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sábado, 29 de agosto de 2020

Las universidades enfrentan un tsunami de cambios.



El sector de la Educación Superior está enfrentando un tsunami de cambios como se vio en el blog anterior. La crisis actual va aumentar aceleradamente la presión para controlar, y aún bajar, los costos de la carreras profesionales, presionados por la inconformidad de los estudiantes, y sus familias, que cuestionan cada vez más la relación beneficio costo de su inversión. 


Pero también hay tendencias que aumentarán la velocidad de otros cambios. El problema es que estos se están moviendo mucho más rápido que la capacidad de adaptación de muchas universidades para enfrentarlos. Veamos cuál es el panorama hacia adelante.


Hay una realidad: las fronteras entre el mundo físico, biológico y digital se están esfumando. Nuevas ramas del saber, como la Inteligencia Artificial, la robótica, la biotecnología, la computación cuántica, las energías limpias, muestran el impacto que están teniendo la ciencia y la tecnología para enfrentar los múltiples retos de una sociedad, cada vez más compleja e inter  relacionada.



Estas nuevas tecnologías y avances científicos, están generando una demanda creciente de personas con capacidades diferentes que no existían hace pocos años. Las proyecciones muestran que hoy, más del 60% de los estudiantes que inician su edad escolar, tendrán trabajos en actividades que no existen en la actualidad. 


Según un informe reciente de la OECD 2030 Futuro de la Educación, “es necesario remplazar los estándares tradicionales de educación por un marco que combine el conocimiento con las habilidades del siglo XXI : creatividad, pensamiento crítico, comunicación y colaboración”. Esto implica unos cambios radicales que van más allá de la educación virtual.


Sin embargo, quienes están viendo el impacto que está teniendo la pandemia en la Educación Superior,  le están apostando a que  se aumentará el uso de los programas virtuales, que en la actualidad vinculan a más de 110 millones de estudiantes en el mundo. Hoy, universidades como MIT, Harvard y Stanford, ofrecen acceso a los mejores profesores sin costo, salvo que se quiera una certificación. 


Estos cambios en marcha, están obligado a las universidades a desarrollar muy rápidamente los cursos virtuales, y la utilización de nuevas tecnologías pedagógicas. Esta dinámica va a permitir cada vez más, la personalización de la oferta al estudiante, y así responder a las necesidades de las empresas y la competencia que viene de afuera del sector.


Estas dinámicas han abierto al sector de la educación a más cambios. Así, como las nuevas empresas FinTech, están produciendo grandes disrupciones en el sector bancario tradicional, las EduTech, son nuevas startups que lo están haciendo en el sector de la educacion a todos los niveles, respondiendo a nuevas demandas del mercado. 


Empresas líderes como Google, desde hace ya algunos años para contratar nuevas personas comenzaron a poner el énfasis  en lo que la persona sabe hacer y lo que es, más que los títulos que tenga. Esta tendencia está siendo adoptada por muchas más organizaciones. 


Según un rector, a quien consulté para este artículo, la tendencia anterior se verá reflejada en los currículos muy flexibles, tipo Netflix, hechos a la medida del interés del estudiante y con énfasis específicos. Y esto se va a traducir en una tendencia cada vez mayor hacia los micro grados y las nano certificaciones específicas, que se harán de manera virtual. Esta posibilidad impactará a la educación continuada.


Estos cambios flexibles, también van orientados a facilitar la educación dual como sucede en Alemania, donde el estudiante puede trabajar mientras estudia simultáneamente. Esto responde al cambio de preferencias de las nuevas generaciones, que buscan tener experiencia mientras están estudiando, pero además, que les permite sufragar el costo de su educación.


En un artículo de la revista INC: “Google tiene planes para generar la disrupción en los grados de las universidades”, muestra cómo este gigante de la tecnología, comienza a ofrecer certificados que solo toman seis meses para obtenerlos y a una fracción del costo de un título universitario tradicional. Es una oferta, de una serie de cursos profesionales, que buscan  enseñar a los estudiantes a desempeñarse rápidamente en cargos que están en gran demanda.




