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sábado, 17 de marzo de 2018

¿ Líder o caudillo?


En días pasados tuve un interesante intercambio de opiniones con un querido amigo mío sobre el significado de la palabra caudillo. Esta discrepancia que tenemos los dos, surgió al haber puesto a Uribe, junto a Chávez y Correa, como ejemplos del caudillismo latinoamericano, en un comentario que hiciera en mi blog anterior. 

Dado el ambiente político tan enrarecido que hoy tenemos, decidí compartir con mis lectores estas reflexiones, porque pueden ayudar a dar una mejor luz sobre lo que el significado del caudillismo y sus consecuencias. Pero también, porque me permite explicar la distinción del concepto de líder que promovemos desde la Fundacion Origen Red de Liderazgo. 

viernes, 9 de marzo de 2018

El liderazgo de lo público

Este domingo son las elecciones para el Congreso cuando se clarifica hacia dónde se está moviendo la opinión pública para la eleccionario del próximo Presidente. La decisión de por quién votar, tendrá como telón de fondo, la preocupación que he venido tratando en los últimos blogs. 

El lector que los haya leído, sobre el tema del impacto de la desconfianza en las instituciones, seguramente tendrá muchas preguntas y reflexiones sobre el porqué hemos llegado a esta situación. También, le interesará encontrar la forma de poder cambiar esta dinámica con un mayor sentido de responsabilidad colectiva .

Igualmente, podrá estar sorprendido, porque siendo un problema tan grave, no es uno de los temas principales de las campañas políticas que se desarrollan en la actualidad. Lo cual me lleva a plantear la necesidad de visibilizar otros temas que también son muy críticos, que están en la raíz de estas dinámicas de desconfianza ciudadana, y que afectan muy seriamente el funcionamiento y gobernabilidad de la sociedad. 

A lo largo de varios blogs, he sostenido que el más grave impacto de la desconfianza en las instituciones y los dirigentes políticos, es la desorientación de la gente, su descontento creciente, y disposición a recurrir a hechos violentos, ante la incapacidad del Estado para atender a sus necesidades. 

Pero hay algo más grave aún: la frustración que siente mucha gente, que los hace muy vulnerable a los agitadores profesionales, como Petro. Con gran  habilidad, estos personajes explotan la desorientación colectiva para manipularlos emocionalmente, usando las mentiras para atizar los odios de clases, los miedos, y ofrecer lo que no pueden cumplir . Estos personajes se posicionan como los salvadores, proponiendo soluciones simplistas y sin dolor, para resolver los problemas complejos que tenemos en la sociedad. 

Que hayamos llegado a este estado de cosas no es algo gratuito. Ha sido el resultado de un proceso a lo largo de los años, de descomposición del sentido del servicio y de la ética de lo público. Pero especialmente, porque hay un enorme vacío de liderazgo en la sociedad contemporánea, que se evidencia  particularmente en la actividad política.

En Colombia, el desprestigio del oficio de la política ha llegado a niveles muy preocupantes. Las peleas entre los dirigentes más visibles, la corrupción descarada de los políticos sin escrúpulos, y la pasividad ciudadana, han alimentado esta situación. Y si no hacemos nada al respecto, no podemos esperar cambiar las dinámicas descritas, así como tampoco podremos sorprendernos de los resultados que hoy tenemos, de una sociedad cada día más ingobernable  y descuadernada. 

Entonces: ¿qué podemos hacer?

Desde la Fundación Origen Red de Liderazgo, pensamos que tenemos la obligación de hacer del liderazgo colectivo un tema nacional. Esto implica ayudar a identificar, conectar, visibilizar y potenciar, a muchos LÍDERES, que tengan la vocación de servicio a sus comunidades, en el campo político, empresarial y social  de nuestro país. 

Y digo liderazgo con mayúsculas, porque no podremos cambiar nuestra realidad, si no contamos con personas preparadas colectivamente y a diferentes niveles, para asumir esta responsabilidad.

