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sábado, 19 de julio de 2025




 Colombia vale la pena: es tiempo de liderar para cuidarla 

Dejar de ser espectadores y asumir el compromiso que el país reclama

Colombia no necesita más discursos encendidos, ni más diagnósticos lapidarios. Lo que necesita con urgencia es algo mucho más poderoso y escaso: compromiso colectivo. Y en particular, necesita un nuevo tipo de liderazgo que ya no puede delegarse solo en la política, los partidos o el Estado. Porque el país, así como está, no se va a arreglar solo.

Y porque lo que está en juego no es únicamente el resultado de una próxima elección, sino el alma misma del contrato social que nos sostiene como nación.

Es desde esta conciencia crítica pero constructiva, que un grupo creciente de empresarios ha comenzado a abrir un espacio inédito en Colombia: un movimiento de liderazgo colectivo de largo plazo, que no pretende reemplazar a los partidos, pero sí inspirar y movilizar nuevas formas de compromiso empresarial, ciudadano, inclusivo y ético.

Hoy escribo este blog para utilizar simbólicamente este espacio, para invitar a muchos más a sumarse, y compartir algunas convicciones que, en mi experiencia, pueden marcar la diferencia entre repetir el pasado, o superar el presente  y construir un futuro.


El momento de la verdad

Estamos viviendo un momento extraordinario de la historia nacional. Pero no en el sentido que muchos creen. Lo extraordinario no es solo el gobierno de turno, ni su narrativa polarizadora, ni sus ataques a la institucionalidad, ni los vergonzosos espectáculos como el del lunes de esta semana. Lo extraordinario —y peligroso— es la crisis profunda de confianza, cohesión y sentido compartido que atraviesa a toda la sociedad.

Y lo más preocupante es que aún no hemos entendido la magnitud cultural y emocional de lo que enfrentamos.

Esto no es un problema técnico, ni siquiera ideológico. Es un problema adaptativo, como diría Ronald Heifetz profesor de Liderazgo de Harvard. Es decir, un problema que no tiene soluciones claras ni manuales de respuesta, y que requiere transformaciones profundas en nuestros modelos mentales, emociones y prácticas sociales. En otras palabras: no estamos ante un reto que se resuelve con marketing político, sino con liderazgo genuino y corresponsabilidad histórica.


Dejar de ser espectadores

Durante décadas, el empresariado colombiano ha sido señalado —a veces con razón, a veces con prejuicio— por su distancia de los asuntos públicos. “Nosotros producimos, empleamos, pagamos impuestos”, hemos dicho, como si eso bastara para cumplir nuestro rol en la sociedad. Y además, hemos adaptado históricamente la postura de pasar por debajo del radar y ser lo menos visibles posibles.

Pero ese paradigma ya no sirve y es muy equivocado. Hoy el país necesita algo más. Nos necesita presentes, visibles, valientes y comprometidos. Nos necesita no como mecenas, sino como ciudadanos activos y modelos de rol positivos. Nos necesita no para defender privilegios, sino para defender el bien común. Y eso empieza por reconocer una verdad incómoda: nos hemos quedado cortos y el momento histórico nos cogió muy mal preparados para enfrentarlo . Hacer esa declaración colectiva no es fácil pero es esencial para avanzar.


El acto de cuidar lo que nos importa

Una cultura no se cambia con leyes ni con decretos. Se transforma con conversaciones, ejemplos y compromisos visibles. Por eso, más allá de los modelos teóricos, lo que necesitamos  es volver a lo esencial y cuidar lo que nos importa: Colombia

Y eso comienza por otra declaración. Una que debe hacerse con honestidad y humildad:

“No sabemos exactamente cómo enfrentar este momento. Pero sí sabemos que no podemos seguir esperando que otros lo hagan por nosotros.”


Porque Colombia vale la pena . Y vale el  esfuerzo de cuidarla. Cuidarla con nuestras acciones, con nuestras empresas, con nuestras redes de influencia. Cuidarla desde las regiones, desde los territorios, desde cada comunidad donde operamos. Y sobre todo, cuidarla desde el ejemplo.

