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lunes, 29 de noviembre de 2021

La importancia de fomentar la imaginación en el mundo actual


 “Yo vivo una vida muy excitante no vista por los demás” Zora Hurston novelista


Estoy ayudando a liderar varios procesos que buscan ofrecerle a la sociedad colombiana nuevas narrativas de futuro más esperanzadoras que movilicen la energía creativa de la gente. Pero para conseguirlo, es fundamental dejar volar la imaginación, para ver lo que es posible lograr, si se une la mente, la voluntad y los recursos de mucha gente. 


El ejercicio de imaginarse algo que se desearía lograr, es esencial para construir una visión de futuro, que inspira  a una persona o una comunidad, para lograr cosas extraordinarias que se veían imposibles. La visión de Jhon Kennedy, de poner al hombre en la Luna, movilizó a su nación y disparó una dinámica de innovacion cuyos impactos hoy son parte de nuestras vidas.


Dadas las particularidades de un entorno tan incierto y complejo como el que hoy tenemos, el cultivo del ejercicio de la imaginación, debería ser un tema prioritario en los procesos formativos. Sin embargo, lo que se observa, es todo lo contrario. Esa cualidad que tienen los niños de soñar y contar historias fantásticas, no es un tema relevante. De hecho, en nuestra cultura se premia a quienes “son realistas, pragmáticos y objetivos” y se menosprecia a quienes se perciben como “soñadores”.


Leyendo sobre este tema, me encontré que dos grandes filósofos de la humanidad, Platón y Aristóteles, tenían posiciones contrapuestas en relación a la importancia de la imaginación. Para el primero, esta solo servía para distraer la mente  de la realidad y hacer perder energía en falsas ilusiones. Para el segundo, por el contrario la imaginación era “la fuente del conocimiento”.


Como bien lo describe en un artículo reciente, el columnista del NY Times David Brooks, la tragedia de nuestro tiempo es la de no entender que Aristoteles si tenía razón. Especialmente en momentos como los actuales, cuando el cultivo de la imaginación, es fundamental para lograr encontrar soluciones creativas a los múltiples retos y problemas que enfrentamos como sociedad.



Los científicos que estudian el cerebro, entienden la complejidad inmensa que significa la creación de imágenes mentales, a partir de las cuales es posible construir realidades “virtuales” que todavía no existen. La percepción es esencial para el desarrollo de la imaginación. Es un proceso rápido, mediante el cual seleccionamos, interpretamos y experimentamos hechos, pensamientos y emociones que nos hacen únicos como personas. 


Darwin se refería a la imaginación, como el proceso que “une imágenes anteriores e ideas, independientemente de la voluntad, y de esta forma permite crear resultados brillantes y novedosos”. Pero es importante mencionar, que la capacidad de percibir, está influenciada profundamente por experiencias, emociones y recuerdos del pasado.  


¿Pero en que consiste la imaginación? Brooks responde: “Es la capacidad de hacer asociaciones de los innumerables estímulos, que nuestros sentidos y cerebro reciben, para sintetizarlos en patrones y conceptos”. Esta capacidad única de los seres humanos, es la que nos ha permitido como especie, tener unos avances extraordinarios. DaVinci, al observar un pájaro, se imaginó que el hombre también podría un día volar y así lo plasmó en su dibujos.



Lo que era un sueño hace casi cinco siglos, y que seguramente mereció la burla de muchos de la época de este gran genio y artista del Renacimiento, se hizo realidad cuando,  a principios en diciembre de 1903, los hermanos Wright, lograron demostrar que DaVinci no estaba loco . Consiguieron  materializar su  visión que transformó el mundo.


La capacidad de imaginar se puede ir enriqueciendo con el tiempo. La acumulación de nuevas experiencias y vivencias, va ampliando la posibilidad de ver cosas que antes no eran factibles, de apreciar situaciones que en otras épocas no las valorábamos. Estas experiencias se convierten en unos nuevos lentes para percibir el mundo que nos rodea y encontrar en él nuevas posibilidades. 