En abril del 2015, publiqué el artículo titulado: El liderazgo que necesita Colombia, que recomiendo leer para entender mejor este blog. En ese entonces escribía sobre las condiciones que implica el ejercicio del liderazgo en una sociedad como la nuestra. Mencionaba que: “El proceso histórico que hoy se vive en Colombia no está diseñado para que el sistema siga igual. Es la oportunidad de intervenir las causas raizales so pena de estar repitiendo la historia en pocos años“. 

Por la misma época, tuve la oportunidad de ser participante del ejercicio Escenarios 2025, para establecer los posibles futuros de Bogotá y su región. En los tres escenarios que resultaron del ejercicio colectivo, salieron dos factores comunes a todos ellos: el liderazgo y la innovación. Su desarrollo es fundamental si queremos crear las condiciones para tener un futuro diferente. 

Aquí vale la pena recordar, que el verbo liderar, tiene su raiz indoeuropea en la palabra "lith", que significa atreverse a dar un paso más allá de los límites, dejando atrás lo que impida avanzar. Esto implica desafiar a la gente para que aprendan a manejar los cambios sistémicos, pero a la escala de los desafíos que enfrentamos en la actualidad y tendremos hacia el futuro.

El gran reto que enfrenta este  concepto es cultural, especialmente en el entorno latinoamericano, donde el imaginario del líder está  relacionado con el caudillo mítico y carismático. Chávez, Uribe y Correa son tres ejemplos que vienen a la mente como representantes de esta realidad. Y agitadores como Petro pueden ser percibidos bajo esta luz porque deslumbran por su oratoria más no por su ejecutoria pública. 

El mayor desafío para nuestras sociedades, es el de entender que estamos enfrentando grandes cambios donde no hay respuestas fáciles a problemas complejos. Y que no es posible pedirle a un solo individuo que asuma la responsabilidad de resolverlos. Esto simplemente no es factible. El Llanero Solitario y el Mesías no tienen cabida en la sociedad contemporánea.

Pero también,  hay que estar consciente que el ejercicio del liderazgo, en un entorno con mucha incertidumbre y grandes cambios, significa intervenir sistemas complejos como los que se encuentran  en la sociedad. En estos casos, la interconexión de sus partes y sus dinámicas no visibles, hacen que un cambio pequeño en un componente, tenga unos efectos amplificados  y no deseados, en otros componentes  del sistema. 

En el campo de lo público, enfrentamos un gran problema, especialmente con las nuevas generaciones que hoy quisieran servir a causas con un propósito mayor. Pudiéndolo hacer desde el ejercicio sano de la política, y del servicio público, no lo hacen porque esta actividad está totalmente desprestigiada. 

Hace unos días, un exalumno de Origen, que tomó la decisión de saltar a la arena política a nivel local, porque quería hacer la diferencia, me comentaba: “ estoy muy confundido porque me avergüenzo de decir que soy político. Cuando asisto a reuniones con la comunidad, mucha gente me ve con despreció y con mucha agresividad”. 

Otro exalumno nos escribía: “los pocos que deciden optar por entrar al servicio público se quejan de la frustración que les produce un sistema inmovilizado por la corrupción, el exceso de burocracia o la falta de competencia y capacidades de los funcionarios públicos. En general, la queja recurrente es la dificultad para mejorar las prácticas del servicio público, por la falta de colegas con el objetivo de servir a la comunidad, en lugar de perseguir intereses individuales y de partidos políticos que los apoyen en esta tarea”.

Y si más adelante alguien con verdadera vocación de servicio público, sale elegido, “ se encuentra con una titánica pared de obstáculos. Además de recuperar su inversión,  tiene la necesidad de aliarse con el denominado “establecimiento político” que lo apoyó” .

“Ya elegido le invade un sentimiento de impotencia mayúsculo, toda vez que las transformaciones o proyectos que quiere emprender, se ven frustradas por los intereses del “establecimiento político” que lo respaldó, o por la mediocridad burocrática en la que está sumergida la administración pública, y en general el sistema institucional”.

Si está es la imagen que se tiene de una actividad vital en una sociedad, el reto más grande debería ser el de devolverle la dignidad al ejercicio limpio y transparente de la política. Pero esto implica ayudar a formar y capacitar a muchas personas, que seguramente podrían ser excelentes representantes de sus comunidades. 

