Entrada destacada

A veces SI a veces NO...

Finalmente se firmó el acuerdo con las FARC. Por esta razón, en  las próximos semanas, me propongo oír la letra de la canción de Julio Igles...

Mostrando entradas con la etiqueta Lenguaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lenguaje. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de enero de 2026

El impacto de la palabra en el ejércicio del poder

  Emosiones, discurso presidencial y cultura política en Colombia 

En Colombia solemos analizar el poder político desde sus decisiones, sus políticas públicas o sus fracasos institucionales. Con menos frecuencia nos detenemos a examinar la palabra del poder, ese conjunto de discursos, mensajes y relatos mediante los cuales los presidentes han intentado explicar el país, conducir a la sociedad y legitimar su autoridad. Sin embargo, como lo demuestra el libro “La voz del poder”, un libro de varios autores coordinado por Margarita López Forero, la historia política colombiana no puede entenderse sin escuchar atentamente lo que sus presidentes dijeron —y cómo lo dijeron— en momentos clave.

La palabra presidencial no ha sido un simple vehículo de información. Ha sido, sobre todo, una herramienta emocional de gobierno. A través de ella se han activado miedos, esperanzas, resentimientos y expectativas; se han definido amenazas, se han prometido redenciones y se han moldeado imaginarios colectivos. En un país de institucionalidad frágil y confianza escasa, el discurso ha operado muchas veces como sustituto simbólico de la eficacia del Estado.

Gobernar es también emocionar

Una de las contribuciones más valiosas de La voz del poder es mostrar que el discurso presidencial debe leerse como un acto performativo: no solo describe la realidad, sino que busca producirla. Cuando un presidente habla, no solo informa; interpreta, ordena, justifica y convoca. Y al hacerlo, moviliza emociones.

Esta dimensión emocional conecta de manera directa con una pregunta central de nuestra cultura política:¿desde qué emociones se ha gobernado históricamente a Colombia?

Lejos de una ciudadanía formada en el juicio crítico y la deliberación, el país ha sido conducido, una y otra vez, desde emociones primarias: miedo al caos, esperanza en el salvador, resentimiento frente al enemigo, dependencia frente al líder. La palabra presidencial ha sido el canal privilegiado para activar estas emociones y, con ellas, construir legitimidad y una cultura política muy débil..

Seis categorías del discurso del poder

A partir del enfoque del libro y cruzándolo con una lectura emocional de la cultura política colombiana, es posible identificar seis grandes categorías discursivas que han marcado —y siguen marcando— nuestra relación con el poder.

1. El discurso de tutela moral

Aquí el presidente habla como figura moral superior, que corrige, amonesta o instruye a la sociedad. El ciudadano aparece como menor de edad político; el Estado, como tutor. La emoción dominante es la dependencia.

Este tipo de discurso ha debilitado históricamente la autonomía ciudadana, reforzando una cultura política pasiva, acostumbrada a esperar orientación “desde arriba” en lugar de asumir corresponsabilidad.

2. El discurso del miedo ordenante

En contextos de crisis, violencia o incertidumbre, la palabra presidencial ha construido amenazas: el enemigo interno, el caos inminente, la disolución del orden. La emoción dominante es el miedo.

El miedo ordena, pero también justifica la concentración de poder y reduce el espacio para la deliberación democrática. En Colombia, esta retórica ha sido recurrente y profundamente eficaz.

3. El discurso redentor o salvador

Aquí el líder se presenta como quien “por fin” comprende al pueblo y promete resolver lo que nadie antes pudo. El futuro se personaliza. La emoción dominante es la esperanza delegada.

Este discurso alimenta el caudillismo: la política deja de ser un esfuerzo colectivo y se convierte en una relación emocional entre un líder y una masa que espera ser salvada.

4. El discurso victimista del poder

Paradójicamente, quien ejerce el poder se presenta como víctima: de las élites, de los medios, de las instituciones o de conspiraciones invisibles. La emoción dominante es el resentimiento.

Este tipo de discurso erosiona la rendición de cuentas y convierte toda crítica en agresión, debilitando los controles democráticos.

5. El discurso tecnocrático y sin emociones

En el extremo opuesto, aparece un lenguaje frío, técnico, saturado de cifras y procedimientos. La emoción dominante es la indiferencia.

Aunque pretende racionalidad, este discurso suele excluir al ciudadano del entendimiento, y rompe el vínculo emocional necesario para construir legitimidad y sentido de propósito compartido.