En resumen, de la imaginación surge un futuro diferente. La creatividad es la hija de la imaginación, gracias a la cual hoy estamos rodeados de muchos artefactos, productos  y servicios, que no soñábamos posibles hace poco tiempo.


¿Pero cómo lograr desarrollar la imaginación? Una práctica útil cuando se enfrentan unas situaciones complejas, es imaginarse como la estarían afrontando personas que conozcamos y respetemos. También preguntarse cómo sería otra manera de vivir la situación desde un ángulo que fuera muy diferente al que hemos utilizado en el pasado. 


La novelista Zadie Smith se hacía otra pregunta: “¿cómo sería ver el mundo, si adoptáramos unas creencias en  las que no se habían creído anteriormente?”. Según  Brooks, este tipo de preguntas permitirían preparar la imaginación para enfrentar el mundo actual, hoy tan polarizado y fragmentado, porque se descalifica o se ignora a quienes tienen unas creencias diferentes. 



El  comentario de esta escritora, me llevó a pensar que, si nos permitiéramos practicar la imaginación para atrevernos a explorar con curiosidad otros mundos, que hoy los vemos como extraños y amenazantes, sería mucho más fácil manejar el miedo que nos generan porque son desconocidos y no los  comprendemos. 


Es evidente que la capacidad de imaginar no es uniforme en todos los seres humanos. Hay quienes tienen una particular habilidad para imaginarse un futuro diferente y hacerlo realidad. Esta era una característica que hizo destacar a personas como Thomas A Edison hace más de un siglo con la bombilla eléctrica y otras grandes invenciones, y más  recientemente  Steve Jobs con el iPhone que digitalizó las relaciones humanas.


Pero hay otra dimensión donde la imaginación juega un papel muy importante. La gente que tiende a ser muy practica y le cuesta soñar, solo percibe la parte cuantitativa del mundo. Les queda más difícil, si no imposible, ver la parte subjetiva de las personas influenciadas por los valores y creencias más profundas que los marcan. Como lo menciona Brooks en su artículo, sin esta capacidad, los pragmáticos no pueden entender como “otros viven sus propias experiencias”


En general, los escritores, artistas, guionistas y novelistas, tienen la habilidad de imaginarse nuevas realidades y experiencias a través  de sus obras. Por ejemplo Shakespeare, tenía la capacidad de ver el mundo a través de la imaginación de otros, de sumergirse en los caracteres de sus obras, sin pretender explicar sus formas de ver la vida.


Artistas como Van Gogh, aplican su imaginación para plasmar en un lienzo “puentes entre lo subjetivo y lo objetivo, percibir la vitalidad interior del mundo y sus interconexiones exteriores”. De esta manera la imaginación es fundamental para “percibir la realidad que nos rodea, poder vislumbrar posibles futuros, y experimentar otros puntos de vista distintos a los propios” 


La imaginación también es muy útil para plantear posibles escenarios de futuro. En estos espacios , hay la libertad de cuestionar las propias percepciones que alimentan los valores, creencias y supuestos, que son los filtros que impiden reconocer las limitaciones que tenemos los seres humanos para proyectarnos hacia adelante. Si lo pudiéramos hacer más naturalmente, se valoraría mejor la importancia de incluir la diversidad de puntos de vista de otras personas.


Cuando se alimenta la imaginación con experiencias desde la diversidad, con nuevas lecturas y relaciones, se facilita mucho más soñar como posible, lo que anteriormente se veía como inalcanzable. Se crean las condiciones para adoptar una emocionalidad que predisponga para la acción y no la frene. 


En un campo distinto, donde la imaginación juega un papel fundamental, es el ejercicio del liderazgo. Hoy vemos un inmenso vacío, lo que explica la razón por la cual hoy tenemos una sociedad que se mueve en la desesperanza y la desorientación.



Para entender mejor el comentario anterior, debería  ser obligatoria la lectura del discurso de Martín Luther King “I have a dream”, donde de manera maestra, este gran líder negro, inspiró a millones de norteamericanos con imágenes retóricas de cómo se imaginaba en el futuro a su país. Con su imaginación, tocó el lado emocional de mucha gente, para hacerlos soñar sobre lo que era posible, para eliminar la inequidad racial en los Estados Unidos. 


