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sábado, 23 de noviembre de 2013

La masacre de Bosa: un espejo de la realidad colombiana

Blog de FM: la masacre de Bosa, un espejo de la sociedad colombiana.

El 10 de noviembre de este año, se supo de una horrorosa tragedia en Bosa. Hernando Hernández, hombre de 45 años, con antecedentes de violencia y celos, llegó a su hogar a avanzadas horas de la noche, con un machete, arremetió contra su mujer, la sobrina de esta y sus tres hijos. Durante siete horas, este asesino tuvo el tiempo suficiente para completar su faena siniestra. Un milagro salvo a su hijo de 12 años, quien quedó gravemente herido.

De acuerdo a los reportes de la Policía, y los testimonios de los vecinos, ya habían denuncias contra Hernández por agresiones contra su señora. También se sabe que llegó a las 12 de la noche , en estado de embriaguez, y después de los primeros enfrentamientos, arremetió contra su familia. Lo increíble del caso, es que a pesar de los gritos de auxilio de las dos mujeres, sólo hasta las 4:09 am, se registra la llamada en la Estación y el primer policía llega a las 5:37 am, la patrulla a las 6:08 am y sólo hasta las 6:53 am se ingresa a la vivienda.



Esta breve descripción de una tragedia macabra, es en sí misma un espejo y una descripción patética y sintomática de una realidad tristemente invisible en Colombia. Pero, lo que me motivó a escribir este blog,  es el análisis que me hizo de los hechos Fernando Treebilcok, abogado amigo mío, quien tuvo la oportunidad de enterarse de los detalles, que no fueron reportados en las noticias que salieron sobre el caso.

Según me lo mencionaba Fernando, tuvo la oportunidad de escuchar las grabaciones que se hicieron, mientras se desarrollaba la tragedia, y lo que descubrió lo llenó de indignación. Al escucharlo yo a él, y conocer los detalles no publicados por la prensa, también me contagió su indignación. Por esta razón, tomé la decisión de posponer mi blog sobre los retos de la Innovación, para hacer algunas reflexiones sobre el caso.

El lado aún más obscuro de esta horripilante historia es el siguiente. Tan pronto comenzó la masacre, los gritos de las dos mujeres, contra quienes emprendió de primeras, despertaron a los vecinos. Alguien llamó a la Policía, pero ya habían pasado cuatro horas. Como se ve en las grabaciones, el primer agente llega con casi una hora y media de demora. Lo que sigue a continuación, cambia el foco del análisis de esta tragedia, del energúmeno que acabó con su familia, y lo coloca en los policías y los vecinos del lugar.

Según muestran las grabaciones, durante más de cinco horas, tanto policías como vecinos, sabían de los gritos desesperados de las mujeres y los niños, y no hicieron nada !!!. El policía que llegó primero, reportó sangre en las cortinas de la vivienda. Entre todos, habían podido romper la puerta de la casa, o forzar su entrar por la ventana, acción que posiblemente habría podido salvar la vida de varios de los miembros ultimados a machete limpio, pero optaron por esperar la llegada de los bomberos, quienes arrimaron al lugar de los hechos a las 6:50 am para tumbar la puerta !!!. Este comportamiento escapa la imaginación más virulenta. No hay forma de entender el porqué actuaron así los representantes de " la autoridad" y los vecinos de la familia cruelmente asesinada.

¿Cómo puede explicar la Policía este comportamiento inadmisible de sus representantes en el lugar de los hechos?. Este caso, para mi es más escandaloso que inclusive otros casos recientes, como el del grafitero, que han enlodado la imagen de esta institución tan fundamental para la sociedad colombiana. Más allá de los protocolos y las normas, más allá de los formalismos, es claro que a los agentes les faltó algo más fundamental: criterio y sentido de humanidad, para atender con la rapidez necesaria y evitar la tragedia, que se estaba desarrollando bajo sus narices por indiferencia o incompetencia. O las dos a la vez.