Pero muchos no se atreven, por pena o asco, al ver el lamentable ejemplo que nos dan todos los días muchos los dirigentes políticos  que tenemos. No se quieren exponer a sacrificar sus principios en un entorno dañado, donde lo primordial, es sacar la mayor tajada posible de los recursos públicos.

Desde Origen, queremos proponer un movimiento para formar una Red Nacional de Liderazgo, que ayude a quienes han demostrado capacidad de ejercerlo en su comunidades, y que se sientan apoyados para continuar y amplificar su labor. Ojalá muchos de ellos, tomen la decisión de hacerlo desde el campo de la política, pero con una visión limpia y transparente de servicio público 

Estamos seguros, porque lo hemos constatado a través de nuestro proceso de formación y apoyo para el ejercicio del liderazgo, por el cual han pasado más de 800 personas muy diversas, que hay mucha gente extraordinaria que podría hacerle un gran servicio a sus comunidades y al país. 

Hemos encontrado que la mayoría de estas personas son invisibles, están solas y desconectadas. Son unas joyas ocultas que tiene nuestra sociedad que no están activadas a su máximo potencial. 

Creemos que bajo el paraguas de una red de soporte, donde se forme una comunidad de líderes diversos, con una visión compartida, mecanismos de apoyo y una tarea local, estaríamos formando las capacidades de liderazgo que Colombia urgentemente necesita para acelerar su transformación.

Con las intervenciones de este tipo de personas, todo es posible, sin ellas solo nos salvaría un milagro. Por eso proponemos poner nuestro grano de arena, para que sea una prioridad identificar y potencializar a los lideres que Colombia necesita a todo nivel.

Y también, para que el tema se entienda y se reconozca, como el más importante de la agenda nacional de desarrollo de largo plazo. Así como la infraestructura física del país se volvió finalmente una prioridad, necesitamos también contar con la infraestructura de liderazgo para apuntalar los cambios  urgentes que requiere nuestro país.

Por último, al identificar a un grupo cada vez más numeroso de personas que puedan ejercer un liderazgo ético desde lo público, pero también desde otros sectores de la sociedad, estaríamos generando la base de los nuevos héroes que deben de ser los modelos de rol para todos. Estaríamos haciendo un cambio de la cultura de los  ídolos mafiosos, para reemplazarlos por quienes son unos verdaderos ejemplos que nos permitan recuperar la confianza en nosotros mismos y la credibilidad  institucional. 


Espero que estas reflexiones, le sirvan al lector el próximo domingo,  el momento de depositar su voto para el Senado y la Cámara. Es una excelente oportunidad para apoyar a personas jóvenes que aspiran a llegar a estas corporaciones por primera vez y que los inspira el deseo de servir y no de servirse del cargo para lucrarse personalmente

viernes, 2 de marzo de 2018

El silencio de los no tan innocentes

Recibí un mensaje de un amigo cuando había terminado de escribir la serie sobre el impacto de la desconfianza institucional. Y al leerlo varias veces, me pareció que valía la pena divulgarlo, pero también comentarlo y aprovecharlo para reforzar algunas reflexiones que son muy pertinentes para la Colombia de hoy. 

El Dr. Emanuel Tanya , es un sobreviviente judio del Holocausto que se radicó posteriormente en los USA. En un mensaje que el escribió titulado El Silencio, compartió de manera muy breve su violenta experiencia y las lecciones que aprendió. Su mensaje de fondo se puede proyectar a otras situaciones que están ocurriendo setenta años después. Y las consecuencias pueden ser tan dramáticas o más, como las que psiquiatra vivió.

viernes, 23 de febrero de 2018

La desconfianza institucional y su impacto en los medios

Al ver la excelente recepción que ha tenido mi serie sobre la desconfianza en las instituciones, y su efecto en diferentes áreas de la vida ciudadana, he decidido escribir esta semana sobre el impacto de la desconfianza en la institución de los medios de comunicación. El tema es tan crítico como el que traté de la Justicia, y de los casos tan aberrantes, como el comentado en mi blog anterior.

