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sábado, 17 de julio de 2021

El desbalance entre derechos y deberes

 


En medio de la confrontación entre los extremos de las ideologías de izquierda y derecha, la primera ha atizado la polarización y la lucha de clases, defendiendo el “sagrado derecho a la protesta”, pero con menos cabo de otros derechos, tanto más importantes, como son el derecho a la vida, la salud, el trabajo y la movilidad. 




Y en medio de esta cacofonía de voces airadas a favor y en contra, y de los actos de violencia que han tenido un enorme costo social y económico, se nos perdieron de vista en Colombia, las obligaciones que debemos de tener como ciudadanos, para poder exigir los derechos que nos brinda la Constitución. 


Y lo insólito de esta situación tan anómala, en un país donde se le rinde tanto culto a los legalismo, se muestre un desbalance tan marcado entre los derechos y los deberes. Este es un tema que no parece importarles a las diferentes instancias de nuestro desbarajustado sistema judicial. 



Con un Estado débil, incapaz de hacer cumplir los derechos, y mucho menos los deberes consignados en la Constitución,  se le ha dado un patente de corso a los vándalos y a los grupos armados fuera de la ley, así como a quienes han promovido las marchas en el peor momento de la pandemia, para ponerse de ruana el país. Hoy, estos individuos tienen más protección bajo la normativa absolutamente permisiva que tenemos o podemos hacer cumplir, que el pequeño comerciante al que le saquearon su negocio y tuvo que cerrar, o la niña que murió en una ambulancia antes de nacer.

Como veíamos en el blog anterior, somos un país “de emociones tristes”, donde priman las pasiones y las emociones negativas. De alguna manera, esta realidad que no es fácil de entender, hace que la irracionalidad prime y desaparezca lo obvio. En este caso, las responsabilidades ciudadanas, que han pasado al sótano de los recuerdos, junto con el marco de la ética y los valores, para orientar las decisiones individuales y colectivas en la sociedad. Su ausencia explica mejor el porque se toman decisiones tan pobres que nos afectan a todos. 


Esta realidad pone en evidencia la ausencia de  un verdadero “liderazgo político” en el país. No hay quien confronte a la gente con las contradicciones entre lo que demandan como derechos  para ellos, pero que se olvidan de sus obligaciones para con los demás. 



No hay quien le explique a la gente, que el sano equilibrio entre los dos, es una precondición  para vivir en armonía como sociedad. Pero no hay esa orientación porque es más fácil sumarse al coro de los que gritan, destruyen y destilan odio, que confrontar a la gente con las consecuencias tan negativas que produce este desequilibrio entre derechos y deberes. .


A la luz de los comentarios anteriores, me pareció muy oportuno publicar las palabras de un presidente de Francia, después de una victoria de su partido en unas elecciones regionales. Aprovechó la oportunidad para confrontar a los franceses con las consecuencias de las contradicciones en que  ha  incurrido tradicionalmente la izquierda de su país, cuando a nombre de su ideología, defienden unos derechos, pero se olvidan de los deberes y su corresponsabilidad. Yo me atrevo a afirmar que la mayoría de sus comentarios, caen como anillo al dedo para la situación actual en Colombia. 


En esta oportunidad, este dirigente político actuó como líder,  al señalar estas contradicciones cuando dice lo siguiente : 


"Hoy hemos derrotado la frivolidad y la hipocresía de los intelectuales progresistas. De esos que el pensamiento único es el del que todo lo sabe, y que condena la política mientras la practica. Desde hoy no permitiremos mercantilizar un mundo en el que no quede lugar para la cultura: Desde 1968 no se podía hablar de moral.   


Nos impusieron el relativismo: la idea de que todo es igual, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo, que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos estudiantes. 


Nos hicieron creer que la víctima cuenta menos que el delincuente. Que la autoridad estaba muerta, que las buenas maneras habían terminado, que no había nada sagrado, nada admirable. El slogan era VIVIR SIN OBLIGACIONES Y GOZAR SIN TRABAS... (el sumag kawsai francés?)


Quisieron terminar con la escuela de excelencia y del civismo. Asesinaron los escrúpulos y la ética. Una  izquierda hipócrita que permitía indemnizaciones millonarias a los grandes directivos y el triunfo del depredador sobre el emprendedor. 


Esa izquierda está en la política, en los medios de comunicación, en la economía. Le ha tomado el gusto al poder. La crisis de la cultura del trabajo es una crisis moral. Hay que rehabilitar la cultura del trabajo. 


Dejaron sin poder a las fuerzas del orden y crearon una frase: se ha abierto una fosa entre la policía y la juventud: los vándalos son buenos y la policía es mala. Como si la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente inocente.   


Defienden los servicios públicos pero jamás usan transporte colectivo. Aman mucho a la escuela pública pero mandan a sus hijos a colegios privados. Adoran la periferia pero jamás viven en ella. Firman peticiones cuando se expulsa a algún invasor, pero no aceptan que se instalen en su casa. 


Son esos que han renunciado al mérito y al esfuerzo y que atizan el odio a la familia, a la sociedad y a la república. Y con el mayor descaro se lucran de los bienes del Estado, y montan hasta negocios con el dinero mal habido a la vista de todos de la manera mas cínica.


