mentiras registradas por el Washington Post, sin que hubieran habido consecuencias. El no pago de impuestos durante 15 años, la compra del silencio de una prostituta, o la presión al Presidente de Ucrania para mentir sobre el hijo de Biden. El haber recibido ayuda de los rusos para ser elegido, y más recientemente en el primer debate con Biden ante 80 millones de asombrados norteamericanos, le dio respaldo a un grupo de supremacistas blancos e insistió en amenazar con no entregar el poder si las elecciones no le eran favorables aduciendo un colosal fraude en su contra.


Sin mencionar el hecho de que Trump mintió el haber sido informado de  la gravedad de la pandemia en febrero. El costo en vidas humanas, resultado de está incalificable  irresponsabilidad, se proyecta en un mayor número de muertos que los que perdieron los gringos en la II Guerra. Ahora el virus que negó su gravedad,  ha atrapado a Trump faltando pocas semanas para la elección.


¿Que explicación puede tener semejante debacle que hoy compromete la democracia norteamericana y ha debilitado profundamente su imagen como el ejemplo a seguir? Algunos analistas muy críticos en los medios nacionales e internacionales, afirman que Trump es el espejo que refleja la realidad de millones de gringos, sus miedos, resentimientos e irresponsabilidad. 


Los más fanáticos seguidores de Trump, sienten que como blancos, están perdiendo el control de su país. Al igual que en Europa sienten que los emigrantes son un peligro, sin importar de su lugar de origen. Trump los representa, entiende, promueve y manipula sus temores , lo que explica el porque voltean la cabeza para el otro lado, cuando se brinca impunemente todas las reglas. 


Uno de los columnistas del NY Time explicaba que, cuando personas cómo estás se sienten que están siendo amenazadas, tienen una alta tolerancia a la crueldad de quienes asumen su vocería. En estas condiciones justifican comportamientos inadmisibles. Y como lo menciona David Brooks, también columnista de este diario  en uno de sus artículos, el problema con el perfil de Trump, es que demuestra una alta capacidad para la deshonestidad, la traición, el engaño, la mentira como sus rasgos más sobresalientes, que han definido el tono amoral de su campaña y de sus cuatro años como presidente.


Y el problema para la sociedad norteamericana, es que en este periodo,  Trump ha acelerado un proceso de degradación moral, que era invisible, pero que gracias a su comportamiento aberrante, se ha convertido en una vergüenza nacional y ha escandalizado a quienes antes admiraban el sistema democrático gringo. El primer  debate  le corrió el velo a esta triste realidad, que sería un preámbulo de lo que podría hacer, si es elegido para un segundo mandato. 


Esta situación genera un pregunta muy dolorosa para muchos norteamericanos, que han visto cómo se desarrolla ante sus ojos esta película de horror, esta tragedia nacional: ¿han pedido el sentido de lo que es correcto y que debe determinar si vale la pena  seguir viviendo en su país ? ¿Van a permitir que Trump y sus compinches republicanos arrastren a su nación al fondo del abismo moral, poniendo en peligro la misma estabilidad del pais? 


En el libro “Como mueren las democracias”, dos profesores de Harvard: Daniel Ziplatt y Steven Levitsky mostraban cómo “la pendiente resbalosa que comienza con pisotear las normas democráticas” acaba con cualquier posibilidad de lograr que haya el mínimo de confianza entre rivales. Sin ella no es posible que funcione la democracia, o que operen  las instituciones que la sustentan.


El ocaso de una sociedad es muy duro de ver, especialmente cuando esta había asumido el rol de ser el faro del sistema democrático, que en los últimos 75 años había traído tantos beneficios a miles de millones de perdonas en el mundo. En el caso de los Estados Unidos, es una lección de la historia, que a pesar de poseer los recursos y el conocimiento médico más avanzado, no ha tenido la voluntad política para controlar la pandemia. Es el ejemplo de lo que le sucede a un sistema, cuando muestra muchas fisuras muy graves que le impiden responder. 


