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sábado, 15 de mayo de 2021

El diálogo “mágico”

En Colombia estamos viviendo en la actualidad una situación muy difícil que le ha puesto todas las luces a una palabra: el diálogo. En ella se está viendo la llave  para encontrar una solución mágica al desastre que ocasionaron un presidente y un ministró autistas, que se desconectaron de la realidad. Y que precisamente por no “dialogar”, antes de lanzar la granada de una reforma tributaria totalmente inoportuna, han incendiado al país.

¿Pero que significa dialogar? Según el diccionario de Oxford: “discutir sobre un asunto o sobre un problema con la intención de llegar a un acuerdo o de encontrar una solución”. Esto presupone primero, que haya la capacidad de reconocer que existe un problema que afecta a las partes interesadas, y segundo, la voluntad y la intención de alcanzar un acuerdo para solucionarlo o manejarlo. 


Para que un diálogo sea exitoso, además de entender lo anterior, se necesita comprender, como ya lo explicaba en otro blog reciente, que el uso del lenguaje es el medio para lograrlo, porque la palabra es acción. Esto presupone que, como resultado del diálogo, pasen cosas que movilizan a las partes comprometidas a encontrar puntos de acuerdo, a pesar de  las diferencias en sus posiciones e interpretaciones relacionadas con la situación.



Para dialogar, se necesita conversar. Y para que sea una conversación constructiva se requiere que estemos dispuestos a ver por las gafas del otro, para ver la realidad desde otra perspectiva, dejando los juicios de valor que nos acompañan, con la curiosidad para descubrir lo que antes no se podía ver. Y esto requiere, no solo la disponibilidad de observar, pero también de escuchar.


Además, se necesita que haya un mínimo de confianza sobre la capacidad  y confiabilidad para cumplir y sostener lo acordado, así como del nivel de transparencia con el que se adelante el proceso de exponer sobre la mesa los intereses de las partes. Pero adicionalmente, se necesita qué haya un acuerdo sobre el significado de las palabras, para evitar malas interpretaciones que minen lo anterior. 


Este último punto, es un problema particularmente agudo al sentarse con los jóvenes que están en la protestas. Esto explica el porque hay una brecha de comunicación tan grande entre padres e hijos. Hoy, esta es una realidad que mina la posibilidad de acercar a las nuevas generaciones, para construir una visión y una propuesta común.



Lo que me lleva a otra condición fundamental para conducir un dialogo exitoso: el saber escuchar al otros de manera empática, para que emerjan una o varias soluciones, aceptadas y sostenibles por todos. Si no se hace así, el resultado queda “pegado con babas”. Y el problema se agrava aún más cuando hay una brecha de comunicación generacional.


Pero habría que añadir otra condición para haya un diálogo exitoso: el sentido de la oportunidad. A título de ejemplo, esta condición claramente no se cumplió al lanzar al país al vacío con la reforma tributaria. Y por no dialogar primero, Duque abrió la caja de Pandora, minado aún más el bajísimo nivel de confianza de la población sobre su gestión y la institucionalidad en general. 


El haber abierto el diálogo en las circunstancias tan extremas en que ha estado el país, era una obligación del Jefe del Estado, además de una necesidad, para acercar a las diferentes fuerzas cuyo apoyo era esencial para conseguir más recursos. El escenario de una reacción violenta estaba en letargo desde noviembre del 2019. Las brazas estaban vivas y solo se necesitaba un pretexto para hacerlas arder de nuevo. 


Por insensibilidad e imprudencia, se creó  una situación gravísima que  obligó a Duque  a retirar la reforma, y descabezar a su ministro de Hacienda. La explosión social que generó, lo dejó acorralado y solo, con un nivele bajísimo de confianza y aceptación ciudadana, obligado a “dialogar” en muchos frentes a la vez, pero sin poder controlar las dinámicas que despertó.


Hoy, las condiciones hacen que sus propuestas, sin importar que tan buenas sean, sean filtradas a través de los lentes de la desconfianza, hasta que se acabe el periodo de su mandato. Sembró vientos y cosechó tempestades. 


La situación actual es un ejemplo de lo qué pasa cuando no se abren espacios  para dialogar con oportunidad, y cuando a un gobernante le falta la empatía para sintonizarse con el sufrimiento y la desesperanza de la población, que en nuestro caso ha sido tan afectada por la pandemia..



Pero también es un buen ejemplo de lo que sucede, cuando hay que buscar forzadamente el diálogo en unas condiciones tan negativas. Hoy Duque está “descubriendo” la necesidad de dialogar. Pero lo está haciendo obligado a  aceptar  un diálogo muy extraño “sobre lo divino y lo humano”, y con unas personas que han asumido la representación sin que nadie se las hubiera dado, y que no todos los reconocen y aceptan como sus líderes. 


Un problema que se veía como tema netamente técnico, manejado por un tecnócrata reconocido, para enderezar las finanzas públicas tan golpeadas por la crisis de la pandemia, se le sumo un problema social sin antecedentes que se venía cocinando desde hacía mucho tiempo. No se entendió que se necesitaba muchísima capacidad de liderazgo, para enfrentar la explosión que se generó, tema que claramente ha brillado por su ausencia. 


Pero hay otro gran problema que enfrenta Duque y en general quienes buscamos caminos no violentos para darle trámite a los reclamos de la sociedad. Son muchas las voces que buscan ser oídas, distorsionadas por los grupos que tienen otras agendas e intereses, y que aprovechan el desorden actual para desestabilizar al país. 


Luego no es un diálogo el que va a resolver una situación tan compleja como la actual, se van a necesitar muchos más diálogos que se van a tener que realizar a múltiples niveles, con la expectativa a que converjan en algunos puntos en común.


Pero no solo fue Duque, su equipo y el partido que lo llevó al poder, los que resultaron sorprendidos por la magnitud del desastre que se ha producido. El caso de Cali, la tercera ciudad más importante del país, ha sido particularmente doloroso, pero a la vez sintomático, de otros problemas muy profundos, que no han sido abordados adecuadamente.  


La dirigencia política, los gremios y empresarios, los medios de comunicación, entre otros considerados como “la clase dirigente” del país, se han visto también forzados a confrontar una realidad que no habían querido ver ni atender. Ahora algunos, buscan propiciar “diálogos constructivos” cuando antes no lo pudieron o quisieron hacer. Otros, mucho más pesimistas sobre los resultados de un diálogo nacional en las circunstancias actuales , ya están alistando maletas para abandonar el barco antes de que se hunda. Increíble!!!


