Cuando las historias se alinean: liderazgo, constelaciones narrativas y el 2026 (Publicado 29/03/26)
Las naciones no se transforman únicamente por reformas. Se transforman cuando cambian las historias que cuentan sobre sí mismas. En este blog sigo profundizando sobre el tema vital del papel de la narrativa en la el destino de un país como Colombia.
En Narrative Economics, Robert Shiller plantea algo que debería alterar profundamente la manera como entendemos la política y el liderazgo: las narrativas no son adornos retóricos; son fuerzas económicas y sociales que se comportan como epidemias. Se contagian, alcanzan picos, declinan y, a veces, resurgen con nuevas formas.
Pero el capítulo 7 de su libro, añade un matiz decisivo: las narrativas no operan solas. Se agrupan en constelaciones. Y cuando varias historias se alinean en el mismo clima emocional, pueden producir puntos de inflexión históricos. Esa idea es especialmente relevante para Colombia de cara al 2026.
Del contagio al sistema narrativo
En el capítulo 8, Shiller formula siete proposiciones fundamentales: las narrativas son contagiosas, tienen ciclos de vida, combinan emoción y hechos, interactúan entre sí y pueden alterar comportamientos económicos reales. No votamos solo por programas. Invertimos, migramos, participamos o nos retraemos en función de relatos que nos parecen plausibles.
Pero el capítulo 7 amplía el marco: no es una historia aislada la que cambia una sociedad, sino una constelación narrativa coherente. Cuando “el sistema está capturado”, “nada funciona”, “el cambio debe ser radical” y “hay culpables identificables” se refuerzan mutuamente, no estamos ante una opinión. Estamos ante un ecosistema emocional.
Y los ecosistemas emocionales moldean decisiones colectivas.
El ciclo que se agota
Toda constelación tiene un núcleo afectivo. En los últimos años, ese núcleo estuvo compuesto por indignación, desconfianza y expectativa redentora. Ese conjunto de narrativas alcanzó su punto máximo cuando logró convertirse en mandato político. Pero, como advierte Shiller, las narrativas también enfrentan la prueba del tiempo.
Cuando las expectativas superan la realidad, el relato comienza a desgastarse. No necesariamente desaparece, pero pierde intensidad movilizadora.
El momento actual parece corresponder a esa fase de declive. Y los momentos de declive no son vacíos. Son transiciones. La pregunta no es si habrá una nueva constelación narrativa. La pregunta es cuál será.
Casualidad y preparación
Shiller introduce una idea incómoda: la casualidad importa. Pequeños eventos fortuitos pueden activar o acelerar la propagación de una narrativa ya latente. Una crisis inesperada, un escándalo, un símbolo potente, un error estratégico.
Pero aquí hay una lección estratégica: la casualidad solo activa lo que ya está disponible. Si no existe una constelación alternativa preparada, el vacío será ocupado por otra igualmente polarizante. El liderazgo, por tanto, no controla los eventos. Pero puede preparar el terreno narrativo.
Liderazgo adaptativo: más allá de la técnica
Aquí converge el pensamiento de Ronald Heifetz. Los retos técnicos se resuelven con expertos. Los retos adaptativos exigen transformación cultural y el ejercicio del liderazgo.
Colombia enfrenta un reto adaptativo con un profundo vacío de liderazgo . No es solo un problema de crecimiento económico o de reforma institucional. Es una cuestión de identidad colectiva, de confianza y de cultura cívica. Y los cambios culturales no se imponen por decreto. Se movilizan a través de historias que redefinen quiénes somos. Un liderazgo adaptativo no promete soluciones mágicas. Invita a asumir responsabilidades compartidas.
La constelación del cuidado
En este contexto, el movimiento Colombia es buena y vale la pena cuidarla propone una constelación alternativa.
Su núcleo emocional no es la indignación, sino el reconocimiento que visibiliza, escucha y la corresponsabilidad. Sus relatos no giran en torno a enemigos, sino a hábitos culturales que debemos superar: el incumplimiento, la indiferencia, la pasividad, la delegación excesiva. Sus protagonistas no son redentores, sino ciudadanos muy variados que hoy reclaman ser tenidos en cuenta, visibilizamos y escuchados: empresarios, universidades, jóvenes, comunidades residenciales, organizaciones sociales, Fuerzas Armadas, muchos de ellos líderes invisibles.