Y en cuanto a la gente que se agrupó, a observar pasivos, cobardes o indiferentes, lo que estaba sucediendo, es el reflejo de una sociedad enferma, insensible  e insolidaria, que da asco. Sus comentarios y comportamientos, quedaron gravados como un testimonió acusador. Los gritos desesperados de los niños, que estaban siendo masacrados a pedacitos, por la mano del monstruo de su padre, no fueron suficientes para movilizarlos a la acción. ¿Qué se necesita en Colombia, para despertar la indignación de la gente, para que actúen en solidaridad de quienes están siendo agredidos?.

Esta historia de la vida cotidiana de violencia en Colombia, me sirve para hacer unas reflexiones más profundas, cuando avanza tortuosamente el proceso de negociación con las FARC en la Habana. La falta de pedagogía con la que se ha dado todo el proceso, le ha quitado el foco al verdadero problema de la violencia en Colombia.

Fernando, como abogado muy conocedor de los temas de Policía, me mostró que la reacción de  la institución y la comunidad, eran tan aterradores como el hecho mismo de la masacre. Veamos.

La etimología de la palabra policia, viene del griego "polis teia" o reglas de la ciudad. Hay dos escuelas sobre el papel de la acción policial. La francesa que dice que esta se debe ejercer cuando trascienda la intimidad del hogar. Para los europeos priman los derechos colectivos sobre los individuales. En la escuela sajóna, no importa el concepto de la intimidad.

En cualquier caso, se parte de la base de que, cuando un ciudadano no actúa correctamente, la policía debe de intervenir porque es la institución encargada de hacer cumplir  las reglas de la ciudad, alrededor de las libertades de los ciudadanos. En esto reside el poder policial. La función de policía es la competencia asignada a un agente para ejercer el poder de policía.

Pero hay otro concepto que Fernando me puntualizó en nuestra conversación: soy libre en la medida en que me comprometa con el bienestar del otro. Y la ausencia de este concepto,  está en el corazón de la tragedia de Bosa.

Tomando los conceptos anteriores, se puede entender la verdadera dimensión de la falla en la relación que debe existir entre la policía y la comunidad. En el caso de Bosa, la respuesta a la tragedia que se desarrollo ante las narices de los vecinos, no era sólo un problema de la Policía, también lo era de la comunidad... Como me lo explicaba Fernando, es fundamental revaluar las responsabilidades ciudadanas, en estos temas de violencia y seguridad.

Hay que fortalecer la idea de que el ciudadano, en alianza con la autoridad, ayuda al ejercicio del poder de policía en una comunidad. Pasamos del discurso: "hagan algo"  al del "porque no hacemos entre todos algo... ". Pasamos de la actitud de ser unos meros espectadores de una tragedia, como la de Bosa, a ser parte activa de su solución oportuna. La falta de solidaridad, la indolencia, cobardía, e indiferencia ante el dolor ajeno, inmoviliza a una sociedad. En esta reflexión, posiblemente está una de las raíces profundas que explica nuestra permisividad y parálisis ante los hechos de violencia, que son el pan de todos los días en Colombia




Las estadísticas desnudan el hecho de que, atrocidades como la de Bosa,  son una muestra desafortunadamente común,  de los actos violentos entre miembros de una misma familia, que se suman a las agresiones letales entre pandillas de los barrios marginados, y las peleas de borrachos, entre otros. Sumados, estos actos violentos al menudeo, representan más del 80% de los asesinatos registrados en nuestro país. Por esta razón,  un acuerdo con los criminales de las FARC o el ENL, si es que se llega, es un paso correcto pero no suficiente,  para resolver el problema de fondo de la violencia en nuestra sociedad.

Este caso tiene un efecto perverso en momentos donde más se necesita apuntalar la confianza en la capacidad preventiva de la Policía, trabajando de la mano con la comunidad. En un eventual post conflicto en Colombia, hay unas altas probabilidades que la violencia llegue a los centros urbanos con más fuerza. En un entorno tan propenso al uso de la violencia, como es el nuestro, la capacidad de la Policía para evitar casos como el aquí expuesto, es vital para no caer en el desmadre que hoy afecta a la sociedad salvadoreña. El problema, es que hay un alto potencial de que esto suceda en Colombia, pero a escalas mucho mayores. Sobre este tema, nadie habla cuando es el más grande riesgo hacia adelante.

