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sábado, 19 de diciembre de 2020

El fin de la globalización ¿y que sigue?

 


La globalización es hoy uno de los villanos más atacados por los populistas que se han venido tomando el poder político en diferentes latitudes. Es un blanco conveniente porque sirve para señalar a unas élites despiadadas y unas fuerzas obscuras que mueven los líos del poder para su beneficio. De acuerdo con esta narrativa, la globalización hay que acabarla porque ha generado unas brechas de desigualdad que hoy son explotadas para impulsar los movimientos sociales que buscan cambiar este orden de las cosas. 

Y sin desconocer los problemas de desigualdad, hay otra narrativa basada en datos y hechos, pero que es convenientemente ignorada por los populistas profesionales. La segunda ola de la globalización se inició con el derrumbamiento de la Unión Soviética hace tres décadas. En este periodo la China, gran beneficiada de este proceso, sacó a más de 600 millones de personas de la pobreza. Este fenómeno también sucedió en muchos otros países del mundo, como Vietnam y Bangladesh, donde el ingreso por adulto aumentó en seis veces en este periodo.


Los indicadores levantados por el Banco Mundial y otras agencias de desarrollo, muestran que desde principios de los 90, la democracia se extendió, el papel de la mujer mejoró teniendo mayor acceso a la educación, la producción de bienes y servicios se fortaleció gracias a las cadenas de suministro que se extendieron por el mundo. La tecnología que se desarrolló en estas tres décadas, cambió la forma como nos comunicamos, relacionamos, comemos y nos divertimos.


Esta ha sido una época en donde se han alcanzado los más altos niveles de desarrollo en la historia de la humanidad con un impacto en: el aumento de la edad de vida esperada, mayor control de las enfermedades (siendo el COVID-19 una excepción hasta la fecha), los niveles de acceso a la educación se han aumentado y el intercambio comercial se dinamizó. Y esto no es un cuento chino, es la realidad.


Han sido treinta años donde se valoró el libre flujo de ideas, capitales, comercio y gente. Esto generó un mundo cada vez más interconectado para facilitar esos flujos. Los indicadores de éxito estaban relacionados con el crecimiento económico más no en el del bienestar general. Las ideologías jugaron un papel menor. China y su sistema comunista, se convirtió en el defensor del modelo capitalista y de la globalización. 


Sin embargo, el éxito obtenido hoy se ha convertido en el principal obstáculo de la globalización como se desarrolló en estas tres décadas. La pandemia ha puesto en evidencia las falencias que no se abordaron y los límites alcanzados. Esta situación ha generando un profundo malestar capitalizado por populistas, como Trump. 


Los aumentos del endeudamiento de las economías han llegado a niveles sólo comparables con los vistos en la Europa de hace dos siglos durante las guerras napoleónicas. La desigualdad ha alimentado la crítica de la distorsionada  repartición de los beneficios de este proceso a pesar de los inmensos logros obtenidos. 


El problema de fondo es que ha habido un aumento significativo en las expectativas de la gente y simultáneamente un debilitamiento de las posibilidades de los estados para satisfacerlas. En parte, porque los cambios van más rápidos que las capacidades para responder. Pero también, porque los problemas detectados no se corrigieron a tiempo. 


Los retos que se han venido evidenciando no han tenido una respuesta adecuada por parte de los dirigentes políticos. Los vacíos de liderazgo en este campo están pasando una cuenta muy alta que está comprometiendo las bases mismas de la democracia. La razón: los excesos no se han sabido controlar a tiempo, lo que ha producido situaciones como la crisis del 2008 donde el sistema financiero abusó y la laxitud de las entidades de control lo permitió.


Sin embargo, en materia de política social, ha habido casos muy interesantes de avances en beneficio de toda la población como ha sucedido en Holanda e Irlanda. En estos ejemplos ha tenido lugar una acción oportuna y efectiva del Estado con políticas redistributivas que han generado la confianza y el respaldo de la gente. Contrastan con estos casos, lo que ha sucedido en Estados Unidos y otros países, donde las brechas entre los más ricos y el resto, se han aumentado considerablemente. 