En resumen, la capacidad de usar la imaginación, para “ver nuevos mundos qué hay que conquistar”, no tendríamos los avances que hoy tenemos en todos los camps, ni tampoco sería posible inspirar a la gente normal, para que hagan cosas extraordinarias, y así se responsabilicen por los cambios qué hay que realizar, que le den un verdadero sentido  a sus vidas. 





sábado, 20 de noviembre de 2021

Patear la bola y la toma de conciencia

 


“Una vez
  desaparecido el miedo, también desaparece la oportunidad de tomar conciencia”

La primera parte del título de este blog, no hace referencia al desempeño de la selección de fútbol de nuestro país y las grandes dificultades que tienen sus jugadores para meter goles al equipo contrario. Lo que quiero aportar es una reflexión  relacionada con la metáfora de  patear la bola hacia adelante, convertida en un característica  distintiva  de la sociedad colombiana. 



La segunda parte del título del blog, es una invitación a “tomar conciencia”  de cómo actuamos,  con una disposición a no enfrentar los grandes problemas que tenemos para resolverlos de manera estructural. 


Los temas anteriores se reflejan también  en la tendencia de echarle la culpa a los demás de lo que nos sucede. Hay una muy baja capacidad de auto reflexión sobre el papel que hemos tenido colectivamente. Esto se traduce en no asumir la responsabilidad que nos corresponde en estos problemas, que se derivan muchas veces de nuestros comportamientos inapropiado como ciudadanos. 


Son el producto de unas creencias, supuestos y valores, que no tenemos el valor de permitir su revisión periódica o su cuestionamiento. Esto nos genera una tara mental y emocional, que bloquea cualquier posibilidad de cambio, para poder progresar a nivel individual y colectivo como sociedad.


“Deje así” es la expresión más ilustrativa que implica no cumplir con el dicho popular: “no dejar para mañana lo que puedes hacer hoy”. Esta actitud es muy típica de los funcionarios públicos y dirigentes políticos, que muchas veces no actúan por miedo a las entidades de control. Su reacción natural es la de empujar los problemas  hacia adelante. La expectativa es  que sus sucesores, tengan el valor de responder , venciendo el temor que los paralizó a ellos.



El resultado de este rasgo cultural nuestro, que no es exclusivo de nuestro país pues también caracteriza a otras naciones en la región, es la acumulación de problemas sin resolver de todos los tamaños. En estas condiciones, comienza un bucle muy negativo, que dispara un incremento cada vez más exponencial de expectativas frustradas en la población, y que conducen a altos niveles de desconfianza y de desesperanza. 


Esta dinámica tan negativa, aumenta aún más las brechas  de lo que se espera del Estado y sus dirigentes, en relación a  las capacidades que este tiene para responder, y aleja a los sectores más vulnerables de la población de los procesos e instituciones formales. Cuando no hay confianza en los dirigentes y las instituciones, se crea un caldo de cultivo muy peligroso para que aparezcan los Petro de este mundo, que saben como atizar y canalizar el resentimiento acumulado, para subirse al poder y quedarse con él. 


En estas condiciones, la gente se siente engañada e irrespetada. Cuando esto pasa, la frustración  acumulada estalla como un volcán. Fue lo que sucedió durante las marchas de abril a agosto y cuya dinámica sigue vigente hoy, esperando volver a manifestarse en los próximos meses, en un año electoral muy complicado y sin antecedentes en nuestra historia reciente. 


En una charla de Eduardo Lora con Alejandro Gaviria que escuché en estos días, para presentar el último libro del primero sobre la situación actual de la economía colombiana, el Dr Lora inició el análisis de su obra, citando a un poeta italiano quien escribió: “Una vez  desaparecido el miedo, también desaparece la oportunidad de tomar conciencia”. 