En el caso actual, si no hay voluntad, transparencia de agendas e intereses, y una compresión compartida del problema que enfrentamos como sociedad en la realidad presente , el desgaste va a ser muy grande para volver de nuevo al mismo punto de partida y no hay tiempo que perder. Seguramente se intentará reanudar los diálogos, pero  sobre unas bases cada vez más débiles de confianza y credibilidad. 


Sin estas condición que son fundamentales, es muy difícil esperar resultados positivos y duraderos, dada la urgencia del momento actual. La verdad es que no hemos desarrollado la capacidad incluyente de conversar para dialogar, sin recurrir a la violencia y a la descalificación de quienes opinan diferente.  Esto explica la profunda polarización en la que estamos, que nos impide enfrentar, de manera inteligente, los múltiples problemas de una sociedad convulsionada, que requiere construir unos mínimos acuerdos para los cuales se necesita esa capacidad de conversar.


La sociedad colombiana está pagando hoy un altísimo precio por no haber desarrollado unas mínimas capacidades de diálogo y de confianza. Ahora, cuando más se necesitan no están allí. Por esta razón, la gran preocupación que yo tengo, es que la fórmula del diálogo mágico que nos saque de este grandísimo atolladero en el que nos encontremos, no va a contar con unos interlocutores válidos y preparados. 


Lo que vamos a escuchar en las próximas semanas, y ojalá me equivoque, es una multiplicidad de demandas hechas desde la desconfianza, la rabia y la desesperación. Y estás no son precisamente las mejores compañeras para unos diálogos constructivos. 


Y si seguimos por este camino, dejamos que la emoción del miedo, que se traduce en rabia, odio, y desconfianza, nuble el buen juicio y siembre más desesperanza. Y cuando no hay esperanza de que podemos encontrar colectivamente un propósito común y un camino para lograrlo, las consecuencias para los jóvenes, que hoy protestan apresados por estas emociones, serán mucho más graves que las que hoy los han lanzado a las calles. Y si no creen , que le pregunten a sus pares en Venezuela.



¿Que hacer? En mi próximo blog voy a seguir explorando el lado emocional que hoy nos envuelve a los  colombianos y que debemos gestionar. También voy a comentar sobre  varias iniciativas que buscan contribuir con propuestas para mejorar nuestra capacidad de conversar para poder dialogar. Porque lo único que no podemos hacer, es abandonar el barco, ni tampoco dejarnos paralizar por el miedo. 

sábado, 8 de mayo de 2021

¿Y ahora qué?



 Los que creen que los pueblos seguirán sus intereses y no sus pasiones,  o han entendiDo nada del siglo XX Raymon Aron 

Las condiciones estaban dadas para que ardiera el país. No debería ser una sorpresa para nadie, y menos para Duque y su partido, quienes no supieron leer, ni conectarse, con las consecuencias  de la pandemia y  su profundo impacto en la sociedad.  Es cierto, el covid-19 fue una lotería que tuvieron que enfrentar y que cogió al mundo entero por sorpresa. Pero esto no los excusa  para asumir la responsabilidad por sus acciones y omisiones, durante los tres años que han estado en el poder, para entender que había un peligro inmenso de que se nos incendiara el país como sucedió en Chile. 


La afirmación anterior adquiere aún más validez,  cuando ya se habían prendido las primeras llamas en Colombia a finales del 2019, y que se creyó de manera equivocada, que habían sido sofocadas por las cuarentenas que encerraron a la población durante el 2020. Pero las condiciones, que estaban latentes, fueron agravadas por la crisis de la pandemia.  Su impacto postró a la economía y borró los avances  logrados en las últimas décadas, en temas como la reducción de la pobreza entre otros retrocesos



Como unos pirómanos, Duque y Carrasquilla,  prendieron de nuevo y de manera irresponsable la hoguera. ¿Cuales eran estas condiciones que no vieron y que hoy nos tienen en la peor encrucijada de la historia contemporánea de Colombia?

  • Un material altamente inflamable: desigualdad, desempleo, crisis de salud y violencia. 
  • Un entorno muy complejo con vientos huracanados crecientes: una desconfianza generalizada, polarización, vacío evidente de liderazgo, desistitucionalización de los partidos políticos, sistema judicial inoperante, Congreso incapaz, corrupción  desbordada, y unas redes sociales que facilitan la orquestación de la revuelta. 
  • Una chispa: una reforma tributaria desconectada con la realidad social actual y un manejo asombrosamente inepto de la misma. 
  • Mas combustible sobre la hoguera: el oportunismo político de Petro y los sindicatos de izquierda, un problema visto solo desde  la óptica del orden público y  del terrorismo,  el uso excesivo de la fuerza pública, un presidente inexperto que se quedó solo y sin capacidades de liderazgo y pedagogía.

Esta situación,  es el espejo del que le escuche a un analista chileno sobre la realidad de su país, cuando explicaba los antecedentes y las consecuencias de la crisis que se desató el 18 de Octubre del 2019. Y como es un buen  reflejo de nuestra situación, de nuevo vale la pena poner los ojos en este país, porque nos puede servir para poder contestar hoy la gran pregunta que tenemos en Colombia: ¿Y que sigue?


Chile ha sido un referente en AL por la forma en habían manejado su proceso de desarrollo y superado crisis muy complejas desde hace cincuenta años. Pero irónicamente, cuando el actual presidente Piñera, afirmara  a principios de Octubre del 2019, que su país era un ejemplo de estabilidad, en un continente convulsionado, días después  le estalló la más grande protesta social en muchos años.  


Su afirmación se desmoronó en un instante, con unas consecuencias posteriores impredecibles, que nadie las había previsto. Esta explosión de indignación social, se produjo porque las condiciones estaban dadas para que se prendiera la hoguera, y volara por los aires la sensación de invulnerabilidad y prepotencia de Piñera y la élite empresarial chilena. Ver lo que hoy está sucediendo en Chile, nos puede ayudar a iluminar mejor el proceso y las posibles consecuencias de la crisis sin antecedentes que hoy estamos viendo en nuestro país. 


Como el análisis del caso chileno, que tuve la oportunidad de escuchar en estos días, es fascinante, preocupante y muy relevante, para entender nuestra situación actual, me voy a  referir a los puntos que más me llamaron la atención.