Ofertas como las de Google, se podrían implementar para dar respuesta a una necesidad que tenemos en países como el nuestro, donde hay mucha gente que trabaja en pequeñas empresas, y  que hoy en día no reciben ninguna capacitación. Son personas que no pueden tener educación presencial porque tienen que trabajar para comer. La formación, con módulos cortos y muy económicos, sería la respuesta para atender a este gran mercado laboral que hoy no tiene una oferta, usando el Extensionismo Tecnológico, para aprender haciendo en el terreno.


Estos nuevos modelos de negocio, serán necesarios para dar una mejor respuesta a las necesidades de formación del capital humano, que requiere la sociedad en general y el sector real en particular. Pero también, permitirán ofrecer una propuesta más atractiva de valor al estudiante, que le genere un diferencial en el mercado laboral, y que se vea reflejado en unos mejores ingresos. La pandemia ha desnudado una realidad: el sistema actual se ha quedado muy corto para enfrentar estas necesidades, lo que explica la creciente insatisfacción y deserción estudiantil.


Los cambios que están en marcha, abren nuevas oportunidades para las universidades tradicionales en países como el nuestro. La tecnología va a permitir la internacionalización del modelo de negocio de las universidades locales, para unirse a la oferta de títulos con entidades internacionales. 


El modelo pedagógico universitario también va a cambiar. Veremos cómo la educación más formal presencial, se concentrará cada día más en ofertas más cortas como respuesta a la competencia de empresas como Google, y en la formación de personas en temas como la cultura ciudadana, valores, competencias blandas, etc. Mientras que la  educación continua, va a complementar el proceso de formación con las otras habilidades y conocimientos específicos, en respuesta a la demande del mercado laboral. 


Todos estos cambios que están en marcha, son una señal de alerta para las universidades, pero también para los profesores, que tienen que replantear su labor. Se necesita que respondan a las necesidades apremiantes de la sociedad, y del sector productivo en particular, que es el responsable de soportar el desarrollo económico del país. 


La crisis sistémica que se está produciendo, es una oportunidad para el sector universitario, que en su conjunto, juega un papel tan importante. Pero a su vez, es un gran peligro para las instituciones que sean menos ágiles, ya que no van a poder competir, si no cambian muy rápidamente su modelo de negocio. El nombre del juego es la flexibilidad y la personalización, acompañados de experiencias relevantes a un costo razonable, a medida que el estudiante va avanzando a su ritmo de formación. 


Como lo veíamos en el blog anterior, la pandemia ha tenido un impacto muy significativo en las finanzas de las instituciones universitarias. Para el segundo semestre de este año, han visto reducciones importantes en las matrículas, lo cual va afectar especialmente a las más pequeñas. Como va a ocurrir en otros sectores de la economía, lo que era impensable es posible que comience a suceder. 


Forzadas por la situación, es factible que se vengan fusiones y se hagan alianzas, para ofrecer al mercado lo que está pidiendo, pero también, para optimizar las plantas físicas de muchas universidades donde se ha invertido mucho dinero en los últimos años. 





Pero habrá otro cambio muy importante: la vinculación de las universidades tradicionales en  el campo de la formación técnica para el trabajo, para complementar la educación conceptual. Esto ya está sucediendo en Colombia y en otros países de la región como, es el caso muy exitoso  de la U Católica de Chile, calificada como la mejor de America Latina. Es una oportunidad de complementar los esfuerzos de otras entidades, como el SENA en Colombia, quien hasta ahora ha dominado este campo. 


Otro cambio que se deberá reforzar hacia adelante, es la relación entre las universidades y las empresas, alrededor de proyectos que contribuyan a mejorar la competitividad productiva nacional. Los gremios, deberían de orientar mucho más esfuerzos para ayudar a apuntalar de manera más visible los esfuerzos de formación del talento, y las dinámicas de relacionamiento requeridas de sus afiliados con las universidades.


Pero también, el Estado tendrá que asumir una posición mucho más flexible, para facilitar normativamente la transformación del sector de Educación Superior y apoyar su relación con las empresas. Estas nuevas dinámicas, deberían ser entendidas  y reflejadas en políticas y recursos, entre los ministerios del Educacion, Industria y Comercio, Ciencia y Tecnología, y Comunicaciones.