6. El discurso del cuidado y la corresponsabilidad

Esta es una categoría aún emergente, pero crucial. Aquí el poder reconoce límites, convoca a otros actores y trata al ciudadano como adulto político. La emoción dominante es la confianza.

No hay promesas de salvación ni amenazas permanentes. Hay invitación a cuidar lo común, a compartir responsabilidades y a construir juntos.

El impacto en la cultura política

Estas formas de hablar no son inocuas. Cada una produce un tipo de ciudadanía.

La tutela moral produce dependencia.

El miedo ordenante produce obediencia.

La redención produce seguidores.

El victimismo produce polarización.

La tecnocracia produce apatía.

El cuidado produce corresponsabilidad.

Durante décadas, Colombia ha oscilado entre las primeras cinco, moldeando una cultura política emocionalmente frágil, reactiva y fácilmente manipulable. No es casual que hoy muchos ciudadanos voten más desde la emoción que desde el juicio informado, ni que la política se viva como una confrontación moral permanente.

Una pregunta ineludible

La lectura de La voz del poder deja una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué tipo de palabra pública necesita hoy Colombia?

No se trata solo de cambiar políticas o liderazgos, sino de transformar la forma de hablar desde el poder. Mientras el discurso presidencial siga alimentando emociones tristes —miedo, resentimiento, dependencia— será muy difícil reconstruir la confianza, el tejido social y una cultura democrática madura.

Hacia una nueva narrativa

Aquí es donde esta reflexión conecta con una propuesta más amplia: la necesidad de una narrativa que no niegue los problemas del país, pero que tampoco los instrumentalice emocionalmente. Una narrativa que parta de una convicción simple y exigente a la vez: Colombia es buena y vale la pena cuidarla.

Cuidar implica otra forma de hablar. Implica reconocer fragilidades sin dramatismo, convocar sin infantilizar, emocionar sin manipular. Implica pasar del poder que ordena o promete, al poder que confía y articula.

Resumen

Escuchar la historia de la palabra presidencial en Colombia no es un ejercicio académico distante. Es una invitación a revisar el presente. La forma como hablamos desde el poder sigue moldeando lo que sentimos como sociedad y, en consecuencia, lo que somos capaces de construir juntos. El tipo de cultura política y ciudadana que nos caracteriza.

Tal vez uno de los mayores retos adaptativos del país no esté solo en las reformas pendientes, sino en aprender a hablar distinto: con menos miedo, menos redención y más cuidado. Porque, al final, la palabra también gobierna y crea realidades. Hoy tenemos a una persona en el poder, que es el mejor ejemplo de lo expuesto por la Dra López .



sábado, 17 de abril de 2021

Las conversaciones y el lenguaje




 “Las historias suelen ser unas fuerzas conservadoras, y junto con los juicios, nos pueden diferente prisioneros” Rafael Echeverría 


“Un conversación es una danza que tiene lugar entre el hablar y el escuchar y entre el escuchar el hablar” y son el espacio en el que los seres humanos se comunican utilizando el lenguaje ( Rafael Echeverría en su libro Ontología del Lenguaje) . Ellas definen nuestras relaciones personales, así como también, juegan un papel fundamental en nuestros éxitos o fracasos en la vida.


Pero antes de profundizar en los diferentes tipos de conversaciones, vale la pena explicar cómo se relacionan con “los quiebres” y su significado. Estos suceden cuando algo, que era transparente, deja de serlo y capta nuestra atención. Y cuando pasa, emitimos un juicio en relación a lo sucedido que no era lo esperado. Se puede ver como un problema o una oportunidad imprevista, que altera el curso de los acontecimientos. Lo que pasa después, depende solo del juicio del observador, es decir, de quien experimenta el quiebre.


Un ejemplo personal de dos tipos posibles de quiebres que sirven para ilustrar el punto anterior. Hace quince años iba caminando por la calle y tuve una hemorragia. Fue algo imprevisto que me obligó a ir a donde el médico. Lo que parecía algo menor, terminó siendo más grave: un cáncer que me incapacitó casi un año y que cambio mi vida. Este “quiebre” 

 me sacó de la transparencia de una vida sin problemas de salud, y me obligó a enfrentar el mayor reto de mi existencia. Es un ejemplo de un quiebre que sucede  sin  que  haya un juicio previo a lo acontecido.


