Lo que tenía que pasar pasó. La absoluta incapacidad de los gobiernos de Santos y Duque, de tomar el toro por los cuernos y definir una reglamentación que legalizara el uso de las plataformas tipo Uber, terminó con la victoria pírrica de los taxistas tradicionales y el retiro de la empresa norteamericana del mercado colombiano a partir del 31 de enero de este año.
Y digo pírrica, porque el poderoso lobby que han movido para enfrentar el impacto de la tecnología en su negocio, no será suficiente para parar la rueda del cambio tecnológico que está en marcha. Como a tantas otras industrias: la disquera, el retail, y la automotriz, para solo enumerar algunos ejemplos, la realidad se impuso y los obligó a reinventarse o morir. El servicio de taxi como lo conocemos, también va a cambiar.