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sábado, 24 de marzo de 2018

El despertar de la decencia

Recientemente, un gran columnista del NY Times, Paul Krugman, trataba un tema que me parece encaja muy bien para complementar la serie de blogs que he escrito desde principios del 2018. Y como en el caso de David Brooks otro gran formador de opinión, Krugman, comenta una tendencia que invita a la reflexión por su pertinencia para nuestra situación en Colombia. 

Con el título: “La Fuerza de la Decencia se Despierta”, este comentarista analiza el surgimiento en los Estados Unidos de diferentes movimientos que reclaman a favor de la decencia, para que esta ocupe un lugar protagónico en las decisiones políticas que están afectando a la sociedad. 

Es el despertar de la convicción de muchas personas, que sienten la necesidad de contrarrestar la influencia perversa y creciente, de quienes estando en poder, no tienen la decencia como un norte, para sus comportamientos y acciones como dirigentes de una comunidad. 

Krugman se pregunta si este despertar se va a traducir en un cambio en el enrarecido entorno político norteamericano, o si es solo una reacción pasajera. Un caso emblemático es el movimiento que ha surgido recientemente, rechazando los ataques contra las mujeres, y que ha tenido un inmenso impacto en la opinión publica. 

Depredadores sexuales poderosos, han sido desenmascarados cuando actuaban parapetados por su poder, en los medios, la política y la religión. Sus carreras han sido arruinadas y hay una conciencia de una creciente indignación contra este tipo de individuos y sus comportamientos totalmente inadmisibles. 

Es muy interesante ver el efecto que genera la sanción social cuando se despierta el sentido de la decencia: se genera una masa crítica de personas que  dicen “no más”. Colectivamente, hay una defensa cerrada de los valores que deben normar los comportamientos que son aceptables dentro de una comunidad, y sin los cuales esta no es viable. La transgresión de estos límites tiene un alto costo, no solo legal, sino también social. 

Pero aún más importante, la sanción social funciona cuando produce indignación positiva y motiva a la acción. Es el resultado de una reacción colectiva que no es manipulada, ni está basada en emociones destructivas. Sin embargo, hay el peligroso que estas pueden ser  aprovechadas por populistas oportunistas, que agazapados detrás de la imagen de unos salvadores, buscan destruir y no construir. 

La sanción social es positiva, cuando no surge como resultado de una lucha de clases o de intereses individuales, sino de la defensa de la decencia basada en unos valores superiores que benefician a toda la comunidad. Cuando así sucede, se despierta la capacidad de respuesta del sistema inmunológico colectivo, que había estado dormido.

Siguiendo esta metáfora, hay que tener cuidado que no se produzcan excesos como sucede   con las drogas milagrosas de la inmunoterapia contra el cáncer.  Hay casos donde el sistema inmune reacciona sin control y termine atacando a las células buenas del cuerpo. A nivel social, puede pasar algo similar, como sucedió en la época del senador  McCarthy en los Estados Unidos como reacción contra el Comunismo.

Después de la última masacre en la escuela Parkland en la Florida, en ese país ha surgido un movimiento sorprendente de sanción social en defensa del valor de la vida, liderado por los mismos jóvenes, y que fueron compañeros de las 17 personas cruelmente asesinadas. Le están exigiendo a Trump y sus compinches Republicanos, tomar medidas drásticas para minimizar este tipo de tragedias, porque son inadmisibles y una vergüenza nacional.

La indignación que ha surgido alrededor de este caso ha sido liderada por los jóvenes y los niños que son unas víctimas potenciales de alto riesgo de morir en su escuela. Esta tragedia ha prendido la mecha del cambio, y el despertar del sistema inmunológico en la sociedad norteamericana, en defensa del valor superior de la vida, que debe prevalecer sobre el derecho constitucional de tener un arma. 

