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sábado, 21 de marzo de 2026

Colombia está desperdiciando a sus mayores

  Colombia está desperdiciando a sus mayores: Una conversación urgente que el país aún no quiere tener (Publicado 21/03/26)

Colombia no solo enfrenta un desafío demográfico; enfrenta un problema cultural y estratégico: no ha sabido reinterpretar el valor del envejecimiento en una sociedad que vive más años.

Estamos ante una paradoja:

  • Nunca habíamos tenido tantos años de vida disponibles
  • Y nunca habíamos desaprovechado tanto ese capital humano

Hay problemas que hacen ruido. Y hay problemas que crecen en silencio. Los primeros ocupan titulares, dividen la opinión pública y marcan la agenda política. Los segundos avanzan lentamente, sin generar alarma… hasta que se vuelven inevitables y nos explotan en la cara.

El envejecimiento de la población colombiana —y el desperdicio sistemático del talento senior— pertenece claramente a esta segunda categoría. Y, sin embargo, es uno de los temas más importantes que el país debería estar discutiendo hoy. En medio de la campaña política más trascendente de este siglo, el envejecimiento de la población y papel de los adultos mayores, no aparece como uno de los temas más críticos de nuestra sociedad . Cuando se medio menciona se ve como un problema y no como una oportunidad. 

Una transformación que ya ocurrió

En una reciente conversación en el podcast Políticas Públicas, los economistas Mauricio Reina y Eduardo Lora pusieron sobre la mesa una realidad que cambia por completo la forma como deberíamos entender el futuro del país: Colombia ya no es un país joven.O, al menos, está dejando de serlo rápidamente.

Durante décadas, nuestra estructura demográfica se parecía a una pirámide: muchos jóvenes en la base y pocos adultos mayores en la parte alta. Hoy esa figura se está transformando aceleradamente. La tasa de fecundidad ha caído a niveles históricamente bajos —alrededor de 1.06 hijos por mujer según un informe reciente— muy por debajo del nivel de reemplazo y más bajo que el Japón. Al mismo tiempo, la esperanza de vida ha aumentado de manera extraordinaria.

Para ponerlo en perspectiva: una persona nacida en Colombia en los años 60 tenía una expectativa de vida cercana a los 58 años. Hoy esa misma generación puede esperar vivir más de 80 años. Hemos ganado, en promedio, más de dos décadas de vida. Y ese es, al mismo tiempo, uno de los mayores logros de nuestra sociedad… y uno de sus mayores desafíos.

El problema no es vivir más… es cómo vivimos más

El aumento de la longevidad no es el problema. El problema es que nuestra sociedad —y particularmente nuestro mercado laboral— no ha sabido adaptarse a esa nueva realidad. Hoy en Colombia millones de personas llegan a la edad de pensión con buena salud, con experiencia acumulada y con una enorme capacidad productiva. 

Y, sin embargo, son expulsadas del sistema formal.No porque no puedan trabajar.Sino porque el sistema dejó de tener espacio para ellas.

El desperdicio del talento senior

Los datos que presenta Eduardo Lora son contundentes. En Colombia, la participación laboral y la formalidad tienen comportamientos profundamente preocupantes a medida que aumenta la edad.El empleo formal alcanza su punto máximo entre los 25 y 30 años.A partir de ahí comienza a caer. De manera sostenida. Y de manera dramática. A los 50 años, solo una fracción de las personas sigue vinculada a empleos formales. A los 60, la mayoría ha sido desplazada hacia la informalidad.

Esto significa que el país está perdiendo —de manera sistemática— una de sus mayores reservas de capital humano: personas con décadas de experiencia, conocimiento acumulado y criterio. Lo más grave es que esta exclusión no responde necesariamente a una caída en la productividad.Responde, en gran medida, a un sesgo cultural y estructural contra la edad.

El edadismo: un prejuicio invisible

Una de las hipótesis más relevantes planteadas en la conversación es la existencia de un fuerte sesgo antisenior en el mercado laboral colombiano. Las empresas —especialmente las grandes— tienden a evitar la contratación de personas mayores.

Las razones que se esgrimen son conocidas:que tienen dificultades para adaptarse a la tecnología, que aprenden más lento, que se ausentan más, que son menos productivos. Pero la evidencia muestra que muchos de estos supuestos no son ciertos.