Y la otra lección que se puede aprender, es que para que el sistema democrático responda a los desafíos cada vez más complejos como el actual del Covid-19, necesita de un liderazgo que  claramente Trump ha sido incapaz de ejercer. Este es el inmenso vacío que hoy muestra la sociedad norteamericana, pero que también enfrentan muchos países en el mundo en el peor momento de la historia contemporánea 


sábado, 19 de septiembre de 2020

Nuestra historia: el talón de Aquiles de nuestra sociedad

 


Definitivamente Colombia parecería que estuviera condenada a reeditar su historia , que como una pesada ancla atada a su cuello, no le permite sacar cabeza para mirar hacia adelante y avanzar. Cuando deberíamos estar construyendo el futuro sobre el acuerdo de paz, lo que se observa es la repetición de una película de horror que no parece tener fin.

El ELN sigue más activo que nunca y las disidencias de las FARC están creciendo como espuma, todos protegidos por la dictadura de Maduro en Venezuela ( se calculan más de 6000 hombres en armas). Las Bactrín (nueva versión del paramilitarismo narcotraficante) siguen campantes adelante y los cultivos de coca están disparados. 


Y todo lo anterior está sucediendo bajo las narices del partido de Uribe y su pupilo Duque, que llegaron al poder en el 2002 con la Seguridad Democrática, y por tercera vez en el 2018,  para  heredar irónicamente, la implementación del proceso de paz al que se opusieron con patas y manos. Una pesadilla hecha realidad: los enemigos de Santos implementando su legado.




Hoy, en la mitad del camino del mandato de Duque, la película de horror reeditada continúa pero un ingrediente adicional y un nuevo actor: unos niveles de desconfianza sin antecedentes en la Policía y el Ejército Nacional, en los partidos y en general de todas las instituciones, en medio de una polarización creciente, de nuevas marchas sociales, y de una pandemia histórica que tiene postrada a la economía de nuestro país.


Salvo la pandemia, todo lo anterior no me sorprende como voy a mostrar a continuación. Para hacerlo, en este blog quiero transcribir un artículo que escribí en febrero del 2017 sobre lo que se veía venir.


“Cuando veo en la primera página en El Espectador de la semana pasada, la foto de una retro excavadora en medio de un terreno pelado, me dio tristeza e indignación como colombiano. Este testimonio gráfico, correspondía a uno de los 26 sitios que deberían estar listos en diferentes regiones de nuestra geografía, para recibir a 15.000 personas desmovilizadas de las FARC, el 31 de enero de este año. 


Pero mi indignación aumentó aún más, cuando leí la columna de León Valencia en la revista Semana, donde desnuda la incapacidad de ejecución que ha acompañado esta última etapa del acuerdo con las FARC, y que de no corregir el curso, tendría consecuencias muy graves para el país en los próximos meses. Leer: http://www.semana.com/opinion/articulo/leon-valencia-construccion-de-campamentos-de-las-farc/514298


Mi reacción es muy personal por una historia muy frustrante cuando traté de acercarme como ciudadano para ayudar en el proceso paz porque lo veía una necesidad y una obligación histórica. 


Dada esta experiencia durante más de cinco años, no me sorprendió lo que Valencia evidenció, ni la respuesta de los funcionarios de Santos tratando de tapar el sol con las manos. De hecho, era de esperarse que se destapara muy rápidamente  la tremenda debilidad institucional del Estado, para acometer los retos derivados de los acuerdos firmados con las FARC para la fase del post conflicto.


En agosto del 2012, me vinculé al tema por una invitación que me hicieran desde el Ministerio de Defensa,  para apoyar al proceso con otros empresarios cuando se iniciaba el proceso, pero con miras a un eventual post conflicto que preocupaba mucho a algunos militares. A finales de ese mes, se hizo oficial la intención de Santos de llegar a un acuerdo con las FARC, para terminar décadas de confrontación armada con ese grupo guerrillero. Desde ese momento , dediqué muchas horas y recursos de mi bolsillo, para poner un grano de arena a una causa a la que muy pocos le apostaban en esa época . 