Desde la época de, Gobels, Ministro de Información de Hitler (o mejor de desinformación), este siniestrado personaje entendió el poder de una mentira, cuando repetida mil veces, era capaz de cambiar totalmente la percepción de la realidad en la mente de las masas. 

viernes, 16 de febrero de 2018

La desconfianza institucional y su impacto en la violencia de género

Tenía toda la intención de cambiar del tema de la desconfianza institucional, cuando me enteré de un caso aberrante que involucra un intento de asesinato a una mujer,  y la posibilidad de que su atacante salga en libertad el próximo mes de junio. Afortunadamente, se está generando una respuesta creciente de indignación a nivel internacional, contra los atropellos de género, por lo que espero capitalizarla a favor de la victima de este caso.

Además de la rabia que me generó la noticia, el tema se agrava aún más por las consecuencias sobre la agredida y su familia. Por esta razón, escribo este blog en solidaridad con la victima y todas las mujeres que han sufrido situaciones similares.

viernes, 9 de febrero de 2018

La desconfianza institucional y su impacto en la seguridad

En mi blog anterior comencé a tratar el impacto de la desconfianza institucional en nuestra sociedad. Coincidenciálmente, en esa misma semana, aparece un artículo de fondo en la portada de la revista Semana titulado: “Miedo”. Es el análisis de una serie de hechos delictivos, acontecidos en los últimas días, y de las causas que los permiten. 

El artículo en cuestión me cayó como anillo al dedo, para evidenciar las consecuencias de la pérdida de la confianza en la capacidad de las instituciones. En este caso, al no poder  enfrentar la criminalidad de los robos que hoy está desbordada en muchas zonas del país. Es una manifestación de uno de los más graves problemas que nos afectan a todos, y sobre los cuales, no hay un acuerdo nacional.

sábado, 3 de febrero de 2018

Desconfianza institucional y sus consecuencias

¿Que se necesita para lograr cambios importantes y sostenibles en una sociedad como la nuestra? Esta pregunta la he tenido reiteradamente en mi cabeza en los últimos meses. Y cada vez más la veo como una de las grandes preguntas que nos deberíamos estar haciendo en Colombia ante una cruda realidad. El mundo afuera de nuestras fronteras muestra cambios cada vez más rápidos mirando hacia el futuro, y sin embargo, internamente insistimos en movernos en conversaciones circulares y mirando hacia el pasado.

Esta inquietud se me agudizó en estos días después de una amena charla con una persona que ha trabajado mucho por Bogotá. Ella tenía una inmensa preocupación al haber podido observar de primera mano, el desbastador efecto que produce la desconfianza institucional que se disparó con el escándalo del Carrusel de la Contratación, nombre con el cual se bautizó al más grande hecho de corrupción en la historia de nuestra ciudad. 

Esta desconfianza se agravó aún más durante la administración de Gustavo Petro. Con su incompetencia, manejo populista y polarizante, ahondó aún más la desconfianza, que cubre como un manto negro, lo que hoy sucede en Bogotá. El resultado de este proceso lo está pagando muy caro Enrique Peñalosa, actual alcalde de la ciudad, quien no ha demostrado la capacidad de liderazgo necesaria para cambiar esta percepción negativa de la realidad. 

En mi concepto, Peñalosa no calibró  bien el nivel de desorden administrativo y de fractura social, que le habían dejado su antecesores. Da la sensación que el cambiar esta situación lo está desbordando, por lo que el nivel de frustración de la gente, y de desconfianza sobre su capacidad de gestión,  ha venido aumentado peligrosamente. 

El grado de aceptación del alcalde está por el suelo, y hoy tiene sobre su cabeza, una posible revocatoria de su mandato promovida hábilmente por su antecesor. Como resultado, el desarrollo de su ambiciosa agenda de gobierno ha sido mucho más azarosa y lenta, así como la solución de los problemas críticos que se han acumulado, como es el caso de la movilidad.  

Y no deja de haber una terrible paradoja en esta historia. Mientras la popularidad de Peñalosa anda por el suelo y los niveles de desconfianza andan por las nubes en Bogotá, la incompetencia administrativa de Petro y su habilidad de agitador, ha sido premiada con niveles de que lo ubican entre los punteros para llegar a la Presidencia de Colombia.

Cuando hay niveles muy altos de desconfianza de la gente hacia las instituciones y los dirigentes políticos, como hoy muestran las encuestas, se producen varios efectos muy negativos para la sociedad. Veamos. 

