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sábado, 16 de abril de 2022

Tenemos que hablar Colombia II parte.

 


En mi blog anterior me refería el informe “Tenemos que hablar Colombia”, en el cual se resume los principales hallazgos que salieron de 1.453 conversaciones donde participaron 5.519  personas de todo el país. En este blog voy a profundizar en algunos temas que me llamaron mucho la atención y que dan cuenta del sentir de mucha gente que quiere un cambio en Colombia. 


El sentimiento dominante es la tristeza y un lugar de encuentro común. No era la rabia como lo expresaban los medios de comunicación tomando a Chile como referente después de las marchas sociales del año anterior. Pero la segunda emoción fue el miedo ante la incertidumbre y desorientación del momento actual. Y la tercera emoción el enojo pero sin acabar con el país.

Es notorio que haya claridad, que los cambios que Colombia necesita, tienen que ver con la corrupción. Esto significa transformaciones profundas en el campo político, educativo y cultural. La implicación no deja de ser sorprendente en el informe: “necesitamos formar mejores ciudadanos con pensamiento crítico, principios morales y cívicos, capacitados para tomar mejores decisiones” que ayuden a construir un mejor futuro colectivo respetuoso de la diferencia.


El papel de la educación para formar “el ejercicio de la ciudadanía”, es uno de los cambios más importantes pedidos por los dialogantes. Esto permitiría el fortalecer la democracia que hoy se ve tan frágil. También es un medio para enfrentar la exclusión e inequidad. Abre el camino a la participación ciudadana, en nuevos escenarios para mejorar su impacto en la  democracia,  permitiendo un mejor ejercicio de ciudadanía y control político.


Es clara la preocupación: sin estos cambios en la educación aumentará la inequidad y las dificultades económicas  serán más difícil enfrentar. Se ahondará más la exclusión de mucha gente que se sentirán marginados y atropellados por el sistema. Las explosiones sociales de mediados del 2021, son un ejemplo que se podrá ver más frecuentemente. 


Otro aspecto que muestra el informe, tiene que ver con la asignación de la responsabilidad de los cambios que hacen los dialogantes, y la confiabilidad que tiene que se puedan lograr. Las entidades públicas y los políticos son responsables de mucho de estos cambios pero no son confiables. Sin embrago, la universidad, las ONG, los jóvenes y la sociedad civil también son responsables pero más confiables con un indicador superior al 90%. 


Muy importante que se evidencie la necesidad y la disposición de participar colectivamente en los cambios requeridos. Se valora la corresponsabilidad y no la pasividad


Los participantes asocian los cambios en la política para enfrentar la corrupción, que se percibe como el freno para lograr el  progreso social. 


Es interesante qué, hay una clara consciencia del papel que juegan los cambios en la cultura, asociados a la identificación y práctica de unos valores compartidos como sociedad 


El informe muestra que, no hay confianza en las instituciones públicas y sus dirigentes, para lograr los cambios que se necesitan. En el campo de la política, se percibe que se juegan con reglas de juego que son diferentes y están desalineadas con los intereses de la gente común. Pero se valora la Constitución como un “horizonte compartido” y de protección contra la violencia.



Pero que a pesar del individualismo que nos caracteriza a los colombianos, “hay la certeza de que solos, cada uno por su lado”, no lo podemos hacer. Se requieren soluciones colectivas y un sentido de corresponsabilidad del futuro. Para lograrlo,  si es interesante que se confía en el poder transformador de las ideas, en la capacidad de una ciudadanía empoderada, en la academia y las organizaciones sociales.

Cuando se habla de cambios, la tristeza y el miedo son las emociones dominantes, mientras que la felicidad se relaciona más con el mantener. Hay sentido de urgencia de transformar la realidad, pero esto genera una tensión entre la esperanza de un mejor futuro pero el escepticismo de lograrlo. Esto se traduce en un pesimismo, especialmente de lograr cambios en el entorno político. 