Hoy son evidentes las señales de que el proceso de globalización posiblemente esté llegando a su fin impulsado por acciones irresponsables de dirigentes políticos como Trump, Bolsonaro, y compañía. 


Uno de los más grandes daños del actual inquilino de la Casa Blanca, durante el cuatrienio que afortunadamente termina en un mes, es que debilitó muchísimo la arquitectura de coordinación y cooperación mundial, para abordar problemas comunes en frentes tan críticos como el de la salud y el medio ambiente, para no mencionar las guerras comerciales con China. Como consecuencia de esta actividad irresponsable, está prevaleciendo la mentalidad del más fuerte, como ya se evidencia en la distribución de las vacunas para el Covid~19


Esta semana el NY Times publica un artículo que muestra como los países ricos han acaparado más de la mitad de la producción de vacunas en el 2021. Países como Canadá ha ordenado 6 veces más que el total de su población, Estados Unidos 4 veces y la UE dos veces. 


Es el patético ejemplo de los países más ricos dejando por fuera a los más pobres y de la faltas de un proyecto común de respuesta global. Covax es un consorcio que se conformó para este fin, pero a una escala mucho menor que la de los países ricos.  Pero por falta de recursos, sólo podría atender el 20% de las necesidades de los países pobres. Colombia lamentablemente está en este grupo  para el 2021.


Pero volviendo al tema del estado de la globalización , estamos viendo que los fundamentos que dieron su sustento, están siendo reemplazados por otros diferentes. El crecimiento económico a ultranza, estará siendo complementado por conceptos como el de la economía del bienestar, impulsados por pequeños países como Nueva Zelanda, Irlanda e Islandia. Ya no serán los grandes países el modelo a seguir. 


Y el pragmatismo ideológico, será remplazado por confrontaciones basadas en valores muy distintos que definirán las decisiones y acciones que se tomarán. Un ejemplo de esta dinámica ya se vé en Europa con Polonia y Hungría, que son dos países miembros de la UE y que están demostrando un desprecio creciente por la democracia y el imperio de la ley. Están en contravía de los demás países que pertenecen a esta comunidad.


Estas rivalidades ideológicas basadas en valores muy distintos, están generando unas distorsiones muy graves. Por ejemplo, los creadores del internet pensaban en un mundo abierto al flujo de información y de ideas, usando la web. China, India, y otros países están impidiendo que esto suceda. Empresas como Google, que tuvieron una posición importante en el mercado de motores de búsqueda en China, ya no opera en ese país, el mayor mercado digital del mundo. 


Es muy difícil generar conversaciones para coordinar acciones y políticas conjuntas entre gobiernos, cuando los valores son distintos, por lo tanto las prioridades y las acciones que se toman. En relación al Internet, para la China el valor político es el control de la población, mientras que para Europa, el valor es el uso de los datos y su confidencialidad, y para los Estados Unidos, es la innovación y la rentabilidad. 


El mundo que está emergiendo de la crisis de la globalización , se basará cada vez más en las uniones de esfuerzos alrededor de valores compartidos más que de una geografía común, como lo demuestra el caso de la UE y las dificultades con dos países miembros, como los ya citados.


Mike O’Sullivan, en una interesante charla en TED sobre el tema que utilicé para este blog, se preguntaba cuál será el modelo qué habrá que seguir. En su opinión , “en la era que hoy llega a su fin, no será el FMI el que les decía a los países qué hacer, pero que ya no es posible en un mundo que se orientará más por valores para definir el camino a seguir. Esto significa qué habrán  más opciones y la posibilidad de definir el sistema de valores propios, para seguir el camino. Esto significará que, las instituciones y las políticas, serán menos influenciadas por Washington y Beijing” 


Con este artículo, donde invito al lector a revisar los supuestos que le dieron vida a la segunda ola de la globalización, he querido mostrar como los valores que configuran las características de una cultura, estarán en el centro de las relaciones y decisiones de la geopolítica mundial. (Ver blogs anteriores sobre cultura


Leer un artículo relacionado de Carlos Caballero Argáez



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