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sábado, 7 de junio de 2014

El vaso medio lleno o medio vacío : fundamentos de dos narrativas para Colombia

El vaso medio lleno y el vaso medio vacío: fundamentos de dos narrativas para Colombia

James Robinson, autor del excelente libro "Porqué fallan las naciones", escribió recientemente un artículo para El Espectador con el título:  "Imaginando y alcanzando una nueva Colombia". http://www.elespectador.com/noticias/politica/imaginando-y-alcanzando-una-nueva-colombia-articulo-494322.

En mi concepto, este profesor de Harvard, hace un extraordinario aporte para entender la dinámica de la política actual y los retos que tenemos hacia delante. Con sus comentarios, me ayuda a reforzar la tesis que vengo compartiendo con mucha gente, desde finales del 2012: Colombia necesita construir una nueva narrativa nacional de lo que significa: vivir en un país en paz.  Necesitamos la oportunidad para imaginarnos que esto SI es posible. ¿Pero qué es la paz?.

En muchos blogs que he escrito sobre este tema en el pasado, he insistido que lo que hoy está en juego, son dos realidades y dos visiones de Colombia, ver excelente análisis en http://lasillavacia.com/node/47694. Pues bien, el profesor Robinson lo menciona de manera muy clara cuando afirma:



"Sobre Colombia hay varias narrativas. Una es la de un país exitoso, con políticas macroeconómicas estables, una larga historia de democracia y libre de renegociaciones de la deuda y populismo. Esta narrativa ve a Colombia como un jugador activo en el futuro de la economía mundial, crucial para el área de libre comercio con América del Norte y como parte de los Civets. "

"Otra narrativa es aquella que pregunta, cómo un país puede ser exitoso cuando ha vivido una guerra civil por 50 años, cuando el exalcalde de la ciudad capital y sus aliados se robaron gran parte del presupuesto municipal durante su administración, cuando un tercio del parlamento en el 2002 fue elegido con la “asistencia” de grupos paramilitares, y cuando el gobierno es incapaz, o reacio, a proveer bienes públicos básicos para la mayoría de sus ciudadanos"

Y remata con la siguiente afirmación:

"Lo complejo es que estas dos Colombias son reales. Tanto la Colombia de políticas macroeconómicas estables y competentes, como la Colombia del cartel de contratación y del fraude electoral paramilitar. El problema de Colombia, es que estos dos países han aprendido a vivir juntos, a complementarse y alimentarse el uno del otro".

La primera narrativa que menciona el académico americano, es la razón por la cual, a nuestro país, hoy se le está percibiendo de una manera mucho más positiva. Pasamos de ser vistos como un estado fallido en 1999, a ser considerados como una nación que va por el camino de convertirse, en un actor relevante en el panorama internacional.

Esta visión de una Colombia moderna, sería y confiable, explica el porqué la Comunidad Europea haya tomado la decisión de levantar el requerimiento de la visa para los colombianos. Pero también, como lo mencionaba en otro blog, que a nuestro país estén llegando inversionistas y emprendedores de otras partes del mundo.

Lo impresionante de esta percepción de la realidad, vista desde afuera, y que yo llamaría "la narrativa del vaso medio lleno", es que es invisible para muchos colombianos, quienes no reconocen los avances que hemos tenido como país, sin desconocer que la tarea por delante es todavía muy grande.

Quien es capaz de pararse en el mundo desde esta primera narrativa, tiene una visión más positiva del entorno y de su capacidad de contribuir a la construcción colectiva para mejorar la realidad. El optimismo, la confianza, la colaboración y el asumir riesgos, son algunas de las palabras aplicables a estas personas. Desde esa visión, tienden a manejar sus conflictos de manera productiva, a aceptar las diferencias como oportunidades para encontrar un mejor camino. Para ellas, es posible lograr siempre un mejor futuro, y se ven como actores activos en la construcción de esta nueva realidad.

La segunda narrativa mencionada por Robinson, que yo llamaría "el vaso medio vacío", muestra una realidad igualmente cierta. Como él lo menciona, es el resultado de una visión del manejo político del centro a la periferia, que se traduce en una forma de gobierno, y del uso del poder, que viene desde finales del siglo XIX. La falta de autoridad que esto generó, afuera de los grandes espacios urbanos, explica en buena medida, el surgimiento y permanencia del fenómeno de las FARC y de otros grupos subversivos.