Como consecuencia de esta decisión, nació la iniciativa de Innovación x Educacion = Desarrollo + Paz, para movilizar a las nuevas generaciones, que hasta el plebiscito de octubre del año pasado, fueron los grandes ausentes del proceso de paz. Sobre este tema he escrito en muchas oportunidades. Mientras en mi país la iniciativa no tuvo eco, fui invitado a exponerla en eventos internacionales donde hubo gran interés en escucharla, como la conferencia anual del 2016 del Instituto de Paz en Washington, y el World Innovation Forum en el 2015, en el corazón del Silicon Valley. 


Durante  los años que traté de mover la iniciativa, pude observar las incoherencias y divisiones internas de personas muy cercanas al proceso.  En ese entorno, me fue imposible  interesar a altos funcionarios  de este gobierno, en el uso de la innovación para la Paz y la vinculación de los jóvenes al proceso.


Lo que pude observar durante estos años, del comportamiento de funcionarios del gobierno de Santos, cuando traté de abrir las puertas a varias iniciativas innovadoras, me mostró que su apuesta de la paz, tenía tres grandes talones de Aquiles: la falta de liderazgo colectivo del Presidente y su equipo, el desinterés muy preocupante por escuchar ideas distintas, y la gran debilidad institucional. Por lo tanto, no me sorprende para nada la aseveración de Valencia: "lo que vemos es una terrible improvisación" al iniciar la primera etapa del post conflicto.


Al igual que Valencia, tampoco quiero ser un aguafiestas, ni asumir una posición negativa para lo que se nos viene. Pero eso no me inhibe para ser realista. Cuando me acerqué a la Oficina del Comisionado de Paz, a finales del 2014 y durante el siguiente año, tuve la oportunidad de observar cómo el post conflicto no fue una prioridad del Gobierno. Quienes trabajaban con el General Naranjo en esa época, se quejaban de las dificultades para posicionar el tema y darle la prioridad correspondiente. Muy a la colombiana, había que dejarlo para última hora, posición entendible, cuando las apuestas al éxito del proceso, al interior del propio gobierno, eran muy bajas.


Ahora viene la prueba de fuego para Santos y su gente. Los próximos 12 meses, van a estar enmarcados por una gran incertidumbre internacional, y un agitado año preelectoral, que también puede generar mucha incertidumbre interna. En este periodo tan complejo, se deberán demostrar excepcionales capacidades de ejecución de parte del Estado, para impedir que la reintegración de las FARC, se convierta en una inmensa frustración nacional y vuele el acuerdo por los aires. Y recordemos ,que detrás viene el ELN, quienes estarán observando con lupa, el cumplimento del Gobierno.


Hay que recordar que la experiencia internacional demuestra, que los primeros 12 meses después de firmada la paz, son cruciales para apuntalar años muy difíciles de negociación. Pero para lograrlo, se necesita una capacidad de planeación, de alineación institucional y de recursos de todo tipo,  para  después sumar una gran habilidad de coordinación de muchas entidades, para lograr la excelencia en la implementación de lo planeado y acordado. 


En condiciones normales, para un Estado fuerte, estas son tareas que serían muy difíciles y complejas. Pero si se entiende que tenemos una institucionalidad muy débil, y un país polarizado, el reto va ser titánico, máxime cuando  muchos van a tratar de meterle un palo a la rueda. 


Voy a hacer una afirmación que ojalá esté totalmente equivocado en plantearla: durante los cuatro largos años de negociación con las FARC, no se construyó la capacidad para responder a las consecuencias de un acuerdo exitoso. Y ahora que nos llegó el momento, al que pocos le apostaban, las lamentables fotos del estado actual de los sitios de recepción para las tropas de las FARC, y la denuncia de Valencia, nos hacen evidente el problema.