Tanto Lora como Gaviria estuvieron de acuerdo en afirmar que, la mayor oportunidad perdida de la crisis de la pandemia, era que no había habido el liderazgo político de Duque y su equipo, para venderle al país una visión de futuro que le diera un norte inspirador y esperanzador a la sociedad. 


Pero lo más preocupante, es que pasado el miedo que nos invadió en en los últimos 20 meses, se perdió la oportunidad, para que millones de colombianos, tomaran conciencia de la realidad que los afecta y del rol que juegan o pueden jugar. 



Si queremos generar cambios importantes en la sociedad colombiana, se necesita despertar la capacidad de ejercer un liderazgo colectivo a todos los niveles y de manera incluyente. Es la forma de capitalizar la gran diversidad que ofrece la población de nuestro país. Esta capacidad hoy está ausente del debate público.


En el contexto planteado en los primeros párrafos de este blog, por el contrario, se refuerza el esperar que aparezca el mesías o el mago, que con su canto de sirena, responda a las expectativas crecientes de la gente. Esto sucede, independientemente de que las capacidades institucionales, no estén a la altura de los problemas y necesidades que tiene el país. 



Pero aún más importante, no hay conciencia de que la complejidad de la época actual desborda de lejos las capacidades individuales. Situación aún más difícil, cuando somos incapaces de colaborar,. Esto explica el porqué un personaje como Petro, experto en sembrar cizaña, es tan peligroso porque su intención es fragmentar y dividir, en lugar de  de sumar para multiplicar. Su talante no se lo permite.


Se necesita que la gente “tome conciencia” de esta realidad. Este es un requisito sin el cual seguiremos reforzando la actitud de esperar que alguien nos haga el milagro. Sin la comprensión que genera la toma de conciencia, será imposible que se entienda que no podemos seguir jugando el papel de espectadores que actuamos como idiotas útiles, esperando lo que no va a pasar. 


Lo que  les sucedió  a los venezolanos, los nicaragüenses, y ahora a los peruanos, son ejemplos patéticos de las consecuencias de “no tomar conciencia a tiempo” y votar con el hígado dejando a un lado la evidencia y la razón. 


La toma de conciencia implica una compresión más madura de la naturaleza de los problemas que nos afectan. Como lo plantea el profesor Ronald Heifetz de Harvard: el peor error es tratar problemas que requieren de procesos de adaptación y apropiación individual y colectiva, como si fueran unos problemas técnicos para los cuales hay una solución conocida y garantizada, cuando en la realidad no la hay.


El tomar conciencia, también implica un papel mucho más activo para asumir la responsabilidad compartida que tenemos, de muchos de los problemas que nos afectan como sociedad, pero que buscamos culpables afuera de nosotros mismos. Es más cómodo pero profundamente irresponsable, como lo pueden atestiguar 6 millones de venezolanos que abandonaron el paraíso de su país. 


Actitudes cómo estás, que niegan la realidad o buscan en otra parte las respuestas que no las hay, son resultado de una cultura inapropiada que se evidencia en comportamientos como el anotado al principio de este blog, de patear la bola hacia adelante y esquivar nuestra responsabilidad.


Dado el momento electoral tan complejo que vamos a vivir, reflexiones cómo estás son esenciales para sacudir a la gente para que despierte antes de que sea tarde. Esto no significa que se desconozcan los inmensos retos que enfrentamos, como tampoco que ignoremos los grandes avances que hemos conseguido como sociedad. Si nos quedamos solo viendo el vaso medio vacío nos vamos a tener que arrepentir cuando ya sea muy tarde. 


Y para lograrlo, es imperativo que se promueva la capacidad del ejercicio del liderazgo colectivo, que inspire y oriente, pero que motive a que la gente tome conciencia de lo que está en juego y de los inmensos costos que vamos a pagar si no lo hacemos.


domingo, 14 de noviembre de 2021

El poder de la dialéctica en el mundo actual

 


Si conversar es el acto mediante el cual, dos o más personas cambian juntas, entonces:
 

¿Cómo evitar las burbujas coversasionales en las que millones de personas han caído gracias a las redes sociales? ¿Cómo tener conversaciones generativas que nos hagan avanzar y no atrincherarnos en nuestras creencias y juicios que nos paralizan?.¿Cómo evitar que se siga relativizando la verdad? 