Hoy debemos volver a los antiguos valores del respeto, de la educación, de la cultura y de las obligaciones antes que los derechos. Estos se ganan haciendo valer y respetar los anteriores”


Independientemente si hubiera sido Sarkozy o Macron, porque el mensaje que me llegó con estas palabras no fue claro, me sirven muy bien para subrayar la incoherencia en que vivimos los colombianos y sirve para explicar porqué hemos llegado a donde estamos. 




sábado, 10 de julio de 2021

El país de las emociones tristes


 ¿De que depende el vivir una buena vida?  Esta es una pregunta que adquiere una dimensión e importancia mayor, cuando hoy la vida está siendo amenazada desde diferentes frentes. Evidentemente la pandemia ha sido uno de ellos al enfrentarnos con la vulnerabilidad de los seres humanos, traducida en millones de personas muertas y contagiadas. Pero también, la calidad de vida se ha visto seriamente afectada por los retrocesos sociales que hoy se reflejan en los incrementos de los niveles de pobreza   no vistos desde hace más de una década. 


Leyendo el fascinante libro “El país de las emociones tristes” de Mauricio García Villegas, me identifiqué con su respuesta a esta pregunta: “una buena vida depende de los encuentros que tenemos a lo largo de nuestra existencia. Cuando ellos son buenos, están guiados por los afectos y nuestra vida es gozosa y alegre. Cuando están alimentados por los odios, la existencia es triste”. Este comentario se entiende mejor si aceptamos que somos más animales emocionales que animales racionales. 


Este comentario me conectó con el papel de las emociones tratado en un blog anterior y su impacto en la búsqueda de la felicidad. En ese artículo mostraba el efecto que tiene el mundo emocional en el comportamiento de los seres humanos, así como también, en los resultados que logran, y del futuro que son capaces de construir como sociedad


Como lo escribía el filósofo holandés  del SXVII Baruch Spinoza, el alcanzar la felicidad, que es un propósito muy deseable, depende de poder controlar las emociones que García denomina “emociones tristes” como el odio, la venganza, la envidia y la  animosidad.  Y esto se logra, si se fomentan las emociones positivas como la empatía, el perdón, la compasión, la colaboración, el afecto, el gozo y la alegría. 


Este comentario hecho hace cuatro siglos, señala algo muy importante. El papel que juegan las emociones individuales y colectivas, en la conformación de los patrones culturales de una sociedad, y que a su vez, se reflejan en las decisiones o las omisiones colectivas y la capacidad de enfrentar, constructiva y colectivamente, sus problemas.



En un artículo reciente del portal de la Silla Vacia sobre la encuesta realizada entre los jóvenes de 18 años a 32 años en la segunda semana de mayo mostraba lo siguientes:


“Mientras que en el 2019 el 45 por ciento de los jóvenes salió a protestar, este año fue el 73 por ciento, lo que significa que, en la medida que pasa el tiempo, hay más deseos de buscar en la calle las soluciones a problemas que no encuentran desde las instituciones. Esto, finalmente, va acompañado de unas emociones negativas. Cuando realizamos la primera encuesta —después de las manifestaciones pacíficas del 2019—, la alegría de los jóvenes en las 13 ciudades era del 66 por ciento. Después, con la pandemia, esa alegría bajó al 53 por ciento, y ahora en mayo fue apenas del 5 por ciento. Mientras tanto, ha aumentado la tristeza (33 por ciento) y la ira (27 por ciento)”


Estos acontecimientos son los que le dan más relevancia y novedad a la propuesta que hace García, al poner la emocionalidad como un factor clave para explicar muchos de los acontecimientos históricos nuestros y sus dinámicas actuales. Tiene razón cuando afirma que la emocionalidad de una comunidad , define la forma en que se relacionan las personas hacia adentro y hacia afuera de ella, el diseño institucional que privilegian, “el tamaño de la esperanza y las frustraciones” que los acompañan. 


Vistas desde esta perspectiva, es evidente el porqué el título del libro de García al denominar a Colombia como “un país de emociones tristes”. Y a lo largo de esta obra, su autor muestra con una argumentación muy sólida, el efecto, invisible pero muy presente en nuestro medio, que esta realidad ha tenido en el devenir de nuestra nación. 



Una persona, o una colectividad, terminan siendo el resultado de sus decisiones conscientes o inconscientes, que van tomando a lo largo de la vida y condicionadas por su entorno emocional. El autor introduce un concepto muy interesante: cada país adopta un arreglo emocional, que se mueve entre una emocionalidad triste y una que no lo es. El sitio donde se ubique determina la identidad de su sociedad.


Si se acepta inicialmente la hipótesis propuesta por García, emerge una explicación muy interesante de algunos de los rengos culturales nuestros más protuberantes, reflejados en una conflictividad endémica; unos proyectos importantes que no se logran materializar; la incapacidad de llegar a consensos que beneficien a todos; un legalismo desesperante reflejado en innumerables leyes que terminan siendo letra muerta. Todos ellos son el resultado de una estructura emocional colectiva inadecuada que no ha logrado evolucionar. 



Si alguien tiene alguna duda de la posible validez de estos planteamientos, lo invito a hacer un repaso de las noticias de los últimos dos meses, para no ir más lejos, de la conmoción social y de salud que hemos vivido en Colombia. Es muy fácil identificar en este material, el común denominador del odio, el desprecio por el diferente, la sevicia y en general una emocionalidad tan negativa, que hoy envuelve como una nube negra el panorama nacional.  


García va mostrando a lo largo de su libro, como el ejercicio equivocado de la política en nuestro medio, ha contribuido de manera significativa a esta situación. Para evidenciar la validez de esta afirmación, no se necesita sino repasar la historia reciente de la época de la Violencia, y saltar después a los últimos 20 años, para ver el papel que ha jugado la furia de los dirigentes políticos, para sembrar el odio y la violencia, que han fracturado a la sociedad en diferentes momentos de su historia.