De hecho, en muchas actividades, las personas mayores presentan niveles de desempeño superiores gracias a su experiencia y capacidad de juicio.El problema no es la capacidad. Es la percepción. Y esa percepción está costándole al país una enorme pérdida de talento.

Un problema que va más allá del individuo

Este no es solo un problema de quienes están llegando a la edad de retiro. Es un problema estructural que afecta a toda la sociedad. Porque la combinación de dos tendencias —menos jóvenes y más adultos mayores— genera una presión creciente sobre el sistema económico. Cada vez habrá menos personas trabajando para sostener a una población más longeva. Y en un país con baja productividad y alta informalidad, esa ecuación se vuelve especialmente compleja.

Si además se excluye del sistema productivo a millones de personas que aún pueden aportar, el resultado es evidente: un deterioro progresivo de la sostenibilidad económica y social.

Una institucionalidad que no ha reaccionado

Uno de los aspectos más preocupantes es la falta de respuesta del sistema. Las políticas públicas siguen operando bajo supuestos demográficos del pasado. El sistema pensional, por ejemplo, no ha incorporado plenamente el impacto de la mayor longevidad.

El sistema financiero mantiene restricciones que dificultan el acceso al crédito para personas mayores. Y la legislación laboral, en algunos casos, genera incentivos perversos que desincentivan la contratación de trabajadores senior. Todo esto ocurre mientras el problema sigue creciendo. En silencio.

¿Problema o oportunidad?

Pero hay otra forma de mirar esta realidad. El envejecimiento de la población también puede ser una oportunidad. Una sociedad que logra aprovechar el talento senior puede ganar en productividad, estabilidad y cohesión social. Puede construir organizaciones más equilibradas. Puede fortalecer procesos de mentoría y transferencia de conocimiento. Puede desarrollar nuevas formas de trabajo más flexibles e inclusivas.

El problema no es la edad. El problema es el modelo.

Repensar la vida productiva

Tal vez el cambio más profundo que necesitamos hacer es conceptual. Durante décadas hemos operado bajo un modelo lineal de vida:educación, trabajo, jubilación. Ese modelo ya no corresponde a la realidad. Hoy las personas viven más, cambian más de ocupación y tienen la posibilidad de reinventarse varias veces a lo largo de su vida. Esto implica repensar la educación, el trabajo y las políticas públicas. Implica construir ciclos de vida más flexibles. Implica reconocer que la productividad no tiene una fecha de vencimiento fija.

Una conversación que el país no está dando

A pesar de la magnitud del problema, este tema sigue siendo marginal en la agenda pública.No genera movilización. No produce polarización. No es políticamente atractivo.En muchos casos, incluso, es visto como un “problema de viejos o de chuchos”.

Y esa percepción es, en sí misma, parte del problema. Porque lo que está en juego no es solo el bienestar de una generación. Es el equilibrio de toda la sociedad.


Cuidar a quienes nos cuidaron

Tal vez ha llegado el momento de cambiar la conversación. De dejar de ver a las personas mayores como una carga. Y empezar a verlas como una oportunidad. Como una fuente de experiencia, estabilidad y conocimiento.

Pero también como una responsabilidad colectiva. Porque una sociedad que no sabe integrar a sus mayores es una sociedad que no ha entendido su propia evolución.

Una invitación a ampliar la mirada

Este blog es, en el fondo, una invitación. A reconocer que estamos frente a una transformación profunda. A entender que el envejecimiento de la población no es un tema marginal, sino estructural. Y a abrir una conversación que Colombia no puede seguir postergando. Porque el futuro del país no se construye solo con los jóvenes que hoy son cada día menos.

También se construye con quienes han acumulado la experiencia de toda una vida.

Un siguiente paso

En el próximo blog quiero profundizar en esta idea desde una perspectiva más humana y cercana:  El futuro de Colombia también lo cuidan los mayores.

Es una reflexión sobre el papel que pueden jugar los adultos mayores en la construcción del país. Una mirada que conecta con algo esencial: que el futuro de Colombia no solo se construye hacia adelante. También se construye reconociendo el valor de quienes han llegado más lejos en el camino de la vida y cuya experiencia quieren aportar.


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