Colombia se cuida entre todos

Una parte esencial de este movimiento que hoy comienza es entender que nadie va a salvar a Colombia desde una torre de marfil. El cuidado requiere colaboración, escucha profunda, y la disposición a trabajar con quienes piensan distinto. Porque este país no es propiedad de nadie. Pero es responsabilidad de todos.

Por eso debemos manifestar con fuerza : Colombia se cuida entre todos.

Y esa idea no es una consigna bonita, es una estrategia de largo plazo. Queremos promover una narrativa de país que no divida ni culpabilice, sino que convoque. Una narrativa que no niegue los errores del pasado, pero que se enfoque en construir el futuro valorando los logros alcanzados porque son la base para avanzar hacia el futuro. Una narrativa que permita decir: “Podemos estar en desacuerdo en muchas cosas, pero hay una en la que sí podemos coincidir: Colombia vale la pena y  por ende el esfuerzo para cuidarla entre todos.” 

Está es la nueva narrativa que nuestro país necesita para enfrentar la nefasta historia que Petro y sus compinches, han querido imponer, con la que han venido dividiendo y polarizando a la sociedad colombiana . Lo único positivo de la  estrategia de este individuo es que nos ha hecho reaccionar

Empresas que lideran con propósito

Una empresa es mucho más que una unidad económica. Es un actor cultural y político en el sentido más noble del término: aquel que participa en la construcción de lo público. Cuando una empresa cuida a sus empleados, protege su entorno, respeta las reglas del juego, genera bienestar más allá de su balance, está haciendo política de la buena. Y cuando comparte su narrativa con sus trabajadores, sus familias, sus comunidades, está generando tejido cívico y cultural.

Ese es el tipo de liderazgo que necesitamos hoy: Un liderazgo que no cabe en las urnas, porque no depende del poder, sino del ejemplo. Un liderazgo que inspira desde el hacer.


¿Qué podemos hacer?

Hay muchas formas de cuidar a Colombia desde la empresa:

  • Apoyar decididamente las campañas que promuevan el orgullo nacional y la auto imagen de nosotros mismos, y que fortalezcan el sentido de pertenencia e identidad.
  • Usar los canales internos de comunicación para hablar con los trabajadores y sus familias e invitarlos a subirse a la nueva narrativa .
  • Apoyar procesos de formación ciudadana y liderazgo en las regiones, cuidando especialmente que se haga en las escuelas, los colegios, las universidades y otros centros de formación .
  • Visibilizar, conectar , apoyar y darle voz  las historias de superación y transformación que existen en nuestros equipos y en el país. Pero también, a las voces de millones de colombianos que han sufrido las desastrosas consecuencias de las pésimas decisiones de Petro
  • Establecer compromisos éticos y económicos de largo plazo con el país y con las comunidades. La consigna debe ser : Resistir y persistir y nunca desistir. . 
  • Y usar los canales que tenemos masivos para divulgar el mensaje. Con ellos podemos llegar muy rápido a millones de colombianos que también quieren cuidar a su país porque Colombia vale la pena  

Y quizás lo más importante: sumarse a una red que ya está en marcha, en la que empresarios, universidades, cajas de compensación, líderes sociales y ciudadanos están comenzando a articular un esfuerzo colectivo de cambio cultural, político y emocional, en una apuesta que trasciende las elecciones porque se debe sostener en el largo plazo


Muchos los llamados

Esta no es una cruzada de élites ni de tecnócratas. Es una invitación abierta, pero exigente.  Una invitación que implica preguntarse:  ¿Estoy dispuesto a dejar de ser espectador? ¿Estoy dispuesto a darle volumen a mi voz para hacerla sentir, mi ejemplo, mi empresa al servicio de algo más grande? ¿Estoy dispuesto a actuar , no desde el miedo sino desde la esperanza ? Porque, como dice el viejo refrán: muchos los llamados, pero pocos los comprometidos. Y los comprometidos serán quienes hagan la diferencia, son los verdaderos  Motores de Esperanza que nuestro país necesita, porque Colombia es buena. Y necesita que todos la cuidemos