Hoy los avances en la ciencia del comportamiento y del cerebro, muestran con cada vez más   papel que juegan las emociones en las relaciones humanas. Por esta razón, García presenta como ellas han enmarcado el debate político mucho más que las ideas, la argumentación y las razones. Esto facilita entender mejor, el destino que a lo largo de los años, se han forjado sociedades como las nuestras.  


Si nos detenemos por un minuto a asimilar el comentario anterior, no nos debe de sorprender sus consecuencias. La pelea entre Uribe y Santos que ha polarizado a la sociedad colombiana, como no se veía desde la época de Laureano Gómez hace sesenta años, no se puede explicar sino desde la emoción muy triste del odio de estos dos dirigentes  y que hoy han puesto en un grave peligro a nuestra frágil democracia. 


La confrontación de este par de políticos, con sus “emociones tristes”, ha tenido un doble efecto que ha definido nuestra realidad actual, alejándonos de dos grandes propósitos que son fundamentales para avanzar como sociedad. 


El primero de ellos, el poder convivir en una nación en paz, donde la violencia no sea el medio para dirimir las diferencias. Esta incapacidad, que se ha manifestado de la peor manera en estos dos últimos meses, nos está alejando cada vez más rápidamente de nuestras posibilidades. 


Y el segundo efecto es igualmente grave: no haber podido desarrollar la capacIdad para lograr unos mínimos acuerdos de convivencia y colaboración, fundamentales para enfrentar momentos como la crisis de la pandemia, que nos ha puesto al borde de un abismo de una profunda crisis social. 



He hecho en este blog una breve introducción al papel de “las emociones tristes” propuestas por Mauricios García Villegas, para subrayar la importancia que creo que tiene el tema y que seguiré desarrollándolo en otros blogs. Es un planteamiento realmente innovador, al utilizar el componente emocional que caracteriza a los seres humanos, para darle  una mirada distinta al devenir histórico de nuestro país y de nuestras cultura. Y este no es un tema menor


De hecho, es la primera vez alguien se atreve a darle un papel protagónico a las emociones, que hasta la fecha han pasado invisibles, en las recurrentes discusiones y análisis del porqué hemos llegado al estado actual. Y de alguna forma, este planteamiento ayuda a contestar la pregunta que formulara en el blog anterior y que hoy ocupa la atención de la comunidad latinoamericana: 


Me había comprometido a publicar las sugerencias sobre los activos que hemos construido como sociedad hasta hoy. Lamentablemente tengo que confesar, que a pesar de que el blog fue leído por más de 500 personas de mi lista de distribución de 1.500, recibí muy pocos comentarios. Hubiera querido tener más aportes para presentarlos en este blog, y así poder mostrar, qué a pesar de haber mucho camino por andar,  hay muchas cosas buenas que nos han sucedido como sociedad 


No se si esta falta de respuesta es el reflejo de un artículo que no tiene ninguna relevancia, que podría ser, o más bien una manifestación muy clara de la emocionalidad actual tan negativa que nos invade y nos impide ver los logros que hemos conseguido como sociedad. En cualquiera caso, creo que es un muy mal síntoma de lo que nos está sucediendo en Colombia, porque si no nos reconocemos desde lo positivo, muy difícilmente vamos a poder avanzar. 


Este último comentario me hace pensar, de que esta triste realidad es una tremenda oportunidad para quien aspire liderar la transformación de Colombia desde la Presidencia en el 2022. Yo siento qué mucha gente quisiera seguir finalmente a “un líder”  que inspire la construcción de una visión colectiva como sociedad. Alguien que nos invite a  reconocer los logros alcanzados, desde una emocionalidad positiva, como bases para construir colectivamente una realidad alejada de las emociones tristes que nos han acompañado y que hoy no nos dejan avanzar.


sábado, 3 de julio de 2021

¿Cómo llegamos aquí?


Conversando en estos días con un buen amigo chileno, sobre lo que ha sucedido en nuestros países, me compartió algunas reflexiones que hizo con otros empresarios, a la luz de una
  pregunta sencilla pero profunda:  ¿Porqué y como llegamos aquí ? . Esta pregunta es especialmente relevante para los chilenos que se sentían tan orgullosos del modelo económico que los había colocado a la cabeza de los países latinoamericanos en materia de desarrollo. O al menos eso creían hasta que les estalló la bomba.

El mismo interrogante debe de estar  rondando en la mente de muchos empresarios peruanos, que han visto cambiar, en muy pocos meses un panorama económico interesante aunque en un entorno político caótico, por una pesadilla marxista que  está apenas por empezar. 


Este cuestionamiento también debería estar presente en Colombia, donde en estos últimos dos meses, hemos presenciado protestas sociales y actos de terrorismo urbano, que han tenido un impacto sin  antecedentes en nuestra historia reciente como nación. 



Como resultado de estas dinámicas convulsionadas, nos enfrentamos con un calidoscopio de emociones negativas, cuando hemos visto transformar el legítimo derecho a la protesta resultado de  los efectos de la pandemia, en un movimiento vandálico de destrucción calculada y sistemática de los bienes públicos, el cierre  miles de empresas, un aumento exponencial de la polarización, un ataque a nuestro sistema democrático, más otras secuelas no menores producidas por el desmadre de esta situación.