Desde esa perspectiva, me parece fundamental leer con mucho cuidado el siguiente comentario de Robinson :

" Desde que se alzaron en armas en 1964 las FARC, sus acciones han hecho más difícil lidiar con los problemas reales; dieron una justificación a la formación de los grupos paramilitares, a sus actos de violencia y las viciosas campañas de contrainsurgencia, haciendo mucho más difícil que los colombianos identificaran, el origen real de sus problemas".

Quien sólo se para en el mundo desde la segunda narrativa, tiende a ver su entorno de manera muy pesimista. El miedo, la desconfianza, el aislamiento, son algunas de las palabras que lo caracterizan. A este grupo de personas, les cuesta mucho trabajo manejar sus diferencias sin recurrir a la agresión física o verbal, y a la descalificación de quienes no piensan como ellos. Andan siempre a la defensiva. La tolerancia, la diversidad y la inclusión, no son parte de su léxico cotidiano. Para este tipo de personas, el futuro seguirá siendo como el pasado y ellos se ven incapaces de cambiar esta realidad.

Los resultados de la primera vuelta de las elecciones hace dos semanas, donde Zuluaga le ganó a Santos, pero donde la abstención del 60%, les ganó a todos los candidatos, me demuestra, que la mayoría de los colombianos, por acción y por omisión, han optado por ser parte de la segunda narrativa descrita por el profesor americano. Esto explica que sean fácilmente manipulables en sus miedos, que sean apáticos e indiferentes. A estas personas, les cuesta mucho trabajo aceptar, que por su actitud, son parte fundamental del problema nacional.

La cohabitación  de las dos narrativas, que hoy reflejan la realidad colombiana, ha hecho muy difícil entender el objetivo de las conversaciones de la Habana:  eliminar uno de los síntomas del verdadero problema de nuestra sociedad. No hemos construido un significado compartido de lo que implica verdaderamente vivir en un país en paz. Esto explica el porque hay un  contrasentido, al usar este concepto supremo, como un hacha para descalificar al enemigo.

Pero esto significa que tenemos una gran reto hacia adelante: generar un proceso para darle paso a la construcción de una nueva narrativa, para poder escribir el siguiente capítulo de la historia de nuestro país. Pero para que esto sea factible, es necesario que haya un movimiento que invite a converger hacia una visión que parta  del reconocimiento de ver a Colombia desde la perspectiva del "vaso medio lleno".  Sin reconocer lo que hemos logrado, y lo qué hay que defender, no es posible contar con las bases para seguir adelante. Esto no significa que ignoremos los obstáculos que hay que superar del "vaso medio vacío".

Sin embargo, lo anterior es necesario pero no suficiente. Se necesita construir colectivamente una visión de futuro del país que queremos ser. Como lo mencionaba en mi blog sobre este tema de hace unas semanas - ( Colombia necesita con urgencia una visión de futuro)- no es posible lograr cosas importantes por parte de una comunidad, si no sabe para donde se quiere ir de manera compartida.

Para mi, la nueva narrativa nacional que hay que construir, es como armar un rompecabezas complejo, que requiere de muchas piezas. Debe permitir a todos los colombianos tener una visión y un propósito, que facilite encontrarnos en un futuro motivante, a pesar de las diferencias,  porque fue el resultado de un esfuerzo colectivo.

Algunas de las piezas que se deben de tener en cuenta serían las siguientes:

Construir una nueva narrativa implica buscar una nueva plataforma donde nos podamos ver de manera diferente, como sociedad. Implica dejar atrás las viejas narrativas que nos han mantenido anclados en nuestra historia de violencia y miedo de muchos años.
Aceptar una realidad: el desarrollo exitoso y sostenible de la sociedad colombiana hacia el futuro, necesita de un cambio profundo en la manera como nos vemos, nos relacionamos, y manejamos nuestras diferencias.
Entender que es un proceso complejo, en algunas etapas doloroso, pero fundamental para avanzar. Hay que frustrar las expectativas de soluciones simples a los obstáculos complejos, que tenemos que sortear como sociedad.
Tener una visión de liderazgo colectivo, muy diferente al caudillismo  que estamos viendo y mucha gente equivocadamente está demandando. Esto implica mirarnos de frente en el espejo con franqueza, y tener el valor de aceptar que nosotros somos el verdadero problema.
Desarrollar una cultura alineada con las realidades del Siglo XXI, fundamentada en la confianza, la colaboración, la inclusión y la diversidad.
Comprender que la paz no es un concepto abstracto, es el resultado de la práctica de estos valores, lo que permitiría desarrollar un tejido social capaz de manejar las diferencias, sin agredir, descalificar, usar la violencia y el lenguaje para acabar al que no piensa como uno. Es una manera muy distinta de relacionarnos, que va a requerir mucha pedagogía y perseverancia en el mensaje.
Reconocer que el verbo perdonar, es fundamental para pasar al siguiente capítulo de la historia colombiana. Es un requisito necesario para sanar las heridas del alma. Las experiencias internacionales nos demuestran, que sin el perdón, es muy fácil regresar al pasado.
Creer en nosotros mismos, valorar lo que hemos logrado avanzar. Pensar que, sobre estas bases, somos capaces  colectivamente de construir creativamente nuevos caminos y espacios para tener una mejor sociedad.
Soñar en grande. Pensar que, como sociedad, nos merecemos ser actores relevantes y referencia positiva, en un mundo cada vez más globalizado.
Cerrar las grandes brechas que hoy nos separan, incluyendo a las comunidades de las regiones más apartadas de nuestro país, empoderando a la gente para que asuma la responsabilidad que le corresponde de su propio desarrollo y del control de las autoridades elegidas para servirles.
Abrir las conversaciones necesarias para replantear el papel del Estado en sus diferentes niveles
Reorientar el papel del sistema educativo para que se convierta en el verdadero motor para este gran cambio cultural.