Parece que por fin, la postura valiente y decidida de estos jóvenes, puede ayudar a modificar de fondo, el paradigma de la tenencia de armas letales en ese país protegida constitucionalmente por la Segunda Enmienda.

Ya no se espera la acción de los adultos, que han sido incapaces de parar esta horrorosa dinámica, y que avergüenza cada vez más a los norteamericanos decentes. Son los mismos niños y los jóvenes, que han resultó decir “no más” para tomar una posición visible, buscando cambiar  la indiferencia de una sociedad enferma, y que los afecta directamente en sus vidas.

Es un movimiento que está finalmente galvanizando a la acción de una sociedad, que ve con una frecuencia cada vez más increíble, como se repiten estas matanzas, sin que nadie pueda evitarlas. Los remezones grandes vienen en la vida desde el lugar que uno menos espera.

Esta vez, parece que el lobby, y los cientos de millones de dólares que la poderosa Asociación Nacional de Rifles (N.R.A) invierte en comprar las conciencias de los congresistas gringos,  ha encontrado una fuerza poderosa: los jóvenes víctimas de su irresponsabilidad y avaricia. Es  un movimiento que busca acabar con la defensa de  la venta indiscriminada de armas letales,  solo porque la Segunda Enmienda de la Constitución lo permite, sin tener en cuenta las consecuencias siniestras de una norma definida hace casi tres siglos. 

Es el despertar de la decencia reflejada en un activismo de mucha gente, que está hastiada de la indiferencia de los políticos corruptos, y que venden sus conciencias al mejor postor. 

Esta dinámica posiblemente está cambiando el panorama político local en los Estados Unidos, y el de las reglas de un sistema que pide a gritos su reforma, porque favorecen desproporcionadamente las posiciones extremistas de la derecha republicana. La misma que llevó al poder a Trump, y que sin inmutarse defiende a sangre y fuego, el derecho a tener armas letales para matar niños en las escuelas de su país. 

Lo que se está viendo detrás de estos movimientos de gente indignada, ante el comportamiento de sus representantes en la política, y la actitud indiferente que la sociedad en general ha tenido ante estas masacres, no es un tema menor.  “Es un cambio en cascada del regímene existente”. Según Krugman, esto se produce cuando una persona, que aceptaba el estatus quo a pesar de no estar de acuerdo con él, ve como hay otras personas que comienzan a reaccionar para cambiar la situación, y resuelve actuar sumándose a la causa. 

Cuando mucha gente se une, se genera “una reacción en cadena” con impactos impredecibles. El ejemplo más claro fue la Primavera Arabe en el 2011 y la caída del Muro del Berlín en 1989. El primer movimiento tuvo un impacto geopolítico enorme a pesar de que poco cambió como sucedió en Egipto. El segundo transformó para siempre el paradigma de la Guerra Fría entre Rusia y Occidente.

Estoy de acuerdo con Krugman, cuando menciona que el despertar de todos estos movimientos, es una señal clara de que la gente finalmente está comenzando a reaccionar y actuar con indignación en defensa de unos valores superiores que los vinculan a todos. Le están mostrando a “los poderosos”, que sus comportamientos no son admisibles, y que tienen una alta sanción social, política, e inclusive económica. Y como lo menciona al articulista, “no es un tema de ideología, simplemente es una reacción necesaria contra el excesivo poder de personas malas que lo ejercen sin control”. 

Pero también, es el despertar de un pueblo para rescatar la decencia en el ejercicio de la actividad política. Es una reacción fundamental contra el ejercicio irresponsable del poder que pone en riesgo la vida misma de gente indefensa en una escuela.

Y cuando esto sucede, personas que antes actuaban con total impunidad, ahora se sorprenden y actúan cobardemente. Su primera reacción es predecible: “yo no fui” y la culpa fue de otros. O lo que es aún peor, toman decisiones estúpidas que agravan aún más el problema. 