Estas preguntas señalan el gran reto de nuestra época. Sin una respuesta clara, esta capacidad de comunicación, que nos hace únicos a los humanos, no nos va a servir para enfrentar colectivamente los inmensos desafíos que tenemos como especie. Un buen ejemplo lo estamos viendo con los temas de sostenibilidad, amenazados aceleradamente con el cambio climático.



En la actualidad, las conversaciones que vemos todos los días entre dos personas, generan una dinámica conocida. Una de ellas, considera que tiene a priori la razón, para buscar convencer a la otra, de que su verdad es la que vale, para lograr que el interlocutor seda y acepte, que sus ideas  están equivocadas. En esta situación, hay una persona que gana, la que impuso su verdad, y otra que pierde, porque entregó su posición sin nada a cambio.


O hay otra posibilidad más compleja aún. Las dos personas no se abren para escuchar las ideas y posiciones distintas que tienen. En este caso, se cierra la posibilidad de mejorar su mutua compresión del mudo. De encontrar nuevas oportunidades para crecer y avanzar hacia un conocimiento más completo de su situación y del entorno que los rodea. Si no se logra, las consecuencias son la mutua descalificación y los conflictos violentos. 



Al encerrarse cada uno en “su verdad” y defender unas afirmaciones cuyas bases no son cuestionadas, se pierde la oportunidad de encontrar puntos en común, que permitan avanzar hacia un propósito superior. Este facilita los acuerdos para lograr soluciones a los problemas cada día más complejos que tenemos como sociedad..


Las dinámicas conversacionales tan destructivas que estamos viendo hoy en día, hacen que sea un imperativo urgente el rescatar el uso de la dialéctica, porque propone algo muy diferente. Etimológicamente la palabra proviene del griego dialectikós, que se traduce en conversación.


¿Pero qué es la dialéctica?. Encontré dos definiciones en Google


Teoría y técnica retórica de dialogar y discutir para descubrir la verdad mediante la exposición y confrontación de razonamientos y argumentaciones contrarios entre sí.


Y desde la filosofía


Método que investiga la verdad mediante el examen crítico de las percepciones y teorías, a través  del intercambio de proposiciones (tesis) y contra-proposiciones (antítesis), resolviendo la contradicción a través de la formulación de una síntesis final (conclusión).



Parte de que una persona propone una premisa, o tesis que la somete al análisis y crítica de otra persona. Esta representa la antítesis, que no significa el rechazo total de la tesis, sino que puede ser un cuestionamiento parcial de la misma. 


La síntesis resulta de el mejoramiento de la tesis, que incorpora elementos de la antítesis, se eleva a la primera a un nivel que le permite resolver el problema planteado. Si se logra. las dos personas ganan en comprensión y entendimiento de una verdad compartida.


Un ejemplo, que escuché en una charla sobre este tema, muestra la dinámica de la dialéctica en acción. Alguien afirma que el agua es un líquido como premisa en una discusión. Otra persona la objeta y propone una antítesis: cuando la temperatura baja de 0º C el agua se convierte en un sólido, o cuando supera los 100ºC se vuelve vapor. Quien propuso la tesis del “el agua  es un líquido”, la acota diciendo que: el agua si es un líquido, pero entre el rango de temperaturas planteado por la otra persona. Esta afirmación se convierte en la síntesis de la discusión. 


El ejemplo anterior representa lo que significa una conversación dialéctica, donde no se parte que una persona tiene la razón y la otra está equivocada. Se genera un intercambio, en el que las dos partes involucradas, ganan en precisión y comprensión del tema tratado, o del problema que se quiere resolver.



Desafortunadamente, este es el tipo de conversaciones están ausentes hoy en día en las redes sociales. Allí se promueven las burbujas conversacionales, formadas por grupos de personas que comparten las mismas creencias, proclives a rechazar violentamente a quienes piensan de manera diferente. 