No se trata de negar los problemas del país. Se trata de reconfigurar la historia que nos contamos que define la identidad desde la cual los enfrentamos . La cultura —esa infraestructura invisible que determina cómo actuamos cuando nadie nos vigila— se convierte aquí en eje estratégico. Si la narrativa dominante dice “todo está perdido”, la cultura se erosiona. Si la narrativa emergente dice “yo si puedo y soy corresponsable, hemos construido mucho y debemos cuidarlo”, la cultura se fortalece.
El riesgo de la sustitución automática
Un error frecuente en transiciones narrativas es asumir que el desgaste de una historia garantiza el triunfo de otra. No es así. En sociedades polarizadas, cuando una constelación declina, pueden emerger relatos aún más simplificadores , emocionalmente intensos , destructivos y limitantes .
La historia demuestra que el vacío rara vez permanece. Por eso el trabajo narrativo previo es crucial. Hoy este es un mensaje de urgencia para millones de colombianos que no quisiéramos vivir la experiencia venezolana. Construir una constelación implica articular múltiples relatos coherentes: microhistorias de liderazgo, ejemplos de corresponsabilidad, experiencias sectoriales que demuestren que el cuidado es practicable. No basta una consigna. Se necesita un ecosistema de historias poderosas que nos hagan tener una autoimagen colectiva positiva .
2026: elección de poder o elección de historia
En 2026 no solo se elegirá un Presidente . Se definirá si Colombia consolida una ciudadanía adulta o si continúa delegando su destino en figuras providenciales, mesías disfrazados como Petro. Estará en juego la historia que queremos encarnar hacia el futuro como nación. O asumimos la reconstrucción con madurez histórica, o repetimos el ciclo de expectativas desmesuradas y frustraciones recurrentes. Las elecciones visibles serán un episodio. La narrativa dominante será el verdadero gobierno invisible.
Una responsabilidad colectiva
Shiller nos recuerda que las narrativas son contagiosas y no lineales. Heifetz nos recuerda que el liderazgo moviliza adaptación y la narrativa juega un papel fundamental..
La convergencia de ambos plantea una tarea histórica: Preparar una constelación narrativa capaz de activarse cuando las circunstancias lo permitan. No se trata de manipular emociones. Se trata de encauzarlas hacia responsabilidad compartida. El cuidado no es una palabra blanda. Es una categoría política madura. Implica memoria, disciplina, compromiso y respeto por lo construido.
Si la historia que repetimos es la del fracaso inevitable, actuaremos en consecuencia. Si la historia que repetimos es la del cuidado corresponsable, comenzaremos a comportarnos como custodios de un proyecto común. El fin de una constelación ya es perceptible. El comienzo del cuidado no será automático. Será una decisión cultural. Y esa decisión empieza hoy, en la historia que decidimos contar y sostener
En un próximo blog voy a conectar los temas de cultura y narrativa con los resultados de un reciente estudio contratado por el Instituto de Ciencia Política - ICP- y la firma Búho sobre la narrativa imperante en el país.
Y aprovechó para invitar a mis lectores que descarguen en Amazon o compren en librerías el último libro de Hernando Gómez Buendía : “Colombia después de Petro”. Extraordinario y oportunismo análisis muy incisivo que abre los ojos cuando más los necesitamos tener abiertos para entender porque llegamos a donde estamos y que podemos hacer de cara a la construcción de una nueva narrativa para Colombia.
PD: me llamo mucho la atención que mi blog anterior: “Colombia está desperdiciando a sus mayores” haya tenido una lecturabilidad menos de la mitad de los blogs míos en los últimos cinco meses, cuando abordó un de los temas más críticos para la sociedad colombiana. Invito al lector que no lo haya leído a que le dé la oportunidad y lo visite. Posiblemente yo sea el equivocado pero me gustaría generar la discusión y escuchar opiniones distintas
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