El mejor ejemplo es Trump echando la culpa a los enfermes mentales después de la masacre de la Florida. Para luego agravar el tema al proponer armar a los maestros y convertir las escuelas en campos de batalla !!!. Otra brillante  movida del personaje más controvertido y repugnante que tipifica lo mencionado por  Krugman en su artículo.

Este analista se pregunta, si finalmente las fuerzas de la decencia, van a ganar en su país y si la indignación se traduce en acciones políticas contundentes y sostenibles en las próximas elecciones de noviembre. Pero no hay ninguna duda: hay razones de fondo para tener esperanza cuando la gente finalmente se da cuenta del terrible costo que se paga,  y el peligro que representa, la indiferencia de una sociedad. Hay razones para el optimismo porque el cambio está llegando.

La gran pregunta que me queda, es si los comentarios anteriores, aplicarían para nuestro caso en Colombia. ¿Será que en nuestro país va haber un despertar de la decencia?. A juzgar por los resultados recientes de las elecciones para el Congreso, no parece que esto sea así. Por interpuestas personas, muchos pícaros lograron elegirse de nuevo, para poder mantener el poder local en sus regiones, que es lo que realmente es rentable y les importa 

El mensaje que nuestros dirigentes políticos nos envían todos los días es nefasto: la decencia riñe con el ejercicio de la actividad política. Y esto explica el porqué el mal ejemplo cunde y se multiplica. También, el porqué la cultura de la ilegalidad ha capturado tan fácilmente los espacios políticos en nuestro país. 

Y como lo decía al principio de este artículo, sin una ética de servicio y de decencia, una sociedad pierde su norte con facilidad. Cuando esto sucede, se genera un círculo vicioso del cual es muy difícil salir. 

Lo increíble de este tema, es que la corrupción se ha convertido en la bandera de algunos candidatos, pero brilla por su ausencia la labor pedagógica que le permite entender a los colombianos las causas del fenómeno y la manera real como lo pueden combatir. El ejemplo de los niños en los Estados Unidos es bien revelador. Cuando hay una sanción social muy contundente, se despierta el sistema inmunológico que permite defenderse de la enfermedad.

Sin embargo, si bien el fenómeno de la corrupción está despertando una indignación general, hay el peligro grande de que este sentimiento sea manipulado y orientado hacia una lucha de clases como lo hace Petro en la actualidad. Y en lugar de generar un movimiento unificador de la sociedad, se convierte en otro factor de división en una sociedad que ya tiene demasiadas fracturas. 

¿Será que hay alguna persona que se atreva a liderar  con el ejemplo, y a enfrentar el problema de la falta de ética y decencia en nuestra sociedad, dentro del ramillete de candidatos que hoy tenemos para la Presidencia de Colombia?





1 comentario:

  1. Buenos días.
    El artículo que escribe y el análisis que hace de ese tipo de situación que ocurre en algunas partes del mundo, ha sido analizados de una manera que en mi opinión es acertada, pero al finalizar el mismo, incluye en el caso de Colombia, una afirmación la cual considero, bastante discutible, como lo és, la de «este sentimiento sea manipulado y orientado hacia una lucha de clases como lo hace Petro en la actualidad». Considero, que en ese sentido, la lucha de clases ha existido desde hace mucho tiempo en nuestro país y ha sido influenciado precisamente por los actores del Gobierno, empleando estrategias actualmente de realidades virtuales ante la población que no tienen ningún fundamento para explicar la realidad verdadera, generando precisamente una polarización que yo diría, sí se convierte en un tipo de lucha de clases, la cual no ha sido promovida por Petro, sino especialmente por el partido Centro Democrático, como lo ha hecho en varios acontecimientos anteriores, como el del plebiscito, razón por la cual ganó el no. Entonces considero, que usted tendrá que hacer un planteamiento más a fondo al respecto, porque no se puede atribuir de esa manera a un participante del proceso generando la responsabilidad a quien en realidad, creo que no la tiene. Le agradezco su atención y espero, se haga una rectificación al respecto.

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