Otro resultado muy llamativo: hay una visión colectiva  menos optimista del país y más positiva a nivel personal. También la alegria acompaña las conversaciones sobre las valoraciones tradicionales que suponen un reconocimiento de la importancia de la sociabilidad .


Par resaltar: el conversar con un extraño, genera confianza. Fue notable la apertura y la disposición a dialogar de un número tan grande de participantes. En medio de una gran diversidad, no se evidenció la polarización que es la narrativa en que estamos montados en Colombia. Se encontró qué hay una buena disposición de la gente a conversar, “ a participar activamente, llegar a acuerdos y desarrollar horizontes compartidos”


Muy interesante y novedoso, el aporte de relacionar el papel de las emociones, en la generación de espacios de confianza para conversar entre extraños. Dada que una emoción es una disposición para actuar, la manifestación de alegria y de dejarse sorprender, fue evidente al conversar sobre temas de interés colectivo. 


El informe resalta la necesidad de escuchar al otro y de ser escuchado para construir confianza. Los resultados tabulados son contundentes 


Lo que más le gustó fue conocer diferentes voces y realidades 73%

Resaltó la posibilidad de contribuir al cambio social con ideas y argumento 61%

Le generó confianza conversar con desconocidos 60%

Dijo que el diálogo le hizo sentir alegría 51%


Pero hay otra conclusión del informe muy interesante. Para que una conversación con personas distintas genere confianza, se necesita reglas claras, tener un propósito definido, evidenciar los acuerdos en la diversidad, para cambiar la forma como se ven como seres humanos. En otras palabras, quitarse las máscaras y las etiquetas que impiden tener un verdadero contacto personal. Si se hace de manera franca y abierta, la sorpresa es que al frente hay otra persona con la qué hay más cosas en común que diferencias.



Otro hallazgo qué hay que resaltar: el papel de la cultura y los cambios a realizar. Se ve su relación con los comportamientos, que reflejan el valor que se le da a la legalidad, para combatir la corrupción, la tolerancia a la diversidad para lograr el trabajo colectivo hacia un fin común, tener una identidad compartida y vivir en paz. Para muchos de los dialogantes, es claro el impacto de la cultura, sobre la economía y la convivencia más productiva en la sociedad.

Al final del proceso de conversación realizada, el informe muestra que los participantes estuvieron de acuerdo en varios mandatos de cambio para pensar el futuro de Colombia.


1- Hacer un nuevo pacto por la educación poniendo en el centro la formación para el ejercicio de la ciudadanía. Esto debe de tener implicaciones para la transformación social, la cultura política, el cuidado del medio ambiente y la cultura ciudadana. 


2- Cambiar la política para eliminar la corrupción. Se ve la primera, como un medio para garantizar los derechos y minimizar el impacto de la segunda. Hay que aumentar los espacios de participación y representación política acompañados de ejercicios de formación ciudadana


3- Cambiar la cultura donde se señala la importancia del pluralismo y la diversidad, el reconocimiento de la historia y las tradiciones, para reforzar la identidad nacional. La cultura ciudadana es fundamental, así como retomar la educación cívica, para afectar a una nueva cultura política.


4- Cuidado de la biodiversidad 


5- Construcción de confianza en lo público ya que hoy muestra los niveles más bajos registrados y una gran frustración.  Aprovechar  la confianza que genera la academia, las organizaciones sociales y los jóvenes, para acompañar los diálogos con reglas y propósitos claros, fortaleciendo los modelos de gobierno. Abrir espacios para construir relaciones y mejorar la convivencia, alrededor de agendas comunes y una mayor participación política.