Pero más adelante, gracias a la dura experiencia vivida,  me obligó a declarar  el segundo tipo de  quiebre. Tuve un cambio del juicio sobre la importancia de la salud preventiva, a la  que antes no le daba mayor importancia. Esto me obligó a declarar my decisión de hacerme sin falta los chequeos médicos periódicos. Como dice el refrán: más vale prevenir que tener que lamentar”. Esta lección me costó un año de mi vida. 


Echeverría llama la atención, sobre la tendencia a ver los problemas, sin tener en cuenta que los son en función de la interpretación que califica la situación como tal. Para alguien, con una interpretación diferente, puede ser una oportunidad. 


De ahí se desprende que, al ser un quiebre un juicio, lo que presupone una declaración, al enfrentar una situación insatisfactoria la podemos declarar como un “quiebre”, sin esperar a que sucedan cosas imprevistas. Ejemplo: “si mi situación laboral no cambia, tendré que buscar otras opciones y no voy a esperar hasta que me despidan”. Esta declaración posibilita moverse a la acción y cambiar la situación para  que las cosas pueden ser distintas.


Cuando sucede un quiebre, este es un llamado a la acción para restablecer la transparencia y hacernos responsables de sus consecuencias. Cuando esto sucede, lo normal es que se suscite una conversación que podemos diseñar, para poder avanzar y lograr cambiar la realidad y los resultados. 



Volviendo a mi ejemplo personal. Al enfrentarme con el cancer, me di cuenta que lo hubiera podido evitar de no haber cancelado seis meses antes un chequeo y darle prioridad a un asunto de negocios.  Esto generó un primer tipo de conversación privada: la de juicios personales que se realizan con uno mismo: “Por estúpido me tenía que haber pasado esto a mi y he metido a mi familia en una situación muy difícil”. 


En este tipo de conversación, hacemos un juicio personal sobre el quiebre pero no se genera acción. Mucha gente se queda ahí, en un círculo vicioso de juicios personales, buscando culpables, lamentándose de la mala suerte, no ven que haya una salida porque piensan que el impacto es permanente etc. Esto les impide  hacerse cargo de las consecuencias del quiebre y como resultado,  se habla mucho pero no se actúa para cambiar la realidad percibida.


Para evitar caer en esta trampa, existen “las conversaciones para coordinar acciones” que nos permiten actuar para responder a los quiebres. Se generan acciones futuras para que algo cambie el estado actual de las cosas. Actuamos y nos hacemos responsables de las consecuencias del quiebre para poderlo superar. 


Para lograrlo,  usamos los actos del lenguaje como las peticiones, las ofertas, las promesas, y las declaraciones. Esto implica el saber “pedir ayuda” oportunamente. Pero hay gente que tiene juicios negativos sobre las consecuencias de  hacerlo, a pesar de que hoy es imposible vivir desconectado y sin la ayuda de otros, lo que los frena a la acción. Hay que prender a pedir y a aceptar un no sin verlo como un rechazo personal.


Cuando se logran desarrollar las conversaciones para la coordinación de acciones, se puede apreciar el poder que tienen para cambiar nuestra realidad. Por esta razón es tan importante dejar el miedo de intentarlo, porque si no lo hacemos, nos privamos de muchas oportunidades.


De lo anterior se deriva un tercer tipo de conversaciones: para posibles acciones. Estas se tienen cuando no hay claridad sobre las acciones a emprender para enfrentar el quiebre. Este tipo de conversaciones busca aumentar el panorama de posibles opciones. Requiere de nuevos juicios e historias sobre lo que es posible lograr con el compromiso de actuar. Cambia el estado de ánimo, no se busca explicar lo sucedido, sino de encontrar nuevas opciones y aceptar que hay que explorarlas, solos o con otros, para volver a la transparencia. Estas posibilidades las generamos con las conversaciones.


Para lograrlo, también cabe la necesidad de tener “conversaciones para posibles conversaciones”. Este camino, busca eliminar la prevención que se tenga, sobre la disponibilidad y/o apertura a escuchar de la otra persona, para abrir una conversación de coordinación. En este caso, la conversación se orienta a evidenciar un quiebre diferente al que originalmente teníamos: la dificultad de poder conversar sobre este tema con alguien.