A veces nos preguntamos cómo fue que llegamos hasta aquí y nos invade la desesperanza. Pero la pregunta más importante no es esa. La verdadera pregunta es: ¿qué estamos dispuestos a hacer para que Colombia no siga perdiéndose? Yo creo que hay una respuesta clara:

Volver a liderar. Volver a creer. Volver a cuidar para prender y sostener la mecha de la esperanza . Porque Colombia es buena, es y seguirá siendo el hogar de millosnes de colombianos orgullosos de serlo


PD: Cuidar a Colombia comienza por celebrar los días paritarios con el de hoy 20 de julio.

sábado, 16 de abril de 2022

Tenemos que hablar Colombia II parte.

 


En mi blog anterior me refería el informe “Tenemos que hablar Colombia”, en el cual se resume los principales hallazgos que salieron de 1.453 conversaciones donde participaron 5.519  personas de todo el país. En este blog voy a profundizar en algunos temas que me llamaron mucho la atención y que dan cuenta del sentir de mucha gente que quiere un cambio en Colombia. 


El sentimiento dominante es la tristeza y un lugar de encuentro común. No era la rabia como lo expresaban los medios de comunicación tomando a Chile como referente después de las marchas sociales del año anterior. Pero la segunda emoción fue el miedo ante la incertidumbre y desorientación del momento actual. Y la tercera emoción el enojo pero sin acabar con el país.

Es notorio que haya claridad, que los cambios que Colombia necesita, tienen que ver con la corrupción. Esto significa transformaciones profundas en el campo político, educativo y cultural. La implicación no deja de ser sorprendente en el informe: “necesitamos formar mejores ciudadanos con pensamiento crítico, principios morales y cívicos, capacitados para tomar mejores decisiones” que ayuden a construir un mejor futuro colectivo respetuoso de la diferencia.


El papel de la educación para formar “el ejercicio de la ciudadanía”, es uno de los cambios más importantes pedidos por los dialogantes. Esto permitiría el fortalecer la democracia que hoy se ve tan frágil. También es un medio para enfrentar la exclusión e inequidad. Abre el camino a la participación ciudadana, en nuevos escenarios para mejorar su impacto en la  democracia,  permitiendo un mejor ejercicio de ciudadanía y control político.


Es clara la preocupación: sin estos cambios en la educación aumentará la inequidad y las dificultades económicas  serán más difícil enfrentar. Se ahondará más la exclusión de mucha gente que se sentirán marginados y atropellados por el sistema. Las explosiones sociales de mediados del 2021, son un ejemplo que se podrá ver más frecuentemente. 


Otro aspecto que muestra el informe, tiene que ver con la asignación de la responsabilidad de los cambios que hacen los dialogantes, y la confiabilidad que tiene que se puedan lograr. Las entidades públicas y los políticos son responsables de mucho de estos cambios pero no son confiables. Sin embrago, la universidad, las ONG, los jóvenes y la sociedad civil también son responsables pero más confiables con un indicador superior al 90%. 


Muy importante que se evidencie la necesidad y la disposición de participar colectivamente en los cambios requeridos. Se valora la corresponsabilidad y no la pasividad


Los participantes asocian los cambios en la política para enfrentar la corrupción, que se percibe como el freno para lograr el  progreso social. 


Es interesante qué, hay una clara consciencia del papel que juegan los cambios en la cultura, asociados a la identificación y práctica de unos valores compartidos como sociedad 


El informe muestra que, no hay confianza en las instituciones públicas y sus dirigentes, para lograr los cambios que se necesitan. En el campo de la política, se percibe que se juegan con reglas de juego que son diferentes y están desalineadas con los intereses de la gente común. Pero se valora la Constitución como un “horizonte compartido” y de protección contra la violencia.



Pero que a pesar del individualismo que nos caracteriza a los colombianos, “hay la certeza de que solos, cada uno por su lado”, no lo podemos hacer. Se requieren soluciones colectivas y un sentido de corresponsabilidad del futuro. Para lograrlo,  si es interesante que se confía en el poder transformador de las ideas, en la capacidad de una ciudadanía empoderada, en la academia y las organizaciones sociales.