El gran reto que tenemos, es no dejarnos paralizar por las emociones negativas, para poder responder, actuando  más rápidamente, en los diferentes niveles de la sociedad. Hacerlo es responsabilidad de todos, porque no hay un mesías que nos vaya a hacer el milagrito, que nosotros nos neguemos a realizar. 


Esta explosión social, en el momento más alto de muertes y contagio, han tenido unos impactos negativos que han sido tremendamente perjudiciales para una sociedad ya muy debilitada por los efectos de la pandemia. Pero también, ha traído cosas muy positivas qué hay que valorar. 



La primera de ellas: obligarnos a hacernos las preguntas difíciles que no habíamos querido enfrentar hacia atrás. La segunda:  forzarnos  a reconocer muchos de los avances positivos que hemos logrado en las últimas décadas como sociedad, porque son las únicas bases sólidas para poder actuar y vencer la desesperanza que hoy nos  paraliza, para evitar que unos bárbaros acaben con nuestro país bajo la disculpa de que sus actos son en beneficio del pueblo.


Volvamos a la pregunta reformulada con la que inicie este blog: ¿Porqué  y como llegamos a esta situación?


  • Una cultura desalinéala con las exigencias crecientes de un entorno cambiante, cada vez más volátil, incierto , complejo y ambiguo, que nos ha impedido reconocer los retos y problemas que se habían venido acumulando sin resolver a los largos de los años. Asociado a lo anterior: 
    • Vacíos profundos de liderazgo a todos los niveles de la sociedad.
    • La cultura y el liderazgo  no son temas visible, relevantes, y por lo tanto  no son conversarles, cuando se analizan las causas raizales de los problemas que tenemos como sociedad.
    • La pérdida de valores y la ausencia de un propósito colectivo .
    • La cultura del dinero fácil que premia al vivo y a los atajos chuecos, donde el fin justifica los medios
    • Incapacidad de leer oportunamente las señales del entorno interno en el país, así como externo a nivel global, para poder enfrentar mejor los cambios de paradigmas, sociales, políticos, empresariales y tecnológicos que están en marcha.

  • Una profunda  crisis ética que se manifestó en el cancer de la corrupción y el saqueo de los dineros públicos donde todo vale y no hay sanción social. Esto se facilitó por:
    • Unas élites que abusaron de su poder para maximizar, mediante colusiones, sus resultados económicos sin reparar en las necesidades de los demás.
    • Unos niveles muy altos de impunidad que hace  al sistema democrático muy vulnerable a su manipulación. 
  • El deterioro de la capacidad institucional para responder a las crecientes expectativas de la gente como resultado de:
    • La mediocridad de los dirigentes políticos incapaces de entender los retos actuales y de conectarse con las necesidades de la población. 
    • La fragmentación de los partidos políticos, que dejaron de servir de cadenas de transmisión para los reclamos y las necesidades de la sociedad, con los estamentos del Estado a nivel nacional y local.
    • Los niveles históricos de desconfianza en las instituciones y en la dirigencia política.
    • La desesperante lentitud del Estado para acompasar la velocidad creciente de los cambios del entorno. No se percibe como un ayuda sino un obstáculo mayor qué hay que superar.
    • La baja capacidad profesional en los funcionarios públicos en un sistema que castiga la innovacion y el asumir la responsabilidad. 


  • En Chile se creyeron el cuento del éxito de su modelo de desarrollo económico y dejaron de leer las señales del desequilibrio que generó, y que en las últimas décadas, se tradujo en una mayor desigualdad y malestar social. Esto produjo: 
    • Una conciencia anestesiada en la mayoría de los empresarios que le voltearon la espalda a las crecientes expectativas no atendidas  de la población. 
    • Una sociedad de consumo con altos niveles de endeudamiento 
    • Unos partidos políticos que se engolosinaron con el poder y el modelo económico vigente.
  • En Colombia, un modelo económico altamente dependiente de la explotación de recursos naturales no renovables y con una muy baja capacidad de generación de valor a nivel internacional. Las razones son varias: 
    • La baja capacidad de generación de puestos de trabajo calificado que absorba un número creciente de oferta, especialmente personas jóvenes y mujeres en general.
    • Una baja productividad laboral que impide competir en costo y calidad en el mercado internacional. 


  • Una población adulta con brechas grandes de alfabetismo funcional que los convierte en blancos fáciles de la manipulación. Esto es el producto de: 
    • Un Sistema de Educación que le apostó a la cantidad y no la calidad 
    • Un Sistema de Educación Superior cuya propuesta de valor no abre oportunidades y si genera mucha frustración.
  • Un Sistema de Salud con unos profundos problemas de capacidad, equidad, y calidad. Esto generó
    • Una dependencia de producción  de vacunas, drogas e implementos médicos 
    • Una gran vulnerabilidad a las posición dominante de las grandes empresas farmacéuticas. 

Como no soy partidario de solo ver el vaso medio vacío, a pesar de la enormidad que implica  reconocer los temas anteriores y encontrar soluciones creativas para ver el vaso medio lleno,  me parece necesario  hacernos otra pregunta muy importante: ¿Qué tenemos como activos valiosos los colombianos, para poder superar la situación actual, minimizando los costos y los riesgos que esto implica?