Por las implicaciones  políticas y económicas, que llevaron que finalmente a  Piñera a perder el manejo del país, los mensajes más importantes fueron los siguientes. Hoy Chile es una sociedad caracterizada  por unas grandes brechas que dividen a su sociedad: la desconexión entre la izquierda y la derecha que están cada vez más distantes, la desconexión entre la élite y el pueblo, y el abismo creciente generacional



Comencemos por una pregunta muy importante: ¿cuál es el rol de la juventud en lo sucedido en Chile y como es el perfil de este grupo poblacional que hoy lo caracteriza? 


No puedo decir que lo que escuche haya sido una sorpresa para mi, pero tengo que confesar que me impacto muchísimo porque me abrió los ojos sobre las dinámicas que hoy definen esta generación, que en pocos años asumirá la responsabilidad de manejar a su país, pero que la crisis política actual, ha acelerado su participación e impacto. 


En una encuesta reciente a jóvenes de 15 a 30 años se encontró que es la generación que quiere cambiar a Chile la caracteriza lo siguiente:

  • No ven en la política el camino para resolver los problemas y conflictos de la sociedad.
  • Ven las redes sociales como el vehículo para expresarse, movilizarse y conectarse 
  • Es una generación sin miedo al poder, a la autoridad, el cumplimento de las reglas y los límites.
  • No le encuentran sentido a la división de izquierda/derecha que ha moldeado el comportamiento político hasta ahora.
  • Buscan la satisfacción inmediata
  • El 60% de los entrevistados participaron activamente en las marchas
  • Solo el 35% estuvo de acuerdo con la declaración del estado de emergencia decretado por Piñera durante los disturbios.
  • El 80% justificó y lo considero legítimo  el no cumplir con el pago del transporte que fue la chispa que prendió la hoguera

Es una generación que demanda justicia, coherencia, transparencia, respeto, empatía, innovacion. 


Cuando una sociedad no cree ni el el rejo de las campanas, no tiene el capital social que le permite entenderse desde la diversidad y la complejidad, para poder tener unos mínimos acuerdos que le posibiliten enfrentar los problemas que afectan a todos sus miembros. En el caso de Chile, las encuestas sobre la confianza de los habitantes en sus dirigentes y las instituciones, está en los niveles más bajos desde que se lleva este registro.


Para el caso chileno, se encontró una válvula de escape temporal para calmar las violentas protestas sociales, que también dieron alguna pausa durante la pandemia el año pasado. Pero al igual que Colombia, se volvieron a prender hace algunos meses. Se encontró un enemigo común que había que cambiar: la Constitución de Pinochet. Lo que salga de este cambio a través de una Constituyente, es muy difícil de predecir. Lo que se puede apostar, es que dado el entorno actual tan caldeado, las sorpresas serán muchas.


Otro aspecto que me llamó la atención es que la  crisis, que hoy afecta a país austral, ha llevado “al derrumbe” de unas certezas, traducidas en fantasías, que diferenciaban a Chile de otros países latinoamericanos. 

  • La  movilidad social basada en el trabajo duro y la educación, 
  • La inmortalidad y la Libertad donde el estar vivo mañana y moverse con libertad no se cuestionaba
  • La estabilidad económica que garantizaba poder tener dinero para vivir.

Y algo que me impacto aún más,  del análisis hecho sobre Chile, es el cambio tan dramático de los escenarios y las prioridades  de antes de la crisis de octubre del 2019, después de ella  y hoy en la situación actual.

  • De un foco en el mercado, a uno más en el Estado, para terminar hoy en la pregunta : ¿quien nos podrá salvar?
  • De una clase media creciente volver la atención sobre la pobreza, el hambre y el desempleo.
  • Del crecimiento económico, a las demandas sociales para terminar en un foco en las necesidades básicas de salud y alimentación.
  • De la capacidad de gestion, a un nuevo liderazgo efectivo y empático.
  • De la unidad y el consenso social, a la polarización.
  • De las certezas a la incertidumbre y el miedo.
  • De la confianza institucional, eje: los Carabineros, a una gran desconfianza en ellos .

¿Qué nos puede enseñar el caso chileno para interpretar y proyectar el caso colombiano?


Son varias las reflexiones que se pueden hacer. La primera de ellas, es el tremendo error que comete un gobierno cuando no es capaz de leer las necesidades de la sociedad y se desconecta de ella. Brilla por su ausencia la capacidad de empatía, y abunda la prepotencia y la soberbia.  Esto lleva a un manejo de los problemas complejos y ambiguos, con un enfoque puramente técnico,  sin entender que muchos de ellos requieren de serios procesos de adaptación y por lo tanto de liderazgo.


La segunda reflexión es enfocar las marchas sociales, como solo actos de terrorismo y vandalismo, cuya única respuesta es el uso excesivo de la fuerza pública, con el consiguiente impacto en el desprestigio y su legitimidad. Esta aproximación abre un abismo entre la dirigencia política y el pueblo que impide la gobernabilidad, 


Pero ademas, es la oportunidad de oro para que los agitadores profesionales como Petro, se posicionen como la única solución. Ellos si tienen todas las respuestas a las angustias de la gente, ellos si los comprenden y los pueden ayudar. Claro, el resultado final es Venezuela, pero eso se olvida fácilmente,  cuando el miedo , el hambre y la desesperanza, son las emociones dominantes de una sociedad. Los agitadores lo saben y buscan exacerbarlas aún más porque son su gran oportunidad.



Y de aquí comparto algunas lecciones del caso chileno que escuche en la presentación de hace tres días.

  • Con argumentos y estadísticas  no se combaten las emociones. 
  • Se necesitan liderazgos que sepan hacer las preguntas pertinentes, y tengan el coraje de aceptar los fracasos, valoren las controversias y acepten que no tienen todas las respuestas.
  • Lo que fallo es “El  modelo” a escala nacional y planetaria. Esta surgiendo un nuevo paradigma y una “nueva normalidad” sin reverso. 
  • Colapsaron las ideologías y las narrativas del siglo XX y hay un gran desencanto con la globalización y la democracia.
  • Las protestas se gestionan, reorientan, se enmarcan distinto y  no se “solucionan”.
  • Como en el judo, la resistencia no se resiste sino se canaliza.
  • La solución y “ los milagros” no deben de esperarse solo del Estado y la dirigencia política.
  • Las empresas tienen que desempeñar un papel más activo para ayudar a cerrar las brechas que afectan a las sociedades donde operan.
  • La incertidumbre llegó para quedarse y con ella el desorden y el miedo. Hay que improvisar.
  • Las soluciones técnicas a problemas adaptativos pueden destruir una democracia.
  • Los privilegios no justificados, generan cada vez más rechazo y resentimientos, en las sociedades con expectativas crecientes.