6- Tener un horizonte compartido, protegiendo la Constitución  y la paz, para cuidar la libertad  y defender la democracia 


Con este segundo blog, he pretendido señalar los principales retos y mandatos para Colombia, que surgieron de las conversaciones de más de 5 mil ciudadanos colombianos, representantes de la gran diversidad del país. Hay información. Muy valiosa que debe de ser aprovechada para fortalecer muchas iniciativas muy esperanzadoras que apuntan en la dirección propuesta por los dialogantes. 


Unos buenos ejemplo serían Dialogos de Fituro y Motores de Esperanza, sobre los cuales me he referido en blogs anteriores. Ojalá se generen muchas más iniciativas similares que sean apoyadas por muchos actores relevantes de la sociedad colombiana.

sábado, 4 de septiembre de 2021

Del acuerdo a la alineación una ventaja para una sociedad



 “Hemos conseguido un acuerdo de paz” que sin embargo no logró alinear a la sociedad colombiana para tener un soporte mayoritario. Dos palabras y dos significados distintos. ¿Porque no lo logramos, ni en La Paz, ni en otros temas críticos para la sociedad?

Es muy interesante como transitamos por el mundo utilizando un lenguaje conformado por palabras y frases cuyo significado lo damos por compartido y entendido por los demás. Y sin embargo, cuando se avanza en la conversación que busca lograr un objetivo, conseguir algo, o poner en marcha una dinámica determinada, nos sorprendemos porque no lo logramos, las expectativas se frustran, y los conflictos se multiplican. 


Finalmente, se atribuye el problema a “falta de comunicación”. Y claro no la hay, porque no se hizo un esfuerzo previo para validar los significados de las palabras y los supuestos que deberían sustentar el proceso. 


Los comentarios anteriores me surgen de haber participado del proceso de Dialogos de Futuro, que traté en el blog anterior, en el cual escuché en muchas ocasiones dos palabras que me pusieron a reflexionar: alineación y acuerdo. Era evidente que estaban en el corazón del proceso que nos tomó siete meses de trabajo, donde buscábamos la alineación de los participantes para lograr unos acuerdos. Parecería lógico su uso y su secuencia. Hasta que algo me sucedió. 


Un amigo norteamericano: Greg Horowitt, quien había sido invitado en un momento del proceso para aportar su visión y experiencia trabajando en la U de California y Stanford, para enriquecer la compresión de los temas que estábamos tratando en Dialogos, me envió un escrito que me mostró una nueva forma de entender qué significado tienen la alineación y el acuerdo. Y al hacerlo, me introdujo en una dimensión que no había explorado anteriormente. Veamos:



Según el trabajo presentado  en el 2003 en el “The Journal of Integral Thinking for Visionary Action”, por Yasuhiko Genku Kimura, la alineación es el encuentro entre las intensiones de varias o muchas personas. Un acuerdo es diferente: es el encuentro de opiniones. Pero el tema se vuelve aún más interesante cuando se entra a entender que significa una opinión y una intensión. 


Una opinión, es una suposición elevada al estado de una conclusión considerada correcta, pero sin el respaldo evidente de pruebas fácticas racionales. Esto permite entender algo muy importante: los desacuerdos se producen cuando hay diferencias de opinión, que con facilidad se pueden convertir en conflictos violentos relacionados con quien tiene la razón. La emocionalidad que acompaña este desacuerdo,  dificulta el uso de la argumentación lógica y se le da más peso a “lo que podría ser que se vuelve cierto” sin la evidencia que lo soporte. 


Desde  el coaching ontológico, una opinión en los términos anteriores, tiene detrás un juicio que no está fundamentado y se le da la calidad de una afirmación. Este tema lo he tratado en blogs recientes sobre el poder del lenguaje y los actos del habla, claves para que se tengan diálogos basados en conversaciones bien estructuradas.