En estos espacios se promueven unas dinámicas descalificadoras, donde no es posible avanzar, cuando se presentan ideas que pueden ser conflictivas y contrarias a las creencias dominantes del grupo. En estas condiciones, no sirven los argumentos basados en datos y hechos demostrables, y se ignoran o rechazan las conclusiones científicas serias. Un ejemplo patético lo estamos viendo hoy con el movimiento anti vacuna para el covid-19


Al no haber la disposición a la escucha y a la apertura para incorporar elementos valiosos de la posición del otro, el resultado es el estancamiento, la descalificación y un freno a la evolución de las ideas. 


Dadas las dinámicas anteriores, se vuelve urgente recurrir  a la dialéctica, para someter las ideas a las oposiciones o visiones contrarias para enriquecerlas o replantearlas. Esto sucede, porque se reconoce como legítimos algunos puntos de quienes rebaten la tesis o el supuesto con el que comenzó la conversación. 


La posición de buscar la verdad mediante la dialéctica, le da legitimidad a quien tiene una opinión o idea distinta o opuesta, permitiendo enriquecer el debate y mejorar las ideas. También le da un verdadero sentido generativo a la acción de dialogar. Para no hablar, que le quita protagonismo a la emocionalidad exacerbada, disparada por  una opinión contraria que se interpreta equivocadamente como un ataque personal.


Por todo lo anterior, la dialéctica le da valor a la inclusión y a la diversidad. En lugar de buscar la confirmación de las creencias individuales, con personas que piensen igual, el exponerse conscientemente a las opiniones contrarias, enriquece y vuelve un activo la diversidad en una sociedad. 



Las personas que se niegan a abrirse a las ideas contrarias de los demás, están impidiendo que surjan propuestas enriquecidas, innovadoras y creativas. La descalificación, sin la apertura a escuchar, impide el avance que se puede lograr desde la dialéctica en la evolución de las ideas. Para no mencionar, que este es el camino que permite ir cambiando o modificando los modelos mentales que tenemos los seres humanos para interpretar la realidad.


El punto anterior es fundamental en épocas de grandes cambios como los actuales. Me explico. 


Los modelos mentales están fundamentados en las creencias, valores  y supuestos que una persona ha adoptado consiente o inconscientemente a lo largo de su existencia. El problema aparece, cuando las condiciones del contexto cambian, y obligan a su revisión. Los modelos mentales que no se cuestionan, a pesar de estos cambios, generan una visión distorsionada de la realidad, que impide que la persona crezca y se adapte más fácilmente a su entorno. 


En resumen: la dialéctica es cada vez más importante para para eliminar las barreras comunicacionales que hoy nos impiden encontrar soluciones a problemas comunes,  tener un propósito colectivo, que nos permita avanzar como sociedad. Es la forma de conversar e interactuar, que debemos de utilizar con personas que cuestionan las bases que sustentan nuestros supuestos, creencias y valores. 


El uso de la dialéctica, nos brinda la oportunidad para repensar la validez y pertinencia de nuestros modelos mentales, para abrir la puerta a nuevas oportunidades. También, para  crecen colectivamente como resultado del intercambio hecho desde la escucha y la curiosidad. Si no lo logramos, lo que está en juego es nuestra misma supervivencia como especie y el aumento incontrolado de los conflictos sin resolver.

domingo, 7 de noviembre de 2021

El vacío de liderazgo colectivo de los partidos políticos

 



En mi último blog mencionaba qué hay  dos tendencias muy preocupantes . La primera, que el sistema democrático en general está siendo cuestionado y atacado desde muchos frentes en el mundo. La segunda afirmación, qué hay un profundo vacío de liderazgo político.


Estas dinámicas están teniendo varias consecuencias muy negativas.  La narrativa imperante es cada vez más pesimista. La desconfianza hacia las instituciones, que sustentan la democracia,  ha llegado a niveles históricos. La desorientación, polarización  y el escepticismo de la población son la marca de esta época. 