Rafael Echeverría, quien ha inspirado mis últimos tres blogs que recomiendo leer, advierte que hay que cuidar la emocionalidad para plantear este tipo de conversaciones. Como lo menciona el biólogo chileno Humberto Maturana , toda conversación es una trenza entre el lenguaje y la emocionalidad. Hay que entender que es muy frecuente que sea nuestro estado de ánimo, y no nuestro interlocutor,  lo que no permite que abramos ciertas conversaciones difíciles. Se requiere por lo tanto, adoptar una emocionalidad como la del respeto mutuo y la apertura, para lograr una respuesta adecuada.


En resumen, son cuatro tipo de conversaciones que se pueden tener y planear, en función del tipo de quiebre que se enfrenta, para que nos conduzcan a las accion. Es posible abrir unas y cerrar otras si la situación lo amerita. Hay que entender que la calidad de nuestras conversaciones definen la calidad de nuestras relaciones y “generan el tejido en el que estas viven”. Para tener una relación abierta y franca se necesita tener una conversación  equIvalente. Por esta razón, es posible determinar el tipo de relación entre dos o más personas, o en una empresa, en función de la calidad de las conversaciones que se practican. 


Una advertencia que hace Echeverría: muchos de los juicios que emitimos, están afectados por la cultura de la comunidad donde se producen, y por lo tanto, la facilidad o no de tener cierto tipo de conversaciones en ese entorno. Sin olvidar también, que las conversaciones tienen el poder de transformar nuestras relaciones, por las acciones que emprendemos o dejamos de hacer cuando hay quiebres. 

Es importante recordar que, en una buena relación existen necesariamente los quiebres, pero también,  la capacidad de conversarlos y actuar para transformarlos, para que la relación siga fluyendo. 


Y quisiera terminar este ciclo sobre el lenguaje, mencionando otro tipo de conversaciones, que Rafael Echeverría no las menciona explícitamente, pero que son cada vez más importantes: las conversaciones de futuro. Se podría pensar que están incluidas en las de coordinación de acciones o en las de posibles conversaciones. 


Sin embargo, yo pienso que en una cultura como la colombiana, es muy difícil plantear estas conversaciones que permitan sacar el periscopio, para mirar más allá e imaginarse potenciales futuros, sobre los cuales se pueda actuar para accionarlos o evitarlos. Y dado que el lenguaje es acción, el tener conversaciones de futuro, nos permite que la historia pasada no nos secuestren, y podamos dejar abierta la imaginación para que nos impulse hacia un horizonte mejor. 


Como podrá observar el lector, al tomar el conjunto de los cuatro blogs sobre el poder del lenguaje, es mucho lo que nos falta comprender sobre este tema, que lo manejamos de manera transparente y ligera. Al no estar concierte de sus diferentes aristas, cometemos muchos errores que son afectan en nuestras relaciones de todo orden y en nuestra efectividad para actuar con otras personas

sábado, 10 de abril de 2021

El papel de los juicios en el lenguaje



En este blog voy a de cubrir otro aspecto relacionado con el lenguaje y que juega un papel fundamental en las relaciones humanas: los juicios. En el último  blog de esta serie me voy a referir a las conversaciones. 

Quiero repetir algo que ya había mencionado en los blogs anteriores. Hablamos cómo respiramos, es decir, lo hacemos la mayoría de la veces sin pensar . Con el lenguaje construimos juicios acerca de lo que observamos, y estructuramos diferentes tipos de conversaciones sin darnos cuenta de sus implicaciones para nosotros y para los demás. 


Comencemos con el tema de los juicios.  Como seres humanos estamos formulando juicios a toda hora sobre todo lo que observamos y lo hacemos de manera casi que automática, cuando conocemos a alguien o llegamos a un lugar nuevo. Como decía Nietzsche: “una característica de los seres humanos es que son unos animales que enjuician”. El problema es que no estamos conscientes de cómo los hacemos, o los deberíamos de realizar, ni tampoco del impacto que estos tienen para el futuro de quienes son sujetos de nuestros juicios.



Para entenderlos mejor, es necesario mencionar que los juicios son una categoría especial de las declaraciones. Y que son diferentes a las afirmaciones, que constituyen dos  de los cinco actos del lenguaje, como ya lo expliqué en el blog anterior. No es lo mismo decir que Bogotá es la ciudad capital de Colombia, a afirmar que es el mejor vividero de AL. Otro ejemplo: Juan tiene un computador Apple de última generación , a Juan es un incapaz en el manejo del computador. 