Como se puede observar de los puntos anteriores, los avances logrados en el pasado, no inmunizan a una sociedad de los cambios en las expectativas  de la gente que avanzan más rápidamente que la capacidad del sistema democrático para responder a ellas. Y cuando hay un shock tan grande como la pandemia, este desnuda las brechas que no fueron atendidas y pone a prueba la capacidad institucional, el liderazgo político, y el capital social para responder. Lo que se observa en Chile y ahora en Colombia, es que vamos por el camino equivocado y esta es la realidad. ¿Qué hacer? En el próximo blog veremos si es posible prender la luz de la Esperanza. 







 




sábado, 1 de mayo de 2021

¡ O paradoja !


En medio de la tercera ola de la pandemia que ha azotado nuestro país, el Gobierno Nacional decidió presentar una reforma tributaria más profunda que las anteriores, que con el pomposo
  nombre de Ley de solidaridad sostenible, golpea fuertemente los bolsillos de  la clase media en Colombia. La respuesta de repudio general fue inmediata y no pudo se más contundente: los principales partidos políticos, si es que se pueden denominar como tales, le voltearon la espalda, incluyendo el partido de gobierno con su mentor  a la cabeza. 

Dirigentes políticos como Petro, no iban a dejar pasar esta oportunidad para azuzar  aún más a las masas. Nada más fácil, para un agitador profesional sin escrúpulos,  que exacerbar los ánimos de personas muy golpeadas por las consecuencias económicas del covid-19, para lanzarlas de manera irresponsable a la calle, corriendo altísimos riesgos de contagiar o ser contagiadas, cuando estamos en el pico más alto de la pandemia. 




Para no hablar de la orquestación de actos de violencia que fueron promovidos en diferentes puntos de la ciudad y en otras ciudades del país. El caso de Cali fue bochornoso: las imágenes de los vándalos que irrumpieron en las oficinas de la DIAN, son escalofriantes pero no inesperadas. En un ambiente tan caldeado y complejo, estas son las consecuencias que Duque y su ministro Carrasquilla, han debido de anticipar, pero de manera ciega, claramente no lo hicieron. Aún más insistieron en su proyecto. 


Las razones para hacerlo, eran poder sostener la caña de programas asistenciales para ayudar a la gente de menos recursos tan perjudicada en esta pandemia. Pero también, que si no lo hacían, íbamos a ser castigados por las calificadoras de riesgo. Lo primero claramente tiene sus méritos, lo segundo no. La verdad es que la ortodoxia fiscal saltó por la borda a nivel mundial en estos últimos meses. La impresión de billete y el alto endeudamiento sin mayores miramientos, se convirtieron en el nuevo paradigma del manejo económico, forzados por las circunstancias.


Lo que me lleva al corazón de este blog: ¿en qué mundo se están moviendo los dirigentes políticos que tenemos?, y en especial Ivan Duque, quien se ganó la lotería de ser jefe del estado, por escogencia de su padrino Uribe, y sin experiencia previa, le tocó enfrentar la crisis económica y de salud más grande de nuestra historia. Decisiones como la reforma tributaria presentada ,  era como lanzar gasolina a una hoguera que se estaba saliendo ya de control. 



A mi si me genera mucha curiosidad saber en que estaban pensando Duque y Carrasquilla, cuando evaluaron  la oportunidad de exprimir mas a las empresas y sacarle dinero a la clase media, en las condiciones económicas actuales. De verdad, ¿pensaron que era factible su aprobación en la situación actual, y que iba a primar la urgencia de obtener más recursos para el fisco, para que fuera bien recibida?. ¿Porqué no oyeron a quienes les advirtieron del desastre, incluyendo a Uribe quien intervino cuando ya era tarde?


Desde hace mucho tiempo, se ha reconocido por parte de los expertos nacionales e internacionales, que el sistema tributario colombiano requiere de un rediseño profundo, para enfrentar los retos, necesidades y expectativas crecientes de nuestra sociedad. Esta pandemia no solo rompió la ortodoxia en el manejo de las finanzas públicas, sino que desnudó brutalmente esa realidad, que ni los políticos, ni la sociedad en general, han querido enfrentar. 


Esta incapacidad de coger el toro por los cuernos, y buscar una solución que actualizara al sistema tributario colombiano, para enfrentar las nuevas realidades económicas, políticas y sociales del país, le está pasando una factura con un inmenso costo, durante la peor crisis económica de nuestra historia. 



Para un país con tasas de informalidad superiores al 50%, una cultura tramposa cada vez más asentada, y una situación tan compleja como la actual, buscar arreglar el problema sin ninguna pedagogía, ha sido una insensatez, que demuestran una insensibilidad impresionante, una falta de oportunidad irresponsable, y una incapacidad de tomarle el pulso al momento histórico que atraviesa el país. 


El ministro Carrasquilla y sus técnicos de Hacienda, no supieron escuchar las voces de la comisión de expertos que les entregó un informe muy completo con recomendaciones muy serias. Las afugias por conseguir plata los cegó. Este no era el momento para enmendar una plana histórica que tiene pendiente el país. Y mucho menos, cuando se perdió un año muy valioso para ir preparando al país para entender los costos que se iban que tener que pagar. ¿Porqué no lo hicieron, en el 2019 al iniciar el gobierno, y cuando podían invertir mejor el capital político que tenían? 


Lo que es una ironía de la vida, y que demuestra una gran torpeza, de Duque y de su partido con Uribe a la cabeza, es  que una decisión inoportuna y tardía para resolver un problema de fondo, nos termine costando  la llegada de  Petro al poder. Parece que el campanazo de nuestro vecino Ecuador no los inmutó, ni tampoco el desastre que enfrenta el Perú, como lo mostré en mi blog anterior. 


Pero hay algo todavía más preocupante, que ya lo he mencionado en otros blogs. La pandemia ha dejado al descubierto otro gran problema que enfrentamos como sociedad: el profundo vacío de liderazgo de la dirigencia política de nuestro país, tanto de derecha como de izquierda. De este comentario, en mi concepto  no se salva nadie.  Pero resulta que el ejercicio del liderazgo es esencial cuando una sociedad enfrenta grandes crisis, como lo hizo Churchill, cuando llegó a ser Primer Ministro al iniciar la II Guerra en 1940. 