Pero lo más preocupante: la democracia se está quedando sin defensores que recuerden que, a pesar de sus debilidades, durante el siglo XX, el sistema democrático creo las condiciones para que el mundo experimentara la dinámica de crecimiento y avances más importante de la historia de la humanidad. Y como lo afirmaba Churchill, este sistema es el menos malo cuando se le comparaba con las alternativas del  comunismo y el totalitarismo.


A pesar de los logros obtenidos,  ya entrada la segunda década del siglo XXI, estamos viendo desarrollar una película muy preocupante en el mundo. La democracia está siendo atacada desde adentro y desde afuera sin que haya una reacción fuerte en su defensa. Y lo más preocupante, es que en America Latina, se ha convertido el vehículo para llegar al poder y quedarse con él, desmantelando las estructuras que sustentan la misma democracia. Los casos de Nicaragua con Ortega, El Salvador con Bukele, Venezuela con Chaves y Maduro, Ecuador con Correa, Bolivia con Evo Morales  y ahora el Perú con Castillo, así lo demuestran 


Cuando las encuestan premian con altos niveles de aceptación a dirigentes políticos, como López Obrador en Mèxico y  Bukele el El Salvador, a pesar de que estén vulnerando profundamente piezas claves que sustentan la democracia, y lo hacen sin consideración a las consecuencias, no sorprende que las encuestas realizadas en muchos países de América Latina, muestran un rechazo creciente hacia la democracia.



Este rechazo tiene  un común denominador muy preocupante: el colapso de una estructura partidista sólida , que por muchos años y a pesar de sus limitaciones, había servido de cadena transmisora para hacer funcionar las democracias.  


Pero hay que recordar, que una de las características principales que predominaron en la expansión de la democracia durante el siglo XX, fue la consolidación de unos partidos políticos representativos y fuertes. 


En los países que ha sido referentes, como los Estados Unidos, Inglaterra, Alemania después de la II Guerra, Francia, Canadá, Australia entre otros, una de las funciones principales del sistema partidista, ha sido el de servir de puente entre las necesidades y expectativas de la gente con las instituciones del Estado y sus dirigentes. Pero también, han sido los espacios para la formación y selección de quienes podían aspirar a liderar los destinos de un país.


Hay algo más muy importante: los partidos políticos se desarrollaron para interactuar entre sí  , en el Congreso y en otros espacios de discusión y debate, donde se deben logran acuerdos, a pesar de las divergencias, sobre temas fundamentales que le permitan avanzar a la sociedad. Y en las democracias fuertes, estas dinámicas se logran dentro de un marco de reglas respetado por quienes participaban en las contiendas electorales y en las discusiones públicas.


En el contexto anterior, sirve para analizar el confuso y cada vez más preocupante  panorama político colombiano de la actualidad.



En Colombia, se hacen cada vez más evidentes las consecuencias del desmantelamiento de la estructura partidista que sostuvo el sistema democrático, que se consolidó desde la independencia en 1819. Durante más de 160 años, los partidos Liberal y Conservador, fueron los protagonistas principales del devenir de la política en nuestro país. Y a pesar de sus múltiples debilidades, eran organizaciones reconocidas, respetadas y acatadas, con procesos más o menos transparentes  para formación y selección de sus líderes. 


Hoy vemos con asombro, que quienes aspiran a llegar a la Presidencia de Colombia, no buscan contar con el apoyo de los partidos tradicionales, porque comulgan con una visión y unas ideas. De hecho, se considera que su apoyo es un lastre que puede hundir las aspiraciones de quien se atreva a aceptarlo. Un caso emblemático actual es el de Alejandro Gaviria con el Partido Liberal. Además, de que son cascarones sin contenido ideológico que aporten al debate nacional, y cuyo único interés es electoral para poder ordeñar al Estado.