En esta primera etapa del post conflicto, una vez más se hacen visibles las consecuencias del pobre liderazgo de Santos, para preparar al país y a las instituciones para lo que viene. El conejo que hizo con el plebiscito, se lo van a cobrar muy duro los opositores y millones de colombianos que votaron NO al acuerdo. En ese ambiente enrarecido, las fallas de planeación, coordinación, ejecución y control, serán la munición para tratar de descarrilar totalmente el proceso.


No me cabe duda que es un logro desarmar a 15.000 combatientes, en la medida que el Estado pueda sostener la caña y cumplir con los acuerdos. Será casi un milagro que esto suceda, porque como es claro, hay serias dudas de la capacidad del Estado para lograrlo. Y más aún, de sostener el esfuerzo inmenso en el largo plazo, especialmente ante la llegada de un nuevo gobierno en el 2018.


Pero el mayor reto es de liderazgo, que hasta ahora ha brillado por su ausencia. Y este será vital para desarmar el espíritu violento que habita en el alma de millones de colombianos, que no se ven parte fundamental del problema, y que además, esperan que el Estado sea el único que haga solo el milagro de pacificar los espíritus de este gran país que se llama Colombia.”




Espero qué haya sido claro para el lector el porqué no me sorprende lo que está sucediendo hoy, cuatro años más tarde, y también el porqué pienso que, el no podernos quitar la pesada ancla de nuestra historia que es la violencia, es el gran talón de Aquiles de la sociedad colombiana. 


Se que no es una reflexión positiva la que estoy compartiendo, pero es la realidad que tenemos y que no hemos podido superar. Pero como bien lo decía Jack Welch, CEO de GE hace dos décadas: “ hay que enfrentar la realidad para cambiarla” Y claramente, no es con las movilizaciones sociales que destruyen el patrimonio de todos, ni siguiendo a los Petro o los Uribe de este mundo, como lo vamos a lograr. Necesitamos que emergen nuevos liderazgos que unan y no dividan, y que impulsen la construcción de un propósito superior que oriente a nuestra sociedad. 


 




sábado, 12 de septiembre de 2020

Efectos del aislamiento en las relaciones sociales en esta época

 El entorno social en cualquier momento de nuestra vida condiciona nuestras experiencias vitales y también nuestra salud


A medida que pasan los meses desde que el COVID-19 impacto como un tsunami al mundo entero, las consecuencias de esta pandemia comienzan a aparecer  en otros frentes fuera de la salud y la economía que son los más visibles. Uno de ellos es el del impacto que está dejando el distanciamiento social en la gente y en especial en los niños y los adultos mayores.




Como en muchas otras dimensiones de la actividad humana, las habilidades sociales se pueden atrofiar si no se ejercitan. Sus consecuencias han sido bien estudiadas en casos como el de ermitaños, exploradores, astronautas, prisioneros y secuestrados, que han estado aislados por mucho tiempo. Estas personas cuando regresan a la normalidad, demuestran una gran ansiedad y unos comportamientos intolerantes muy complejos y duraderos.


El problema del aislamiento es tan serio,  que para enfrentarlo en épocas normales, se diseñó una estrategia especial contra la soledad en la Gran Bretaña en el 2018. Se pudo comprobar que el aislamiento social es uno de los indicadores más fuertes de causa de mortalidad, por encima de fumar o beber. 


Pero el aislamiento no sólo afecta a los humanos. En una revisión de estudios realizados en animales, desde monos hasta ratones, documentados por la revista Science, la ausencia prolongada de interacción producida por el aislamiento social, puede no solo perjudicar la salud mental, sino también aumentar el riesgo de mortalidad.


En especial, la estructura de la evolución biológica del ser humano lo condiciona a buscar la compañía de otros. Es la respuesta a la necesidad de tener la protección colectiva ante peligros externos. 