En nuestro país, el nuevo Marco Nacional de Cualificaciones laborales, busca acelerar la tendencia hacia una formación más pertinente para el trabajo. Pero a su vez, es una oportunidad que implica aprender a hablar un nuevo idioma, alrededor de los catálogos formativos para cada tema. Es el reconocimiento, de que cada cargo en un sector productivo, tiene rutas formativas diferentes de aprendizaje, que requieren de unas certificaciones de competencias. 


Producto de los movimientos sociales y el impacto económico de la pandemia, en Colombia ha ganado momento la presión por tener el acceso a las universidades públicas de manera gratuita. Ya no es solo un grupo de estudiantes los que están empujando el tema, sino un número importante de miembros del Congreso que la respaldan. En la medida que la crisis continúe , estas dinámicas van a aumentar y tener un impacto significativo en todo el sistema de Educación Superior.


En este blog he querido mostrar una buena lista de los cambios que van a afectar al sector de Educación Superior que tiene un impacto muy grande en el desarrollo hacia adelante de nuestro país, cuando el panorama económico se ve muy complejo, y cuando es evidente que Colombia no puede seguir dependiendo del petróleo y del carbón para sostener su desarrollo. La apuesta más inteligente es contar con un capital humano mucho más fuerte que lo sustente..





sábado, 22 de agosto de 2020

La tormenta perfecta

 


Las universidades norteamericanas han sido un referente para la educación superior, y son consideradas las mejores del mundo. El sueño de miles de estudiantes de varios continentes, es el de recibir su formación universitaria en alguna de las mejores instituciones en los Estados Unidos. Lo que sucede en Harvard, MIT, Stanford , Universidad de Pennsylvania, Purdue, y muchas más que ofrecen excelentes programas, es observado con mucho cuidado por sus pares en otros países.

Por la razón anterior, es muy interesante ver con cuidado lo que le está sucediendo en ese país a muchísimas universidades, que han sido afectadas por el COVID-19, y cuyo impacto puede ser profundo. Dinámicas similares se están produciendo en otras partes del mundo y donde Colombia no es la excepción. 


El título de un artículo en el NY Times de hace una semana es muy disiente : “A medida que las universidades se mueven online, las familias se rebelan contra los costos”,  muestra el tsunami que se está encubando y que va a acelerar tendencias que ya estaban mostrando señales de alerta en el sistema de educación superior.  Ya era evidente que había una brecha creciente entre el valor de las matrículas y lo que los estudiantes percibían como valor del proceso formativo. Para no hablar, del endeudamiento creciente y muy preocupante para pagar los costos de la educación universitaria.


La pandemia ha abierto la Caja de Pandora que las universidades hubieran querido evitar: tener que dar descuentos al costo de las matrículas cuando se estaban preparando para el segundo semestre de este año. El problema se evidenció cuando los casos de contagio se dispararon en varios estados como sucedió en California, obligando a abandonar los planes de volver a la normalidad de la vida en el campus universitario.  


La realidad del coronavirus, ha obligado a las instituciones a continuar con el mundo de la virtualidad y tratar de convencer a los estudiantes de que el costo del semestre se justifica en estas condiciones. Los reclamos de los estudiantes y los padres de familia no se han demorado en surgir con muchísima fuerza en las redes sociales.


Se ven comentarios como: “nos merecemos una devolución” o “ estamos pagando mucho dinero por la matrícula , pero nuestros estudiantes no están obteniendo lo que pagamos” . Otra persona decía: “no tengo nada contra los cursos online , pero si me molesta mucho es que me cobren el mismo precio”. Estos comentarios muestran el descontento que el costo de las matrículas está generando. Para no hablar  de los costos adicionales que se están incurriendo, como es el caso de una familia que yo conozco, que tuvo que pagar la renta del apartamento para su hijo por anticipado pero que no pudo ocupar porque la universidad no se abrió.



El problema del cierre de los campus universitarios se ha venido propagando como el virus en las últimas dos semanas. Instituciones como las universidades de Maryland, Pennsylvania, California, Virginia y Princeton con otras de menor calibre, anunciaron su decisión de mantener la virtualidad para no exponer a los estudiantes, profesores y empleados a un mayor contagio. Menos del 25% de las 5000 instituciones censadas, piensan volver a la “nueva normalidad” en el 2020.