Aquí quiera invitar a los lectores a proponer sus respuestas y que me las envíen a mi correo personal.  fmanrique@mac.com Me comprometo a compilarlas en mi próximo blog , donde buscaré  demostrar que son muchos los activos que tenemos para combatir el miedo, el escepticismo, la desesperanza, que son las emociones negativas que hoy nos acompañan, y que nos frenan para actuar con rapidez, si no queremos lamentarlo después. 


domingo, 27 de junio de 2021

Nación con Esperanza

 




En estos días volví a leer  un informe publicado  por el Aspen Institute en los Estados  Unidos sobre la relación del aprendizaje social y emocional con el desempeño académico. Lo hice porque he estado participando en el procesos “Dialogos de Futuro” donde 38 organizaciones diversas, estamos explorando ideas distintas para darle una nueva mirada al rol de la Educacion Superior en el desarrollo del país.


El informe de este prestigioso instituto, es el resultado de la investigación realizada a nivel nacional en ese país, con la participación de un grupo muy selecto y diverso de expertos en las áreas de la neurociencia, psicología y educación, motivados por un movimiento que busca el bienestar socio-emocional y académico de los niños y los jóvenes norteamericanos. Es una tendencia que tiene  cada vez más fuerza, y que está redefiniendo el concepto del aprendizaje, con un tremendo impacto presente en la vidas de los estudiantes y  para el futuro para esa sociedad. 


Es muy notorio que en los Estados Unidos, donde es cada día más difícil lograr un consenso sobre temas críticos para su población, esté emergiendo una visión común sobre la importancia del desarrollo socioemocional y académico, vistos como un proceso holístico y fundamental para la educación.  De este consenso documentado, es que surge el nombre del informe publicado: “Una Nación con Esperanza”.



Que exista una visión común,  es la gran conclusión de este informe, que recogió comentarios y testimonios a nivel local a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Definitivamente, hay una conciencia creciente de la relación íntima de las dimensiones socioemocionales y académicas aplicadas a la educación básica pero también a la educación superior. Nueve de cada diez entrevistados, estuvieron de acuerdo con su importancia para cambiar el rumbo de la educación en los Estados Unidos. 


También, se está entendiendo que el éxito o fracaso de una sociedad, que está experimentando cambios cada vez más rápidos y profundos, necesita de individuos capaces de construir relaciones sanas y productivas, para contrarrestar la división y fragmentación que se observa hoy en día. Sin estas capacidades no es posible formar ciudadanos que resistan las tremendas tensiones a las que está expuesto el tejido social, producto de estas grandes transformaciones. Este comentario ha adquirido una tremenda relevancia en este año y medio de pandemia y de convulsiones sociales.


Ya no vasta que se transmita el conocimiento, como se ha hecho por siglos, ni  con formar profesionales competentes.  El concepto de la clase magistral, el tablero y la tiza, están cada vez más llamados a desaparecer como los únicos vehículos para el aprendizaje. El saber leer y escribir, es necesario pero ya no es suficiente. Esta es la razón por la cual, los temas que cobijan el desarrollo socioemocional, mal llamados ”blandos”, están adquiriendo cada vez más importancia.  


Un maestro entrevistado para el informe del Aspen Institute, decía: “yo no enseño matemáticas , yo le enseño a los niños matemáticas”. Esta frase sintetiza algo que parece obvio, pero que se pierde con mucha facilidad en el proceso de educar: los niños aprenden más fácilmente cuando se les trata como seres humano, atendiendo sus necesidades socioemocionales y académicas”. Ahora, igualmente los profesores universitarios, están entendiendo que este mensaje también es válido  para lograr una formación de profesionales  más integral de sus alumnos.


Un estudiante entrevistado, le daba aún más luz al significado del verdadero sentido que debe de tener la educación cuando se aborda desde los aspectos socioemocionales y no únicamente  académicos: “ el éxito en la escuela o en la universidad, no debe estar definido solo por los resultados de unas pruebas ...sino también por la habilidad de pensar por si mismos, trabajar con otros, y contribuir a nuestra comunidad”. 


Y el informe menciona algo muy importante, que se olvida con mucha facilidad. La formación del ser humano es un tema muy complejo. Se necesita un espectro muy amplio de habilidades, actitudes y valores, además de unos conocimientos, que hay que ir adaptando y ajustando, a medida que el entorno va cambiando con más velocidad. Esto implica entender la educación como un proceso tremendamente dinámico .


Vale la pena repasar algunos de los aspectos que están en juego en el proceso de formar a un individuo para que sea un ser feliz, productivo y útil para la sociedad. Y también subrayar , que  son aspectos que cada vez más están siendo evaluados como fundamentales, en el mercado laboral, que hoy experimenta unas grandes transformaciones producto de la automatización. 


Lo anterior significa, que las dimensiones humanas del desarrollo de un individuo, son las que van a ser más demandadas, porque en los próximos años, los robots se encargarán cada vez más de los trabajos rutinarios. El poder trabajar en equipo, resolver problemas complejos, y adaptarse rápidamente a nuevas realidades, serán críticos en el mundo del trabajo y para actuar en la sociedad.


Veamos algunas de las habilidades más importantes que son cada vez más necesarias hoy y hacia adelante: el saber poner atención a lo que sucede alrededor; tomar buenas decisiones y no procrastinar;  fijarse objetivos y metas en función de la visión de lo que se quiere alcanzar; planear las acciones que van a materializar esa visión; colaborar con otros porque la complejidad actual hace imposible ser un Llanero Solitario; ejecutar con flexibilidad lo que se ha planeado y  demostrar resultados; ser recursivo para superar obstáculos; saber rodearse de otras personas que puedan ayudar.


Pero también, se necesitan unos valores esenciales que le permiten a la persona tener un marco de decisión ético para actuar correctamente como miembro de una comunidad: integridad, lealtad, honestidad, responsabilidad,  entre otros. 


