Al presidente saliente Juan M Santos se le recordará por haber firmado un acuerdo con las FARC, pero dejó incompleta la tarea y hoy estamos comenzando a ver las consecuencias. Una iniciativa necesaria que terminó dividiendo al país. Y la mayor ironía: su implementación quedó en manos de su más feroz opositor. Algo que debía haber sido una política de Estado, terminó siendo percibida por millones de colombianos como un capricho mal ejecutado y personal.
Con esta introducción, no quiero referirme en este blog al proceso de paz. Lo traigo a colación para subrayar una falla que ha sido protuberante de nuestros dirigentes políticos: la incapacidad de lograr consensos para construir unas políticas de largo plazo para la sociedad. Parecería que construir acuerdos sólidos y sostenibles en el tiempo, es casi un imposible metafísico en nuestra cultura política.