Por lo anterior, no es menos preocupante la formación de partidos de papel, que sólo sirven para dar avales para la inscripción de los candidatos en las campañas políticas. Pero cuando esta posibilidad no existe, la vía de escape para muchos aspirantes a cargos por elección, es la búsqueda de firmas, para distanciarse del sistema variopinto partidista electorero, que hoy muestra la institucionalidad política colombiana. Esta realidad es la mayor manifestación, del desprestigio y desconfianza, al que han llegado los políticos y sus estructuras a los ojos de millones de colombianos.


El resultado es patético: más de 60 personajes como el ex alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández , quien supera en las últimas encuestas, a personas con trayectoria seria como Juan Carlos Echeverri o Juan Manuel Galán. Y más patético aún,  es ver los niveles de favorabilidad menores del 4% en los que se mueven la mayoría. De razón, en ese panorama tan fragmentado, Petro con el 17%, se sienta como el rey entre los pigmeos, como lo presentó la revista Semana hace poco.


¿Qué muestra esta situación? Un profundo vacío de liderazgo político en Colombia, que como el Covid -19 ha infectado a toda AL. Sin un liderazgo colectivo que sustente los partidos, y un sistema que está siendo atacado porque no responde a las expectativas de la gente, no es de extrañar el desencanto, el escepticismo, la indiferencia, la desconfianza, la rabia, que hoy acompañan los procesos electorales en toda la región. 



El problema de esta situación es paradójico. Si creíamos estar mal, el remedio populista y autoritario que es la solución que se vende desde los extremos del espectro político, termina volviendo el remedio peor que la enfermedad. Y el problema más grave es que el lobo disfrazado de oveja, usando las elecciones llega al poder, una vez adentro, se entroniza y acaba con las instituciones que le sirvieron para llegar a él. 


Este es un libreto ya muy conocido que lleva más de dos décadas en desarrollo promovido por el Consenso de San Paulo, y que personajes como Petro, quiere utilizar para llegar a la Presidencia de Colombia. Ha entendido que  la debilidad de sus contrincantes actuales, es una ventana de oportunidad única y la piensa explotar al máximo. Pero además,  lo ha dicho públicamente para que no nos sorprendamos después. 


El resultado es trágico en términos de destrucción de capital humano, institucional y económico, como lo muestra el caso de nuestro vecino Venezuelan. Casi 6 millones de venezolanos fuera del país, un narco estado enraizado y una oposición sin posibilidad de cambiar la situación hasta la fecha. Reconstruir  ese país, suponiendo que caiga el régimen algún día, tomará muchas décadas, con daños muchos de ellos irreparables. 


A pesar de las señales de alarma se han disparado, de cara a las elecciones en Colombia el próximo Mayo, este vacío de liderazgo de la dirigencia política, se ha vuelto demasiado evidente. Los “enanos” caricaturizados por Semana, han sido incapaces de hacer una demostración de liderazgo colectivo ante el país. 


Hoy vemos expresidentes que se detestan, aspirantes políticos que dividen, o que se sienten superiores a los demás. Todos sin excepción, de espaldas a una realidad que demanda orientación y ejemplo, pero que están ofreciendo todo lo contrario. Todos ellos están demostrando un nivel de irresponsabilidad histórica con el país. 


Lamentablemente, el resultado lo podemos ver por anticipado en el Perú, donde llega al poder un desconocido qué pasó a la segunda vuelta con un % de votación muy bajita. Hoy, este señor, en alianza con ex militantes de Sendero Luminoso y otras fuerzas marxista de extrema izquierda, quieren seguir la partitura de Venezuela, seguramente refinándola para garantizar el desmantelamiento de la democracia en ese hermano país. 


¿Qué hacer ante esta debacle de la dirigencia política que no ha estado a la altura de los múltiples retos que enfrentamos como sociedad? Como lo señalé en el blog anterior, vamos a tener que arremangarnos otros actores de la sociedad, para cambiar esta narrativa tan negativa que nos conduce al abismo. 


Sobre este tema iré escribiendo sobre las diferentes iniciativas en las que estoy participando buscando aportar luces al final del túnel. Lo que no es admisible, es permanecer espectador y mudo mientras nos están empujando a precipicio del cual va a ser muy costoso recuperarse de la caída.