Además son igualmente importantes las actitudes que se desarrollen, como el pensar de manera crítica, la apertura a diferentes puntos de vista, la curiosidad para explorar varias alternativas, la empatía,  la flexibilidad para adaptarse a cambios rápidos,  el recuperarse de los fracasos y aprender de ellos,  y el perseverar sin terquedad. Todas ellas, serán cada vez más críticas para que una persona pueda prosperar. 


Si se lee con cuidado lo anterior, seguramente surge una paradoja, en relación a lo que se le pide al sistema educativo vs lo que se necesita hoy en día. Es muy común que el énfasis esté a nivel escolar  en el aprendizaje de las matemáticas,  la historia, o a leer y escribir, o a nivel universitario en las materias relacionadas con las carreras.  Es decir, la parte puramente académica. Pero es muy extraño que las solicitudes se concentren en las dimensiones socioemocionales, las cuales, van a hacer la diferencia.



Veamos un ejemplo, de un caso real, donde se practica lo planteado por el informe del Aspen  Institute a nivel escolar. Mi hija es cofundadora de una Comunidad de Aprendizaje para niños y jóvenes que está rompiendo con varios de los paradigmas establecidos. En Kalapa, que es el nombre de esta comunidad, se busca hacer énfasis en crear espacios seguros y amorosos, donde las dimensiones mencionadas, más la dimensión espiritual, se traten de manera holística. A esta apuesta educativa, innovadora y diferente, van padres de familia que no están satisfechos con el sistema educativo convencional. Perciben con claridad, que hay un vacío, el mismo identificado en el informe mencionado. 


Sin embargo, aun si son conscientes de este vacío que ellos mismos vivieron como estudiantes y al cual se han enfrentado como profesionales, romper con la aparente tranquilidad que da transitar por un sistema que tiene más de 200 años, no es nada fácil. 


Las fundadoras de Kalapa han descubierto que el mayor reto es acompañar a los padres en el miedo, que legítimamente se  genera, cuando se enfrentan con la incertidumbre de los resultados de un proceso que no es convencional. Es un gran reto adaptativo que requiere valor porque implica cambiar los esquemas mentales existentes, tener paciencia y, no solo confiar en la institución, sino en el potencial que sus hijos tienen como “aprendices naturales” . 


Al liderar este proyecto, han descubierto la importancia de brindarles boyas a estas familias , para que puedan navegar hacia paradigmas desconocidos y habitar la transición en medio de un mar que les parece que no tiene orillas ni un fondo percibidos, mientras se experimentan nuevas maneras de formación integral. 



Hay otro gran reto adaptativo cuando se rompe el paradigma de la educación tradicional: el manejo de la tensión que se genera al enfrentar la dimensión socioemocional y espiritual con el valor de lo académico. La Academia es el espacio en el cual diferentes tipos de estudios han sido desarrollados, para transmitir el conocimiento adquirido por el ser humano a través del tiempo. Esto sigue teniendo un gran valor, como lo identifica el estudio de Aspen Institute. Tal vez la pregunta no es si lo tiene, sino desde donde puede aportar la academia, dados los desafíos actuales de la humanidad.


Como lo demuestran ejemplos como el de Kalapa, si es posible acompañar a los estudiantes para que aprendan las habilidades, los valores y las actitudes, que se requieren en el siglo XXI. Pero se necesita la participación activa y el soporte emocional de las familia, para lograrlo. En el caso de Kalapa, el proyecto los invita para que vivan con sombrero de aprendices el proceso de formación de sus hijos. 


Cuando la apuesta educativa se enfoca de esta manera, se cambia la vida de los estudiantes y de sus familias. Se les ayuda a ir encontrando un propósito en sus vidas, y estar mejor preparados para los retos que deben de afrontar hacia el futuro . 


Como bien lo expresa el informe del Aspen Institute: “la promoción de la visión holística del aprendizaje socioemocional y académico, no es una moda, es la esencia de la educación como debe ser. No es una aproximación ideológica, está basado en la experiencia de maestros, padres y estudiantes, apoyados por la mejor investigación en educación de las últimas décadas”. 


Más adelante se explica: “es un grave error ver el aprendizaje socioemocional como algo “suave”. Al contrario, un énfasis en estas capacidades no significa un sacrificio en el rigor; es una fuente para este. Mientras que muchos elementos del estudiante mejoran al cultivar estas habilidades y valores, uno de los principales resultados es un mejor desempeño académico, y mayor apreciación del estudiante por su institución educativa”. 


En un entorno seguro y respetuoso del ser humano, que es cada estudiante, se le motiva a  tener foco, persistir ante las dificultades, y responder positivamente al proceso formativo. El caso de Kalapa demuestra , como es posible poner en práctica todo lo anterior,  y es un ejemplo de lo que podría ser la educación que determine el futuro de nuestro país. 



Para que esta visión suceda, se requiere de una nueva mentalidad que permita la experimentación en la educación, en temas tan vitales como son el manejo de las emociones y las relaciones en un entorno social complejo, para formar no solo profesionales sino también ciudadanos. Esto no significa el sacrificio de la excelencia académica, que debe ser manejada en función de las nuevas realidades, donde el conocimiento se hace obsoleto muy rápidamente. 


Si lo lográramos, también podríamos tener en Colombia, una “Nación con Esperanza”, como es el título del informe al que me he referido en este blog, porque habría  formado personas que pueden ser “los motores de Esperanza” que nos permitan construir una nueva narrativa como sociedad. 