Es en estos momentos, se necesita que exista esta capacidad de liderazgo en las cabezas de quienes toman las decisiones, y que afectan a toda la sociedad. Se requiere, como lo hizo Churchill, que todos entiendan que deben de hacer sacrificios y asumir una cuota de responsabilidad para salir adelante. En ese caso, fue el llamado que hizo este líder político : “sangre , sudor y lágrimas”, y un llamado a defender su nación, lo que inspiró a los británicos a enfrentar a Hitler y superar la debacle de Dunkerque en las costas francesas. 


Al igual que Santos con su proceso de paz, Duque está cometiendo el mismo error. No era un problema técnico de buscar más recursos, lo que ha debido de abordar primero, ha debido ser enfrentar el reto  adaptativo que implica aceptar pagar impuestos, cuando venimos de  una cultura que se acostumbró a que solo lo hace una ínfima minoría en cabeza de las empresas, sin asumir la responsabilidad tributaria que nos debería competer a todos. Así sucede en otros países similares a los nuestro, para no hablar de los más avanzados de la OECD, club al cual pertenecemos, pero que estamos muy lejos de igualar. 


Y retomando el caso del Reino Unido en la década de los 30 del siglo pasado, un monumental error de juicio y de de decisiones equivocadas por parte de Chamberlain, Primer Ministro de esa época, al no leer las verdaderas intenciones de Hitler, cambio la historia y el mundo se sumergió en un holocausto que costó más de 70 millones de vidas. En nuestro caso, !o paradoja! , nos puede conducir de la mano del Centro Democrático, a repetir la historia de Venezuela. Ese sería un escenario posible con un costo inmenso, que habríamos pagado por esa falta de sensibilidad y liderazgo político de Uribe, Duque y su grupo .


sábado, 24 de abril de 2021

Caminando al borde del abismo

 



Con el título: “Al borde del abismo”, la revista Caretas encabeza uno de los artículos en su edición del 22 de abril de este año, donde varios comentaristas analizan la peligrosa encrucijada en la que quedó el Peru, después de los resultados de la primera vuelta para la elección del Presidente, que debe regir los destinos del vecino país hasta el 2026. 


Para la segunda vuelta que se realizará en junio, quedó de primero el maestro y sindicalista Pedro Castillo de Perú Libre, quien se disputará la Presidencia con Keiko Fujimori de Fuerza Popular. 



Castillo representa el ala más recalcitrante de extrema izquierda con vínculos demostrados con el Sendero Luminoso. En el 2017, lideró el paro de maestros más prolongado de la historia de ese país que doblegó al gobierno de Kuczynsky, lo que le permitió contar con una base política para su campaña presidencial. 



Castillo cuenta con el respaldo total del MOVADEF (Movimiento para la admistía y los derechos fundamentales) que busca la liberación Abimael Guzmán, fundador del Sendero Luminoso, y de otros terroristas de ese grupo. Además, tiene el apoyo de CONARE SUTEP que es la división que Castillo propició para la toma  marxista de este sindicato de maestros.



El Partido Perú Libre, que le dio el respaldo a Castillo, fue fundado por Vladimir Cerrón. Este personaje estudió medicina en Cuba, y actualmente está condenado a tres años de prisión  aunque  hoy se encuentra en libertad, por actos de corrupción cuando era gobernador de la región de Junín. Este señor es quien le ofreció una alianza a Castillo y le redactó el plan de gobierno, de orientación leninista, como plataforma de su campaña. 


Keiko es la hija del expresidente Fujimori. Desde hace más de dos décadas, montó un partido político que ha gravitado en la vida política peruana desde que su padre fue condenado a 25 años de prisión. Participó en la contienda presidencial en el 2011 y el 2016,  cuando obtuvo una bancada mayoritaria en el Congreso, con la cual hizo una feroz oposición a los cuatro presidentes que ha tenido el Peru en este último periodo.  


Fujimori,  fue acusada hace dos años, de haber recibido dineros de Oderbrecht, como otros políticos peruanos. Después de más de un año, su prisión preventiva fue revocada mientras avanzan las investigaciones en su contra. Esta decisión judicial le permitió lanzarse a otra campaña por la Presidencia de su país para el periodo 2021 - 2026. De llegar al poder,  uno de sus principales objetivos, es concederle la amnistía a su padre, con quien se reconcilió y quien paga una condena de 25 años, por los abusos de poder y corrupción cometidos durante su mandato.


La paradoja de esta nueva elección en el Perú, es que se enfrenta un dirigente sindical, que busca liberar a Abimael Guzmán, con la hija de quien lo puso tras las rejas,  porque lideró un movimiento terrorista que le hizo un inmenso daño al país. 


Pero las paradojas no paran ahí. Castillo representa una visión del mundo de una ideología política de más de cien años, que ha demostrado su rotundo fracaso para avanzar en el desarrollo de la sociedad. Fujimori, carga con las acusaciones en contra de su padre como si fueran de ella, pero también, es responsable de sus errores políticos recientes, lo que la ha vuelto una figura divisaba y repudiada por mucha gente. Y los peruanos tienen que escoger en junio entre estos dos personajes, “entre el sida y el cancer”, como afirmaba hace cinco años el Nobel Vargas Llosa en esa oportunidad.



En el contexto anterior, me parece fundamental ponerle el foco a las principales propuestas que hace Castillo, porque son un campanazo de alerta para Colombia. Este señor, asesorado por Cerrón, de ganar las alecciones propone un viaje al pasado utilizando como modelos a Correa del Ecuador, Morales de Bolivia y Chávez y Maduro en Venezuela: una dictadura del proletariado versión 2021. Veamos algunos de sus planteamientos públicos.


    • El Estado debe ser el único responsable en salud, educación y seguridad. Los privados ya no podrán intervenir en estos rubros, es la idea de nuevo régimen económico del Estado.
    • El Estado será el nuevo empresario que combatirá el monopolio de los medios de comunicación, electricidad, luz, agua, cemento, etc. 
    • Estado fuerte con facultades. Cambio del Estado vigilante supervisor por un Estado interventor, planificador, innovador, empresario y protector.
    • Todos los contratos firmados por el Estado se podrán revisar y recuperar las empresas privatizadas que fueron vendidas, sin previa consulta al pueblo.
    • Estado regulador del mercado. Cambio del Estado regulado por el mercado por un Estado que regula al mercado.
    • Estado nacionalizador. Cambio del Estado privatizador y exportador de capitales por un estado nacionalizador y soberano, que fortalezca la economía interna invirtiendo sus capitales en el país

Ademas, tiene como otros de sus principales planteamientos, el cambio la Constitución política del Perú, porque la actual propuso un modelo neoliberal contrario los intereses populares. Esto requiere de una modificación constitucional basada en las experiencias venezolanas , ecuatoriana y boliviana.