En el primer caso es un hecho que se describe de manera objetiva, en el segundo es un juicio de valor o una opinión que no es independiente del observador. Sin embargo, el problema radica en que no se hace una distinción  entre estas aseveraciones, y esto interfiere en las relaciones, el trabajo, y en nuestra vida en general. Pero la diferencia se logra entender mejor, si se acepta que el lenguaje no describe la realidad, sino que genera acción que modifica el mundo y lo que es posible, como lo mencionaba en los dos blogs anteriores. Esta es la esencia de la ontología del lenguaje.


Y también hay que recordar, que al afirmar algo, nos comprometemos con mostrar la evidencia que lo sustenta, ya que se describe lo que sucede y es verdadero. Nos referimos a los hechos sobre los cuáles hay un consenso social. En los ejemplos dados, todos reconocen a Bogota como la capital, y las comparaciones técnicas aceptadas definen el nieve, de avance del computador de la Apple. 


Estos consensos sociales, pueden variar dependiendo de la comunidad donde ocurren, para definir algo que se reconoce como verdadero o falso. Este es el caso de las comunidades científicas, que aceptan algo como verdadero, si cumple con los criterios del paradigma vigente utilizado por sus miembros. Con el tiempo pueden haber cambios de paradigma y por lo tanto, cambia lo que es verdadero o falso para esa comunidad.


A diferencia de las afirmaciones, en los juicios no hay necesidad de dar una evidencia que los sustente y pertenecen a una categoría especial de las declaraciones, que al emitirlas y gracias al lenguaje, generan mundos nuevos y una realidades diferentes. Cuando alguien emite un juicio, pueden haber discrepancias y ser cuestionado por otras personas .



Todo juicio es una declaración, pero no lo es necesariamente al revés. La declaración de un Juez al emitir un fallo, es válida en función del poder de su autoridad otorgada por una comunidad, sin que tenga que necesariamente explicar las razones para hacerlo. Evidentemente, puede ser reversado por un Tribunal Superior.


A pesar de que que un juicio es una declaración especial, su diferencia reside en que quien emite un juicio no tiene el poder de la autoridad, y por lo tanto puede ser aceptado o rechazado por otros, y ser válido o inválido. Esto implica la obligación de fundamentarlo lo que no es necesario siempre en todas las declaraciones. Y lo más importante: para hacerlo, debe de estar respaldado por observaciones o experiencias anteriores, porque al emitirlo tenemos el potencial de afectar la identidad del que lo recibe, abriéndole  o cerrándole  puertas a su futuro. 


Como dice Rafael Echeverría en su libro “Ontología del Lenguaje”: los juicios nos sirven para diseñar nuestro futuro. Operan como una brújula que da cierto sentido de dirección, pero también, permiten ver las consecuencias esperables para movernos más fácilmente  hacia adelante. El hecho de que el futuro nos inquiete, es lo que le da fuerza al juicio bien fundamentado, a partir de las observaciones del pasado, para diseñar las acciones en la interacción con otros


Veamos un ejemplo. Cuando emitimos el juicio de que Juan es incapaz de utilizar un computador, este debe estar basado en haberlo observado actuar  varias oportunidades en el pasado. Sin embargo, es muy frecuente escuchar a personas que emiten irresponsablemente juicios no fundamentados, que no solo afectan el presente de la persona sujeta del juicio, sino también su futuro. En el caso de Juan, el impedirle acceder a nuevas oportunidades laborales. 


Juan pudo haber tenido en el pasado problemas en el manejo de  computadores, pero también pudo aprender a superarlos o a innovar con nuevas prácticas, para cambiar sus limitaciones y modificar su comportamiento. También, pueden haber otros factores que cambian la trayectoria de su pasado al proyectarlo al futuro. Por esta razón, la innovación y el aprendizaje son dos mecanismos que sirven para desafiar nuestros propios juicios y los de los demás sobre nosotros. 


El peligro de ver un juicio como una afirmación, es que al afirmar que alguien es incompetente, lo convertimos como un defecto inamovible de una persona que condiciona lo que podrá hacer o no en el futuro. Y no nos damos cuenta que, las acciones de esta persona, al aprender e innovar, pueden hacer cambiar los juicios de si mismas y los que hemos formulado sobre ellas. Hay que recordar que la acción genera ser y al hacerlo cambiamos nuestra identidad.