  

sábado, 19 de junio de 2021

Se nos está haciendo tarde para despertar



Después de más de 45 días de marchas, bloqueos, destrucción y muerte, son muchas las preguntas difíciles que hoy  nos deberíamos estar haciendo millones de colombianos. Hemos visto el resultado de la acción, que hoy se sabe fue premeditada y coordinada con fines electorales,  por parte de un puñado de dirigentes sindicales, políticos de izquierda, vándalos, narcotraficantes y guerrilleros, para desestabilizar al país. Había una agenda fríamente calculada que muchos colombianos no querían ver, que se basaba en una premisa elemental : en rio revuelto, ganancia de pescadores


Después de cinco semanas en que generaron el caos, el miedo, la desorientación y la desesperanza, como no había pasado ni siquiera cuando las FARC se habían crecido a finales de los 90, los dirigentes del paro resolvieron buscar otra ruta ante el Congreso, al fracasar en forzar un diálogo, con unas demandas imposibles. ¿Tenían que destruir al país para ahora tramitar sus pretensiones utilizando los mecanismos institucionales que querían desacreditar?


En medio de un problema monumental de salud pública, y cuando se dieron cuenta que estaban perdiendo apoyo ante el rechazo abrumador a la violencia, la destrucción  y a los contagios disparados, resolvieron levantar el paro  porque sus consecuencias estaban desligitimizando las protestas válidas, relacionadas con los problemas sociales, acumulados por muchos años y sin resolver, que la pandemia evidenció. Pero también, les tocó reconocer que no pudieran doblegar a Duque a negociar, sin antes parar los bloqueos y la destrucción que habían propiciado, y sobre los cuales perdieron el control.


A la luz de lo anterior, como ya lo mencionaba, son muchas las preguntas por las cuales estos dirigentes criminales deben responder ante la opinión pública y que todos las debemos formular:



¿Valió la pena exponer a miles de personas a contagiarse y disparar las muertes por el covid - 19 al más alto nivel desde que comenzó la pandemia; la destrucción del transporte masivo; la pérdida de cosechas; el sacrificio de millones de pollos;  la muerte de manifestantes y de policías? ¿Se Justificó el cierre de miles de  pequeñas empresas que ya venían muy golpeadas y que no podrán volver a funcionar, mientras se pretendían diálogos con demandas imposibles de cumplir?


Y una pregunta de mucho fondo que no ha tenido en estos días un pronunciamiento por parte de las Altas Cortes : ¿El derecho a la protesta, a cualquier costo, tiene prevalencia sobre otros derechos tan importantes como el de la movilidad, la salud, o el trabajo? ¿Hay en Colombia unos derechos humanos de primera y otros de segunda categoría ? 


Y asociado a estas preguntas: ¿Cuál es la posición de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en esta materia ?, institución que es tan ágil para condenar los abusos del Estado, que sin duda los ha habido, pero que es mucho más ligera para hacerlo en relación a esos otros derechos. 


Lo que me lleva a dos preguntas finales: ¿Quién protege los derechos de quienes no creemos en el uso de métodos violentos, pero que somos conscientes  que hay problemas muy serios en el país que hay mejorar? ¿Se impondrá la impunidad una vez más, tanto para quienes promovieron este caos, como para quienes cometieron actos violentos incluyendo a miembros del ESMAD?


El presidente del sindicato de maestros (FECODE), nos queda debiendo su respuesta a muchas estas preguntas, pero sus acciones demuestran sus verdaderas intenciones, cuando destapó finalmente las cartas al afirmar que todo era parte de una estrategia política con miras al 2022,  en contra de Uribe y de su partido. 



Para este individuo y quienes se aliaron con él para incendiar al país, es claro que el fin justificaba los medios. Y no les importó que su irresponsabilidad criminal, llevara al sector salud al borde del colapso y que hoy hayamos llegado a 590 muertes diarias, el pico más alto desde que comenzó la pandemia, para no hablar de la inmensa destrucción económica y del desempleo, que sus acciones produjeron.


Este destape de cartas, que mostró  las verdaderas intenciones políticas de  los sindicatos y dirigentes de izquierda, ha permitido también evidenciar  el apoyo que han recibido de Venezuela, de  los  dineros del narcotráfico y de las células urbanas del ELN y de los disIdentes de la FARC. 


El concurso activo de estos actores, que provocó en estas cinco semanas, tanta destrucción y muerte,  nos obliga a quienes rechazamos sus fines últimos, disfrazados de reclamos legítimos, a despertar y decodificar la verdadera agenda estratégica política, que han puesto en marcha para tomarse el poder y que hoy es evidente, salvo para muchos ingenuos que terminan siendo “idiotas útiles” que los hay y que piensan lo contrario, . 


Al ver el panorama general de todos los eventos que han sucedido, y no solo su impacto mediático individual, comienza a aparecer un cuadro muy claro y preocupante, que nos debe de obligar a reaccionar y actuar porque como dice el dicho popular:  “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”. De no hacerlo, el escenario del Perú será el futuro que por ingenuos nos merecemos en  Colombia en un año, para en cuatro ser el clon de Venezuela pero a una mayor escala.


A la luz de las reflexiones anteriores, quiero compartir apartes de una reunión, donde se hizo una presentación de una posible decodificación de esta estrategia que está en marcha, y cuyo objetivo es muy claro: un ataque frontal contra el sistema democrático que tenemos en Colombia, y que a pesar de sus imperfecciones, que las tiene y muchas, es infinitamente mejor al que se ha asentado en Venezuela, Nicaragua y posiblemente el que gobernara en Perú en los próximos años. 