Como resultado de estas decisiones, el artículo del NY Times muestra que la presión ha venido aumentando para lograr descuentos, solicitud de apoyo financiero o disminución significativa del costo de las matrículas. Hay una percepción de que hay una brecha creciente entre el valor pagado y el valor recibido, que no compensa la experiencia obtenida por el estudiante, cuando la educación se volvió virtual.


La ola del tsunami va creciendo. En Rutgers University, 30.000 personas firmaron una petición de la eliminación de unos pagos y la reducción del 20% de la matrícula. En la U de Carolina del Norte, más  de 40.000 personas hicieron lo mismo exigiendo la evolución de los costos de alojamiento. En las universidades del sistema público en California, el más grande del país, también están demandando rebajas.


Un caso muy disiente se dio en estos días, cuando 340 estudiantes del primer semestre en varias carreras en la U de Harvard ( 20% del total de ingresados), tomaron la decisión de suspender su admisión a la universidad. Hay una solicitud formalmente presentada a la Administración, para que se reduzca la matrícula, y que se modifiquen las reglas para que estos estudiantes tengan una suspensión temporal.


Para las universidades no es nada fácil la situación creada. Especialmente cuando argumentan que los costos de la educación virtual es más alta. Además, afirman que estas solicitudes de reducción de matrículas, llegan en un momento de debilidad financiera de muchas instituciones, que en los últimos años han visto caer significativamente el número de estudiantes inscritos. Y como en Colombia, cuando muchas instituciones habían emprendido programas muy cuantiosos de expansión de su planta física.


Pero la realidad es tosuda: con más de 40 millones de norteamericanos recurriendo al seguro del desempleo ofrecido por el Gobierno Federal, cientos de miles de familias están en serios aprietos económicos y necesitan ayuda para enviar a sus hijos a la universidad. 


Como lo mencioné al principio de este blog, el COVID-19 aceleró varias tendencias que estaban afectando al sistema universitario norteamericano: costos disparados, una caída en el crecimiento poblacional en varias partes del país y un cuestionamiento de la relación precio beneficio. El resultado: más del 30% de las universidades gringas mostraban déficits crecientes en los últimos años. La calificación crediticia del sector, por parte de  Moody, la puso en negativa.


Y cuando las fuentes de ingreso se esfuman, las necesidades financieras aumentan. Hay un consenso de que la buena educación virtual es costosa por la tecnología, el contenido y la formación de profesores. Unos cálculos preliminares para el sistema universitario sobrepasa los US 70.000 millones. Los medios han denominado toda la situación: “la tormenta perfecta”


Y como lo menciona el NY Times: “el futuro de la educación superior es lo que está en juego” cuando además, enfrenta una realidad. Hay una brecha que tiene el sistema, con excepciones por supuesto, entre la velocidad de los cambios externos y la de la capacidad de las instituciones que lo componen, para andar a la par con la sociedad. 


En el próximo blog me referiré a los posibles cambios que se pueden esperar en un sector que es clave para la formación del capital humano de un país. Porque si en los Estados Unidos llueve, en nuestro país no escampa. De hecho, la tormenta ya llegó.


sábado, 27 de junio de 2020

La Historia como faro del futuro.


Como dice el autor de un artículo que leí recientemente, el siglo XX comenzó realmente en 1914 con la I Guerra Mundial. La configuración geopolítica que emergió en los siguientes cuarenta años, cambió significativamente el mapa de Europa para no volver atrás. Imperios como el británico, el austro húngaro, el otomano y el ruso, desaparecieron, y unas formas de vida y de comportamientos sociales, dejaron de existir. 
La época Victoriana, que se caracterizó por una estructura muy rígida de clases, se vió impactada por los movimientos de lucha del proletariado. La dominación de unos pocos imperios que cubrían varios continentes, fue  remplazada por el surgimiento de un nuevo orden mundial y formas de gobierno. La Guerra Fría definió el mapa geopolítico desde la II Guerra hasta 1989, evidenciando la confrontación entre dos visiones del mundo, y la democracia remplazó a la autocracia real, como una forma distinta de gobierno.