En Colombia, todo el mundo parecería tener opiniones diferentes sobre lo divino y lo humano. Y está bien que se tengan. El problema surge, cuando son opiniones ligeras, no informadas, y sin sustento, que se llevan al nivel de “mi verdad” que no admite otra “verdad” y a la descalificación de quien la propone. Sobre esta base, se toman decisiones muy complejas, y que en el campo político, afectan a muchísima gente. Por esta razón, siempre es conveniente preguntarse cuáles son los fundamentos de mi opinión y que tan sólidos son en el momento de usarlos para actuar.


En cuanto a la alineación, Kimura menciona que esta se puede lograr sin las necesidades de llegar a un acuerdo, lo cual en principio sorprende. Y lo es, porque la alineación es un encuentro de intenciones acompañadas de la decisión de conseguir un resultado específico en el futuro. Y dado la incertidumbre de lograrlo, o predecirlos por anticipado, hay que reconocer el efecto de variables que lo impactan. Esto invita a entender que se necesita una actitud de exploración y de búsqueda en el proceso de lograr la alineación en función de unos resultados deseados. 


Y esta actitud  permite entender algo muy importante. Se generan acciones permanentes y evolutivas que hacen del dialogo una necesidad que permite incorporar diferentes puntos de vistas de quienes participan, con opiniones diferentes pero unidos por un propósito común. Y Kimura menciona que “cuando de manera conjunta escogen un curso de acción, reconocen que la escogencia se fundamenta en un acuerdo mutuo y tentativo, que puede ser modificado o descartado en el camino. La pregunta no es “quién tiene la razón”, si no “qué es lo mejor” para lograr el propósito deseado”.


La reflexión anterior es muy poderosa para procesos como el de Diálogo de Futuro para poder seguir adelante. También, para explicar el porqué nos cuesta tanto trabajo en Colombia construir proyectos colectivos ambiciosos. 



Un acuerdo no genera sinergias porque su fundamento son las opiniones, cuyas bases hemos visto, no tienen un sustento fáctico creíble, lo que conduce muchas veces a conflictos improductivos relacionados a quien tiene la razón. Los movimientos o las organizaciones que se basan sólo en acuerdos , tienen un riesgo mucho mayor de terminar en disolución y son muy difíciles de sostener.


Mientras que la alineación genera sinergias, porque hay un propósito mayor y compartido, que permite el invitar a la inteligencia colectiva a aportar y enriquecer,  desde la diversidad de puntos de vista e inclusive de opiniones diferentes , para conseguir un resultado deseado superior al que se puede lograr individualmente. 


La explicación anterior, también invita a otra reflexión profunda para nuestra sociedad en las condiciones de alta complejidad, miedo e incertidumbre que tenemos, para lograr manejar los desafíos y problemas que enfrentamos. 


Al no tener un propósito mayor que nos una, un liderazgo que lo facilite, no lograremos alinearnos para sacarle provecho a nuestra inteligencia colectiva. Como resultado, nos desgastamos en unos conflictos muy mal manejados, enfocados a enfrentar las opiniones,  la razón de unos contra la de los otros, y sin fundamentos sólidos que soporten las dos opiniones contrarias.


Aprovecho para recalcar, como ya lo he hecho anteriormente en otros blogs, la importancia del ejercicio del liderazgo para lograr la alineación de un grupo humano hacia un resultado deseado y en función de un propósito mayor. Y como también lo he mencionado, en nuestro país hay un inmenso vacío de liderazgo, lo que impide que se gesten muchas iniciativas de alineación que inspiren e inviten a trabajar desde lo colectivo y no desde lo individual.



Una derivada de lo anterior, es que el lograr la alineación de intensiones es un prerrequisito para movilizar la inteligencia colectiva y un mayor empoderamiento de la gente porque “hay una coherencia espiritual”. Y la sinergia que se genera, permite un manejo mucho más efectivo de los desacuerdos dentro del movimiento, que ha invitado a la alineación en función de un propósito compartido y de la pluralidad de ideas. Recuerdo que la alineación puede existir con gente que tiene opiniones diferentes pero que comparten las intenciones y el propósito.