La triste realidad es que somos una sociedad incapaz de dirimir los conflictos sin recurrir al uso de la agresión y la violencia. Y esta situación ni siquiera es mencionada en el proceso con las FARC. Uribe, vomita todos los días rayos y centellas contra el proceso, pero no hace ningún aporte constructivo, para enfrentar la realidad de que la paz, no sólo es la ausencia de la guerra.  También, tiene  que ver con la capacidad de una sociedad de manejar sus relaciones de manera productiva, si recurrir a la violencia, para poder vivir en armonía y respetando las diferencias.

Hay que sumarle a lo anterior que somos amnésicos. Cuando oigo a Uribe y a Zuluoga, despotricar contra un posible acuerdo, me llama la atención que la gente no les reclame un hecho evidente. Tuvieron ocho años para acabar a las FARC y los paramilitares, y no lo lograron. A pesar de debilitarlos, hoy estos flagelos siguen dominando el discurso nacional.

Los primeros, porque tienen la protección del chavismo en Venezuela. Los segundos, porque deportados sus cabecillas, para que no cantaran el contubernio con las castas políticas regionales, y con algunos militares y policías corruptos, quedaron sus subalternos, disfrazados bajo nombres exóticos como los urabeños y los rastrojos. Siguió el problema pero bajo nombres distintos, como el camaleón.

Y la coca, es el común denominador entre estos dos grupos, y que los ha hecho aliados más allá de la divergencias ideológicas, si es que alguna vez las tuvieron. ¿Qué propone Uribe diferente, a lo que ya ensayó y sólo le funcionó parcialmente?. ¿Seguimos a plomo ventiado para que sus nietos y los míos, se avergüencen  de haber vivido en una país que no fue capaz de acabar con esta violencia?.

Como se puede observar, el desgarrador caso de Bosa, al Occidente de BOGOTÁ, nos muestra que la paz, como hoy se está abordando, tiene muchos más componentes, que la manera simplista y superficial como hoy se está entendiendo el tema en nuestro país. Y como lo muestra nuestra historia,  el lograr una sociedad menos violenta, no es responsabilidad solo del gobierno de turno. También, esta se debe ver reflejada en un comportamiento menos indiferente, y más solidario, de todos y cada uno de nosotros. Esta actitud es el único camino para hacer sostenible un proceso realmente de paz en Colombia.

Para finalizar, le agradezco a Fernando Treebilcok su aporte aporte para este blog, y en especial su reflexión al finalizar nuestra iluminante conversación: " el mal es la indiferencia frente al dolor de la condición humana. Este tema debe ser entendido desde la perspectiva existencial"

Y remató con la siguientes preguntas que se las dejo a mis lectores:  ¿Qué consecuencia tiene la indiferencia de la ciudadanía para una sociedad, frente el dolor de un  niño o el de un anciano?.¿Estamos viendo en el espejo de nuestra realidad una falla fundamental en la estructura ética de la sociedad colombiana?.







1 comentario:

  1. Pacho
    Me encantó el contenido analítico de tu artículo, permíteme hacer algunos comentarios :
    La gran mayoría de Colombianos piensan que con la firma del acuerdo con las FARC la violencia va a ser parte de la historia.

    Estamos concentrados y a la expectativa del éxito del proceso, pero que estamos haciendo para que hechos (que son a diario) como el de Soacha no sigan ocurriendo ? Cómo generar la conciencia del respeto y la solidaridad entre los colombianos para que no nos sigamos matando unos a otros ?

    Colombia históricamente ha tenido unos índices de violencia que ocupan los primeros lugares en las estadísticas mundiales, como generar un proceso de perdón, reconciliación y respeto por la vida en Colombia

    Grave sería llegar a imitar las actuales estadísticas como las de Guatemala donde hoy hay más muertes violentas que en la época más cruda del conflicto ??

    La PAZ no se logra solamente con la firma de un acuerdo, es un asunto que va mucho más allá! que tiene que estar acompañado de un proceso de educación y respeto por la vida! qué en Colombia aún está muy lejos

    Gracias por tus reflexiones, pero nos pones a pensar que sí bien el acuerdo de PSZ con FARC en vital, no necesariamente significara una reducción significativa de las atrocidades aquí cometidas

    Un abrazo

    José javier

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