Cuando nuevamente enfrentamos una crisis de proporciones globales por cuenta del COVID - 19, es útil hacer un  repaso de la Historia.  Esta nos muestra cómo, las decisiones y las escogencias que se toman después de una crisis, determinan lo que suceda hacia adelante y marcan a una sociedad por décadas. 

Después de terminar la I Guerra, los vencedores impusieron unas condiciones tan costosas a Alemania y sus aliados, que sembraron la semilla que precipitó la Gran Depresión en los años 30, y la II Guerra Mundial, dos décadas después. Aprendiendo la lección, las decisiones después de terminar esta última conflagración, fueron diferentes cuando se impulsó el Plan Marshall para ayudar a la reconstrucción de Alemania. Esta decisión sembró las bases del periodo más importante de prosperidad y desarrollo mundial en la historia de la humanidad. 

Las decisiones que afectan a una sociedad, después de una gran crisis, pueden coger caminos diferentes como lo demuestran los resultados después de la dos grandes confrontaciones bélicas del siglo pasado. Una opción es la de escoger el buscar defender el pasado evitando el futuro. Otra opción, es la de decidir aprovechar la oportunidad para promover los cambios que son fundamentales y no se habían querido abordar, para cerrar brechas y mejorar lo que no estaba funcionando bien. 

Pero detrás de estas escogencias, que significan el tomar decisiones difíciles, hay otra decisión fundamental qué hay que tomar: montarse en la ola de los cambios que ya están, o exponerse a ser aplastados por ella. 

La crisis del coronavirus ha desnudado unas brechas y debilidades que no se han querido enfrentar en el pasado. Después de la crisis financiera del 2008 y que se prolongó en Europa hasta el 2012, no se tomaron medidas de fondo para corregir muchos de los desequilibrios que se evidenciaron en esa época. 

Hoy estamos viendo las consecuencias de tomar medidas a medias, esperando que el mundo pudiera volver al pasado. En esta oportunidad, se tomó la decisión de fortalecer el sistema financiero con millonarios recursos, y sin que respondieran los causantes de la debacle. No se cuidó de fortalecer sectores críticos como el de la salud y la cuenta la estamos pagando ahora.

Las reflexiones anteriores nos deben de invitar a pensar sobre lo que podemos y debemos hacer para aprovechar la crisis actual para enmendar la plana pendiente que tenemos como sociedad. La Historia nos muestra que situaciones tan traumáticas como la actual, van a generar unos cambios significativos que son muy difíciles de prever en estos momentos de gran incertidumbre.

Lo que si es una apuesta razonable, es que se van a producir cambios en la sociedad, en los hábitos de la gente, se van a tomar decisiones que van a significar repensar muchos de los supuestos sobre los cuales se habían estructurado planes de corto y mediano plazo en muchas organizaciones. Y habrán sectores como el del transporte aéreo y el turismo, que sufrirán un impacto muy significativo. 

La lección de la Historia nos muestra que hay que prepararse para varios escenarios, porque es inútil la búsqueda de la certidumbre en un entorno como el actual, que además ya venía expuesto a cambios cada vez mayores y mas rápidos. Uno de ellos puede ser el llamado”nuevo normal” lo que esto signifique. Pero hay que prepararse para otros escenarios donde las certidumbres del pasado desaparecen completamente, como ya sucedió al inicio del siglo pasado.

sábado, 30 de mayo de 2020

Las lecciones de una crisis: Camacol 1998-2003




Con motivo de una invitación que me hicieran hace dos semanas, para participar en un Webinar sobre las lecciones aprendidas en crisis anteriores, me recordé de mi experiencia personal como Presidente de la Junta Nacional de la Cámara Colombiana de la Construcción Camacol,  durante la crisis de 1998 al 2003. 

Las memorias que tengo de esa época tienen un mensaje que pienso puede ser valioso en los momentos actuales: no hay cosa más importante, que aprovechar bien una gran crisis, para lograr transformaciones de gran impacto y sostenibilidad, que en otras circunstancias no se podrían esperar. 

sábado, 9 de mayo de 2020

Los cambios que se vienen y el rol del liderazgo en la crisis


Desde que se inició la cuarentena a principios de marzo, he venido cubriendo diferentes temas relacionados con el momento actual y que no habían sido tratados por los medios y formadores de opinión. Pero también, de señalar el difícil acto de malabarismo de enfrentar simultáneamente la crisis actual, sin descuidar los cambios que nos pueden esperan en el futuro. 