¿Es posible cambiar una organización o un movimiento basado sólo en acuerdos? La respuesta sería positiva si hay un cambio de foco que permita pasar de solo tener opiniones a compartir las intenciones. Pero hay que entender que el proceso de alineación es muy dinámico y está en flujo permanente, lo que requiere de flexibilidad para hacer los ajustes necesarios a medida que se avanza hacia la intensión que convocó al grupo. También se requiere de darle paso a la cocreación y colaboración en un ambiente que permita el trabajo colectivo. 


¿Cuál es el reto? Superar las diferencias de opinión dando mayor peso a las intenciones y el propósito compartido que ha alineado al grupo.


Espero haber contribuido con este blog al entendimiento de las diferencias en el significado de un acuerdo y la alineación, temas cada vez más críticos en entorno cada vez más en un entorno interconectado y dinámico. Pero además, es una ventaja muy grande para una sociedad para superar los retos, aprovechar las oportunidades y devolverle credibilidad al sistema democrático, que hoy muestra una profundas debilidades para lograr un propósito superior compartido.





domingo, 25 de julio de 2021

Aprendiendo a dialogar





“Los seres humanos necesitamos ser oídos antes de escuchar a los demás”


En la actualidad estoy participando en la iniciativa “Diálogos de Futuro” sobre el papel que debe jugar la Educación Superior en nuestro país, tema sobre el cual pienso escribir más adelante. 


Comentábamos con algunos de mis compañeros, cuando nos faltan dos talleres para finalizar la primera fase de este proyecto, que se nos habían pasado siete meses en un volar. La razón principal es porque ha sido una fascinante experiencia, en medio de la virtualidad forzada por la pandemia, donde hemos podido aprender a vivenciar el poder de un dialogo. Ha sido un proceso realizado con personas diversas y muy interesantes, dentro de un espacio estructurado, con una metodología impecable, y un propósito común muy bien definido desde el comienzo.


Esta conversación me hizo recordar lo que escribí sobre el dialogo en  un blog del 15 de mayo. 15 días después  de que estallara la explosión social. Y desde entonces, hemos escuchado con cada vez mayor frecuencia, en medio de las protestas sociales que han paralizado al país en estos últimos tres meses, la palabra “diálogo”. 



El pedido más frecuente, de quienes están en la protesta, es el de  sentarse a “dialogar” con las autoridades nacionales o locales. Parecería que la necesidad primaria es la de tener un espacio donde puedan ser escuchados sus reclamos y sus frustraciones.  También  esperan escuchar las soluciones a las peticiones propuestas. Lamentablemente, estas han llegado muchas veces a extremos absurdos, con el propósito claro de mantener el conflicto vivo y buscar réditos políticos, con miras a las elecciones del 2022.


Estas dinámicas suceden en medio de un clima de desconfianza cada vez más acentuado, y con un efecto muy negativo: degradar el diálogo como vehículo para encontrar puntos comunes sobre los cuales se pueda avanzar. 


El resultado de esta incapacidad para tener diálogos productivos, o utilizarlos solo con fines políticos, tiene un costo altísimo para nuestra sociedad, al no poder conversar para acordar un propósito común, cerrar brechas y abrir posibilidades.


Nuestra cultura de desconfianza y descalificación, que se ha arraigado tanto en las últimas dos décadas, ha sido jalonada por el pésimo ejemplo de nuestros dirigentes políticos, haciendo del dialogo una palabra hueca que imposibilita llegar a acuerdos para resolver problemas comunes, y mucho menos construir colectivamente hacia el futuro. Algo muy grave nos está fallando de base a los colombianos, cuando el acto de hablar se usa solo para insultar o descalificar a quien no tiene la misma opinión, y no para encontrar puntos de encuentro en uno de los momentos más críticos de nuestra historia.