Lo que está sucediendo en el Perú es tremendamente preocupante. Es una clara demostración de lo que sucede cuando el sistema político se fragmenta (18 candidatos en primera vuelta), la corrupción corroe las mismas bases de la democracia, la capacidad del Estado es desbordada por las expectativas de la gente y la complejidad de la realidad (pandemia descontrolada: Perú con el más alto índice de muertos por cien mil habitantes). 


 El ejemplo del Perú muestra el peor de todos los escenarios: tener que votar por el mal menor porque su sociedad no ha formado verdaderos líderes políticos, sino una casta de dirigentes que aprendieron a lucrarse del Estado, entronizando la corrupción como modus de vida . Esto ha generado una cultura  de gran desconfianza y escepticismo en la sociedad, particularmente entre  los jóvenes. Y la verdad es que no les falta razón, veamos. 


El nivel de deterioro al que ha llegado la gobernabilidad del Perú es impresionante. Fujimori condenado a 25 años, Toledo prisionero en los USA esperando extradición, García se suicidó antes de ser aprendido, Ahúmala estuvo en la cárcel y con otro juicio en curso, Kuczinski con arresto domiciliario, Vizcarra declarado incapaz moral e inhabilitado por el Congreso. Y los dos contendientes actuales también con problemas legales.


El caso peruano, muestra otro ejemplo de cómo la extrema izquierda ya aprendido la lección. Al no haber podido cambiar el sistema por la fuerza y desde afuera, se acogen a las reglas del mismo para demolerlo desde adentro y perpetuarse en el poder, como lo ha recomendado el propio  Guzmán desde la prisión. 


El gran interrogante es qué camino van a tomar las Fuerzas Armadas: ¿Se repetirá la historia de ese país en los años 70 cuando los militares de izquierda destrozaron  su economía? , o ¿seguirá la  ruta de Venezuela, donde se convirtieron en el brazo armado de la mafia que se quedó en el poder?


El solo hecho que se piense que los ejemplos de Venezuela , Ecuador, Bolivia, Nicaragua, no sirvan de disuasores, especialmente el primero que ha destruido a ese país y impulsado al vacío a más de cinco millones de sus ciudadanos que han migrado escapándose de la miseria, nos muestra el grado de postración al que ha llegado la democracia, como la hemos practicado en AL. ¿Será que en Colombia reaccionaremos antes de que sea tarde, como lo acaba de hacer el Ecuador que caminó al borde del abismo hasta hace pocas semanas?. Estas preguntas son muy relevantes ad portas de una elección presidencial en mayo del 2022.


PD: parecería que muy poco si se tiene en cuenta el escasísimo cubrimiento que ha tenido el proceso electoral peruano por parte de los medios y los inexistentes comentarios de los formadores de opinión. ¿Que se necesita para llamar su atención?










sábado, 17 de abril de 2021

Las conversaciones y el lenguaje




 “Las historias suelen ser unas fuerzas conservadoras, y junto con los juicios, nos pueden diferente prisioneros” Rafael Echeverría 


“Un conversación es una danza que tiene lugar entre el hablar y el escuchar y entre el escuchar el hablar” y son el espacio en el que los seres humanos se comunican utilizando el lenguaje ( Rafael Echeverría en su libro Ontología del Lenguaje) . Ellas definen nuestras relaciones personales, así como también, juegan un papel fundamental en nuestros éxitos o fracasos en la vida.


Pero antes de profundizar en los diferentes tipos de conversaciones, vale la pena explicar cómo se relacionan con “los quiebres” y su significado. Estos suceden cuando algo, que era transparente, deja de serlo y capta nuestra atención. Y cuando pasa, emitimos un juicio en relación a lo sucedido que no era lo esperado. Se puede ver como un problema o una oportunidad imprevista, que altera el curso de los acontecimientos. Lo que pasa después, depende solo del juicio del observador, es decir, de quien experimenta el quiebre.


Un ejemplo personal de dos tipos posibles de quiebres que sirven para ilustrar el punto anterior. Hace quince años iba caminando por la calle y tuve una hemorragia. Fue algo imprevisto que me obligó a ir a donde el médico. Lo que parecía algo menor, terminó siendo más grave: un cáncer que me incapacitó casi un año y que cambio mi vida. Este “quiebre” 

 me sacó de la transparencia de una vida sin problemas de salud, y me obligó a enfrentar el mayor reto de mi existencia. Es un ejemplo de un quiebre que sucede  sin  que  haya un juicio previo a lo acontecido.


Pero más adelante, gracias a la dura experiencia vivida,  me obligó a declarar  el segundo tipo de  quiebre. Tuve un cambio del juicio sobre la importancia de la salud preventiva, a la  que antes no le daba mayor importancia. Esto me obligó a declarar my decisión de hacerme sin falta los chequeos médicos periódicos. Como dice el refrán: más vale prevenir que tener que lamentar”. Esta lección me costó un año de mi vida. 


Echeverría llama la atención, sobre la tendencia a ver los problemas, sin tener en cuenta que los son en función de la interpretación que califica la situación como tal. Para alguien, con una interpretación diferente, puede ser una oportunidad. 


De ahí se desprende que, al ser un quiebre un juicio, lo que presupone una declaración, al enfrentar una situación insatisfactoria la podemos declarar como un “quiebre”, sin esperar a que sucedan cosas imprevistas. Ejemplo: “si mi situación laboral no cambia, tendré que buscar otras opciones y no voy a esperar hasta que me despidan”. Esta declaración posibilita moverse a la acción y cambiar la situación para  que las cosas pueden ser distintas.


Cuando sucede un quiebre, este es un llamado a la acción para restablecer la transparencia y hacernos responsables de sus consecuencias. Cuando esto sucede, lo normal es que se suscite una conversación que podemos diseñar, para poder avanzar y lograr cambiar la realidad y los resultados. 