Cuando se habla de cambios, la tristeza y el miedo son las emociones dominantes, mientras que la felicidad se relaciona más con el mantener. Hay sentido de urgencia de transformar la realidad, pero esto genera una tensión entre la esperanza de un mejor futuro pero el escepticismo de lograrlo. Esto se traduce en un pesimismo, especialmente de lograr cambios en el entorno político. 


Otro resultado muy llamativo: hay una visión colectiva  menos optimista del país y más positiva a nivel personal. También la alegria acompaña las conversaciones sobre las valoraciones tradicionales que suponen un reconocimiento de la importancia de la sociabilidad .


Par resaltar: el conversar con un extraño, genera confianza. Fue notable la apertura y la disposición a dialogar de un número tan grande de participantes. En medio de una gran diversidad, no se evidenció la polarización que es la narrativa en que estamos montados en Colombia. Se encontró qué hay una buena disposición de la gente a conversar, “ a participar activamente, llegar a acuerdos y desarrollar horizontes compartidos”


Muy interesante y novedoso, el aporte de relacionar el papel de las emociones, en la generación de espacios de confianza para conversar entre extraños. Dada que una emoción es una disposición para actuar, la manifestación de alegria y de dejarse sorprender, fue evidente al conversar sobre temas de interés colectivo. 


El informe resalta la necesidad de escuchar al otro y de ser escuchado para construir confianza. Los resultados tabulados son contundentes 


Lo que más le gustó fue conocer diferentes voces y realidades 73%

Resaltó la posibilidad de contribuir al cambio social con ideas y argumento 61%

Le generó confianza conversar con desconocidos 60%

Dijo que el diálogo le hizo sentir alegría 51%


Pero hay otra conclusión del informe muy interesante. Para que una conversación con personas distintas genere confianza, se necesita reglas claras, tener un propósito definido, evidenciar los acuerdos en la diversidad, para cambiar la forma como se ven como seres humanos. En otras palabras, quitarse las máscaras y las etiquetas que impiden tener un verdadero contacto personal. Si se hace de manera franca y abierta, la sorpresa es que al frente hay otra persona con la qué hay más cosas en común que diferencias.



Otro hallazgo qué hay que resaltar: el papel de la cultura y los cambios a realizar. Se ve su relación con los comportamientos, que reflejan el valor que se le da a la legalidad, para combatir la corrupción, la tolerancia a la diversidad para lograr el trabajo colectivo hacia un fin común, tener una identidad compartida y vivir en paz. Para muchos de los dialogantes, es claro el impacto de la cultura, sobre la economía y la convivencia más productiva en la sociedad.

Al final del proceso de conversación realizada, el informe muestra que los participantes estuvieron de acuerdo en varios mandatos de cambio para pensar el futuro de Colombia.


1- Hacer un nuevo pacto por la educación poniendo en el centro la formación para el ejercicio de la ciudadanía. Esto debe de tener implicaciones para la transformación social, la cultura política, el cuidado del medio ambiente y la cultura ciudadana. 


2- Cambiar la política para eliminar la corrupción. Se ve la primera, como un medio para garantizar los derechos y minimizar el impacto de la segunda. Hay que aumentar los espacios de participación y representación política acompañados de ejercicios de formación ciudadana


3- Cambiar la cultura donde se señala la importancia del pluralismo y la diversidad, el reconocimiento de la historia y las tradiciones, para reforzar la identidad nacional. La cultura ciudadana es fundamental, así como retomar la educación cívica, para afectar a una nueva cultura política.


4- Cuidado de la biodiversidad 


5- Construcción de confianza en lo público ya que hoy muestra los niveles más bajos registrados y una gran frustración.  Aprovechar  la confianza que genera la academia, las organizaciones sociales y los jóvenes, para acompañar los diálogos con reglas y propósitos claros, fortaleciendo los modelos de gobierno. Abrir espacios para construir relaciones y mejorar la convivencia, alrededor de agendas comunes y una mayor participación política.