A partir de esta semana, y durante el próximo mes, voy a compartir con el lector los resultados de una investigación que hecho, basada en publicaciones nacionales e internacionales que he leído durante la cuarentena, así como en las conversaciones que he tenido con muchas gente, sobre los posibles cambios que nos esperan hacia adelante.

viernes, 24 de abril de 2020

El costo de la soledad



el aislamiento social puede generar sentimientos de soledad.

Cuando se desarrollan las consecuencias de la pandemia del coronavirus, y entran en vigor las órdenes de cuarentena, a nivel mundial se ha hecho evidente las consecuencias del aislamiento social.

Veamos varios testimonios sobre el impacto de la soledad en estos momentos del coronavirus.

Una colombiana, que vive en Europa, me decía: “lo que  que más me aterraba era quedarme íngrima sola en mi apartamento en Londres, sin poder estar en contacto con otros seres humanos durante el tiempo que durará esta extraordinaria situación. Alcance a comprar el último tíquets para regresar a COLOMBIA, antes del cierre de las fronteras, por lo que me siento muy afortunada”

viernes, 17 de abril de 2020

La cultura como solución o problema para el coronavirus




“Para lograr los grandes cambios hay que enfrentar la realidad” Jack Welch 

En este blog, quiero mostrar el efecto que tiene la cultura, para enfrentar el reto del coronavirus y las lecciones positivas que podemos sacar hacia adelante.. En medio de la oscuridad del momento, y sin ignorar la realidad, es necesario tener la capacidad de identificar los cambios positivos que ya comienzan a emerger en estos meses y los que vamos a tener que hacer hacia adelante. En esto consiste la oportunidad que nos ofrece esta crisis.

Reconozcamos que vivimos en una sociedad donde el comportamiento individualista prima sobre el solidario, debilitado tremendamente los lazos sociales en una época de crisis como la actual.  También, que la marca de esta época es la falta de confianza, que se ha asentado como una nube negra que expone a graves riesgos a la sociedad, porque mina las relaciones y la capacidad institucional.  

viernes, 10 de abril de 2020

Los dilemas producidos por la pandemia



La pandemia está forzando decisiones que nadie quisiera tomar, creando muchos dilemas muy difíciles en varios frentes a la vez


A medida que pasan las semanas de la cuarentena y el Covid-19 se extiende por el mundo entero, han venido apareciendo un calidoscopio de consecuencias que comienzan a darle la verdadera dimensión a esta crisis.

Según el NYTimes hace dos semanas, no hay palabras para describir la enormidad del problema que hoy impacta al mundo entero: cuatro mil millones de personas (50% de la población) están inmovilizados; el 90% de los estudiantes en el globo están fuera del colegio; el desempleo en los Estados Unidos, ha alcanzado en un mes, cifras no vistas desde la Gran Depresión del 29. Este es el contexto donde se están tomando decisiones desesperadas y de profundo impacto.

sábado, 4 de abril de 2020

El impacto psicológico de la crisis




Hay una diferencia entre generar pánico, publicando información tendenciosa o haciendo comentarios infundados y alarmistas,  y otra cosa es  lograr que la gente entienda la gravedad del momento y las opciones que tiene.  Hay una gran responsabilidad en tener una ciudadanía informada, alarmada suficientemente como para que colaboren y se cuiden,  pero también  empoderada para actuar. Pero sobre todo, abierta a vivir la experiencia desde el aprendizaje y la reflexión,  porque estamos pasando por un momento único en nuestra historia. 

Desde que comenzó la cuarentena, he publicado varios escritos, buscando aportar diferentes perspectivas y aprendizajes en este momento inédito en nuestras vidas. En este blog voy a abordar otro tema, que ya está adquiriendo una importancia creciente, en la medida que se prolongue la cuarentena. Me refiero al impacto psicológico cuyas consecuencias podrán ser aún más severas y duraderas que la misma pandemia. No creo exagerar y debemos prepararnos todos para enfrentarlo..