Volviendo a mi ejemplo personal. Al enfrentarme con el cancer, me di cuenta que lo hubiera podido evitar de no haber cancelado seis meses antes un chequeo y darle prioridad a un asunto de negocios.  Esto generó un primer tipo de conversación privada: la de juicios personales que se realizan con uno mismo: “Por estúpido me tenía que haber pasado esto a mi y he metido a mi familia en una situación muy difícil”. 


En este tipo de conversación, hacemos un juicio personal sobre el quiebre pero no se genera acción. Mucha gente se queda ahí, en un círculo vicioso de juicios personales, buscando culpables, lamentándose de la mala suerte, no ven que haya una salida porque piensan que el impacto es permanente etc. Esto les impide  hacerse cargo de las consecuencias del quiebre y como resultado,  se habla mucho pero no se actúa para cambiar la realidad percibida.


Para evitar caer en esta trampa, existen “las conversaciones para coordinar acciones” que nos permiten actuar para responder a los quiebres. Se generan acciones futuras para que algo cambie el estado actual de las cosas. Actuamos y nos hacemos responsables de las consecuencias del quiebre para poderlo superar. 


Para lograrlo,  usamos los actos del lenguaje como las peticiones, las ofertas, las promesas, y las declaraciones. Esto implica el saber “pedir ayuda” oportunamente. Pero hay gente que tiene juicios negativos sobre las consecuencias de  hacerlo, a pesar de que hoy es imposible vivir desconectado y sin la ayuda de otros, lo que los frena a la acción. Hay que prender a pedir y a aceptar un no sin verlo como un rechazo personal.


Cuando se logran desarrollar las conversaciones para la coordinación de acciones, se puede apreciar el poder que tienen para cambiar nuestra realidad. Por esta razón es tan importante dejar el miedo de intentarlo, porque si no lo hacemos, nos privamos de muchas oportunidades.


De lo anterior se deriva un tercer tipo de conversaciones: para posibles acciones. Estas se tienen cuando no hay claridad sobre las acciones a emprender para enfrentar el quiebre. Este tipo de conversaciones busca aumentar el panorama de posibles opciones. Requiere de nuevos juicios e historias sobre lo que es posible lograr con el compromiso de actuar. Cambia el estado de ánimo, no se busca explicar lo sucedido, sino de encontrar nuevas opciones y aceptar que hay que explorarlas, solos o con otros, para volver a la transparencia. Estas posibilidades las generamos con las conversaciones.


Para lograrlo, también cabe la necesidad de tener “conversaciones para posibles conversaciones”. Este camino, busca eliminar la prevención que se tenga, sobre la disponibilidad y/o apertura a escuchar de la otra persona, para abrir una conversación de coordinación. En este caso, la conversación se orienta a evidenciar un quiebre diferente al que originalmente teníamos: la dificultad de poder conversar sobre este tema con alguien.


Rafael Echeverría, quien ha inspirado mis últimos tres blogs que recomiendo leer, advierte que hay que cuidar la emocionalidad para plantear este tipo de conversaciones. Como lo menciona el biólogo chileno Humberto Maturana , toda conversación es una trenza entre el lenguaje y la emocionalidad. Hay que entender que es muy frecuente que sea nuestro estado de ánimo, y no nuestro interlocutor,  lo que no permite que abramos ciertas conversaciones difíciles. Se requiere por lo tanto, adoptar una emocionalidad como la del respeto mutuo y la apertura, para lograr una respuesta adecuada.


En resumen, son cuatro tipo de conversaciones que se pueden tener y planear, en función del tipo de quiebre que se enfrenta, para que nos conduzcan a las accion. Es posible abrir unas y cerrar otras si la situación lo amerita. Hay que entender que la calidad de nuestras conversaciones definen la calidad de nuestras relaciones y “generan el tejido en el que estas viven”. Para tener una relación abierta y franca se necesita tener una conversación  equIvalente. Por esta razón, es posible determinar el tipo de relación entre dos o más personas, o en una empresa, en función de la calidad de las conversaciones que se practican. 


Una advertencia que hace Echeverría: muchos de los juicios que emitimos, están afectados por la cultura de la comunidad donde se producen, y por lo tanto, la facilidad o no de tener cierto tipo de conversaciones en ese entorno. Sin olvidar también, que las conversaciones tienen el poder de transformar nuestras relaciones, por las acciones que emprendemos o dejamos de hacer cuando hay quiebres. 

Es importante recordar que, en una buena relación existen necesariamente los quiebres, pero también,  la capacidad de conversarlos y actuar para transformarlos, para que la relación siga fluyendo. 


Y quisiera terminar este ciclo sobre el lenguaje, mencionando otro tipo de conversaciones, que Rafael Echeverría no las menciona explícitamente, pero que son cada vez más importantes: las conversaciones de futuro. Se podría pensar que están incluidas en las de coordinación de acciones o en las de posibles conversaciones. 


Sin embargo, yo pienso que en una cultura como la colombiana, es muy difícil plantear estas conversaciones que permitan sacar el periscopio, para mirar más allá e imaginarse potenciales futuros, sobre los cuales se pueda actuar para accionarlos o evitarlos. Y dado que el lenguaje es acción, el tener conversaciones de futuro, nos permite que la historia pasada no nos secuestren, y podamos dejar abierta la imaginación para que nos impulse hacia un horizonte mejor. 


Como podrá observar el lector, al tomar el conjunto de los cuatro blogs sobre el poder del lenguaje, es mucho lo que nos falta comprender sobre este tema, que lo manejamos de manera transparente y ligera. Al no estar concierte de sus diferentes aristas, cometemos muchos errores que son afectan en nuestras relaciones de todo orden y en nuestra efectividad para actuar con otras personas

sábado, 10 de abril de 2021

El papel de los juicios en el lenguaje



En este blog voy a de cubrir otro aspecto relacionado con el lenguaje y que juega un papel fundamental en las relaciones humanas: los juicios. En el último  blog de esta serie me voy a referir a las conversaciones. 

Quiero repetir algo que ya había mencionado en los blogs anteriores. Hablamos cómo respiramos, es decir, lo hacemos la mayoría de la veces sin pensar . Con el lenguaje construimos juicios acerca de lo que observamos, y estructuramos diferentes tipos de conversaciones sin darnos cuenta de sus implicaciones para nosotros y para los demás. 