Dado el impacto de los juicios, Echeverría recomienda revisarlos con cuidado al estar basados en supuestos  y observaciones anteriores que deben de ser validados, porque no siempre el pasado en un buen orientador de lo que se puede esperar más adelante. Si algo es cierto, es la capacidad de cambio del ser humano. Esto implica estar abierto a reexaminar permanentemente nuestros juicios, porque solo debemos de tomarlos “como señales temporales”, para pensar sobre el futuro y evitar que nos hagan prisioneros del pasado.


Desde esta perspectiva, el juicio es un conector entre el pasado, el presente y el futuro a partir de lo que se puede esperar dada la historia de una persona, como lo recuerda Echeverría. También, facilita disminuir los riesgos para tomar mejores decisiones, que afectan no sólo su futuro , sino también el de una organización que pudo haber dejado pasar la oportunidad de contar con un excelente colaborador. 


Para terminar es blog una reflexión final. Si queremos tener conversaciones y diálogos productivos, se necesita de estar consientes de los actos del lenguaje porque este genera acción. Y dentro de estos actos, es fundamental entender como formulamos nuestros juicios, porque al no ser sustentados, pueden ocasionar un impacto muy negativo. En el próximo blog trataré sobre el poder de las conversaciones.


viernes, 2 de abril de 2021

Los actos del lenguaje y el diálogo


Me ha sorprendido la acogida que tuvo mi blog anterior sobre el poder del lenguaje. Por esta razón, decidí seguir profundizando sobre otros aspectos en torno al lenguaje,  porque veo que pueden ser del interés del lector.


También quiero continuar explorando este tema , porque es una pieza fundamental que ha estado ausente en los procesos de diálogo en Colombia. Pero dialogar significa poder y saber utilizar el lenguaje sobre lo cual hay muy poca pedagogía. Y ahora, que estoy comprometido con el proceso de “Diálogos de Futuro”, cuyo propósito es aportar iniciativas para apoyar la transformación de la Educación Superior, creo que es esencial el mostrar los aspectos que hay que tener en cuenta del lenguaje, para lograr un diálogo más productivo.


La primera distinción asociada al poder del lenguaje, que es muy importante recordar: su relación  con la acción que va mucho más allá de usarlo para hacer solo una descripción.  A partir de esta comprensión, el lenguaje adquiere una posición protagónica que es fundamental reconocer. Y lo es, porque vivimos en un mundo donde el lenguaje es crítico para la construcción de  relaciones.


Hay que tener en cuenta que cuando actuamos “nos estamos haciendo cargo de algo”, con lo que le damos sentido a la vida,  que es de la esencia del ser humano. 



Al darle al lenguaje una interpretación generativa y activa nos obliga a entender que su poder se manifiesta a través de los actos lingüísticos, como los define Rafael Echeverría en su libro “Ontología del Lenguaje”, a partir de los aportes hechos por el filósofo norteamericano Jhon R Searle.


La ejecución de los actos lingüísticos generan un compromiso: responder por lo que decimos, y que como dice Echeverría, “el hablar no es un acto inocente”.


Dado que el hablar implica acción, hay situaciones donde la palabra se adecua al mundo que nos rodea. En este caso, el acto lingüístico asociado es el de “las afirmaciones”, basadas en cómo observamos lo que vemos, a partir de una serie de distinciones compartidas con otros en una comunidad. Tiene relación directa con el mundo de los hechos. Cuando afirmamos algo, la palabra está respaldada por las observaciones que hacemos, y son veraces porque hay alguien que los corrobora.


Aquí cabe una pequeña explicación. A un objeto que tiene cuatro patas y un respaldar le decimos que es “una silla”. Al primer día de la semana lo llamamos “lunes”. Y nos podemos comunicar y ser entendidos por otros, si compartimos las mismas distinciones.  Solo así podemos afirmar :”el lunes llovió y se dañó la silla”  y tengo a un amigo que observó lo mismo. Por lo tanto, hay que recordar que una afirmación se hace siempre en “un espacio de distinciones” aceptadas. Y es verdadera o falsa, en la medida que haya otra persona que la valide porque coincide con su observación. Pero también es relevante o no, en función de las decisiones que se pueden tomar.



Otro acto lingüístico es el de “las declaraciones”. Cuando las utilizamos no hablamos acerca del mundo, sino que lo generamos al crear una realidad diferente a la existente antes de la declaración. El mundo cambia como resultado del poder de la palabra. Representan “el acto lingüístico primario por excelencia” porque crean las condiciones para que emerjan las demás.