El primero de ellos, es la inmensa dificultad para lograr acuerdos sobre unos mínimos que permitan tener un norte compartido y un mapa de ruta para avanzar. Aspectos que son fundamentales para responder a la pregunta con la que comencé este blog. Es necesario tener un acuerdo social sobre los temas que deben de ser gestionados y sostenidos en el tiempo, independientemente de la administración de turno, o del color del partido político que esté en el poder. 

Los cambios estructurales necesitan de tiempo para lograrlos y consolidarlos. Pero también, se necesita  un apoyo sostenido de la ciudadanía, sin el cual no es posible que se vuelvan una realidad. Igualmente es necesario generar el sentido de urgencia para iniciar. Y este se debe soportar en un mensaje claro y contundente: el costo de no cambiar es mucho mayor que el de lograr sumarse al proceso de cambio que necesita de una masa crítica para avanzar y  beneficiar a la mayoría.

Medellín es un buen ejemplo cercano de lo que le sucede a una urbe, cuando sus dirigentes han sido capaces de articular una visión de ciudad y lograr unos acuerdos sobre los mínimos que se deben de cuidar y desarrollar en el tiempo. Durante diez y seis años han conseguido mantener un norte a pesar de que han tenido varias administraciones en este periodo. El resultado es que hay confianza en la capacidad institucional y política, y esto se traduce en una auto imagen positiva que se refleja en lo que proyecta la ciudad. 

Barranquilla es otro caso que va por un camino similar, y que muestra un cambio profundo de una historia de desgobierno, y madrinaje politico, que tuvo postrada por años a esa ciudad. Este cambio se logró, cuando diferentes actores de la ciudad provenientes del sector privado y público, se pusieron de acuerdo para sacarla de la olla donde se en encontraba. 

El alcalde actual, que repite su segundo periodo, muestra los más altos índices de popularidad entre todos los alcaldes a nivel nacional. Barranquilla cuenta hoy con una alta credibilidad de su gente en las instituciones de la ciudad, y en la capacidad que tienen para atender las expectativas de un buen gobierno para todos.

El segundo efecto de la desconfianza en las instituciones es que ésta se extiende como un cáncer hacia lo demás. Y una sociedad, donde deja de existir la confianza, se vuelve ingobernable, y llegar a unos acuerdos mínimos, es una misión imposible. En este entorno, enfrentar de manera inteligente y colectiva, los grandes cambios que hoy nos afectan a todos, es una propuesta suicida que es mirada con despreció y mucha hostilidad. Se vive con la ley de la selva, donde las decisiones individualistas y egoístas son la norma, la colaboración y el bien común la excepción.

Lo curioso de estas dinámicas es que todo el mundo reclama porque el estado de las cosas no cambian, las frustraciones aumentan, los niveles de agresividad e intolerancia son cada vez más explosivos. Además en este ambiente tan complejo, la capacidad individual y colectiva de reflexión desaparece y es remplazada por reacciones primarias que no miden las consecuencias. Y obviamente todo esto redunda en niveles más altos de desconfianza. 

Una tercera consecuencia de estas dinámicas de desconfianza colectiva, es que la sociedad queda fácilmente prisionera de “la post verdad”, del tribalismo y la manipulación descarada por parte de políticos sin escrúpulos que explotan miserablemente las pasiones más bajas del ser humano. 

Este entorno es el mejor terreno fértil para que las profecías negativas y destructivas  se vuelvan una realidad. Estas dinámicas se vieron reflejadas en los resultados del “Brexit” en GB, y la elección de Trump en los Estados Unidos. Y el resultado no podría ser peor: sociedades divididas, con sus aparatos políticos desarticulados e incapaces de lograr los acuerdos mínimos,  lo que se traduce en una total desorientación de la sociedad.

Este análisis que surge de una conversación sobre Bogotá, se puede extender sin problema al entorno político nacional. Allí estamos viviendo algo muy similar con consecuencias imprevisibles para todos. ¿Que Hacer?

El próximo blog continuaré proponiendo algunas ideas para responder esta última pregunta y dar pistas sobre la que propuse al comienzo de este blog