En 1990 nació el Foro de Sau Pablo promovido por Fidel Castro y Lula da Silva, después del derrumbe de la Unión Soviética. En Wikipedia lo definen así: 


“ Es un foro de partidos y grupos políticos de izquierda, centroizquierda y extrema izquierda latinoamericanos, desde reformistas hasta colectividades políticas  de izquierda revolucionaria ( traducción los movimientos guerrilleros)” con el fin de combatir las consecuencias de neoliberalismo en la región.


A lo largo de tres décadas, este grupo ha venido desarrollando una agenda, que de acuerdo con lo que me explicaron, tiene varios objetivos:


  • La desestabilización y desistitucionalización de las democracias en países como Colombianos, Chile y Ecuador, quitando legitimidad a los gobiernos para ejercer su rol.
  • Impulsar el liderazgo político revolucionario , creando estructuras paralelas en los órganos de control, infiltrando las FFMM, eliminar los partidos con visiones distintas, etc.
  • Controlar medios de comunicación, atacando a los periodistas e influenciadores en las redes sociales que no apoyan la causa.
  • Incitar a la respuesta violenta de la Policía, para volver sus actos en causas célebres de violencia represiva y violatoria de los DDHH,  a los ojos de la opinión pública nacional e internacional. 
  • Mantener una sensación de descontrol del Estado, bloqueando las propuestas sociales que les quiten o debiliten sus banderas. El empobrecimiento favorece el control social.
  • Desacreditar las religiones y hacer de la equidad de género un motivo de lucha.. 
  • Cambiar la escala de valores sociales: lo que favorezca sus intenciones sin importar los costos es bueno, todo lo demás es descalificado.
  • Cambiar la constitución cuando se acceda al poder eliminando límites para la reelección del Caudillo y debilitando los partidos de oposición.
  • Crear milicias urbanas para devolverle al pueblo el poder.
  • Culpar al Estado de todos los asesinatos de líderes sociales para mostrar y denunciar la violación sistemática  de los DDHH.
  • Asfixiar la economía de mercado y el señalamiento y expropiación  a los empresarios no afectos a sus intereses.
  • Usar todos los métodos de lucha, incluyendo el narcotráfico, para financiar sus intereses
  • Generar una narrativa de confrontación y desesperanza para tener un alto impacto cultural, desacreditando las FFMM, capturando la justicia, copando los medios, adoctrinando en las escuelas y trastocando valores.
  • Aprovechar las debilidades e imperfecciones del sistema democrático, para generar descontento social y llegar al poder, mimetizando las verdaderas intensiones detrás de propuestas atractivas, aunque sean irrealizables .


Si se observa con cuidado, la lista anterior es la partitura que ha impulsado Cuba en Venezuela, utilizada por Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Ortega en Nicaragua, y la que se vé reflejada en el Plan de Gobierno del nuevo presidente marxista del Perú. 



Pero a la lista anterior, se está sumando una nueva estrategia, anunciada en Venezuela por Maduro y Cabello hace dos años, apoyando al plan del ELN cuyos dirigentes están protegidos en ese país. La idea es muy simple: llevar la guerra de guerrillas a las ciudades. De manera menos directa, fue lo que Petro prometió cuando dijo que llevaría al pueblo a las calles, después que  fuera vencido en el 2018, en su aspiración presidencial.


Esta agenda siniestra adquirió mucha más fuerza, gracias a varios factores. La desconexión de los gobiernos y los partidos tradicionales de las angustias y necesidades de la población. Y recibió un impulso muy grande con el covid - 19 que ha postrado los sistema de salud y las economías de los países afectados, donde  Colombia, no es la excepción


Para no dejar de mencionar también los errores del Gobierno de Duque, como el de la reforma tributaria, que hoy ya es claro, que fue un pretexto utilizado por los organizadores del paro  para prender la hoguera. También sus errores en la comunicación, que sumados a la polarización causada por su partido, el Centro Democrático, han desplomado los niveles de confianza en el presidente, los políticos, el Congreso, la Justicia, la Policía, los empresarios. Si a esto se suma la crisis social producida por la pandemia,  el plato estaba servido para lo qué pasó.


Los resultados desastrosos de los gobiernos de izquierda muestra una realidad muy diferente a las falsas promesas con las que llegaron al poder para quedarse en él. Usaron los instrumentos de la democracia para abrirle la puerta a las dictaduras populistas más corruptas y sin ningún control. Ha sido tal el éxito en el caso de Venezuela, que más de 5 millones de sus ciudadanos han votado con los pies, huyendo del hambre y el horror de su país. Ahora Colombia está en la mira, y la pregunta es: ¿lo vamos a permitir?


Esta es la realidad que nos debe de despertar a millones de colombianos que nos hemos visto amedrentados por los desmanes de las últimas semanas y que han dominado la narrativa en los medios de comunicación y en las redes sociales, generando miedo, desesperanza y una gran desconfianza a todos los niveles. La agenda para desarmar la democracia lleva muchos años, y si no nos damos cuenta ya, va a ser muy tarde para reaccionar. 


Es necesario despertar el liderazgo colectivo para devolverle al país la esperanza y la confianza de que si podemos cerrar las brechas sociales que hoy dividen al país. E invitar a los jóvenes a que se sumen a este propósito, de manera activa y constructiva, porque lo que está en juego es su futuro, si lo quieren ayudar a construir y no destruir.