6- Tener un horizonte compartido, protegiendo la Constitución  y la paz, para cuidar la libertad  y defender la democracia 


Con este segundo blog, he pretendido señalar los principales retos y mandatos para Colombia, que surgieron de las conversaciones de más de 5 mil ciudadanos colombianos, representantes de la gran diversidad del país. Hay información. Muy valiosa que debe de ser aprovechada para fortalecer muchas iniciativas muy esperanzadoras que apuntan en la dirección propuesta por los dialogantes. 


Unos buenos ejemplo serían Dialogos de Fituro y Motores de Esperanza, sobre los cuales me he referido en blogs anteriores. Ojalá se generen muchas más iniciativas similares que sean apoyadas por muchos actores relevantes de la sociedad colombiana.

sábado, 3 de julio de 2021

¿Cómo llegamos aquí?


Conversando en estos días con un buen amigo chileno, sobre lo que ha sucedido en nuestros países, me compartió algunas reflexiones que hizo con otros empresarios, a la luz de una
  pregunta sencilla pero profunda:  ¿Porqué y como llegamos aquí ? . Esta pregunta es especialmente relevante para los chilenos que se sentían tan orgullosos del modelo económico que los había colocado a la cabeza de los países latinoamericanos en materia de desarrollo. O al menos eso creían hasta que les estalló la bomba.

El mismo interrogante debe de estar  rondando en la mente de muchos empresarios peruanos, que han visto cambiar, en muy pocos meses un panorama económico interesante aunque en un entorno político caótico, por una pesadilla marxista que  está apenas por empezar. 


Este cuestionamiento también debería estar presente en Colombia, donde en estos últimos dos meses, hemos presenciado protestas sociales y actos de terrorismo urbano, que han tenido un impacto sin  antecedentes en nuestra historia reciente como nación. 



Como resultado de estas dinámicas convulsionadas, nos enfrentamos con un calidoscopio de emociones negativas, cuando hemos visto transformar el legítimo derecho a la protesta resultado de  los efectos de la pandemia, en un movimiento vandálico de destrucción calculada y sistemática de los bienes públicos, el cierre  miles de empresas, un aumento exponencial de la polarización, un ataque a nuestro sistema democrático, más otras secuelas no menores producidas por el desmadre de esta situación.


El gran reto que tenemos, es no dejarnos paralizar por las emociones negativas, para poder responder, actuando  más rápidamente, en los diferentes niveles de la sociedad. Hacerlo es responsabilidad de todos, porque no hay un mesías que nos vaya a hacer el milagrito, que nosotros nos neguemos a realizar. 


Esta explosión social, en el momento más alto de muertes y contagio, han tenido unos impactos negativos que han sido tremendamente perjudiciales para una sociedad ya muy debilitada por los efectos de la pandemia. Pero también, ha traído cosas muy positivas qué hay que valorar. 



La primera de ellas: obligarnos a hacernos las preguntas difíciles que no habíamos querido enfrentar hacia atrás. La segunda:  forzarnos  a reconocer muchos de los avances positivos que hemos logrado en las últimas décadas como sociedad, porque son las únicas bases sólidas para poder actuar y vencer la desesperanza que hoy nos  paraliza, para evitar que unos bárbaros acaben con nuestro país bajo la disculpa de que sus actos son en beneficio del pueblo.


Volvamos a la pregunta reformulada con la que inicie este blog: ¿Porqué  y como llegamos a esta situación?


  • Una cultura desalinéala con las exigencias crecientes de un entorno cambiante, cada vez más volátil, incierto , complejo y ambiguo, que nos ha impedido reconocer los retos y problemas que se habían venido acumulando sin resolver a los largos de los años. Asociado a lo anterior: 
    • Vacíos profundos de liderazgo a todos los niveles de la sociedad.
    • La cultura y el liderazgo  no son temas visible, relevantes, y por lo tanto  no son conversarles, cuando se analizan las causas raizales de los problemas que tenemos como sociedad.
    • La pérdida de valores y la ausencia de un propósito colectivo .
    • La cultura del dinero fácil que premia al vivo y a los atajos chuecos, donde el fin justifica los medios
    • Incapacidad de leer oportunamente las señales del entorno interno en el país, así como externo a nivel global, para poder enfrentar mejor los cambios de paradigmas, sociales, políticos, empresariales y tecnológicos que están en marcha.