Si todo lo anterior se puede incorporar en la construcción de una nueva narrativa para Colombia, estaríamos sentando las bases para tener unos fundamentos políticos que impidan recrear el pasado. Como bien lo expresa Robinson en su brillante artículo al que mencioné al inicio de este blog:

"En última instancia, la campaña de Uribe en contra de las Farc no fue y nunca pudo haber sido exitosa, porque sus fundamentos políticos se basan precisamente en esos factores que crearon las Farc —en primer lugar el gobierno indirecto de la periferia por el centro—. Se puede decir que lo que una mano tomaba, la otra lo volvía a poner."

Más adelante afirma

"Más que simplemente llegar a un acuerdo con las Farc, lo que esta experiencia sugiere es que esta negociación es una oportunidad crucial para lidiar con las razones fundamentales, que no sólo crearon las Farc, sino a otros de los tantos problemas de Colombia".

En resumen, la nueva narrativa que Colombia urgentemente necesita, parte de la construcción colectiva de una visión de futuro alienado con las realidades de un mundo globalizado. Para esto se necesita construir un tenido social diferente de relacionamiento entre el centro del poder y la periferia, entre las regiones, las comunidades, a niveles de las escuelas y en el núcleo familiar.

Esto requiere de un marco ético distinto al que hasta ahora hemos construido. Sin este requisito, no tendríamos los cimientos para una nueva Colombia. Y se necesita de una visión de liderazgo que habilité e inspire a mucha gente, para que se conviertan en los verdaderos agentes de cambio de nuestra sociedad. Con esta visión, uno no espera que los milagros pasen, cada colombiano tienen en sus manos  la obligación de hacerlos realidad.

Como bien lo menciona Robinson

"Colombia necesita líderes políticos que puedan romper esa forma tradicional de hacer política ( Yo también le agregaría líderes empresariales, sociales, y religiosos ). Esto no es algo fácil de hacer, debido a que este estilo actual está profundamente arraigado en la siquis y las estrategias de los políticos ( y de la sociedad que los tolera, agregaría yo). Cambiar esta situación es arriesgado y requiere grandes hazañas e imaginación. Sin embargo, se puede lograr."



Este comentario me da sustento a la propuesta que he venido promoviendo desde hace más de un año y medio: Innovación al servicio de la paz. Se necesitan promover muchas iniciativas piloto, como es el caso de la Pazcicleta, que convierte a la humilde bicicleta en un símbolo de unión.

Es una idea de gran pertinencia en estos momentos de grandes triunfos en el  Giro de Italia, que nos sirven para reconocernos a nosotros y empoderarnos para superar, el nivel tan bajo en que ha caído la política colombiana. Pero también, para subir a la conversación  al nivel que se merece, para que sea la PAZ, con mayúscula, el verdadero punto de encuentro para construir el nuevo imaginario de la sociedad colombiana.

Colombia necesita mensajes inspiradores y hoy no los hay. Espero contribuir con este artículo a poner mi cuota en esa dirección. ¿Será un imposible pedirle a "nuestros insignes líderes políticos" que se siente en una mesa para dirimir de manera civilizada sus diferencia en la construcción de la nueva narrativa de un país en paz?. Y de paso, nos den a todos un ejemplo positivo, porque hasta ahora, el calificativo de "líder", les ha quedado muy grande y no se lo merecen !!!




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