Un ejemplo citado por Echeverría, es la Declaración de Independencia de los Estados Unidos que dió nacimiento a ese país. Los ingleses no tuvieron el poder de evitarlo, y los americanos si lo tuvieron para sostenerla en el tiempo.


Otros ejemplos: cuando el sacerdote declara a una pareja marido y mujer, o cuando un juez declara a alguien inocente de un crimen. Estos actos generan nuevas realidades para los involucrados, y las cosas dejan de ser como antes,  gracias al poder de la autoridad religiosa y judicial . En ambos casos, se muestra el poder generativo del lenguaje y la palabra. 


Hay que recordar, que, a diferencia de las afirmaciones sustentadas en la observación, las declaraciones son válidas o inválidas, si provienen de un autoridad otorgada a alguien, o cuando se hace uso de la fuerza, para hacerlas cumplir.


Hay otras declaraciones que no requieren de “la concesión social de autoridad” pero que residen en el poder de la dignidad humana de cada persona. El no y el si, que nacen del derecho de decidir el rechazar o aceptar el estado de las cosas. El declarar ignorancia, es fundamental para abrirse al aprendizaje. La declaración de gratitud cuando alguien cumple con nosotros. La declaración del perdón cuando no se ha cumplido con lo prometido o se hace daño a otros , pero también, cuando se perdona a alguien. Con este último acto nos liberamos del resentimiento que nos pone en situación de dependencia dañina de la persona responsable. Y finalmente la declaración de amor, que construye una relación de un mundo compartido.



Otro acto lingüístico importante son las promesas, porque permiten coordinar acciones en el futuro a partir de un acuerdo, sobre las cuales hay el supuesto de que se puede confiar y asumir compromisos mutuos de ejecución. Este es un acto esencial para la convivencia social, que también incrementa nuestra capacidad de acción para hacer cosas que, de otra forma, no serían posibles. Su fundamento es el juicio sobre la sinceridad y la competencia de quien promete que son la base de la confianza en la promesa hecha.


Hay que saber pedir de manera explícita una promesa y sus condiciones de satisfacción de tiempo, modo y lugar, así como el saberla ofrecer, pero también aceptar o poder rehusar. El no hacerlo bien, pone a los demás a adivinar, lo que genera resentimientos si las expectativas no se cumplen y costos innecesarios que minan las relaciones y la productividad. Cuando se  realiza bien el proceso pero se incumple, debería haber una sanción o por lo menos el derecho a un reclamo. Cuando se cumplen las condiciones de satisfacción de la promesa y estas son aceptadas, se cierra el acuerdo.


En resumen,  hay tres actos lingüísticos fundamentales:  las afirmaciones, las declaraciones y las promesas. Sobre ellas los seres humanos sustentan lo que los hace únicos y demuestran la importancia del lenguaje como generador de acción y coordinación con otros. Con las primeras hay un compromiso con la veracidad de lo afirmado, con las segundas con su validez, y con las terceras con la sinceridad y competencia  de cumplirlas.


Para el siguiente blog, me voy a referir a otros componentes que hacen del lenguaje un recurso poderoso: los juicios y las conversaciones. 

sábado, 27 de marzo de 2021

El poder del lenguaje

 Cuantas veces se ha encontrado usted con los siguientes comentarios: “con esa persona yo no me puedo entender”, o “dialogar con esa persona es imposible”, o “me cuesta mucho trabajo tener con esa persona una buena conversación”, o “el problema es comunicación”, o “me cuesta mucho trabajo llegar a un acuerdo con esa persona porque no me escucha”

Y podrían extenderme con muchos más comentarios similares, que tienen un común denominador, lo que nos hace únicos a los seres humanos: el uso del lenguaje y el acto de la escucha para conectarnos con los demás.


Hace más de una década que tuve la oportunidad de participar en el proceso de Coaching Ontológico, donde aprendí a valorar el papel que tiene el lenguaje en las relaciones humanas. Hablar es tan natural como respirar, y sin embargo, no estamos conscientes de las implicaciones que tiene la palabra para abrir o cerrar posibilidades en las interacciones que tenemos con los demás. 


El uso del lenguaje está íntimamente ligado con la acción en los seres humanos.” Al hablar se puede esperar que ciertas cosas pasen”. Nos lo recuerda el chileno Rafael Echeverría en su libro Ontología del Lenguaje. 