Al estar asociado el aislamiento a una respuesta biológica,  cuando es impuesto, es percibido por el cerebro como una señal de peligro. Y al no haber una interacción con otras personas por mucho tiempo, se producen unos efectos negativos en el campo psicológico, emocional y cognitivo. Veamos.


Es indudable que el aislamiento afecta seriamente la interacción con otros. Esta dinámica es fundamental, porque le da al ser humano seguridad y sentido de pertenencia a una comunidad más amplia, en un mundo donde la construcción de redes es cada vez más importante.


Pero a pesar de la necesidad de interactuar con otros, paradójicamente el aislamiento social aumenta la sensibilidad, cuando las personas se vuelven mucho más susceptibles a los comentarios de los demás, empujándolas inclusive a buscar evitar el contacto directo con más gente. En estos casos, el miedo se vuelve una constante porque se magnifican los riesgos reales o percibidos de la relación con otras personas.


Cuando las circunstancias impiden estas dinámicas de interacción, se afectan las capacidades  de reconocer y responder a las complejidades de las relaciones humanas. La consecuencias han sido bien documentadas. Los problemas de convivencia se agudizan y se convierten en abusos y maltratos contra las mujeres y los niños que son más vulnerables.


En estas circunstancias, el manejo de conflictos se hace mucho más difícil porque hay menos tolerancia con el otro, y curiosamente se agudiza el querer estar aislados, buscando cualquier disculpa para hacerlo. Las personas se vuelven más hurañas y se les es más difícil conectar. Y cuando estas dinámicas no se paran rápidamente, se convierten en comportamientos permanentementes, generando un círculo vicioso que agrava aún más el problema.


Al escribir este blog, no encontré estadísticas actualizadas  sobre el número de separaciones o divorcios que se han producido durante estos meses de pandemia, pero estoy seguro que debieron de aumentar. La convivencia forzada con el cónyuge y los hijos, en espacios reducidos, teniendo que trabajar, y en simultánea, prestar atención a los niños y hacer otras labores del hogar, ha sido una prueba de fuego para las relaciones de muchas parejas.



Otro impacto del aislamiento ha sido el espacio que ha ocupado el miedo en la vida de mucha gente.  Hoy en día, no es nada  extraño, encontrarse con personas que lo tienen  y que les impide querer salir de nuevo a espacios públicos por temor a contagiarse. El miedo y la ansiedad se han vuelto en sus compañeros permanentes en estos meses. El tema es especialmente más grave en los adultos mayores que han estado solos durante este tiempo.  


Ahora bien, los efectos de la ansiedad permanente también han sido ampliamente documentados: la dificultad para dormir y comer, o tener pensamientos suicidas. Afortunadamente, la tecnología como el Zoom que ha facilitado el trabajo en casa, también ha permitido hacerle un seguimiento  más cercano a pacientes que están manifestando serios  desórdenes psicológicos producidos por el aislamiento.


Las investigaciones que se comienzan a publicar, demuestran que estos fenómenos se están evidenciando en las personas que han sido aisladas durante la pandemia. Hay una pérdida en la habilidad de relacionarse con otras personas, situación que no es muy visible pero si es muy real y preocupante. Las señales están a la vista: la irascibilidad y la tristeza están a flor de piel, los conflictos se disparan por cosas sin importancia, el abuso del tiempo pegados al computador, etc. 


Los efectos del aislamiento se han documentado también  en los casos de personas que han estado encerradas en cuarentena con sus familias por muchos meses. La ausencia de unas relaciones más amplias con otras personas, como las que ofrecen los espacios de trabajo, las reuniones sociales,  o el asistir a espectáculos con mucha gente, donde hay la oportunidad de conocer otras personas y construir nuevas relaciones, tiene unas consecuencias negativas.


Es curioso que siendo un tema central que surge durante la pandemia, es muy poco lo que los medios han tratado en nuestro país, como lo pueden atestiguar los estudiantes en las universidades, donde el aislamiento social ha dejado secuelas muy complejas