Dada esta realidad, no nos puede sorprender  que no se hagan explicitas y con mayor fuerza , dos preguntas que son claves para cambiar esta dinámica que se ha vuelto uno de los frenos más grandes para el desarrollo de nuestra sociedad.  En la práctica: ¿que es dialogar? ¿qué se necesita para tener un dialogo constructivo y satisfactorio? 


Mi experiencia en Diálogos de Futuro, y lo que observo hoy en día en relación con los reclamos de los promotores del paro, me hace reflexionar sobre la necesidad de hacer más pedagogía para mejorar el acto del habla, que nos hace únicos a los humanos, y así poder tener mejores conversaciones generativas, que son la esencia de un buen diálogo.

Sin esta capacidad es imposible construir puntos de encuentro para dirimir las diferencias actuales, y mucho más difícil, encontrar las bases para proyectarnos colectivamente hacia el futuro.



Con los argumentos anteriores voy a comentar lo que he aprendido y ratificado en Diálogos de Futuro hasta la fecha, sobre qué se necesita para tener conversaciones productivas con grupos diversos, intereses distintos, y lecturas diferentes de la realidad. A continuación algunas de las lecciones que pueden ayudar.


  1. Dialogar implica conversar. Y conversar es cambiar juntos con la persona o personas con quienes interactuemos. 
  2. Hay conversaciones difíciles que hay que preparar. Si se logra, se genera una satisfacción muy especial, porque seguramente las partes salieron del proceso de conversar, con puntos de vista distintos a los que tenían al iniciar la conversación. 
  3. Dependiendo del tema a dialogar, ayuda mucho tener una metodología y un facilitador.
  4. Aún, en las conversaciones más difíciles, el aproximarla con la intención de hacer sentir a su interlocutor respetado, genera rápidamente un clima de confianza sin el cual nada bueno va a suceder.
  5. Más que usar afirmaciones que disfrazan juicios muchas veces infundados y que generan resistencia en el interlocutor, utilizar preguntas que eleven el nivel de la conversación e inviten a correr el velo para ver posibilidades donde antes solo se veían problemas.
  6. El hacer buenas preguntas es un arte. Por esta razón las preguntas abiertas que no tienen implícito un juicio, abren posibilidades interesantes para encontrar puntos en común. 
  7. En conversaciones difíciles, es una buena estrategia  es conocer no sólo lo que le ha sucedido al interlocutor, sino el cómo lo experimentó. Una buena convención va más allá  de la descripción plana de unos eventos, y toca las emociones que se sintieron.
  8. En una conversación difícil, es más importante el tener curiosidad sobre lo que la otra persona experimentó, que tener la razón. Esto permite una indagación más profunda sobre los desacuerdos que están detrás de los que inicialmente eran visibles.
  9. El mayor acto de respeto, que abre las puertas de la confianza en una buena conversación, es el prestarle una total atención a lo que dice el interlocutor. 
  10. Para sacarle mayor provecho a la atención total, es una buena idea el suspender un comentario o una respuesta, pausando por unos segundos antes de hacerlo. 
  11. En conversaciones difíciles es muy conveniente lograr hacer un comentario clave que mantenga la relación funcionando.
  12. Tener una conversación difícil es muy parecido a un parto. Esto implica una gran capacidad de escucha, para ayudarle a la otra persona a sacar a la superficie los temas reales subyacentes y manteniendo el tema central hasta que vaya cambiando fruto de la atención recibida. 
  13. Darle al interlocutor un sentido de control, es la mejor forma de influenciar las acciones que se esperan de él.


Si no aprendemos a conversar, para dirimir las diferencias que hoy se ven como unos abismos insuperables, es claro que no podremos enfrentar los grandes retos de hoy y los que tenemos hacia adelante. Sería toda una revolución, que las nuevas generaciones pudieran aprender desde muy jóvenes a dialogar, como parte de una pedagogía que fortalezca la cultura ciudadana que tanto nos está haciendo falta en nuestra sociedad.