  • Una profunda  crisis ética que se manifestó en el cancer de la corrupción y el saqueo de los dineros públicos donde todo vale y no hay sanción social. Esto se facilitó por:
    • Unas élites que abusaron de su poder para maximizar, mediante colusiones, sus resultados económicos sin reparar en las necesidades de los demás.
    • Unos niveles muy altos de impunidad que hace  al sistema democrático muy vulnerable a su manipulación. 
  • El deterioro de la capacidad institucional para responder a las crecientes expectativas de la gente como resultado de:
    • La mediocridad de los dirigentes políticos incapaces de entender los retos actuales y de conectarse con las necesidades de la población. 
    • La fragmentación de los partidos políticos, que dejaron de servir de cadenas de transmisión para los reclamos y las necesidades de la sociedad, con los estamentos del Estado a nivel nacional y local.
    • Los niveles históricos de desconfianza en las instituciones y en la dirigencia política.
    • La desesperante lentitud del Estado para acompasar la velocidad creciente de los cambios del entorno. No se percibe como un ayuda sino un obstáculo mayor qué hay que superar.
    • La baja capacidad profesional en los funcionarios públicos en un sistema que castiga la innovacion y el asumir la responsabilidad. 


  • En Chile se creyeron el cuento del éxito de su modelo de desarrollo económico y dejaron de leer las señales del desequilibrio que generó, y que en las últimas décadas, se tradujo en una mayor desigualdad y malestar social. Esto produjo: 
    • Una conciencia anestesiada en la mayoría de los empresarios que le voltearon la espalda a las crecientes expectativas no atendidas  de la población. 
    • Una sociedad de consumo con altos niveles de endeudamiento 
    • Unos partidos políticos que se engolosinaron con el poder y el modelo económico vigente.
  • En Colombia, un modelo económico altamente dependiente de la explotación de recursos naturales no renovables y con una muy baja capacidad de generación de valor a nivel internacional. Las razones son varias: 
    • La baja capacidad de generación de puestos de trabajo calificado que absorba un número creciente de oferta, especialmente personas jóvenes y mujeres en general.
    • Una baja productividad laboral que impide competir en costo y calidad en el mercado internacional. 


  • Una población adulta con brechas grandes de alfabetismo funcional que los convierte en blancos fáciles de la manipulación. Esto es el producto de: 
    • Un Sistema de Educación que le apostó a la cantidad y no la calidad 
    • Un Sistema de Educación Superior cuya propuesta de valor no abre oportunidades y si genera mucha frustración.
  • Un Sistema de Salud con unos profundos problemas de capacidad, equidad, y calidad. Esto generó
    • Una dependencia de producción  de vacunas, drogas e implementos médicos 
    • Una gran vulnerabilidad a las posición dominante de las grandes empresas farmacéuticas. 

Como no soy partidario de solo ver el vaso medio vacío, a pesar de la enormidad que implica  reconocer los temas anteriores y encontrar soluciones creativas para ver el vaso medio lleno,  me parece necesario  hacernos otra pregunta muy importante: ¿Qué tenemos como activos valiosos los colombianos, para poder superar la situación actual, minimizando los costos y los riesgos que esto implica?


Aquí quiera invitar a los lectores a proponer sus respuestas y que me las envíen a mi correo personal.  fmanrique@mac.com Me comprometo a compilarlas en mi próximo blog , donde buscaré  demostrar que son muchos los activos que tenemos para combatir el miedo, el escepticismo, la desesperanza, que son las emociones negativas que hoy nos acompañan, y que nos frenan para actuar con rapidez, si no queremos lamentarlo después.