Comencemos con el tema de los juicios.  Como seres humanos estamos formulando juicios a toda hora sobre todo lo que observamos y lo hacemos de manera casi que automática, cuando conocemos a alguien o llegamos a un lugar nuevo. Como decía Nietzsche: “una característica de los seres humanos es que son unos animales que enjuician”. El problema es que no estamos conscientes de cómo los hacemos, o los deberíamos de realizar, ni tampoco del impacto que estos tienen para el futuro de quienes son sujetos de nuestros juicios.



Para entenderlos mejor, es necesario mencionar que los juicios son una categoría especial de las declaraciones. Y que son diferentes a las afirmaciones, que constituyen dos  de los cinco actos del lenguaje, como ya lo expliqué en el blog anterior. No es lo mismo decir que Bogotá es la ciudad capital de Colombia, a afirmar que es el mejor vividero de AL. Otro ejemplo: Juan tiene un computador Apple de última generación , a Juan es un incapaz en el manejo del computador. 


En el primer caso es un hecho que se describe de manera objetiva, en el segundo es un juicio de valor o una opinión que no es independiente del observador. Sin embargo, el problema radica en que no se hace una distinción  entre estas aseveraciones, y esto interfiere en las relaciones, el trabajo, y en nuestra vida en general. Pero la diferencia se logra entender mejor, si se acepta que el lenguaje no describe la realidad, sino que genera acción que modifica el mundo y lo que es posible, como lo mencionaba en los dos blogs anteriores. Esta es la esencia de la ontología del lenguaje.


Y también hay que recordar, que al afirmar algo, nos comprometemos con mostrar la evidencia que lo sustenta, ya que se describe lo que sucede y es verdadero. Nos referimos a los hechos sobre los cuáles hay un consenso social. En los ejemplos dados, todos reconocen a Bogota como la capital, y las comparaciones técnicas aceptadas definen el nieve, de avance del computador de la Apple. 


Estos consensos sociales, pueden variar dependiendo de la comunidad donde ocurren, para definir algo que se reconoce como verdadero o falso. Este es el caso de las comunidades científicas, que aceptan algo como verdadero, si cumple con los criterios del paradigma vigente utilizado por sus miembros. Con el tiempo pueden haber cambios de paradigma y por lo tanto, cambia lo que es verdadero o falso para esa comunidad.


A diferencia de las afirmaciones, en los juicios no hay necesidad de dar una evidencia que los sustente y pertenecen a una categoría especial de las declaraciones, que al emitirlas y gracias al lenguaje, generan mundos nuevos y una realidades diferentes. Cuando alguien emite un juicio, pueden haber discrepancias y ser cuestionado por otras personas .



Todo juicio es una declaración, pero no lo es necesariamente al revés. La declaración de un Juez al emitir un fallo, es válida en función del poder de su autoridad otorgada por una comunidad, sin que tenga que necesariamente explicar las razones para hacerlo. Evidentemente, puede ser reversado por un Tribunal Superior.


A pesar de que que un juicio es una declaración especial, su diferencia reside en que quien emite un juicio no tiene el poder de la autoridad, y por lo tanto puede ser aceptado o rechazado por otros, y ser válido o inválido. Esto implica la obligación de fundamentarlo lo que no es necesario siempre en todas las declaraciones. Y lo más importante: para hacerlo, debe de estar respaldado por observaciones o experiencias anteriores, porque al emitirlo tenemos el potencial de afectar la identidad del que lo recibe, abriéndole  o cerrándole  puertas a su futuro. 


Como dice Rafael Echeverría en su libro “Ontología del Lenguaje”: los juicios nos sirven para diseñar nuestro futuro. Operan como una brújula que da cierto sentido de dirección, pero también, permiten ver las consecuencias esperables para movernos más fácilmente  hacia adelante. El hecho de que el futuro nos inquiete, es lo que le da fuerza al juicio bien fundamentado, a partir de las observaciones del pasado, para diseñar las acciones en la interacción con otros


Veamos un ejemplo. Cuando emitimos el juicio de que Juan es incapaz de utilizar un computador, este debe estar basado en haberlo observado actuar  varias oportunidades en el pasado. Sin embargo, es muy frecuente escuchar a personas que emiten irresponsablemente juicios no fundamentados, que no solo afectan el presente de la persona sujeta del juicio, sino también su futuro. En el caso de Juan, el impedirle acceder a nuevas oportunidades laborales. 


Juan pudo haber tenido en el pasado problemas en el manejo de  computadores, pero también pudo aprender a superarlos o a innovar con nuevas prácticas, para cambiar sus limitaciones y modificar su comportamiento. También, pueden haber otros factores que cambian la trayectoria de su pasado al proyectarlo al futuro. Por esta razón, la innovación y el aprendizaje son dos mecanismos que sirven para desafiar nuestros propios juicios y los de los demás sobre nosotros. 


El peligro de ver un juicio como una afirmación, es que al afirmar que alguien es incompetente, lo convertimos como un defecto inamovible de una persona que condiciona lo que podrá hacer o no en el futuro. Y no nos damos cuenta que, las acciones de esta persona, al aprender e innovar, pueden hacer cambiar los juicios de si mismas y los que hemos formulado sobre ellas. Hay que recordar que la acción genera ser y al hacerlo cambiamos nuestra identidad.



Dado el impacto de los juicios, Echeverría recomienda revisarlos con cuidado al estar basados en supuestos  y observaciones anteriores que deben de ser validados, porque no siempre el pasado en un buen orientador de lo que se puede esperar más adelante. Si algo es cierto, es la capacidad de cambio del ser humano. Esto implica estar abierto a reexaminar permanentemente nuestros juicios, porque solo debemos de tomarlos “como señales temporales”, para pensar sobre el futuro y evitar que nos hagan prisioneros del pasado.


Desde esta perspectiva, el juicio es un conector entre el pasado, el presente y el futuro a partir de lo que se puede esperar dada la historia de una persona, como lo recuerda Echeverría. También, facilita disminuir los riesgos para tomar mejores decisiones, que afectan no sólo su futuro , sino también el de una organización que pudo haber dejado pasar la oportunidad de contar con un excelente colaborador. 


Para terminar es blog una reflexión final. Si queremos tener conversaciones y diálogos productivos, se necesita de estar consientes de los actos del lenguaje porque este genera acción. Y dentro de estos actos, es fundamental entender como formulamos nuestros juicios, porque al no ser sustentados, pueden ocasionar un impacto muy negativo. En el próximo blog trataré sobre el poder de las conversaciones.