Hasta la aparición del alfabeto en Grecia hacia el año 700 AC, el lenguaje usado en las comunicación verbales, sirvió para contar historias a través de las cuales, se pasaba la tradición de una generación a la siguiente, representada en narrativas y fabulas. La comunicación verbal a través del lenguaje, sirvió para ir construyendo las bases de la cultura , representada por los valores y las creencias, que eran compartidas en una sociedad y transmitidas hacia adelante.


Con la aparición del alfabeto, apareció el texto escrito que le quitó un papel protagónico al orador. Se pasó del lenguaje de la acción al mundo de las ideas. La reflexión y el pensamiento racional comenzaron a remplazar el relato oral de los acontecimientos. Estas fueron las bases para el desarrollo de la filosofía y el pensamiento científico y para los cambios fundamentales en la evolución de los seres humanos. Se dio oriegen al “lenguaje del ser” y se priorizó el papel y el poder de la “razón” y el “pensamiento racional”  para poder explicar el mundo que nos rodea.


Estos cambios tuvieron un problema serio: pasaron el papel del lenguaje a un segundo plano. Sin embargo, gracias al desarrollo de la electronica, que nos introdujo al mundo digital, y con este al de la convergencia de medios en lo que hoy se llama “la multimedia”, el lenguaje ha vuelto a ocupar un papel protagónico para la comprensión de la vida humana. 


Estos cambios han dado origen a la ontología del lenguaje para reunir estos nuevos desarrollos como “base para observar los fenómenos humanos, desde una perspectiva no metafísica”  como lo afirma Echeverría en su libro. En esta obra se establecen tres postulados que resaltan el papel del lenguaje: los seres humanos son seres lingüísticos, se crean en en el lenguaje, y este es a su vez generativo y fundamental para entender a los fenómenos humano”.


Con estas nuevas perspectivas del lenguaje, propuestas por los chilenos Echeverría, Maturana y Olaya, se ha facilitado el entender el papel del lenguaje en la actualidad. Recomiendo la lectura del libro mencionado anteriormente para quienes quieran profundizar sobre la materia. 


Aquí me quiero detener en uno de los postulados propuestos: el poder generativo del lenguaje. Tradicionalmente a este solo se le había dado un papel pasivo para “describir lo que veíamos del mundo exterior, o para expresar lo que pensamos y sentimos del mundo interior. La realidad existía por fuera del lenguaje. Hoy la visión ha cambiado: “el lenguaje hace que sucedan las cosas, altera el curso espontáneo de los acontecimientos, crea realidades, y en resumen es acción”. 


En este punto vale la pena dar un ejemplo. Cuando una persona está trabajando en algo que necesita la aprobación de otra, y está le dice <<no>>, cambia el curso de los acontecimientos para quien pidió la autorización de continuar. Suena simple pero es muy profundo este concepto, porque suspendió la acción, de lo contrario habría promovido su continuación.


Como también nos lo recuerda Echeverría  hay otros ejemplos en lo que una persona dijo lo que dijo y cambio el curso de la historia. Un buen caso que se me viene a la cabeza,  fue el de Churchill cuando se enfrentó a Hitler, con su famoso discurso donde prometió “sangre, sudor y lágrimas”a los británicos y los invitó a la acción.. Creo una nueva realidad y de ahí, el poder generativo del lenguaje al que cada vez más se le da mayor valor.




Dado este poder que tiene el lenguaje, opera como una llave que abre o cierra posibilidades , y por lo tanto, “modelamos el futuro” al cambiar la realidad.


Pero hay otra consideración muy importante: la forma como utilicemos el lenguaje, define nuestra identidad ante los demás y ante nosotros mismos, así como la de las cosas externas que describimos. Dependiendo de las distinciones lingüísticas que usemos, aparecerán o desaparecerán para nosotros.


He querido hacer esta corta exposición sobre el papel del lenguaje, como un abrebocas   para tratar  más adelante en otros blogs, el poder de las conversaciones y los diferentes tipos que existen. También, los errores más comunes que cometemos cuando conversamos y del papel, que tienen los diálogos para cambiar nuestra realidad. Todos ellos son temas cada vez más críticos, en momentos como los actuales, donde los necesitamos para coordinar acciones colectivas, acordar consensos de acciones compartidas.